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Raúl y Vilma: Vilma y Raúl junto a sus cuatro hijos, de quienes luego tendrían ocho nietos. Ellos crearon una familia ejemplar, basada en el amor, que siempre los ha llenado de orgullo. |
A mediados de 1960, las mujeres en Cuba tenían la
convicción de que les había llegado su hora. Las
sacudidas telúricas que el reciente triunfo de la
Revolución propinó a toda la sociedad, llegaron
también a la vida de las féminas en la Isla.
Ellas identificaron aquel suceso extraordinario, de
metamorfosis política, social y cultural que
envolvió a la nación, liderado por Fidel Castro,
como la oportunidad que les abriría, de par en par,
las puertas hacia una nueva existencia.
Amas de casa, domésticas, campesinas, obreras,
intelectuales, estudiantes, todas a una, juntaron
ganas y esperanzas convencidas de echar andar su
propia revolución. Hieráticas en su propósito,
comenzaron a adueñarse de aquellos espacios
inaccesibles hasta entonces.
"Previo al triunfo revolucionario, las mujeres
ocupaban un lugar secundario en la sociedad cubana.
Eran, además, la mayoría de la población analfabeta;
solo el 12% pertenecía a la fuerza laboral activa, y
en su generalidad estaban empleadas en el servicio
doméstico," recuerda Yolanda Ferrer Gómez,
secretaria general de la Federación de Mujeres
Cubanas (FMC).
Y aunque todavía no estaban fusionadas en una
organización, las mujeres comenzaron a movilizarse
hacia diversas tareas priorizadas por el Gobierno
revolucionario. Era habitual verlas colaborar en
sectores como la educación, la salud, la economía,
la cultura, la política…
Al decir de Ferrer Gómez, antes de 1959 existían
algunas agrupaciones femeninas que pertenecían a
partidos y movimientos de variada índole, pero
ninguno con características de gran organización de
masas.
"Sin embargo, de forma espontánea se va forjando la
unidad entre todas aquellas formaciones lo cual
deriva hacia una fuerte corriente de mujeres
deseosas de tener una participación más activa en la
Revolución. Ese mismo afán las lleva, una y otra
vez, a proponerle a Vilma la idea de unificarse en
una única organización."
Coincidiendo con esta ajetreada cotidianeidad en la
Isla caribeña, a principios de los años 60, la
Federación Democrática Internacional de Mujeres
convoca a un Congreso de Mujeres por la Liberación
de América Latina.
"Precisamente ese evento, celebrado en Santiago de
Chile, y al que asistió una importante delegación de
la Isla, contribuyó también a sentar las bases para
crear nuestra FMC," explica su Secretaria General
"Aun así —aclara—, no copiamos ningún modelo en el
mundo. Cuando se constituye, oficialmente, el 23 de
agosto de 1960 la Federación de Mujeres Cubanas, ya
las bases estaban creadas en todo el país."
Incluso, hacía más de un año atrás que se estaban
agrupando a miles de mujeres, las cuales trabajaban
en la construcción de escuelas y hospitales en todo
el país; en la recogida y atención a los niños de la
calle, en la captación de maestros. También en
numerosas acciones y tareas urgentes de prevención y
atención social, educacional y de salud.
"Vilma recordaba, a menudo, que ella le consultó a
Fidel la propuesta femenina, a lo que el Comandante
en Jefe respondió que esa idea era verdaderamente
revolucionaria. Y eso fue la FMC, una revolución
dentro de la Revolución."
Algunos la recuerdan como la risa tierna de la
Revolución. Otros como la joven inteligente, culta,
intrépida que organizó la lucha revolucionaria en
Santiago de Cuba junto a Frank País. Todos, como una
de las heroínas de la Sierra Maestra; insustituible
regazo para sus hijos y para el esposo; elegante en
su sencillez; suave en la voz y los gestos; tenaz e
incansable consolidando las cuantiosas obras de la
Revolución, uniendo en sus incontables batallas a
las mujeres de esta Isla.
Así fue Vilma Espín Guillois, nacida el 7 de abril
de 1930. También fue mucho más. Fundadora y
Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas por
petición y deseo de sus compañeras. Dejó al morir el
pasado 18 de junio un legado de amor y virtuosismo
para las presentes y futuras generaciones.
Para Yolanda Ferrer, que pasó más de media vida de
trabajo y amistad al lado de Vilma, resulta casi
imposible hablar de esta entrañable mujer en pasado.
"Porque es hablar de un ser humano excepcional. No
se trata de que el cariño que siento por ella me
haga ver las cosas así. Se trata de la huella
imperecedera que Vilma deja en todas las esferas de
la vida del país. En todo lo que tiene que ver con
el respeto a los principios, a la fidelidad, a los
valores fundamentales de la Revolución.
"Cuando se recuerda toda su obra, las primeras cosas
que vienen a la memoria es su lealtad a la justicia;
su sentido muy especial para defender lo que
considerara justo. Y no me refiero solo a lo que
tiene que ver con la igualdad de las mujeres, de
género en la sociedad cubana.
"Vilma es un ejemplo en sí mimo de los
valores esenciales de la vida, en el sentido
de la honestidad. Para ella la mentira era algo
imperdonable. Nos enseñó a todas las dirigentes de
la organización a decir siempre la verdad, costara
lo que costara. "
Con sobrada justeza, Yolanda atestigua que no existe
un espacio de la Revolución cubana donde no esté la
presencia activa de Vilma.
"Mas, su infinita modestia le impidió, realmente,
tener conciencia, de que era una de las mujeres más
grandes de la historia revolucionaria. Siempre se
sintió una más entre todas nosotras."
Bajo esos mismos principios éticos que rigieron toda
su existencia, Vilma puso en práctica las misiones
enfocadas a la plena incorporación de las mujeres,
con igualdad de derechos y oportunidades que los
hombres, en las esferas política, económica,
cultural y social del país.
Encabezó, igualmente, una intensa labor educativa
mediante la Federación, dirigida a elevar el nivel
cultural, educacional, político e ideológico de las
mujeres, como premisa para su incorporación a la
sociedad.
Con su visión y concepciones revolucionarias,
enriqueció los preceptos de la Constitución de la
República (1976) y sus modificaciones en (1992).
Realizó importantes contribuciones al Código de
Familia (1975), instrumento legal, educativo, cuyas
adelantadas concepciones marcaron pauta a nivel
continental y posiblemente en el orbe.
A Vilma se agradecen contribuciones medulares en la
elaboración del Código de la Niñez y la Juventud
(1976), la Ley de Protección e Higiene del Trabajo
(1977), la Ley de Seguridad Social (1979), el
Decreto-Ley 64 sobre la Atención a Menores, al
Código Penal (1979) y sus modificaciones (2002).
Asimismo, colaboró en la tipificación de delitos
relacionados con la discriminación y violencia hacia
la mujer (incluyendo cualquier forma de abuso
sexual). Su aporte fue vital para la Ley de
Maternidad de la Trabajadora (1974) y su
modificación (2003), que asegura también la licencia
por paternidad, de acuerdo con las decisiones de la
pareja.
Desde la FMC, trabajó en crear postas sanitarias en
las áreas más intrincadas de las montañas, en
capacitar a las campesinas en normas de higiene y
salud, la atención a las embarazadas, la
institucionalización del parto, el establecimiento
del aborto seguro como un servicio de salud, y la
lucha por evitar el embarazo en adolescentes.
Ya en 1972 fundó el Grupo Nacional de Educación
Sexual. Y en 1989, como fruto del trabajo realizado
por este Grupo, crea el Centro Nacional de Educación
Sexual, con las funciones de orientación, asesoría,
control técnico y metodológico, docencia,
capacitación e investigación.
"Una de las labores colosales dirigidas por Vilma
—rememora Yolanda Ferrer—, fueron las escuelas
campesinas Ana Betancourt. Por esos centros pasaron
más de 110 mil muchachas. También se crearon las
escuelas nocturnas para las empleadas del servicio
doméstico. De hecho, las primeras muchachas
negras que accedieron a los bancos como trabajadoras
procedían de esas escuelas que organizó la FMC.
"Sin olvidar el establecimiento, en 1961, de los
círculos infantiles, desde una perspectiva de género
y con la visión de lo que debían ser las relaciones
sociales entre hembras y varones. Allí los niños y
niñas comparten tarea y juegos sin distinción de
género. Además de cuidarlos, a los pequeños se les
educa y prepara en el concepto de la nueva familia."
LA LUZ DE VILMA EN SU HOGAR BRILLA Y PERDURA
Cuidar de la familia, sin descuidar los senderos por
los que transitan la educación y la formación de
valores éticos, mantuvo siempre a Vilma en perpetuo
desvelo. Aun cuando el cansancio tras extenuantes
horas de trabajo, le dieran a elegir quizá, entre el
descanso o la atención a sus hijos, nietos y esposo.
"Para ella, lo más importante no era la cantidad de
tiempo que se le dedicara a atender y educar a los
hijos, sino la calidad de ese tiempo. Y ella fue un
ejemplo de esta premisa, " revela Yolanda Ferrer.
"Vilma y Raúl formaron una familia ejemplar, basada
en un amor profundo y real. Es una familia muy
unida, sencilla; supieron inculcarles a sus hijos
los valores humanos más sublimes. Sus cuatros hijos
(Déborah, Mariela, Nilsa y Alejandro), son muchachos
valientes, cultos, trabajadores y continuadores de
la tradición cultural de sus padres. El matrimonio
disfrutó, siempre, de la vida hogareña junto a los
suyos.
"Uno de los más grandes orgullos de Vilma era decir
que tenía ocho nietos. Ella disfrutaba esa vida en
familia, la cual tuvo un espacio particular en su
vida. Fue, además, una educadora ejemplar en su
propia casa. Sus hijos son trabajadores,
revolucionarios, buenos padres y madres.
"Es una familia armónicamente funcional, coincidente
en los ideales, con inquietudes y gustos comunes.
Vilma les supo trasladar a sus descendientes el amor
a la cultura." acota Yolanda.
¿Cuáles huellas de Vilma Espín quedarán indelebles,
aun cuando pasen los años, en la cotidianidad de los
cubanos?
"Vilma deja una huella en mucho frentes de la
Revolución. Quedarán los logros de las mujeres
cubanas. Las concepciones más justas sobre la
igualdad de derechos de la mujer. La impronta
femenina en la Revolución, sus conceptos sobre lo
que debe ser una familia, la labor de la formación
de nuevas generaciones.
"Dejará sus huellas en la Federación de Mujeres
Cubanas que ha sido su obra más importante. Aun
cuando sus huellas estén esparcidas por toda su
Cuba."
Para Yolanda Ferrer, ¿qué recuerdos de su relación
con esta amiga y compañera elegiría guardar siempre?
"Me quedará su ternura, su confianza, su amistad, su
cariño; la intransigencia con lo mal hecho, su
sentido de justicia, su defensa de los valores
principales que deben caracterizar a los seres
humanos. Ella deja en cada una de nosotras lo más
puro: su ejemplo.