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Intervención del vicepresidente del Consejo de Estado y
secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de
Ministros de la República de Cuba, Carlos Lage Dávila,
en la IV Cumbre de Jefes de Estado y/o Gobierno de la
Asociación de Estados del Caribe
Excelencias:
Nuestros
pueblos enfrentan hoy colosales desafíos, viejos y
nuevos.
El 11 de
septiembre cambió de raíz la faz del mundo.
Aquellas
vidas inocentes, cegadas por el terrorismo, desataron
una respuesta injustificable, ilegal y absolutamente
repudiable. El Gobierno de los Estados Unidos se
levantó sobre el legítimo dolor de sus ciudadanos para
encabezar una cruzada mundial contra el terrorismo, que
es en realidad una guerra de rapiña que busca la
expansión de sus intereses y la conquista de
importantes recursos naturales.
Dos
pueblos han sido ya brutalmente invadidos, ocupados y
masacrados.
No
movieron al Gobierno de Bush intereses patrióticos,
sino apetitos imperiales de dominación.
No los
inspiraba la justicia, sino la avaricia.
No
fueron a llorar por sus muertos, sino a robar para un
puñado de sus vivos.
La vieja
fórmula de la Ley del Talión parece regir la política
exterior de los poderosos. Sin embargo, los más
recientes actos terroristas de Madrid y Londres
evidencian que no es con el terror como se puede vencer
al terrorismo.
En medio
de guerras y amenazas de más guerras, el mundo es cada
día más desigual y miles de millones de personas son
condenadas al desempleo, a la pobreza, al hambre y a
las enfermedades. Una nueva categoría, la de sobrante
humano, ha sido creada por el neoliberalismo.
El
acceso a los mercados internacionales resulta para
muchos países poco menos que imposible y somos víctimas
de un sistema de comercio internacional plagado de
barreras arancelarias y no arancelarias, sistemas de
cuotas, subsidios y onerosas condiciones. Nuestros
hermanos de la CARICOM sufren en carne propia las
egoístas decisiones de la Unión Europea y los Estados
Unidos, que golpean sus exportaciones de banano y
azúcar y están obligados a enfrentar las imposiciones
arbitrarias de las transnacionales en el turismo, la
aviación y otros sectores.
Los
países industrializados y ricos se resisten a aceptar
la concesión de un trato especial y diferenciado a
quienes lo requieren. Olvidan su deuda histórica con
nuestro desarrollo, incumplen sus promesas, cobran una
y otra vez una misma deuda mientras hablan
demagógicamente de libertad de mercados.
América
Latina y el Caribe sufren la distribución del ingreso
más desigual del planeta; la pandemia del VIH-SIDA
afecta a 2 400 000 personas y se ha convertido en un
grave problema para algunos de los países de nuestra
región; la fuga de cerebros drena nuestro más valioso
recurso: el hombre.
Un
millón 200 000 profesionales latinoamericanos y
caribeños trabajan como inmigrantes en Estados Unidos,
Reino Unido y Canadá; su formación nos costó la
astronómica suma de 36 000 millones de dólares. El
Norte se lleva a nuestros mejores especialistas y
devuelve a los criminales, que hicieron sus "doctorados
en delincuencia" en sus ciudades y prisiones.
Nuestra
región paga cada año 150 000 millones de dólares por
servicio de la deuda externa, cifra tres veces mayor
que la inversión extranjera, dirigida como se conoce a
expropiar nuestros recursos y no al desarrollo. El
servicio de la deuda es también 25 veces mayor que la
ayuda oficial al desarrollo, recibida bajo
condicionamientos crecientes y subordinada a los
intereses de los donantes.
América
Latina y el Caribe transfieren decenas de miles de
millones de dólares cada año hacia los países ricos
como consecuencia de la disciplinada aplicación de las
recetas neoliberales.
Engañosos y ocasionales crecimientos estadísticos no
transformarán esta realidad.
¿Qué
harán los países pobres no petroleros si el precio del
barril llegara a los 100 dólares?
El
actual orden económico mundial, injusto y desigual,
debe ser cambiado y como parte de esa ineludible
batalla es preciso consolidar los mecanismos y procesos
de integración y cooperación regional, basados en
nuevos principios de solidaridad y humanismo.
Aplaudimos la generosa e histórica decisión de la
República Bolivariana de Venezuela de crear
Petrocaribe. Venezuela ha dado al mundo, especialmente
a los países desarrollados y ricos, un ejemplo de
hermandad y solidaridad.
Proyectos como Petrocaribe pueden ser el germen de una
verdadera integración que se oriente a saldar la enorme
deuda social con nuestros pueblos, superando las
determinaciones egoístas del mercado y estrechos
intereses nacionales o corporativos. A partir de esos
principios, Venezuela y Cuba han dado ya los primeros
pasos hacia la Alternativa Bolivariana para las
Américas (ALBA), iniciativa abierta a todos los países
de la región.
En este
contexto de una nueva integración, se inscribe la
Misión Milagro, mediante la cual, en un año, se le
devolverá o garantizará la visión a 100 000 venezolanos
y a 20 000 caribeños, y se ha ofrecido hacer lo mismo a
otros 100 000 latinoamericanos que requieran de este
servicio oftalmológico especializado, de los más de
cuatro millones que lo necesitan a causa de la pobreza.
Nuestro país está en condiciones de ofrecer apoyo a
esta cooperación sin precedentes. En lo que va de este
año se han operado ya 27 910 venezolanos, y están en
nuestro país los primeros 538 caribeños, de los cuales
201 han sido operados e incluso varios de ellos han
regresado a su país con la visión recuperada solo 30
días después de nuestra reunión con la Comunidad de
Países del Caribe en Anzoátegui.
Lo
decisivo es la voluntad política. Cuba, bloqueada y
calumniada, puede asegurarlo. Hoy estudian becados en
nuestras universidades 16 364 jóvenes de 104 países del
Tercer Mundo.
La
poderosa superpotencia que sueña con anexarse a nuestro
pequeño país puede lanzar una guerra o dar un golpe
nuclear, pero no puede, como Cuba, enviar 37 000
colaboradores, 24 000 de ellos en el sector de la
Salud, a trabajar en 105 países, muchas veces en
lugares apartados y en condiciones muy difíciles.
Nuestro
mayor capital, el capital humano, estará siempre al
servicio de las causas más nobles y a favor de la
integración.
Los
peligros que enfrentamos todos son muchos. Cuba,
además, ocupa uno de los primeros lugares en la lista
de Bush de los más de 60 países, "oscuros rincones del
mundo" que pueden ser invadidos preventivamente, pero
tenemos la certeza de que sabremos vencer esos peligros
o derrotar a los invasores.
Si nos
unimos, si no nos dejamos engañar, si rechazamos las
imposiciones, si defendemos la dignidad de nuestras
naciones, si nos integramos, nuestros pueblos no podrán
ser dominados.
Muchas
gracias.
(Granma
30
de julio de 2005)
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