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Salim Lamrani
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Rebelión
En mayo de 2004, Washington hizo público un enorme
informe de 454 páginas, que elaboró la Comisión de
Asistencia a una Cuba Libre (Commission for
Assistance to a Free Cuba, CAFC), destinado a
dar el golpe de gracia al gobierno cubano y provocar
su caída. Las sanciones económicas se han endurecido
y han afectado mucho a la calidad de vida de la
población cubana [1].
Poco satisfecho con los resultados conseguidos, el
10 de julio de 2006, el presidente Bush aprobó el
nuevo informe de 93 páginas, que dirigió la
presidenta de la CAFC y actual secretaria de Estado,
Condolezza Rice, y el secretario de Comercio, Carlos
Gutiérrez. El objetivo proclamado está claro: romper
el orden constitucional vigente en Cuba. Los medios
utilizados para su elaboración son impresionantes:
cerca de 100 personas procedentes de 17
departamentos y agencias federales trabajaron
durante meses para producir este nuevo documento
[2].
Este plan, que consta de siete capítulos, dispone de
un presupuesto total de 80 millones de dólares para
2007 y 2008, con el fin de incrementar el estado de
sitio sobre Cuba y subvertir el orden establecido.
Estos fondos se reparten de la siguiente manera: 31
millones de dólares para financiar aún más a la
oposición interna, 10 millones para actividades de
grupos de presión en el seno de las universidades,
24 millones para extender la propaganda contra la
isla y 15 millones de dólares para incorporar a la
comunidad internacional al plan de ocupación de
Cuba. Además, el informe prevé una financiación de
al menos 20 millones de dólares anuales para los
siguientes años “hasta que la dictadura deje de
existir” [3].
Esta vez, Washington incluso ha fijado un plazo para
derrocar al gobierno de La Habana: 18 meses como
máximo. Contrariamente a Iraq donde la
administración Bush nombró a un procónsul, Paul
Bremmer, después de la invasión del país, en Cuba,
el puesto de procónsul ya está ocupado por Caleb
McCarry [4].
Las groseras acusaciones que emite el Departamento
de Estado se prestarían a sonreír si sus objetivos
no fueran tan alarmantes. Por ejemplo: “los
cubanos siguen siendo encarcelados por actividades
que los estadounidenses consideran normales: leer y
ver lo que quieren; tener acceso a la información
del extranjero, incluso a Internet; organizar
encuentros en casa para hablar del futuro del país;
disponer de una biblioteca o hacer firmar peticiones”.
Según el gobierno estadounidense, este tipo de
actividades se castiga con la privación de libertad
en Cuba [5].
En el mismo registro, el informe afirma que “el
régimen castrista no satisface las necesidades
humanitarias más básicas del pueblo cubano. La
malnutrición crónica, el agua potable contaminada y
enfermedades crónicas no tratadas afectan todavía a
un porcentaje significativo del pueblo cubano”.
Y a todas luces (¿cómo atreverse a dudarlo?), “la
situación no mejorará mientras Fidel Castro esté en
el poder” [6].
Esta afirmación ilustra un profundo desconocimiento
de la realidad cubana o una voluntad deliberada de
desinformación. En efecto, todas las organizaciones
internacionales, desde las Naciones Unidas, pasando
por el Banco Mundial, elogian de forma unánime el
sistema social cubano y el índice de desarrollo
humano de la isla del Caribe. Cuba disfruta de la
esperanza de vida más alta y de la tasa de
mortalidad infantil más baja del Tercer Mundo. Cuba
dispone de una tasa de mortalidad infantil inferior
a la de los propios Estados Unidos. UNICEF afirma
incluso que Cuba es la única nación de América
Latina y el Caribe que ha erradicado la desnutrición
infantil [7].
La primera medida adoptada preconiza una mayor
financiación a los grupos de “disidentes”.
Washington considera acelerar el reclutamiento de
individuos cuyo papel será participar en el
derrocamiento del actual gobierno. A los 50 millones
de dólares previstos en el primer informe de 2004 se
agrega esta nueva suma de 31 millones. El plan de
Bush incluso cita a las personas encargadas de
liderar las fuerzas subversivas: Martha Beatriz
Roque, Oswaldo Payá, Guillermo Fariñas y las Damas
de Blanco, entre otras [8].
En marzo de 2003, las autoridades cubanas arrestaron
a 75 agentes pagados por el gobierno estadounidense.
Esas personas fueron severamente condenadas a causa
de su sumisión a una potencia extranjera. Ricardo
Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional cubana
advirtió a los miembros de la “disidencia” del hecho
de que los que conspirasen con Washington y
aceptaran sus emolumentos tendrían que “pagar las
consecuencias” [9].
“Mientras exista esta política, habrá personas
que sean envueltas [...], conspiren con los
estadounidenses y acepten sus pagos. Eso es un
delito según las leyes cubanas. No conozco ningún
país que no clasifique tal actividad como un delito”,
subrayó Ricardo Alarcón. “Imagínese que alguien
en EEUU esté sostenido, entrenado, equipado y
asesorado por un gobierno extranjero. Eso en sí
mismo es un delito. Es un delito muy grave en EEUU y
se puede pagar con muchos años de prisión, muchos
más de los que aquí en Cuba ha pagado nadie”,
concluyó [10].
La administración Bush también dedica 24 millones de
dólares adicionales a Radio y TV Martí, con el fin
de ampliar las transmisiones de programas
subversivos hacia Cuba, violando la legislación
internacional. Los miembros de la “disidencia”
cubana recibirán una parte de esta suma para
adquirir y distribuir equipos de radio y televisión
que permitan captar los programas que se emiten
desde Estados Unidos. Otros países están invitados a
transmitir programas subversivos hacia Cuba. El plan
prevé también “entrenar y equipar a periodistas
independientes de la prensa escrita, radiofónica y
televisiva en Cuba”[11].
Washington desea romper la legalidad constitucional
que prevé que en caso de desaparición del presidente
cubano, Fidel Castro, el vicepresidente, Raúl
Castro, tome las riendas del país. Para ello, ha
elaborado un programa de grupos de presión de la
comunidad internacional para que ésta no reconozca
al eventual nuevo gobierno. Los países que sigan a
Estados Unidos en su política de agresión gozarán de
apoyo económico mientras que los demás tendrán que
pagar las consecuencias de su insumisión [12].
Además, los títulos III y IV de la ley Helms-Burton
de 1996, que prevén sancionar a los países que
inviertan en Cuba, se aplicarán en adelante, después
de haber sido suspendidos durante diez años
consecutivos por las protestas de la comunidad
internacional y en particular de la Unión Europea.
Washington incluso ha designado su blanco
prioritario: Venezuela y su presidente Hugo Chávez,
primer socio comercial de Cuba, y mencionado quince
veces en el informe [13].
El presidente venezolano reaccionó a la publicación
del último plan, calificándolo de “nueva amenaza
imperialista”. “Continuaremos la alianza estratégica
con Cuba. Ahora es cuando Venezuela apoyará al
pueblo y a la Revolución Cubana”, aseguró, al
mismo tiempo que aconsejó a la administración Bush
que elaborara un plan de transición para ellos
mismos, para salvar su propio sistema [14].
En cuanto al vicepresidente de la República
Bolivariana, Vicente Rangel, expresó su rechazo del
plan denunciando la intención estadounidense “de
agredir y sojuzgar a la República de Cuba”. “El
informe publicado por el Departamento de Estado
confirma el intervencionismo estadounidense, abierto
y flagrante, en nombre de principios que no respeta.
Su irrefrenable voluntad de avasallar a pueblos y
violar el derecho internacional lo confirma”,
declaró. También estigmatizó “la obsesión que el
gobierno de Bush tiene con [su] país” [15].
Washington también planea confeccionar una lista de
altos funcionarios cubanos a neutralizar en una Cuba
ocupada. Estados Unidos ni siquiera vela sus
intenciones de recolonizar la isla. En efecto,
afirman que estas personas serán “sancionadas por
el gobierno estadounidense como lo prevé la ley
estadounidense” como si Cuba fuera un nuevo
Estado de la Unión [16].
Para dañar la economía cubana, las autoridades
estadounidenses aplican ahora penas más severas para
todos sus ciudadanos que viajan a Cuba y reducen aún
más los viajes de orden humanitario. Se ha creado
una nueva agencia para seguir minuciosamente las
exportaciones de níquel, fuente de ingresos
importante para Cuba, y negar la compra de productos
vendidos por terceros países que llevan níquel
cubano. El envío de remesas a Cuba se restringe
todavía más, así como las condiciones exigidas para
que las empresas estadounidenses puedan vender
productos alimenticios a Cuba. Incluso el Consejo de
Iglesias Cubanas sufre sanciones y ya no puede
recibir ayuda humanitaria [17].
Las nuevas medidas también tienen como objetivo
poner trabas a la asistencia médica que Cuba brinda
a las naciones del Tercer Mundo. Por ejemplo, cerca
de 250.000 latinoamericanos que padecían cataratas y
otras enfermedades oculares ligadas a la pobreza,
recobraron la vista después de operarse
gratuitamente en Cuba. Del mismo modo, cerca de
60.000 médicos cubanos u otro personal de salud
trabajan actualmente de manera voluntaria en las
regiones rurales del Tercer Mundo y auxilian a los
más despojados de América Latina, Asia y África.
Ahora, Estados Unidos prohibe toda exportación de
aparatos médicos “destinados a ser utilizados en
programas de gran escala [para] pacientes
extranjeros”, mientras que la mayor parte de la
tecnología médica mundial es de origen
estadounidense [18].
Ricardo Alarcón no dejó de condenar esta decisión:
“Que Bush [...] desprecia a los pobres y a los
negros de Estados Unidos, que le importa un bledo si
mueren abandonados, eso ya se sabe. Pero ahora
sabemos también porque acaba de reconocerlo
abiertamente, que su odio alcanza también a todos
los pobres, a todos los indios, a todos los negros y
mestizos de este mundo” [19].
Los capítulos 2 a 7 enumeran punto por punto las
reformas políticas económicas y sociales que Cuba
tiene que emprender obligatoriamente para ser
considerada “democrática”. Todo se menciona
de manera minuciosa, desde las elecciones
pluripartidistas, la instauración de una economía de
mercado, pasando por la devolución de las
propiedades nacionalizadas en los años 60, hasta la
privatización de los servicios de educación y salud.
Por ejemplo, en cuanto a la educación, Washington
insiste en que los programas, los libros escolares y
la formación de los profesores tienen que cambiar
necesariamente. En una palabra, la reorganización de
la sociedad cubana será completamente controlada y
dirigida por Estados Unidos [20].
La extrema derecha de origen cubano de Florida
reaccionó con entusiasmo a la publicación de esta
nueva política de agresión. Así, Alfredo Mesa,
director ejecutivo de la Fundación Nacional Cubano
Americana, organización extremista implicada en el
terrorismo internacional, expresó su satisfacción
por “el compromiso de Estados Unidos de elaborar
una transición hacia la democracia en Cuba”
[21].
En cambio, varias personalidades estadounidenses
condenaron las nuevas medidas del presidente Bush.
Wayne S. Smith, antiguo jefe de la Sección de
Intereses Norteamericanos en La Habana bajo el
gobierno de Reagan de 1979 a 1982, subrayó que el
plan estaba condenado al fracaso. “No hay muchos
cubanos que estén de acuerdo con la idea de
abandonar la salud y la educación universal y
gratuita, así como otros servicios importantes que
brinda su gobierno”, analizó [22].
Wayne S. Smith señala que el gobierno estadounidense
presenta una imagen de Cuba completamente
desconectada de la realidad. “La idea principal
presente en este nuevo informe es que el régimen
estaría al borde del colapso y enunciada como tal,
sigue siendo estrafalaria. Han pasado dos años
[desde la publicación del primer informe en 2004] y
la economía cubana muestra señales de un fuerte
crecimiento. Incluso la CIA estima el crecimiento a
un 8%. Ahora Cuba mantienen relaciones económicas
vitales con Venezuela y China y existen señales de
la presencia de reservas petroleras a la altura de
la isla. Varios países han ofrecido sus servicios
para emprender perforaciones. Las cosas están
mejorando y no se están deteriorando”, apunta,
antes de asegurar que “las acusaciones del
informe son falsas” [23].
En cuanto a la “injerencia internacional” de
Cuba que menciona el informe, Wayne S. Smith estuvo
claro. “Médicos cubanos han estado en numerosos
países, entre ellos Guatemala y Haití, además de
Venezuela y Bolivia. En todos los casos se han
alabado la calidad y el desinterés de su
intervención. Si eso es la injerencia internacional
a la que se refiere el informe, haría falta más
injerencia. Si no es el caso, el informe debería
proporcionar ejemplos del intervencionismo al que
alude” [24].
En lo que se refiere a la financiación de la
oposición interna, Wayne S. Smith expresó su total
desaprobación. “Cuando Estados Unidos declara que
su objetivo es derrocar al gobierno cubano y después
afirma que uno de los medios para lograrlo es
proporcionar fondos a los disidentes cubanos, éstos
se encuentran de facto en la posición de agentes
pagados por una potencia extranjera para derrocar a
su propio gobierno”, señaló [25].
Lucius Walker, presidente de la organización
humanitaria Pastores por la Paz (Pastors for
Peace) señaló con el dedo el presupuesto de 80
millones de dólares destinado a “anexar Cuba”.
Mientras tanto, el gobierno “no otorga recursos
para abrir las escuelas de Nueva Orleans [ni] becas
para que los afroamericanos y los latinoamericanos
puedan estudiar medicina en Estados Unidos”,
deploró. “Hay que luchar contra esta ley [pues]
ningún gobierno tiene derecho a decir a otro
gobierno o a otro pueblo qué deben hacer con su
país”, concluyó [26].
A diferencia del primer informe de 2004, este nuevo
plan contiene un anexo, clasificado secreto “por
razones de seguridad nacional”, que es motivo de
gran preocupación para las autoridades cubanas, pues
supone el uso de la violencia y el intervencionismo
militar. Los informes clasificados en los años 60 y
ahora parcialmente desclasificados revelan que
Estados Unidos llevó a cabo una feroz campaña de
terrorismo y sabotaje contra el gobierno
revolucionario, organizó una invasión de la isla por
mercenarios e incluso planificó una invasión militar
total por las tropas estadounidenses [27].
En efecto, como subraya Ricardo Alarcón, “en
Estados Unidos, la seguridad nacional es un concepto
que esta indisolublemente asociado a lo militar o a
actividades encubiertas” [28]. Y añadió:
“Después de haber divulgado todo lo que han
divulgado –decenas de millones de dólares más para
sus mercenarios, nuevas restricciones económicas y
acciones ilegales contra el comercio internacional y
la soberanía de Cuba y de otras naciones, castigos
adicionales para los cubanos y para ciudadanos de
otros países– y de haber hecho público hace ya más
de dos años su Plan en que hasta el más mínimo
detalle describe su intención de recolonizar Cuba;
después de todo eso, ¿qué es lo que a estas alturas
tienen que ocultar con el máximo secreto? ¿Qué
esconden por razones de ‘seguridad nacional y
efectiva realización’? ¿Más ataques terroristas? ¿Nuevos
intentos de asesinato contra Fidel? ¿La agresión
militar? Tratándose de Bush y sus compinches
cualquier cosa es posible” [29].
A la administración Bush, que todavía no se ha
ocupado de las víctimas del huracán Katrina,
abandonadas a su suerte, desprotegidas, le importa
poco la legalidad internacional. Siempre está pronta
a consagrar presupuestos desorbitados para derrocar
a un gobierno que se niega a doblar el espinazo.
Notas
[1] Colin L. Powell, Commission for Assistance to
a Free Cuba, (Washington : United States
Department of State, mayo de 2004).
www.state.gov/documents/organization/32334.pdf
(sitio consultado el 7 de mayo de 2004); Salim
Lamrani, Cuba face à l’Empire (Genève :
Editions Timéli, 2006), pp. 139-54.
[2] Condolezza Rice & Carlos Gutierrez,
Commission for Assistance to a Free Cuba,
(Washington: United States Department of State,
juillet 2006).
www.cafc.gov/documents/organization/68166.pdf
(sitio consultado el 12 de julio de 2006).
[3]
Ibid.,
p. 20.
[4]
Nestor Ikeda, «EEUU dice que rehabilitará a Cuba en
18 meses», El Nuevo Herald, 10 de julio de
2006.
[5]
Ibid.,
p. 5.
[6]
Condolezza Rice & Carlos Gutiérrez, op.cit.,
p. 6.
[7]
Salim Lamrani, op.cit., pp. 89-108; Cira
Rodríguez César, «UNICEF confirma que Cuba es el
único país de América Latina y el Caribe que ha
eliminado la desnutrición infantil», Prensa
Latina/Rebelión, 17 de mayo de 2006.
[8]
Condolezza Rice & Carlos Gutierrez, op.cit.,
p. 19.
[9] BBC, «Cuba Warns Dissidents Over US Aid»,
12 de julio de 2006.
[10]
Ibid.
[11]
Condolezza Rice & Carlos Gutiérrez, op.cit.,
p. 22.
[12]
Ibid.,
pp. 24-25.
[13]
Ibid.
Las menciones de Venezuela se encuentran en las
páginas 5, 6, 14, 15, 23 (4 veces), 24 (4 veces),
26, 62, 63.
[14]
Granma,
«Venezuela reforzará alianza con Cuba», 13 de julio
de 2006.
[15]
El Nuevo Herald,
«Rechazo venezolano a informe de EEUU sobre Cuba»,
11 de julio de 2006.
[16]
Condolezza Rice & Carlos Gutierrez, op.cit.,
p. 27.
[17]
Ibid.,
pp. 30-31.
[18]
Ibid.,
p. 31.
[19]
Ricardo Alarcón de Quesada, «El Mein Kampf de Bush»,
Granma, 13 de julio de 2006.
[20]
Condolezza Rice & Carlos Gutierrez, op.cit.,
pp. 34-85.
[21] Lisa Ferdinando, «Miami Cubains Praise US
Efforts for Democracy in Cuba», Voice of America,
11 de julio de 2006.
[22] Wayne S. Smith, «New Cuba Commission Report:
Formula for Continued Failure», Center for
International Policy, 10 de julio de 2006.
[23] Ibid.
[24] Ibid.
[25] Ibid.
[26] Ibid.
[27] Foreign Relations of the United States
1961-1963, volume X-XI (Washington: Department of
State, 1997).
[28]
El Nuevo Herald,
«Alarcón amenaza disidentes para que no acepten
fondos de Washington», 12 de julio de 2006.
[29]
Ricardo Alarcón de Quesada, «El Plan de Bush de
‘asistencia a una Cuba libre’. Crónica de una guerra
anunciada», Granma, 5 de julio de 2006.
El francés Salim Lamrani es investigador de la
Universidad Denis-Diderot en París y está
especializado en las relaciones de Cuba y Estados
Unidos. Colabora habitualmente en Rebelión. La
traducción al español es suya y ha sido revisada por
Caty R., miembro de los colectivos de
Rebelión y
Tlaxcala, la
red de traductores por la diversidad lingüística.
Esta traducción es copyleft y se puede reproducir
libremente, a condición de mencionar al
autor-traductor, a la revisora y la fuente.(La Jiribilla) 12-07-2006
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