|
HECTOR ARTURO
Algunos libelos
made in USA, de esos que pululan en todos los
estanquillos del mundo y lo describen a su imagen
y semejanza, vuelven ahora a arremeter contra
Fidel Castro y publican cifras fabulosas acerca de
su "fortuna personal", porque de veras se han
creído que pueden seguir engañando a todos durante
todo el tiempo.
Pero no se deje
usted llevar, señor, por esos cuentos de camino,
pues con la experiencia de este pueblo adquirida
en estos últimos 46 años, le digo que todos los
vientos que soplan del Norte huelen a
podrido.
Sin embargo, me
atrevo a asegurarle que verdaderamente Fidel es el
hombre de mayor fortuna en el mundo, aunque esta
no pueda jamás cuantificarse en dólares, ni en
PIB, ni en otros indicadores financieros o
bursátiles.
La fortuna
inconmensurable de Fidel radica en saberse apoyado
desde siempre por la inmensa mayoría de un pueblo
que se enorgullece en tener como Jefe de Estado y
de Gobierno a un hombre que desde sus años
juveniles ha luchado sin descanso ni tregua por la
verdadera justicia social que merecen los cientos
de miles de millones de personas más humildes de
este mundo convulso.
Su fortuna,
señor, es la de dormir muy poco y soñar mucho, y
emplear todas sus inagotables energías, amoldadas
a fuerza de coraje y voluntad, para convertir en
realidades todos esos sueños, unos tras
otros.
Fidel es, sí, el
hombre más rico del planeta, porque ha sabido
lograr en un país pequeño que el empleo, la salud,
la educación, la cultura, el deporte y la
seguridad social sean privilegio de todos los
cubanos y no de unos pocos, ni quimeras
inalcanzables como ocurre hoy mismo en la mayor
parte de los países, sin que ninguno haya sufrido
las constantes amenazas y agresiones terroristas
ni el más prolongado bloqueo genocida que ha
conocido la historia.
Él, es cierto,
guarda verdaderos y colosales tesoros en sus
arcas: tomó el cielo por asalto en una madrugada
de julio, con escopetas de cazar pájaros, para
después del revés reiniciar aquella contienda
martiana truncada en 1898 por los yankis y lograr
que en Enero de 1959 los mambises sí entraran
libertadores en Santiago.
Poco después
dirigió en persona, desde la primera línea de
combate, como siempre ha hecho, hace y hará, la
primera gran derrota del imperialismo yanki en
Nuestra América, cuando su pueblo armado por él
destrozó a los mercenarios en Playa Larga y
Girón.
No tembló y nos
enseñó a no temblar ante el holocausto nuclear que
pendía sobre nuestras cabezas en la Crisis de
Octubre de 1962, y al año siguiente, arriesgando
una vez más su vida por la de sus compatriotas, se
enfrentó a los fuertes vientos y lluvias del
huracán Flora, porque jamás ha dejado a nadie
abandonado a su suerte, ni al compañero del Granma
que cayó al mar, ni a los que han perdido sus
viviendas en desastres naturales, ni a la
deportista que sufrió un accidente hogareño, ni al
pequeño Elián secuestrado por la mafia miamense,
ni a los Cinco Héroes prisioneros en mazmorras
yankis por combatir al terrorismo en las mismas
fauces de los verdaderos terroristas.
Fidel también
posee la inmensa fortuna de haber logrado la
unidad monolítica de su pueblo bajo las banderas
del Socialismo, proclamado por él ante un mar de
fusiles en manos de trabajadores, campesinos,
estudiantes, hombres, mujeres y casi niños, uno de
los cuales, antes de fallecer acribillado por la
metralla yanki, escribió con su sangre el nombre
de Fidel.
Ojalá, señor, que
todos los pueblos del mundo tuvieran, al menos por
un día de sus amargas vidas, a un Presidente como
Fidel, que no promete, sino cumple; que no ofrece,
sino da; que no tortura ni asesina ni desaparece a
las personas, sino las salva, las alivia, las
cura, las protege y las defiende a sangre y
fuego.
La verdadera
fortuna del Comandante radica en conocer todos y
cada uno de los problemas de los suyos,
enfrentarlos y buscarles solución, con todos y
para todos, sin excepción alguna, y con lo cual se
benefician no solo quienes lo apoyan y siguen
incondicionalmente, sino también aquellos que
tienen recursos mayores obtenidos por distintas
fuentes, entre ellos los que reciben sus migajas
mercenarias por vender sus almas al diablo del
Norte revuelto y brutal que nos
desprecia.
Pero hay otra
fortuna de Fidel, y es la de haber logrado que su
pueblo interiorice la máxima del Apóstol de que
Patria es Humanidad, y sea capaz de compartir
solidariamente lo que posee con otros seres
humanos que en el mundo tienen menos o no tienen
nada.
Fidel es rico,
sí, por sentirse feliz de haber servido y servir
cada minuto de su vida a los humildes del mundo, a
quienes ha entregado toda su
existencia.
Crea usted lo que
quiera, señor, pero miles de millones de personas
de todas las latitudes geográficas no harán caso
alguno a esos libelos putrefactos, pues saben bien
que Fidel ha vivido por su pueblo y por todos los
pueblos del mundo, dispuesto desde el primer día a
morir por ellos y con ellos, en la primera fila
del combate, y no allá lejos, perdido en un bunker
a lo Hitler o a lo Mr. W, porque desde hace muchos
años, con la gran riqueza de su ejemplo, echó su
suerte con los pobres de la Tierra y ha demostrado
que es, entre otras cosas, el Comandante en Jefe
de todos los humildes, y eso sí que es una inmensa
fortuna personal. (Granma) 23 de Marzo de 2005
|