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2 de diciembre de 2003. Carlos J. Finlay, uno de los grandes
benefactores de la humanidad por ser el descubridor del
mosquito transmisor de la fiebre amarilla, nació en Camagüey,
Cuba, el tres de diciembre de 1833, hará ahora 170 años.
Tanta notoriedad alcanzó que la UNESCO lo
incluyó en su lista de los más célebres microbiólogos de todos
los tiempos, aunque la Fundación Nobel nunca le otorgó el
Premio de Fisiología o Medicina, por las presiones de
norteamericanos que intentaban arrebatarle su autoría de la
investigación.
Tiempo después, cuando la entidad sueca
abrió al público sus archivos, pudo comprobarse que fue
propuesto en siete oportunidades para el famoso galardón
científico, de 1905 a 1915.
Por su parte, los Congresos Mundiales de
Historia de la Medicina en 1935, 1954 y 1956 reconocieron la
absoluta e indiscutible paternidad de Finlay en el hallazgo
del insecto Aedes aegypti, protagonista aún hoy día con
su picada de peligrosas epidemias.
El mérito es trascendente sí se tiene en
cuenta que con apenas 31 años de edad expuso en 1864, en la
Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La
Habana, su primer trabajo sobre el terrible mal, cuando
todavía estaba en discusión el contagio directo por
microorganismos.
Las intrigas de EE.UU. no dieron
resultados, aunque tras los estragos causados por el insecto
entre las tropas de intervención en Cuba, en 1899, el
empecinado George M. Sternberg, jefe de los Servicios Médicos
del ejército norteamericano, renovó su oposición a la teoría
de Finlay. En vez de contribuir a su aplicación, designó a un
equipo de especialistas para tratar de aislar al agente
patógeno. El fracaso no pudo ser más rotundo.
Desde entonces, para escamotearle al
célebre galeno su verdad, comenzó a tejerse una madeja de
intrigas y fraudes de tal magnitud que posiblemente no tenga
precedentes en los anales de la medicina mundial.
Pero Finlay no solamente se dedicó a aclarar
las causas que provocaron el vómito negro, como también se
conocía en la época a la fiebre amarilla. Realizó valiosas
investigaciones sobre la propagación del cólera, practicó la
oftalmología e incursionó en diversos estudios teóricos, desde
la gravitación universal hasta la naturaleza del conocimiento
científico.
Falleció el 19 de agosto de 1915.
(AIN) (Trabajadores)
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