Quienes recorren
con frecuencia el Paseo del Prado habanero, no
tienen que ser grandes observadores para darse
cuenta de que uno de sus tantos paradigmáticos
edificios atrae, día tras día, la mayor cantidad
de visitantes nacionales y extranjeros
¿Reside acaso
el atractivo del Capitolio de La Habana en su
gigantesca escalinata de granito con 55
escalones? ¿Sus grandes espacios verdes al aire
libre, se convierten en lugares ideales para
admirar la edificación y sus alrededores? En
realidad son muchos los detalles que hacen de
esta construcción monumental una obra de arte.
Según explica
el periodista Rolando Aniceto en su libro El
Capitolio de La Habana, publicado por la
Editorial José Martí, a los arquitectos cubanos
Evelio Govantes y Félix Cabarrocas se les
encomendó el nuevo proyecto del majestuoso
edificio que estaría dedicado al poder
legislativo. Coincidentemente se encontraban de
visita en Cuba el célebre arquitecto francés,
especialista en jardines, J. T Forestier, y los
señores Heitzler y Leveau, con una vasta
experiencia en grandes y modernas ciudades,
quienes sugirieron variantes al diseño
original.
Angelo
Zanelli
En los terrenos
de la otrora estación ferroviaria de Villanueva
comenzaron las tareas constructivas el 1ro. de
abril de 1926 y según señala Aniceto en su
investigación, la obra inspirada en el capitolio
romano, estuvo lista en tres años y 50
días.
Sale airoso el
autor, de la difícil explicación arquitectónica
de este monumento levantado con cantería de
piedra de capellanía semejante al mármol y capaz
de poder ser pulimentada. Apunta particularmente
las varias obras del escultor italiano Angelo
Zanelli con que cuenta el edificio. En especial
las situadas a ambos lados de la entrada, fueron
esculpidas en bronce con pedestal de granito, y
representan, la de la derecha, la virtud tutelar
del pueblo y la de la izquierda, el
trabajo.
Obra de Zanelli
es también la estatua de la República, cuyo peso
de 49 toneladas y una altura de 17,5 metros, la
convierten en la tercera estatua bajo techo más
grande del mundo.
Esta se
encuentra, exactamente al atravesar el pórtico
central, donde, según explica Aniceto en su
libro, "encontramos la rotonda bajo la cúpula y
las dos alas que conforman el Salón de los Pasos
Perdidos, de estilo ecléctico y concebido para
grandes recepciones." En el centro de ese lugar
se encuentra el punto que marca el kilómetro
cero de todas las carreteras del país, y que
sirvió también para separar los dos cuerpos
colegisladores, la Cámara Alta o Senado y la
Cámara baja o de Representantes.
Inaugurada el
20 de mayo de 1929, la impresionante edificación
se encuentra a la entrada del centro histórico
de La Habana Vieja, que en diciembre de 1982
alcanzó la denominación de Patrimonio Cultural
de la Humanidad.
Entre su
construcción y el mobiliario, el edificio costó
más de 16 millones de pesos, y participaron en
su edificación ocho mil hombres.
Un Capitolio
cubano
Teresita García
Ortiz, relacionista pública en el hoy Centro de
Convenciones Capitolio de La Habana, la máster
en Marketing y Comunicación señala en el texto
detalles que identifican la cubanía del
Capitolio, como la cúpula que, inspirada en las
más famosas del mundo, "es completamente
diferente porque es más esbelta y supera a las
demás en diámetro y altura (91,73
m)".
Especialmente
los patios interiores, aportan identidad
nacional al estilo arquitectónico. Pero lo que
más hace cubano a nuestro Capitolio -señala
Teresita- es la multiplicidad de detalles en el
diseño y la ornamentación; arte e historia
guardados en piedra, madera y metal.
Y termina el
libro de Rolando Aniceto con las siguientes
palabras de la especialista: "Las tres puertas
que preceden la entrada al Salón de los Pasos
Perdidos guardan pasajes de la historia de Cuba;
la Estatua de la República está cargada de
símbolos de cubanía, hasta la modelo fue una
cubana. En salones, lámparas, cristales, pueden
observarse símbolos patrios e incluso, la gran
mayoría de las obras de arte se refieren a algún
motivo nacional."
Eventos y
cultura
Con el
triunfo revolucionario de 1959 el Capitolio pasa
a ser sede de la Academia de Ciencias de Cuba
(1962). Este hecho, ya histórico, ha signado,
durante más de 40 años, la labor del centro
capitalino. Actualmente el Ministerio de Ciencia
Tecnología y Medio Ambiente administra el
edificio donde también están enclavados la
Academia de Ciencias y el Instituto de
Documentación Científica y Tecnológica, con su
biblioteca de Ciencia y Técnica.
"Este es el
único Capitolio del mundo dedicado a la ciencia
y la cultura", apunta Teresita García Ortiz,
para explicar, seguidamente que, en la planta
principal del edificio funciona el Centro de
Convenciones Capitolio de La Habana, con el
objetivo de brindar facilidades para la
celebración de eventos científicos y culturales,
así como ofrecer al visitante la posibilidad de
recorrer salones.
Entre estos
encontrará la galería Capitolio que, creada hace
pocos meses, oferta piezas únicas o series muy
limitadas de determinados artistas, cuyas obras
se avienen con las particularidades de este
centro de arte, monumentalidad e
historia.