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CUBA, 26 de septiembre de 2007. "En Cuba, el régimen
de un dictador cruel se acerca a su fin", dijo ayer
Bush ante el pleno de la Asamblea General de la ONU,
en el primer día del debate del actual periodo de
sesiones.
Luego otro párrafo de su consabida perorata
anticubana, dirigida sobre todo a la fiambrera
terrorista de Miami, la misma que le ayudó a llegar
a la Casa Blanca con los métodos de La Chambelona.
Era el diablo otra vez en el púlpito de la ONU, con
el mismo aliento de azufre con que ha mentido y
violado la Carta del organismo mundial para llevar
la guerra a otros confines del mundo.
No sorprende a los cubanos la rabieta del actual
mandatario norteamericano, a quien sí se le acaba el
tiempo para masacrar con crueldad a otros pueblos
del planeta con su guerra de culturas y el pretexto
de la cruzada antiterrorista.
Bush sí es un dictador cruel y lo era desde que
firmaba sin vacilar las condenas capitales en sus
tiempos de gobernador, en los que implantó récord en
eso de vaciar las salas de espera a la muerte en las
cárceles de Texas.
Y se graduó con honores con los racimos de bombas
lanzados a diestra y siniestra, primero en
Afganistán y luego en Iraq, en una escalada mortal
que no termina, a despecho de la opinión pública de
Estados Unidos, donde gobierna como uno de los
presidentes más impopulares de la historia.
Dictador en el país que se precia de sus libertades
civiles, para desespero de los padres fundadores de
la Unión, que asistirían espantados a esta época de
Ley Patriota, de detenciones sin orden judicial y
espionaje ciudadano.
Bush, el de la frase Bin Laden "vivo o muerto", el
que autorizó la tortura y la degradación humana como
método de interrogatorio en Abuh Ghraib, el de las
cárceles secretas y la violación de la Convención de
Ginebra sobre los prisioneros de guerra.
Él que ha enlutado a miles de familias
estadounidenses, y que ha sembrado el dolor en
muchas más de Afganistán e Iraq, donde decenas de
miles de inocentes han tenido la desgracia de estar
"en el lugar y el momento equivocados" cuando
cayeron las bombas yankis.
Bush, el títere de las transnacionales y el complejo
militar industrial, el que prefiere seguir
envenenando el planeta antes que concertar una
política medioambiental responsable y sostenible.
Bush, quien por estos días anunció su veto a un
proyecto de ley que mantiene y amplía la ayuda
social a miles de niños de familias pobres en su
propio país.
El mismísimo diablo que habla de democracia en Cuba,
cuya nación ha sido objeto del bloqueo más largo y
criminal de la historia. El pueblo víctima del
terrorismo de Estado made in USA, saldado con
atentados, ataques armados, guerra biológica y
cuanto método tenebroso tuvo la CIA a su alcance.
Bush, el compinche de Posada Carriles y el del
ensañamiento con los Cinco antiterroristas cubanos y
sus familias, el que confunde a griegos con
"grecios", a australianos con austriacos, la APEC
con OPEP, el "estadista" que no lee periódicos, el
que preconiza la muerte, sin saber siquiera de lo
que habla, y a quien antes que le toque el turno ya
tiene un sitial de honor en el basurero de la
historia.
Por
: Orlando Oramas ( Cubaminrex- Granma) .
(Minrex) 26-09-2007
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