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NIDIA DÍAZ
AUN SIN CREER merecerlo, llegó a La
Habana. Lo hizo en un momento difícil y aciago para el movimiento
revolucionario mundial. Cuando no pocos creyeron que todo intento
por un mundo mejor había llegado a su fin. Cuando muchos se
apresuraron en desmarcarse de su pasado de apoyo a la Revolución
cubana, así proliferaba entonces el oportunismo y la coquetería con
el amo imperial.
El Comandante en Jefe Fidel Castro y el Presidente
Hugo Chávez Frías en un encuentro con estudiantes venezolanos, en el
Teatro Karl Marx.
Venía de sufrir en carne propia un serio
revés al ver frustrada una justa insurrección militar que lidereó
porque como le había leído a Bolívar, "las gangrenas políticas no se
curan con paliativos".
La propia Cuba, a la que llegó aquel 13
de diciembre de 1994, estaba sometida, como nunca antes, a un fuego
cruzado y a un doble bloqueo por la simple razón de que no se dejaba
vencer; y como expresión de todo ello y del triunfalismo con que
Washington recibió el derrumbe y la traición del socialismo en el
Este europeo, en Miami acababa de concluir la Cumbre de las Américas
que, convocada por la Administración de Willian Clinton, pretendió
rematar cualquier aspiración de independencia
continental.
En aquellas circunstancias, el teniente
coronel Hugo Rafael Chávez Frías, en un gesto de valentía, aceptó la
invitación que desde nuestro país le cursara el Historiador de la
Ciudad, Eusebio Leal Spengler y a La Habana vino cargado de sueños y
convicciones y, sobre todo, con el ansia de comenzar a construir lo
que devino indestructible amistad a prueba de piruetas
políticas.
Chávez viajó a Cuba por primera vez en diciembre
de 1994, cuando era el máximo dirigente del Movimiento Bolivariano
Revolucionario-200.
Desde que puso sus pies en la losa del
aeropuerto internacional José Martí, expresó: "Yo no merezco este
honor, aspiro a merecerlo algún día en los meses y en los años por
venir".
Cuatro años después, el 6 de diciembre de
1998, el líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario-200 arrasó
en las urnas y se alzó con la victoria en los comicios
presidenciales. Al hacerlo, dio el tiro de gracia al sistema
bipartidista que en esa nación andina se alternaba en el Palacio de
Miraflores, depredando los destinos de los venezolanos e hipotecando
su futuro.
Chávez, a pesar de la corrompida
maquinaria electoral, de la feroz campaña mediática para
descalificarlo y estigmatizarlo, de no contar con recursos y solo
con la fuerza de sus ideas, logró imponerse y vencer.
Los cubanos no fuimos sorprendidos. El
nos había dicho que "estamos en una era de despertares, de
resurrecciones, de pueblos, de fuerzas y de esperanzas".
Y nos lo dijo en el Aula Magna de la
Universidad el 14 de diciembre de 1994, con un optimismo fuera de
toda lógica —teniendo en cuenta el escenario político internacional
de entonces—, pero cargado de profundas convicciones patrióticas.
Allí comenzamos a conocer mejor al Comandante Chávez y sus
posibilidades infinitas de victoria.
Tres banderas enarboló como objetivos de
su lucha: la bandera bolivariana y, como parte de ella, la
integración continental; la del trabajo al interior de Venezuela
para crear un movimiento social que no excluyera a nadie y,
finalmente, la creación de un proyecto estratégico de largo alcance
que hiciera nacer un modelo económico soberano y en el cual,
predijo, "los cubanos tienen y tendrían mucho que
aportar".
En aquella primera visita, auguró,
además, que "el siglo que viene, para nosotros, es el siglo de la
esperanza; es nuestro siglo, es el siglo de la resurrección del
sueño bolivariano, del sueño de Martí, del sueño
latinoamericano".
Hace apenas unos días que se colocó, en
El Cuzco, Perú, la piedra fundacional de la Comunidad Sudamericana
de Naciones. Si en 1994, la Cumbre de las Américas bajo el convite
de Norteamérica intentó perpetuar el coloniaje y castrar las ansias
de emancipación con la complicidad de algunos, lo que distingue el
quehacer continental hoy es la conciencia de lo imperioso de la
integración, como parte del combate por la soberanía y la conquista
de la definitiva independencia, gracias al empuje de hombres como
Chávez, y al de otros líderes hemisféricos que se suman a su
sueño.
La Comunidad Sudamericana de Naciones, en
ciernes, está llamada a hacer realidad un nuevo tipo de relación
internacional basada en la cooperación sin condiciones y en la
solidaridad. Extender el tipo de relaciones como el que se ha
consolidado entre Cuba y Venezuela, afincado en el respeto mutuo,
los principios y la igualdad de intereses en los que el pueblo es el
depositario y el eje central. El mismo modelo de cooperación que se
fragua con los acuerdos energéticos entre Venezuela y Brasil y
Argentina, el que desarrolla con naciones del Caribe y al que se
aspira con la creación del Canal del Sur para que la realidad y la
verdad de América Latina no pasen por la manipulación y la
distorsión de Estados Unidos.
Fidel, al dirigirse a su hoy entrañable
amigo Hugo Chávez aquel 14 de diciembre de 1994 se refirió a algunas
coincidencias históricas. Recordó nuestro Comandante en Jefe: "
Martí nace 23 años después de la muerte de Bolívar pero se empató,
se van empatando las generaciones de revolucionarios, las
generaciones de luchadores. De estas condiciones, de estas
realidades nacerá el vivero de las ideas y de combatientes". Y como
para que no nos quepa duda, Hugo Chávez, nació el 28 de julio de
1954 cuando casi un año llevaba preso Fidel en la entonces Isla de
Pinos por el ataque al Cuartel Moncada.
Chávez y Fidel se han empatado en el
tiempo revolucionario y se levantan como paradigmas de la sociedad
nueva, de esa de la que nuestra América ha estado grávida por tantos
años, esperando a hombres como ellos que sepan
alumbrarla.
Una década es apenas un segundo en la
historia de la humanidad, quizás menos , pero sobre todo a partir
del triunfo de Chávez se ha demostrado cuánto se puede hacer en el
rescate de la unidad nacional y continental, por dignificar a las
masas siempre engañadas y oprimidas.
El camino no le ha sido fácil a Hugo
Chávez. Como a El Libertador, a él también se le podrá recordar como
el hombre que supo enfrentar y vencer las dificultades.
Desde aquel 2 de febrero de 1999 en que
recibió la banda presidencial en el Palacio Legislativo de Caracas,
los remedos de la exigua y magra oposición, representante de la
oligarquía venezolana y soporte de una sociedad decadente, en franca
comunión con los intereses de Washington, no le han dado tregua y no
se la han dado porque no ha cesado un solo minuto de construir un
modelo de sociedad en el que la democracia sea participativa, en el
que no haya exclusiones sociales, en el que la educación y la salud
sean derechos fundamentales para todos.
Es la sociedad de las Misiones: Barrio
Adentro, Robinson, Ribas, Sucre. La sociedad que tiende la mano a
sus vecinos caribeños cuando un fenómeno natural los castiga; la que
preconiza y suscribe relaciones económicas y comerciales justas; la
que no impone condiciones y la que eleva la voz en cualquier foro
internacional para defender y acompañar las causas más
justas.
Esto es lo que no le pueden perdonar al
vigoroso mandatario venezolano y, sobre todo, su lealtad con el
pueblo de Cuba y las múltiples e inocultables expresiones de amistad
con Fidel.
La historia la conocemos. La guerra
mediática, el paro empresarial y petrolero dirigido a apuñalar el
corazón mismo de la economía venezolana y luego el golpe fascista
que en uno de sus primeros por cuantos, eliminó el nombre de
República Bolivariana de Venezuela. Mirándolo con frialdad y a
distancia fue quizás lo más cuerdo que hicieron en aquellas locas 47
horas de facto porque jamás Bolívar hubiera estado en el convite de
la traición. Y, como si faltara algo al libreto, la desacreditada
oposición se la jugó al someter a referéndum revocatorio a quien es
ya el alma de la nación venezolana, pretendiendo sacarlo del poder,
con olvido total de que quienes lo llevaron a Miraflores y lo
rescataron del encierro a que lo sometieron los fascistas, son los
mismos que llenan por millones las calles de Caracas al grito
triunfal: Chávez no se va. Ese Referéndum ratificó la estirpe de
triunfador de este hombre salido de las entrañas mismas del llano
venezolano. (Granma) 13 de diciembre de 2004 |