La redacción de
Granma recibió numerosos testimonios de lo que
representó la breve pero meteórica carrera musical de Polo para
tanta gente dentro y fuera de la Isla. Poco antes de su deceso, una
carta desde Italia decía: "Un hombre como él; de pueblo, humilde,
sencillo, ha sabido ganarse el afecto de todos nosotros. Está en el
corazón de todos y estamos orgullosos de él".
Polo Montañez irrumpió como un
relámpago en la música cubana. En menos de un año —la segunda mitad
del 2001— pasó a comandar las listas de éxitos de las radioemisoras
del país con el tema Un montón de estrellas. Con este y otros
temas de su primer disco, Guajiro natural, conquistó al
público colombiano y se abrió paso en otros países de América Latina
y de Europa occidental.
Esa irrupción sorpresiva y, a
la vez, contundente en la cresta de la ola de la música cubana, y su
incesante expansión internacional, se hizo acompañar por una especie
de velo legendario, que alimentó la fábula de un guajiro, que logró
encantar al mundo con una música sencilla y conmovedora.
Sus sentimientos patrióticos
le llevaron a poner música a los versos de Antonio Guerrero, uno de
los Cinco compañeros que guardan prisión en las cárceles del
imperio.
El segundo disco de su
producción, siempre con la compañía Lusáfrica, presentado en mayo de
este año, Guitarra mía, consolidó su arraigo entre nosotros,
anclaje que antes había calado muy hondo durante los dos meses de
esta primavera en que llenó estadios y plazas a lo largo y ancho del
país.