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Con motivo del
fallecimiento de Su Santidad Juan Pablo II he acudido a algunas
notas que tomé del histórico encuentro que sostuvo con nuestro
presidente Fidel Castro el 19 de noviembre de 1996 y los comentarios
que hiciera posteriormente a la prensa internacional el Comandante
en Jefe de su entrevista con el Papa
LUIS BÁEZ
En las primeras horas de la madrugada del 16 de
noviembre de 1996 el IL-62 de Cubana de Aviación se posa en el
aeropuerto romano de Fiumucino. El viaje desde la Habana ha demorado
unas once horas. Traslada un ilustre visitante. Es la primera vez
que el Presidente cubano Fidel Castro pisa suelo
italiano.
Desde hace días todos los
medios de comunicación del país hablan de su posible visita para
intervenir en la Cumbre Mundial de la Alimentación organizada por la
FAO.
Fidel hace su entrada en el
salón de conferencias poco antes de las diez de la mañana. El
director General de la Organización para la Agricultura y
Alimentación (FAO) Jacques Diouf le dio la bienvenida.
Cuando se anuncia su turno los
que no se encuentran dentro del salón plenario se sientan frente a
los televisores colocados en las diferentes salas. Su discurso es
escuchado en absoluto silencio. Muy serio levantó su dedo acusador
contra la comunidad internacional a la que denunció por haberse
propuesto reducir solo a la mitad los actuales 841 millones de
hambrientos del Tercer Mundo en los próximos 20 años.
Fidel planteó que para que el
mundo realmente cambie es necesario que reine la verdad y no la
hipocresía y la mentira. "Hagamos conciencia de que en este mundo
deben cesar el hegemonismo, la arrogancia y el egoísmo",
afirmó.
Antes de concluir, una
advertencia para los representantes del mundo: "las campanas que
doblan hoy por los que mueren de hambre, doblarán mañana por la
humanidad entera si esta no quiso, no supo o no pudo ser
suficientemente sabia para salvarse a sí misma".
Al finalizar el plenario se
pone de pie y se lleva el aplauso más prolongado de todos los
escuchados en esta Cumbre. Dos minutos, según la televisión
italiana. La mayoría provenía de los países del Tercer
Mundo.
Algunos delegados hablan con
la prensa. Califican el discurso de "desafío al occidente rico". El
corresponsal de la agencia mexicana Notimex, Jorge Gutiérrez
resalta: "El carisma personal del líder cubano y la fuerza de su
discurso parecen revivir las esperanzas de un tercer mundo casi
ignorado en esta Cumbre". Otro plantea: "Es un extraterrestre que
defiende al planeta hambre".
APRETADA
AGENDA
En horas del mediodía el
Presidente cubano se reunió con el director general de la FAO,
Jacques Diouf. Trataron temas relacionados con la situación
alimentaria en el mundo. Posteriormente Fidel les comentó a los
periodistas la alta opinión que tenía de Diouf.
El sábado amaneció lloviendo
torrencialmente en la capital italiana. En horas de la mañana el
mandatario cubano es recibido por el Primer Ministro Romano Prodi en
el Palacio de Chigi, frente a uno de los más bellos monumentos en la
Roma Antigua, la columna Antonina que narra en bajo relieve las
aventuras y desventuras del Emperador Marco Aurelio.
Posteriormente Fidel se
trasladó al antiguo Palacio Papal del Quirinale, hoy sede de la
presidencia de la República donde debió pasar entre gigantescos
"corazieri" vestidos con sus trajes de gala y sus cascos plateados
de largo penacho, hasta el salón donde lo esperaba el mandatario
italiano Oscar Luigi Scalfaro.
Dentro de sus actividades el
dirigente cubano asistió a una cena privada que le ofreció Gianno
Agnelli, uno de los hombres de negocios más importantes de Italia,
en su residencia a pocos metros del Palacio del Quirinale en el
propio corazón de Roma. También está presente Susana Agnelli,
hermana del anfitrión y que hasta hace poco tiempo había sido
ministra de Relaciones Exteriores.
VATICANO
La noticia más esperada por
los periodistas y por el mundo en general es dada a conocer por la
sala de prensa del Vaticano: el Papa Juan Pablo II y Fidel Castro se
reunirán el martes 19, a las 11 de la mañana.
Ese día, diez minutos antes de
la hora señalada para la audiencia, la caravana de autos en que
viaja Fidel cruza la histórica Plaza de San Pedro, atraviesa el
patio de San Dámaso, en el corazón del minúsculo Estado Vaticano y
es conducido a la biblioteca privada del Santo Padre. Es una mañana
húmeda y fría.
A su arribo Fidel es recibido
por un contingente de la Guardia Suiza vaticana, en uniforme de
gala, que le rinde plenos honores como Jefe de Estado y por el
arzobispo Dino Monduzzi, prefecto de la casa pontificia quien lo
conduce hasta el Papa que lo aguarda en su biblioteca personal
ubicada en el segundo piso del Palacio Apostólico, un edificio del
siglo XVI lleno de frescos y pisos de mármol.
"Bienvenido, gracias por su visita", le dice Juan Pablo II a
Fidel y el Presidente cubano le responde inclinándose levemente:
"Su Santidad, para mí es un gran honor estrechar su
mano".
Seguidamente Fidel le presenta
a Juan Pablo II los integrantes de su comitiva, y siguiendo las
tradicionales normas del protocolo, se intercambian regalos. El Papa
le obsequia el tríptico de medallas de su pontificado, en bronce,
plata y oro. A su vez, el mandatario cubano le entrega una concha
marina, con una escultura labrada en plata.
Vistiendo sotana blanca y el
pectoral colgando sobre el pecho el Papa se sentó detrás de su
escritorio de trabajo y frente a él en un traje azul oscuro, camisa
blanca y corbata roja el Presidente cubano.
El hecho de que nadie
estuviera presente en el histórico encuentro celebrado en la
biblioteca privada del Papa impide que se pueda percibir lo que
sentían esos dos hombres, pertenecientes a mundos tan distintos,
cuando estuvieron frente a frente.
La conversación dura treinta y
cinco minutos. No hay testigos. El intérprete no es necesario. El
diálogo es en español. Al despedirse Fidel le trasmite:
"Santidad, espero verlo pronto en Cuba" a lo que el Papa le
responde: "Gracias. Mi bendición para todo el pueblo
cubano".
ENCUENTRO
FRATERNAL
Al terminar la reunión con
Juan Pablo II el dirigente cubano se dirige a la oficina del
secretario de Estado del Vaticano, cardenal Ángel Sodano con quien
conversa durante 45 minutos. Está presente monseñor Jean Louis
Tauran, jefe de la diplomacia vaticana.
Antes de abandonar El Vaticano
Fidel visita la Basílica de San Pedro, incluida la cripta de los
Papas.
En horas del mediodía el
Comandante ofrece un almuerzo a altos dignatarios eclesiásticos que
han visitado Cuba o que tienen que ver con asuntos cubanos. Asisten
los cardenales Roger Etchegaray, Presidente del Pontificio Consejo
de Justicia y Paz y Bernardin Gantin quien encabeza el Colegio de
Cardenales, encargado de elegir los Papas.
Ocupan asientos los cardenales
Agostino Casaroli, Pironi, Fiorenzo Angelini, Carlos Furno junto con
el arzobispo Tauran y el obispo español Cipriano Calderón,
secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.
Fidel aprovecha la ocasión
para hablarles de la profunda y positiva impresión que tiene de Juan
Pablo II y pronuncia sentidos elogios hacia la figura del Papa. El
cardenal Gartin, en nombre de los asistentes, manifiesta que se
siente muy emocionado por lo que acaba de escuchar.
Abordado por los periodistas
el obispo Calderón califica el almuerzo de "encuentro
fraternal".
En horas de la tarde Fidel
vuelve al Vaticano. Quiere hacer realidad un viejo sueño: visitar la
Capilla Sixtina, cuyos frescos, pintados por Miguel Ángel ese gran
artista formado en Florencia, fueron recientemente
restaurados.
"Una maravilla", susurra en voz baja Fidel, como si hablara
consigo mismo. Miguel Ángel, terminó de pintar sus frescos en
1541.
En un hecho que especialistas
en asuntos del Vaticano califican sin precedentes, las autoridades
permiten que se le tiren fotos a Fidel durante su estancia en la
Capilla Sixtina.
IMPACTO MUY
FUERTE
El encuentro de Fidel con el
Papa y la aceptación de este para visitar la Isla se convirtió en la
principal noticia de todos los medios de comunicación en el
mundo.
En conversación con los
periodistas al ser preguntado cuál fue su impacto personal al
conocer al Papa, Fidel dijo:
— Un impacto muy fuerte. Pude observar un rostro bondadoso y
noble realmente. He observado a un hombre noble, bueno, amable, en
buena salud. Realmente me sentí emocionado al saludar una
personalidad tan destacada y que ha jugado un papel tan importante
en el mundo entero.
Un corresponsal español le
recordó que durante muchos años había estudiado en colegios
católicos. ¿Qué pensamientos le trajo al encontrarse a solas con el
Santo Padre?
— ¿Qué pensamiento me trajo? Sí, doce años estudié en escuelas
católicas. Cuatro y medio años con los Hnos. de La Salle y el resto
hasta doce años con sacerdotes Jesuitas. Mis primeros libros fueron
libros religiosos. Leía la Biblia, en aquella época le llamaban la
Historia Sagrada, y me agradaban aquellas cosas de tal manera que
las recuerdo mucho y en ocasiones, hago citas bíblicas precisamente
por esa tradición. Creo que esas tradiciones influyeron en mi vida
en el respeto que siento por las creencias religiosas. Mi madre muy
religiosa, mi abuela también. Como tuve una vida azarosa, de luchas,
rezaban, hacían promesas y todas esas cosas conmueven e influyen. Y
aún cuando yo tenía diferente pensamiento cuando terminé de las
escuelas religiosas y adquirí otras concepciones de la vida, del
mundo, de sus orígenes siempre fui muy respetuoso con todas esas
creencias.
— Y cuando yo era niño —y de eso no hace tanto tiempo porque
el tiempo pasa demasiado rápido— no hubiera imaginado que en un día
como hoy me reuniera en un almuerzo con un grupo de Cardenales que
han visitado a Cuba, con todos los cuales he hablado y que siempre
dejaron en nuestro país una buena impresión. Mucho menos la idea de
reunirme con el Papa y eso naturalmente me impresionaba. Me reunía
con un Papa de una gran personalidad, de características
excepcionales, que ha jugado un papel importante en el mundo de hoy
y entonces allí, naturalmente que tenía que ser para mí una reunión
de especial carácter. Fue una reunión buena, realmente me sentí
sereno pero honrado y emocionado en esa entrevista que no concebía
cuando andaba correteando por aquellos colegios religiosos, donde me
dediqué mucho al deporte, era relativamente buen estudiante y no
tengo realmente ninguna crítica que hacer sino guardo gratos
recuerdos de aquellos años.
Un representante de la
televisión italiana quiso saber si había hablado con el Papa sobre
el embargo y si Cuba había aceptado las condiciones de la Santa Sede
en relación con la visita del Santo Padre a la Isla.
— Debes comprender que yo no podía aparecerme ante el Papa
mostrando un ansioso interés sobre estos temas. Me limité a darle
las gracias al Vaticano por las declaraciones que hizo el Cardenal
Etchegaray en nombre del Vaticano, contra el embargo, no embargo, el
bloqueo que llamamos nosotros y la ley Helms-Burton. Invité o
ratifiqué la invitación al Papa pero bajo ningún concepto, por un
sentido de la caballerosidad, del honor y del respeto, le podía
poner condiciones al Papa. Tampoco el Papa me puso a mí
absolutamente ninguna condición. El Papa es libre y lo trataremos
con el respeto a que es acreedor.
Meses antes que se produjera
la reunión entre el Papa y Fidel un alto dignatario católico cubano
me comentó que había estado conversando con Juan Pablo II. El Sumo
Pontífice se interesó en conocer cómo era Fidel
personalmente.
El prelado le dijo que tan
pronto él y el máximo dirigente cubano se sentaran a conversar se
llevarían de lo mejor y que ese sería un encuentro histórico. Juan
Pablo II estuvo de acuerdo. Fidel Castro piensa lo mismo. La
profecía se cumplió. (Granma) 9 de abril de 2005 |