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Intervención del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer
Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en
la firma de acuerdos entre los gobiernos de la República de
Cuba y la República Bolivariana de Venezuela, como parte de
la Alternativa Bolivariana para las Américas, efectuada en
el salón Sierra Maestra del hotel Meliá-Santiago. Santiago
de Cuba, 22 de diciembre de 2007, "Año 49 de la Revolución".
(Versiones
Taquigráficas – Consejo de Estado)
Queridos compañeros venezolanos, cubanos, santiagueras y
santiagueros:
Creo que hoy hemos tenido el privilegio, a pesar del intenso
día que hemos vivido, emocionante día que hemos vivido en la
cuna de la Revolución, en la Ciudad Héroe de Santiago de
Cuba, hemos tenido el privilegio, repito, de oír esta
magnífica, podría decir, conferencia magistral (El
presidente Chávez dice: "Una avalancha"). Más que magistral,
es una avalancha, como él dice. Yo creo que ha sido un honor
real para nosotros, y cuando igual que anoche dije en la
refinería: "¿Qué tiempo le damos a Chávez para hablar?" Y el
público dijo que todo el que quisiera, y así lo repetí hoy,
hoy hubiéramos estado dispuestos a oírlo hasta mañana.
Como les decía hace un momento, quiero mostrarle el fusil de
Fidel.
Yo creo que esta visita del compañero Chávez y su delegación
ha sido realmente histórica; todas lo han sido, desde el
primer día que llegó a Cuba, acabado de salir de la prisión,
que Fidel lo fue a recibir; con esa visión larga que tiene
Fidel lo fue a recibir al aeropuerto. Creo que una de las
niñas dijo: "Allá abajo está Fidel." ¿Fue en esa ocasión?
(El presidente Chávez le dice que sí.) Él no se lo esperaba,
que Fidel fuera a recibirlo. Yo no lo conocía en aquel
momento, pero seguí su discurso, su conferencia, que dio una
magnífica en el Aula Magna de la Universidad de La Habana,
en la universidad de la colina.
Hugo
Chávez.—Se
apareció Fidel allá también.
Gral.
de Ejército Raúl Castro.—Que
no estaba previsto, se te apareció.
Hugo
Chávez.—No,
no, y Fidel parecía exactamente como cuando uno presentaba
un examen y tenía un observador, un maestro ahí, pero muy
severo. Fidel estaba en primera fila mirándome así (Risas),
con esta mirada (Hace gesto). Yo sentí la mirada evaluadora
y dije: "Este hombre viene aquí a ver qué es lo que yo soy"
(Risas).
Gral.
de Ejército Raúl Castro.—Y
parece que tuvo una buena visión. Queda mucho por hacer
todavía.
Yo creo que a esa anécdota que se conoce, que el día 18,
hace cuatro días, se cumplieron 51 años, cuando después del
desastre de Alegría de Pío el 5 de diciembre de ese año
1956, donde fuimos sorprendidos y destruido nuestro
destacamento de guerrilleros, que acababa de desembarcar
tres días antes, 13 días después nos unimos en la montaña —eso
era en el llano, cerca de la costa, de donde ni siquiera se
veían las montañas de la zona occidental de la Sierra
Maestra—, y cuando en un lugar conocido por Cinco Palmas de
Vicana, los campesinos nos unieron a los dos grupos, Fidel
con dos fusiles —ese es uno de ellos (Señala)—, porque uno
de los tres compañeros había perdido el fusil, y un pequeño
grupo que llegó conmigo, con cinco fusiles, después del
abrazo inicial me separó y me preguntó: "¿Cuántos fusiles
traes?" Digo: "Cinco", me comunicó inmediatamente: "Y dos
que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!" (Risas y
aplausos.)
Yo no me atreví a escribir en el diario lo que pensé (Risas),
porque, realmente, se lo dije después de la guerra: "Yo
pensé que te habías vuelto loco" (Risas).
Un día en el Parlamento me preguntó: "No me vengas a decir
que tú no tenías fe en el triunfo." Digo: "Sí, yo tenía fe
en el triunfo, pero no de nosotros" (Risas). Siete fusiles
contra unos 80 000 que podía tener Batista, contando el
ejército, la marina, la aviación, unidades represivas que
tenían unas cuantas, etcétera.
Entonces, el Moncada es parecido al 4 de Febrero. ¿Qué
pretendimos? Como ya dijo alguien, un clásico del marxismo:
"Tomar el cielo por asalto", como trataron de hacer los
comuneros de París en 1871.
El Moncada fue tratar de tomar el cielo por asalto, y el 4
de Febrero fue tratar de tomar el cielo por asalto: un
fracaso, no político, porque no lo fue el 4 de Febrero ni lo
fue el 26 de Julio. Políticamente tiene su importancia y se
desprendió del 26 de Julio la famosa Historia me
absolverá, que tuvo la virtud de reclutar a miles de
cubanos, entre muchos de ellos a Frank País y a muchos
santiagueros, algunos muertos en la lucha, y tuvo la virtud
también de reclutar al Che Guevara antes de conocer a Fidel;
porque yo conocí al Che cuando nos liberaron. Los cubanos
que regresaron en aquel momento del exilio me dieron los
datos de él para que lo ubicara (El presidente Chávez
pregunta si están en México). Estando él en México, porque
lo habían expulsado de Guatemala cuando derrocaron a Arbenz
en 1954, con la invasión de Castillo Armas, que ya estábamos
presos.
El Che, cuando lo conocí, dice —porque el 26 de Julio
originalmente era de mucha heterogeneidad ideológica: todos
contra Batista, pero unos pensaban de una forma y otros de
otra—: "Menos fulano, mengano y zutano, que son gente
progresista y se expresan y piensan dentro del espíritu de
lo que decía Fidel en la Historia me absolverá, los
demás no."
Por eso, una semana después llega Fidel y en la avenida
Insurgente, donde yo tenía un cuartico, al frente había un
pequeño restaurante y ahí nos reunimos los tres, estuvimos
toda la madrugada hablando y el Che, entonces, se une a
nosotros. Ya éramos tres, y en la futura expedición, puso
una condición: que si quedaba vivo, había que ayudarlo a ir
a su país a hacer lo mismo. Por eso hubo que cumplirlo (Aplausos).
Por eso, creo que es en el discurso de la despedida del Che,
en la Plaza de la Revolución, que Fidel cuenta esa anécdota
y concluye diciendo: "El Che y Raúl fueron los dos primeros
que se inscribieron para lo que después sería el futuro
desembarco del Granma."
Otro revés, después de tanto sacrificio, bueno, el Moncada:
recoger, comprar armas, con escasez de dinero, con
persecución, y fracasa, militarmente hablando, como dije.
El desembarco del Granma: tantas ilusiones, tanto esfuerzo y
a los tres días del desembarco, de que el segundo jefe de la
expedición, Juan Manuel Márquez —quien murió unos días
después, o lo asesinaron a él solo, bastante destruido
físicamente ya—, dijo: "Esto, en vez de un desembarco, es un
naufragio", otro revés.
Encontrarnos en la Sierra Maestra y decir: "Ahora sí con
siete fusiles ganamos la guerra." Empezamos a levantar
presión y entonces en nuestras filas capturan a un guía de
confianza, el de más confianza, después de dos combates
victoriosos, La Plata, el 17 de enero de 1957. Un poco
rápido Fidel quería hacer algo para demostrarle a la opinión
pública que existíamos, no como decía Batista que ya
estábamos aniquilados y que Fidel no había venido, que se
había quedado en México. Cinco días después nos caen atrás
tropas elites de paracaidistas, en los Llanos del Infierno,
al oeste del Pico Turquino —que hoy observé y seguramente
ustedes también le pasaron cerca, antes de aterrizar en
Santiago—, se les produjeron cinco bajas a paracaidistas y
nosotros ni un arañazo, y les ocupamos el primer fusil
Garand, que lo ocupó el Che. En ese combate, igual que en
todos los demás, como decíamos, el primer disparo fue por
ese fusil.
Entonces, capturan a ese guía de confianza, de triste
recordación —que los hijos se los criamos después, fueron
hasta oficiales de las fuerzas armadas, un par de mellizos
que tenía— cayó prisionero, lo llevaron a un campamento
donde estaban todos los barcos en la costa, en un lugar al
que le dicen El Macho, casi en los límites de la provincia
de Santiago de Cuba con Granma, en el sur de la Sierra
Maestra, le muestran varias compañías del Ejército, y
nosotros seríamos 17 ó 18 guerrilleros; y, además, lo
presionaron.
Él pudo haber aceptado y después escaparse, como hicieron
otros y no informaban; incluso, algunos se aparecieron con
veneno que les dio el enemigo, que aceptaron, pero se
presentaron a Fidel: "Jefe, mire, esto es para usted, creo
que esto es un veneno." Como hizo Gilberto Cardero, que está
vivo y llegó a comandante, cruzó conmigo en 1958 de la
Sierra Maestra al Segundo Frente. A ese un pariente cercano
enfermo se le estaba muriendo, se le autorizó y lo capturan;
no lo torturaron, pero lo tallaron —como decimos nosotros—
para que matara a Fidel. Él dijo: "Sí. ¿Y cómo?" Dice: "Bueno,
mira, llévate este veneno." Un día va él vestido de civil,
con una columna, en camiones del ejército hacia la Sierra,
cayeron en una emboscada que el Che les hizo. Fidel se
exhibió en un aserrío —ya estoy al terminar, mis
conferencias son más pequeñas que las de Chávez— llamado
Pino del Agua, Fidel se exhibió allí y siguió como rumbo a
Santiago, hacia el este y dejó al Che emboscado, con un
refuerzo de la columna de Fidel, porque dijo: "Ahora creen
que yo fui para acá y van a subir", y así fue. Iba uno con
una camisa blanca, que siempre le tirábamos a ese primero,
que eran los guías, por suerte no se le mató, se le hicieron
varias bajas, y como cinco o seis días después se nos
aparece Gilberto Cardero, ripiado y arañado por dondequiera,
y sacó un pomito chiquito: "Mire, Fidel, esto es para usted",
era un veneno. Y se salvó de milagro, porque se tiró de
cabeza del camión cuando empezó el combate.
Bien, es decir que tuvimos fracaso tras fracaso, pero éramos
persistentes. Y, además, si nos ponemos a ver la historia, y
el presidente Chávez sabe bastante de historia, ¿verdad?,
toda revolución de verdad —que no han sido muchas en el
mundo, hablo de revoluciones de verdad—, no existe ninguna
sin que haya tenido muchos reveses, un revés y otro revés;
lo que hay es que persistir, analizar los problemas y seguir
hacia delante (Aplausos).
Este fusil más la historia que ustedes conocen, la resume.
Miren eso, ¡qué joya! (Aplausos.) Como ustedes ven, tiene
dos gatillos, 30.06, belga, él mismo lo afinó, lo aceró.
Hugo
Chávez.—¿Dónde
lo consiguieron?
General
de Ejército Raúl Castro.—¿Este?
En armerías, porque este es un fusil de cacería también; en
armerías, en México. Era para tiro de precisión, y Fidel era
de los que partía un plato de canto a 700 metros, en Los
Gamitos. Pero para eso hace falta mucha... Si uno lo carga y
dispara con el primer gatillo, tiene que hacer un esfuerzo,
y cualquier movimiento lo hace fallar (manipula el fusil);
pero si lo carga y le da al segundo gatillo, aquí solo —doble
pelo, creo que lo llaman— es rozar. Miren esto, ¡cómo lo
cuidaba él! Solo dejó de usarlo los últimos días de la
guerra, cuando ya triunfante el proceso contra el dictador
Pérez Jiménez, el contralmirante Wolfgang Larrazábal, que
ocupaba la presidencia provisional en ese momento, creo que
nos mandó unos 200 Garand y un Fal, que ya el Ejército
Nacional Venezolano contaba con este fusil belga, automático
y semiautomático del mismo calibre, pero un gran fusil el
Fal —con ese fue a Venezuela—, y fue solo cuando dejó de
usarlo. Toma (Le ofrece a Chávez) (Aplausos).
Yo creo que con el fusil de Fidel en el lado derecho y el
machete de Maceo en el izquierdo, Chávez es invencible (Aplausos)
(El presidente Chávez le dice: "Y el escapulario de Maisanta
aquí"). Y el escapulario de Maisanta. Igual que nuestro
pueblo, que hoy nos dio una magnífica demostración de
solidaridad, patriotismo, como señalaba Lage en sus palabras.
Yo le decía al presidente Chávez, que trataba a veces de
aguantarlo por la espalda, porque se emocionaba y soltaba
las dos manos, saludaba aquí, saludaba acá: "¿Tú crees que
el imperialismo pueda derrotar a este pueblo?", en este caso
representando al pueblo cubano. ¡No puede! Ese pueblo que
fue ahí, que hasta estuve criticando al Partido y al
Gobierno, que en algunos lugares los movilizaron demasiado
temprano, sobre todo entre Versalles y la salida al
aeropuerto —retiro la crítica por como se portó el pueblo (Aplausos)—
en su afán de asegurar todo. Esa alegría ni con un soldado
con bayoneta detrás de cada uno de los ciudadanos se puede
lograr. ¡Y miren que tenemos problemas de todo tipo! Si lo
sabré yo que ya tengo recogidas millones de opiniones
después del discurso del 26 de Julio.
Pero ese es un pueblo revolucionario: con qué alegría, cómo
lloraban, cómo le tiraban las mujeres besos a Chávez, sobre
todo las de edad madura (Risas), él mismo lo decía, él mismo
lo decía; las jóvenes se fijaron más en mí (Risas y aplausos).
Mira al viejo general que fue profesor tuyo, le pregunté la
edad hoy en el aeropuerto y se quedó sorprendido, yo soy más
viejo que él (Aplausos).
Bueno, creo que vamos a devolverle a Fidel su fusil, se lo
cuidamos aquí en Santiago de Cuba. Es un símbolo no solo de
nuestras fuerzas armadas, sino de nuestro pueblo.
¿Entonces
despedimos a Chávez ya? (Aplausos.) Lo invitamos a que
vuelva el día que él escoja, cuando ya empecemos a
materializar, en la parte que les toca a los santiagueros,
los acuerdos que hoy firmamos.
¡Viva Chávez!
¡Viva Fidel! |
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