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La invulnerabilidad militar, una
vez alcanzada, solo podrá mantenerse con su
constante perfeccionamiento
Compañeras y
compañeros
Cuarenta
y cinco años después de aquel 1961 decisivo para la
Revolución, sentimos la doble satisfacción de contar
con el Comandante en Jefe de siempre, y de haber
sido consecuentes con el principio que resume esta
afirmación suya: "No bajaremos la guardia ni un
minuto. No descansaremos un minuto en el trabajo de
organizar la defensa".
Así afirmó Fidel, el 20 de enero de 1961, ante los
miles de milicianos habaneros que regresaban de
enfrentar, junto a los del centro y el oriente del
país, a las bandas fomentadas por el imperio en las
montañas de la región central, en la entonces
provincia de Las Villas.
La Revolución ya había dado pruebas palpables de que
armar al pueblo estaba lejos de ser una consigna.
Era una realidad que crecía ante los ojos del
enemigo, como pudo comprobarlo en su propia piel
apenas tres meses más tarde.
Playa Girón marca un hito crucial en la decisión de
enfrentar al imperio con las armas en la mano. A sus
combates se asocian los días del Miliciano, de la
DAAFAR y del Tanquista, y poco antes o después de
esa gran victoria, nacieron los ejércitos Central,
el 4 de abril; el Oriental, el 21 del mismo mes; y
el Occidental, el 14 de junio. Unos días antes, el 6
de junio, fue creado el Ministerio del Interior. Han
sido estos, por tanto, meses de muchas y muy
justificadas celebraciones.
Están aquí los Comandantes de la Revolución Juan
Almeida, Ramiro Valdés y Guillermo García,
fundadores de estas instituciones mencionadas y
protagonistas excepcionales de aquellos
acontecimientos, y el que les habla, que algo hizo
por el Ejército Oriental en aquellos días.
También están presentes los jefes actuales,
generales de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra,
Ramón Espinosa y Joaquín Quintas. Pienso que en
ellos se sienten representados todos nuestros
combatientes, tan firmemente unidos como lo
estuvieron en 1961 y lo estarán siempre.
Por feliz coincidencia histórica, también
conmemoramos hoy los aniversarios del nacimiento de
dos grandes hombres, el 161 del Lugarteniente
General Antonio Maceo y el 78 del Comandante Ernesto
Che Guevara, por lo que se funden simbólicamente en
este acto las tres etapas de un mismo Ejército: el
Mambí, el Rebelde y las FAR.
LOS CUBANOS ESTAMOS CONSCIENTES DE QUE SIN EL
ESFUERZO SOSTENIDO DE NUESTRO PUEBLO PARA CONSOLIDAR
LA CAPACIDAD DEFENSIVA DEL PAÍS, HACE MUCHO TIEMPO
QUE HABRÍAMOS DEJADO DE EXISTIR COMO NACIÓN
INDEPENDIENTE
Los cubanos estamos conscientes de que sin el
esfuerzo sostenido de nuestro pueblo para consolidar
la capacidad defensiva del país, hace mucho tiempo
que habríamos dejado de existir como nación
independiente.
Consecuente con ese principio, el 15 de julio del
2003 nuestro Partido, representado por el Pleno de
su Comité Central, presidido por su Primer
Secretario, luego de un profundo análisis del
momento en que vivíamos y de los escenarios que
podrían presentarse en un corto plazo, nos llamó a
todos a incrementar cuanto hacíamos para fortalecer
la defensa.
El momento no podía ser más complejo. El gobierno de
los Estados Unidos vivía la euforia triunfalista de
una supuesta victoria fulminante en Iraq. Esa
ilusión, apoyada por una gigantesca campaña de
propaganda basada en mentiras, confundió en aquel
entonces a buena parte de los ciudadanos
norteamericanos y a muchos otros en el mundo.
Aun cuando el movimiento popular contra la guerra se
manifestó con fuerza en algunas partes, la política
agresiva del imperio contaba en ese momento con el
respaldo de su población, y así lo reflejaban las
encuestas.
Muchos incautos vieron aquella guerra como parte de
la supuesta cruzada contra el terrorismo. No se
percataron que en realidad se trataba de una acción
coherente con los propósitos imperialistas de
hegemonía planetaria, de otro esfuerzo dirigido a
controlar fuentes de materias primas esenciales, en
particular de combustibles; un nuevo intento, a la
vez, de echar mano al viejo esquema de la guerra
para superar la crisis económica; y también, no
precisamente en último lugar, satisfacer las ansias
de utilidades de los grandes consorcios
transnacionales.
En esas condiciones favorables a sus intereses,
resultaba obvio que los halcones del imperio
consideraban la posibilidad de ajustar cuentas a
quienes significaban un obstáculo a sus sueños de
dominio mundial, y evidentemente Cuba, por razones
más que conocidas, podría estar entre los primeros
puestos en la lista de los blancos inmediatos.
El respaldo cada vez mayor de esta Administración
norteamericana a los grupos de extrema derecha de
origen cubano asentados en Miami, así como la
multiplicada incitación a sus mercenarios del patio
desde la propia Oficina de Intereses de Estados
Unidos en La Habana, junto al incremento de las
provocaciones y actos terroristas como el secuestro
de embarcaciones y aviones civiles, acompañados por
el despliegue de grandes campañas mediáticas, eran
claras señales de tales propósitos agresivos.
A lo anterior se unió una coyuntura económica
sumamente difícil para el país, al combinarse el
aumento de los precios del petróleo tras la invasión
a Iraq, con la caída sufrida por el turismo como
consecuencia de los atentados del 11 de septiembre
del 2001 y el descenso estrepitoso de los precios
del azúcar hasta niveles que hacían sencillamente
insostenible su producción en muchos lugares de la
Isla.
Nada de eso nos amilanó. Siguieron adelante, junto a
otras importantes tareas de la Revolución, los
programas de la Batalla de Ideas dirigidos a
perfeccionar la educación, la salud, la asistencia
social, la cultura, el deporte, en fin, la calidad
de vida del pueblo.
Los recursos para ese milagro no provinieron de
ningún fondo misterioso. Salieron del ingenio
creador, el talento y el trabajo organizado y
entusiasta de nuestro pueblo. De esa misma fuente
proceden los que han permitido fortalecer de manera
considerable la defensa del país.
NUESTRA SEGURIDAD EN LA VICTORIA SE SUSTENTA EN LA
SANGRE DE LOS COMPAÑEROS CAÍDOS Y EN LOS RÍOS DE
SUDOR VERTIDOS POR MILLONES DE CUBANOS
Detrás de la afirmación del Comandante en Jefe de
que Cuba es hoy prácticamente invulne
able a una agresión militar, hay muchas horas de
análisis desapasionado acerca de las fortalezas y
debilidades de nuestro probable enemigo, al igual
que de las posibilidades de enfrentarlo mediante las
vías y métodos más adecuados para un pequeño país
como el nuestro, que no dispone de grandes riquezas
naturales, pero sí del extraordinario caudal de
moral revolucionaria y conocimientos de sus hijos.
Nuestra seguridad en la victoria se sustenta en la
sangre de los compañeros caídos y en los ríos de
sudor vertidos por millones de cubanos a lo largo de
varios decenios, y particularmente en los últimos
años, quienes han trabajado para hacer realidad
nuestro principal objetivo de evitar la guerra.
El terrible avispero en que se convertiría cada
rincón de nuestro país, repito, el terrible avispero
en que se convertiría cada rincón de nuestro país,
causaría al enemigo un número de bajas muy superior
al que la opinión pública norteamericana estaría
dispuesta a admitir.
Justo es recordar que en esas circunstancias
extremas, como en tantas otras vividas a lo largo de
45 años de agresiones de todo tipo, no hemos visto
ni vemos al pueblo de los Estados Unidos como a un
enemigo, todo lo contrario.
El pasado mes de abril iniciamos, por el oriente del
país, visitas de varios días de duración a los
territorios de los tres ejércitos, en compañía del
Comandante de la Revolución Juan Almeida y jefes
principales de las FAR, la última de las cuales
concluyó la pasada semana en el Ejército Central.
El objetivo fue comprobar directamente en el terreno
el cumplimiento de los acuerdos del Pleno del Comité
Central al que hice mención al inicio de mis
palabras y de las decisiones del Comandante en Jefe
derivadas del Ejercicio Estratégico Bastión 2004.
Puedo afirmar con total conocimiento de causa, que
si importantes fueron los incrementos logrados en la
capacidad defensiva del país hasta esa fecha, desde
entonces se multiplicaron apreciablemente el
esfuerzo y sobre todo los resultados.
Fue de conocimiento público, hasta donde resultó
aconsejable, las largas jornadas que dedicó el
Comandante en Jefe a Bastión 2004, las que se
extendieron incluso varios días después de la
culminación oficial del Ejercicio.
La puesta en práctica de las decisiones derivadas de
ese detallado análisis, que permitió resumir las
conclusiones a que arribaron cientos de órganos de
dirección y mando, significaron un salto cualitativo
considerable en la capacidad defensiva del país. Y
no me refiero solo a las cuestiones vinculadas
directamente con la lucha armada. Tan importantes
como ellas son las medidas que ya se venían
adoptando en los terrenos económico y político
social.
Del gran taller de trabajo colectivo dirigido por
nuestro Jefe, surgieron soluciones a la vez
racionales, creativas y audaces, que permitieron dar
respuestas inmediatas a muchos importantes problemas
que nos preocuparon durante un largo tiempo.
Conscientes de que el hombre es el componente
fundamental de nuestro poderío defensivo, se ha
prestado particular atención a la preparación del
personal. No solo se perfeccionó la instrucción de
las tropas. En apenas tres años, suman miles los
dirigentes y funcionarios civiles que han
actualizado los conocimientos sobre sus deberes
respecto a la defensa.
Los centros de enseñanza militar, esta
Brigada-Escuela donde nos encontramos, y otras
similares existentes en todas las regiones militares
que conforman los tres ejércitos, siguen
desempeñando un decisivo papel en el logro de ese
importante objetivo.
También fueron reelaborados todos los planes de
defensa, desde la nación hasta la zona de defensa,
para ajustarlos a las nuevas realidades y a las
particularidades de cada lugar concreto, a partir de
los nuevos conceptos desarrollados.
Tal como ha ocurrido invariablemente a lo largo de
nuestra historia revolucionaria, y especialmente en
los momentos de peligro, al mencionar a quienes
hicieron posible estos resultados, no puede hablarse
por separado de militares y civiles, pues como
siempre todos trabajamos estrechamente unidos.
No podía ser de otra forma. La guerra de todo el
pueblo está lejos de ser una simple concepción
teórica, es una realidad presente cotidianamente en
cada tarea dirigida a fortalecer la defensa del
país.
Trabajadores del Ministerio de la Construcción y de
las entidades del Poder Popular, tropas ingenieras y
constructores militares han construido cientos de
kilómetros de túneles y otras obras fortificadas;
patriotas con uniforme o sin él, pertenecientes a
otros organismos de la administración central del
Estado, han unido esfuerzos en el desarrollo de las
comunicaciones y en la modernización y producción de
medios de combate, tarea esta última que ha
permitido, con una racional inversión de recursos
materiales, elevar considerablemente sus cualidades
combativas y sobre todo hacerlas corresponder con el
empleo que prevemos darles, a la vez que permitieron
reanimar una parte de la industria nacional y
demostrar las importantes potencialidades existentes
en esos colectivos obreros.
Ha sido así también en las tareas dirigidas al
desarrollo económico y social del país. Me limitaré
a mencionar algunos ejemplos notables, como el
importante aporte de los combatientes del Ejército
Juvenil del Trabajo durante decenas de años, el del
numeroso grupo de oficiales de las FAR que han
contribuido a agilizar el flujo de mercancías desde
los puertos hasta su destino, o el que realizan
también en estos momentos las empresas constructoras
militares, junto a los trabajadores del Ministerio
de la Construcción y del Instituto Nacional de
Recursos Hidráulicos, en los grandes trasvases que
se construyen en el oriente y más adelante se
continuarán en el centro de la Isla, que permitirán
mover grandes volúmenes de agua hacia las regiones
tradicionalmente más afectadas por la sequía en las
provincias de Holguín, Las Tunas y Camagüey.
Los importantes resultados alcanzados en la
preparación para la defensa del país son un nuevo
punto de partida para continuar avanzando. Esta es
una tarea que ha demandado y permanentemente
requerirá años de esfuerzo sostenido, máxime cuando
la situación internacional puede transformarse
radicalmente en apenas unos días. La
invulnerabilidad militar, una vez alcanzada, solo
podrá mantenerse con su constante perfeccionamiento.
Más que de recursos —de los que también se ha ido
disponiendo de forma creciente—, en el
fortalecimiento de la defensa han sido decisivos el
trabajo creador, la inteligencia, la moral y la
conciencia revolucionaria del pueblo y de sus
dirigentes en todos los niveles e instituciones.
ÚNICAMENTE EL PARTIDO COMUNISTA, COMO INSTITUCIÓN
QUE AGRUPA A LA VANGUARDIA REVOLUCIONARIA Y GARANTÍA
SEGURA DE LA UNIDAD DE LOS CUBANOS EN TODOS LOS
TIEMPOS, PUEDE SER EL DIGNO HEREDERO DE LA CONFIANZA
DEPOSITADA POR EL PUEBLO EN SU LÍDER
Los más de 47 años transcurridos desde el Primero de
Enero de 1959, demuestran fehacientemente que a los
millones de cubanos dispuestos a defender la
Revolución hasta las últimas consecuencias, no los
mueve un entusiasmo pasajero ni el fanatismo
político, sino una confianza basada en la infalible
prueba del tiempo y de los hechos, en la profunda
convicción de que el camino escogido es el correcto,
y en la imbatible unidad nacional.
Ahí está la clave de nuestro poderío defensivo, de
nuestra capacidad de resistir y vencer las mayores
adversidades. El enemigo lo sabe, por eso enfila sus
golpes a debilitarnos ideológicamente. Y lo hace,
sobre todo, con la vista puesta en el futuro, en un
escenario que considera más favorable a sus
propósitos.
No olvidemos que han diseñado una llamada transición
hacia el capitalismo, apostando por el fin de la
Revolución cuando ya no esté su dirección histórica.
Para ello mantienen la denominada "Comisión para
asistir a una Cuba libre", con interventor
norteamericano designado y todo al frente, como en
los buenos tiempos de las cañoneras yanquis por
América Latina.
Enfrentamos un enemigo cuya tozudez y prepotencia lo
lleva con mucha frecuencia a cometer errores, pero
ello no significa que sea tonto. Sabe que la
especial confianza que otorga el pueblo al líder
fundador de una Revolución, no se transmite, como si
se tratara de una herencia, a quienes ocupen en el
futuro los principales cargos de dirección del país.
Repito lo que he afirmado en muchas ocasiones: el
Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno
solo, y únicamente el Partido Comunista, como
institución que agrupa a la vanguardia
revolucionaria y garantía segura de la unidad de los
cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno
heredero de la confianza depositada por el pueblo en
su líder. Para eso trabajamos, y así será, lo demás
es pura especulación, por no decir otra palabra.
Al igual que hemos vencido en todas las batallas,
tanto en Cuba como en cumplimiento del deber
internacionalista, venceremos al enemigo que intente
agazaparse en nuestras filas, consolidaremos cada
vez más la Revolución y nos haremos más fuertes en
todos los frentes.
Indiscutiblemente las circunstancias han cambiado
mucho respecto a las existentes en julio del 2003,
cuando se realizó el Pleno del Comité Central que ya
mencioné.
Si en aquel entonces entre el 90 y el 55% de la
población de los Estados Unidos, en dependencia de
la pregunta que se le hiciera o la composición de la
muestra, apoyaba la política del señor Bush, hoy esa
cifra no supera, en el mejor de los casos, la
tercera parte de los ciudadanos, algo que podría
poner a temblar hasta un concejal de alcaldía.
La victoria relámpago que hace tres años dieron por
"misión cumplida" en Iraq, se ha convertido en un
laberinto sin salida visible y lleno de atolladeros
por todas partes. Incluso Afganistán, que parecía
pacificado —al menos las principales ciudades, que
fueron realmente las únicas que llegaron a controlar
en cierta medida— comienza a ser otro serio dolor de
cabeza para el imperio y sus aliados.
La economía norteamericana pende cada vez más del
endeble hilo de los gastos de guerra, y si a ello se
suma la desenfrenada impresión de dólares con que
tratan de hacer frente al creciente desbalance
comercial y presupuestario, cualquier pronóstico
imparcial apunta a la debacle tarde o temprano.
Por otra parte, son cada vez más quienes en los
propios Estados Unidos plantean un reanálisis de la
política hacia Cuba, incluidas algunas importantes
voces dentro de los militares norteamericanos.
Ciertamente, no parece ser el escenario más
apropiado para emprender nuevas aventuras militares,
pero tampoco pueden olvidarse las enseñanzas de la
historia. No sería la primera vez que una potencia
imperialista, y en particular los Estados Unidos,
acude a la guerra como vía para intentar la salida
de una crisis interna de cualquier tipo.
No descartamos tampoco que la prepotencia herida o
la desesperación, pueda llevarlos a la locura de
iniciar una agresión militar contra Cuba, por
descabellado que pueda parecer.
Por eso es válido y permanente lo expresado por el
compañero Fidel en el Informe Central al Primer
Congreso del Partido:
"Mientras exista el imperialismo, el Partido, el
Estado y el pueblo, les prestarán a los servicios de
la defensa la máxima atención. La guardia
revolucionaria no se descuidará jamás. La historia
enseña con demasiada elocuencia que los que olvidan
este principio no sobreviven al error."
Así será, para que siempre podamos gritar en las
narices del imperio:
¡Viva Cuba libre!
(Granma) 25-07-2006
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