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 Si defendemos la dignidad de nuestras naciones, nuestros pueblos no podran ser dominados

Intervención del vicepresidente del Consejo de Estado y secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de la República de Cuba, Carlos Lage Dávila, en la IV Cumbre de Jefes de Estado y/o Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe

Excelencias:

Nuestros pueblos enfrentan hoy colosales desafíos, viejos y nuevos.

El 11 de septiembre cambió de raíz la faz del mundo.

Foto: JORGE LUIS GONZALEZAquellas vidas inocentes, cegadas por el terrorismo, desataron una respuesta injustificable, ilegal y absolutamente repudiable. El Gobierno de los Estados Unidos se levantó sobre el legítimo dolor de sus ciudadanos para encabezar una cruzada mundial contra el terrorismo, que es en realidad una guerra de rapiña que busca la expansión de sus intereses y la conquista de importantes recursos naturales.

Dos pueblos han sido ya brutalmente invadidos, ocupados y masacrados.

No movieron al Gobierno de Bush intereses patrióticos, sino apetitos imperiales de dominación.

No los inspiraba la justicia, sino la avaricia.

No fueron a llorar por sus muertos, sino a robar para un puñado de sus vivos.

La vieja fórmula de la Ley del Talión parece regir la política exterior de los poderosos. Sin embargo, los más recientes actos terroristas de Madrid y Londres evidencian que no es con el terror como se puede vencer al terrorismo.

En medio de guerras y amenazas de más guerras, el mundo es cada día más desigual y miles de millones de personas son condenadas al desempleo, a la pobreza, al hambre y a las enfermedades. Una nueva categoría, la de sobrante humano, ha sido creada por el neoliberalismo.

El acceso a los mercados internacionales resulta para muchos países poco menos que imposible y somos víctimas de un sistema de comercio internacional plagado de barreras arancelarias y no arancelarias, sistemas de cuotas, subsidios y onerosas condiciones. Nuestros hermanos de la CARICOM sufren en carne propia las egoístas decisiones de la Unión Europea y los Estados Unidos, que golpean sus exportaciones de banano y azúcar y están obligados a enfrentar las imposiciones arbitrarias de las transnacionales en el turismo, la aviación y otros sectores.

Los países industrializados y ricos se resisten a aceptar la concesión de un trato especial y diferenciado a quienes lo requieren. Olvidan su deuda histórica con nuestro desarrollo, incumplen sus promesas, cobran una y otra vez una misma deuda mientras hablan demagógicamente de libertad de mercados.

América Latina y el Caribe sufren la distribución del ingreso más desigual del planeta; la pandemia del VIH-SIDA afecta a 2 400 000 personas y se ha convertido en un grave problema para algunos de los países de nuestra región; la fuga de cerebros drena nuestro más valioso recurso: el hombre.

Un millón 200 000 profesionales latinoamericanos y caribeños trabajan como inmigrantes en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá; su formación nos costó la astronómica suma de 36 000 millones de dólares. El Norte se lleva a nuestros mejores especialistas y devuelve a los criminales, que hicieron sus "doctorados en delincuencia" en sus ciudades y prisiones.

Nuestra región paga cada año 150 000 millones de dólares por servicio de la deuda externa, cifra tres veces mayor que la inversión extranjera, dirigida como se conoce a expropiar nuestros recursos y no al desarrollo. El servicio de la deuda es también 25 veces mayor que la ayuda oficial al desarrollo, recibida bajo condicionamientos crecientes y subordinada a los intereses de los donantes.

América Latina y el Caribe transfieren decenas de miles de millones de dólares cada año hacia los países ricos como consecuencia de la disciplinada aplicación de las recetas neoliberales.

Engañosos y ocasionales crecimientos estadísticos no transformarán esta realidad.

¿Qué harán los países pobres no petroleros si el precio del barril llegara a los 100 dólares?

El actual orden económico mundial, injusto y desigual, debe ser cambiado y como parte de esa ineludible batalla es preciso consolidar los mecanismos y procesos de integración y cooperación regional, basados en nuevos principios de solidaridad y humanismo.

Aplaudimos la generosa e histórica decisión de la República Bolivariana de Venezuela de crear Petrocaribe. Venezuela ha dado al mundo, especialmente a los países desarrollados y ricos, un ejemplo de hermandad y solidaridad.

Proyectos como Petrocaribe pueden ser el germen de una verdadera integración que se oriente a saldar la enorme deuda social con nuestros pueblos, superando las determinaciones egoístas del mercado y estrechos intereses nacionales o corporativos. A partir de esos principios, Venezuela y Cuba han dado ya los primeros pasos hacia la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), iniciativa abierta a todos los países de la región.

En este contexto de una nueva integración, se inscribe la Misión Milagro, mediante la cual, en un año, se le devolverá o garantizará la visión a 100 000 venezolanos y a 20 000 caribeños, y se ha ofrecido hacer lo mismo a otros 100 000 latinoamericanos que requieran de este servicio oftalmológico especializado, de los más de cuatro millones que lo necesitan a causa de la pobreza. Nuestro país está en condiciones de ofrecer apoyo a esta cooperación sin precedentes. En lo que va de este año se han operado ya 27 910 venezolanos, y están en nuestro país los primeros 538 caribeños, de los cuales 201 han sido operados e incluso varios de ellos han regresado a su país con la visión recuperada solo 30 días después de nuestra reunión con la Comunidad de Países del Caribe en Anzoátegui.

Lo decisivo es la voluntad política. Cuba, bloqueada y calumniada, puede asegurarlo. Hoy estudian becados en nuestras universidades 16 364 jóvenes de 104 países del Tercer Mundo.

La poderosa superpotencia que sueña con anexarse a nuestro pequeño país puede lanzar una guerra o dar un golpe nuclear, pero no puede, como Cuba, enviar 37 000 colaboradores, 24 000 de ellos en el sector de la Salud, a trabajar en 105 países, muchas veces en lugares apartados y en condiciones muy difíciles.

Nuestro mayor capital, el capital humano, estará siempre al servicio de las causas más nobles y a favor de la integración.

Los peligros que enfrentamos todos son muchos. Cuba, además, ocupa uno de los primeros lugares en la lista de Bush de los más de 60 países, "oscuros rincones del mundo" que pueden ser invadidos preventivamente, pero tenemos la certeza de que sabremos vencer esos peligros o derrotar a los invasores.

Si nos unimos, si no nos dejamos engañar, si rechazamos las imposiciones, si defendemos la dignidad de nuestras naciones, si nos integramos, nuestros pueblos no podrán ser dominados.

Muchas gracias.

(Granma 30 de julio de 2005)


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