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CUBA, 13 de diciembre de 2006. La Oficina de Control
de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC)
acaba de imponer una multa al célebre cineasta
Oliver Stone por haber violado las leyes de lo que
allá llaman eufemísticamente embargo y no es más que
un incivilizado, brutal y sistemático bloqueo,
universalmente reconocido y condenado por abrumadora
mayoría en el seno de las Naciones Unidas.
A Stone y a la productora Ixtlan se les acusa de
haber viajado a Cuba para filmar entre el 2002 y el
2003 dos películas sobre el líder de la Revolución
cubana. El Nuevo Herald, vocero de la mafia
anticubana del Sur de la Florida, desplegó en su
edición de ayer la noticia.
En las plazas medievales solían publicarse tales
bandos a modo de escarmiento. La moderna Inquisición
retoma esa añeja práctica: el mensaje, obviamente,
va dirigido contra todo aquel que haciendo valer su
derecho a la libertad de creación y la de expresión,
quiera reflejar objetivamente la realidad de la
Isla, así sea un individuo como Oliver Stone, a
quien nadie en su sano juicio podrá tildar de
antinorteamericano después de haber visto, como
cientos de espectadores habaneros durante el 28
Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, su película
World Trade Center, sobre el atroz atentado
terrorista contra las Torres Gemelas.
Son harto conocidos los avatares de Stone para
realizar sus películas sobre Fidel. La primera,
titulada Comandante y encargada por la cadena por
cable HBO, no pudo exhibirse en el plazo de tiempo
pactado debido a las presiones del lobby anticubano
de Miami y sus patrocinadores de la derecha
estadounidense.
Stone tuvo que acceder a las exigencias de volver a
filmar para incluir entrevistas con algunos
empleados de la Oficina de Intereses de EE.UU. en La
Habana, cuya capacidad histriónica, puesta en
función de demonizar a la Revolución cubana, se
desmoronó en la nueva producción, Looking for Fidel.
Es muy probable que los funcionarios de la OFAC
hayan tomado nota de las declaraciones de Stone
durante la presentación de Looking for Fidel en el
Festival de Cine de San Sebastián, España: "Castro
—dijo allí— es un gran anfitrión. Te mira
directamente a los ojos. Me dio la impresión de que
se fiaba de mí, y eso me gustó, [...] Pude hacer
todas las preguntas sobre conflictos internos del
país, el futuro de la Isla después de Castro y la
presión internacional a la que se ve sometida Cuba,
especialmente por el gobierno del presidente de
Estados Unidos, George W. Bush. [...] Castro es uno
de los hombres más sabios, es un superviviente y un
Quijote. Admiro su revolución, su fe en sí mismo y
su honestidad".
Para las actuales autoridades norteamericanas, una
opinión libre y desprejuiciada como esa, tiene su
precio. De modo que hay que buscar resquicios y
artilugios, pese a que los productores de Stone
cumplieron con el farragoso expediente de las
licencias, para castigar e impedir que se piense con
cabeza propia.
No importa que se haga obvio lo que ya se sabe: la
victimización del propio pueblo norteamericano,
impedido de viajar libremente a la Isla, por parte
de quienes ejercen el criminal bloqueo contra Cuba.
Por : Pedro de la Hoz.
(Granma) 13-12-2006
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