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ORLANDO ORAMAS LEÓN
Las manos largas del bloqueo que el gobierno de
Estados Unidos recrudece en todo el planeta contra
Cuba, ha creado un dilema a la cadena hotelera
Hilton, cuya sucursal británica es objeto de
protestas y llamados a boicot por parte de
políticos, parlamentarios, sindicalistas y miembros
del movimiento de solidaridad con la Isla.
Tal reacción fue la consecuencia de una declaración
de esa subsidiaria británica, en la que anuncia que
podría prohibir la estancia de funcionarios cubanos
en sus instalaciones, en cumplimiento de la ley
Helms-Burton, cuya jurisdicción Washington intenta
imponer al resto del mundo.
Ello levantó una ola de protestas en el Reino Unido,
en cuyo Parlamento fue presentada una moción,
firmada por 110 legisladores, la cual denuncia la
violación de las leyes británicas contra la
discriminación, así como las salvaguardas de la
Unión Europea contra el carácter extraterritorial de
la Helms-Burton.
Ante la presión que viene de todas partes, Simon
Vicent, presidente del Grupo para Gran Bretaña e
Irlanda, envió una carta a los parlamentarios en la
que confiesa que esa sucursal encara un dilema
legal, entre las leyes británicas y estadounidenses.
Vicent intenta arreglar el embrollo solicitando a
las autoridades de Washington una excepción en el
cumplimiento de las sanciones por las cuales deben
negar el alojamiento a funcionarios de la Isla, pero
tal posibilidad multiplicó aún más el enojo
ciudadano.
Para Rob Millar, director de la Campaña de
Solidaridad con Cuba, la reacción de la Hilton es
ambigua, por lo que indicó que las protestas
continuarán.
Algo parecido dijo Dave Prentis, secretario general
de la central sindical Unison, la mayor del país con
más de un millón de afiliados, quien llamó al boicot
contra la cadena.
De hecho esa agrupación y otras organizaciones
británicas han cancelado reservas y servicios a la
Hilton, en "oposición a esa legislación
discriminatoria, ilegal y extraterritorial", según
el pronunciamiento del Comité de Asuntos Escoceses,
tras anular reservaciones en el Hotel Hilton de la
localidad de Dundee.
La Hilton, siguiendo a su competidora Sheraton, que
el pasado año desalojó a una delegación cubana de
una de sus instalaciones en la capital mexicana, ya
archivó un incidente parecido en Europa, lo cual ha
puesto en aviso a diversos sectores británicos.
A principios de este año la gerencia del Hotel
Edderkoppen, de la capital noruega, negó hospedaje a
una misión de funcionarios turísticos cubanos
invitados a una tradicional feria del ramo, y que en
otras estadías en Oslo ya se alojaron allí.
Pero, para esta ocasión la Hilton había comprado la
cadena nórdica Sandic, de la que forma parte el
Edderkoppen, ahora bajo las redes sórdidas del
bloqueo contra Cuba.
"Somos propiedad del grupo Hilton, de Estados
Unidos, y aplicamos sus decisiones", dijo entonces
Geir Lundkvist, director administrativo de los
hoteles Hilton-Scandic en Noruega.
Y aunque un responsable de la Cancillería local
consideró "totalmente inaceptable" lo ocurrido y
recordó que Noruega mantiene relaciones diplomáticas
con Cuba, lo cierto fue que prevaleció la decisión
de la matriz estadounidense.
Otra cosa ocurrió a nivel de la ciudadanía y sus
organizaciones.
Antirasistisk Senter, una agrupación no
gubernamental que lucha contra el racismo, presentó
una denuncia ante la policía noruega por "violación
de la ley que prohíbe toda discriminación basada en
la raza o el origen étnico", apuntó su portavoz,
Henrik Lunde.
A raíz de la negativa de la Hilton escandinava, el
Sindicato de Empleados Municipales y Generales de
Noruega anunció un boicot en todos los hoteles
Scandic del país, adquiridos en marzo del 2006 por
la empresa norteamericana.
El incidente de Oslo repercutió en Londres, pues por
aquellos días el diario The Guardian dio amplia
difusión al rechazo en Gran Bretaña a la
extraterritorialidad del bloqueo anticubano, que
también afecta a organizaciones y ciudadanos del
país europeo, por demás, estrecho aliado de la
administración Bush.
Linda Bain, directiva de la Hilton en Londres,
intentó justificar la expulsión de los cubanos en
Oslo y subrayó que el grupo hotelero aplica las
leyes contra Cuba en cualquier lugar del mundo.
No esperaba entonces que la repulsa crecería en
Londres y otros sitios del Reino Unido, que ahora ha
obligado a una especie de marcha atrás, en medio de
llamados al boicot y cancelaciones.
Y por ahí anda el dilema de la Hilton, obligada por
Washington a aplicar las sanciones del bloqueo
contra Cuba en todo el mundo, salvo que 183 países
del planeta votaron en Naciones Unidas contra esa
criminal política.
(Granma) 26-03-2007
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