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OMAR
VÁZQUEZ
omar.vc@granma.cip.cu
Quizá
por aquello de que hay gargantas privilegiadas, existen
cantantes que conservan durante mucho tiempo sus
condiciones intactas. Mayor mérito tienen si, además,
se mantienen actuando creativamente. Así ocurre con
Omara Portuondo, quien con aires de futuro, cautiva a
los más exigentes auditorios internacionales.
La
veterana cantante continúa cosechando éxitos en la gran
aventura de la música, y una prueba de eso es su último
capítulo: el disco Flor de amor (World Circuit).
Artista
a quien sus admiradores prefieren llamarla así, Omara,
sin el apellido, su singular timbre, su manera de
frasear y cubana sandunga, entre otros valores,
llevaron al guitarrista y productor norteamericano Ry
Cooder a llamarla la Sara Vaughan cubana y a otros, más
recientemente, la Diva de Buenavista Social Club. Para
comprobarlo, es bueno verla en vivo, especialmente en
sus impactantes dúos de los últimos tiempos con Danny
Rivera o Andy Montañez, por mencionar algunos.
Con
Flor de amor, disco con producción y orquestación
de Demetrio Muñiz, en el que participan los brasileños
Alexis Queiras y Swami Junior, Omara ha andado medio
mundo y lo que le falta.
"La
canción Casa caló yo la canto en brasileiro",
nos dice. "Es una hermosa pieza de Carlinhos Brown.
Estoy muy contenta con los resultados y por esta nueva
nominación al Grammy Latino, pero sinceramente,
quisiera que el ganador en la Categoría Tropical
Tradicional fuera mi admirado Guajiro Mirabal".
Ella
relata un reciente y no muy divulgado hecho
protagonizado junto a Leo Brouwer, en España: Muchos
años atrás yo había cantado el Tango de Dolores
Santa Cruz, de la zarzuela Cecilia Valdés,
en La Habana, con el propio Gonzalo Roig al frente de
la orquesta. Ahora, al encontrarme con Leo en España y
sabiendo él lo anterior, se repitió aquella historia,
ante una situación confrontada con la cantante que
tenía a su cargo ese papel. La sustituí como cantante
lírica en esa misma obra, presentada esta vez en el
Teatro Valdés, de Avilés, con la Orquesta Sinfónica de
Asturias, dirigida por el recientemente desaparecido
Manuel Duchesne Cuzán; y con la de Córdova, conducida
por el propio Leo, con gran aceptación por parte del
público y la crítica".
Omara
Portuondo se considera una cantante privilegiada, no
solo "por lo alcanzado y lo que me queda por lograr",
sino porque creció en un ambiente propicio para la
música, pues sus padres (Bartolomé Portuondo Alfonso,
un conocido pelotero, amigo de Nicolás Guillén y de
otros intelectuales progresistas, y Esperanza Peláez
Hernández, ama de casa) eran admiradores de la trova
primigenia y le fueron trasmitiendo su amor por ella.
Omara
combinó sus estudios en el Instituto Superior de La
Habana, con el idioma inglés, el canto, la música y el
baile (formó pareja con el desaparecido Rolando
Espinosa). Se inició en el canto bajo la dirección del
pianista Frank Emilio Flynn, integró la Orquesta
Anacaona (sustituyó a la célebre Graciela Pérez), y
formó parte del Cuarteto de Orlando de la Rosa.
En 1952
integró el célebre Cuarteto Las D' Aida, junto a su
hermana Haydée, Elena Burke y Moraima Secada, sobre
quienes confiesa que, al igual que Aida Diestro, Luis
Carbonell y otras figuras mencionadas con anterioridad,
"son personas que han marcado mi trayectoria".
Hace
unos días debutó en el Teatro Vía Funchal de Sao Paolo,
en el que se agotaron sus cuatro mil entradas; y luego
estremeció al público de Río de Janeiro, Belo Horizonte
y Brasilia. Conquistó a los peruanos que la arroparon
en Lima, donde expresó que le gustaría actuar y grabar
con la legendaria compañía Perú Negro.
Y
finalmente llegó a Chile. El teatro Caupolicán, de
Santiago, vibró bajo su égida. El diario El Mercurio
comentó: "Omara se mueve como una primera dama. Aunque
su timbre simple se acomoda más a las rítmicas
intimistas, da muestras de solvencia cuando llega el
turno del cha cha chá o la guaracha. Nada opaca su
clase".
Esa es
la Omara que se divisa en el porvenir. (Granma) 5 de octubre de 2005 |