Igualdad
de derechos y oportunidades
entre los hombres y las mujeres

 

  

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Cuba > Mujeres

 Una vida ejemplar en la Revolución y en la familia

VILMA ESPIN GUILLOIS
• A 47 años de creada la Federación de Mujeres Cubanas, su secretaria general, Yolanda Ferrer Gómez, ofrece a Granma Internacional parte de los recuerdos que la unen a esta organización y su histórica Presidenta

Por GILDA FARIÑAS RODRÍGUEZ / FOTO: CORTESÍA FMC

Raúl y Vilma: Vilma y Raúl junto a sus cuatro hijos, de quienes luego tendrían ocho nietos. Ellos crearon una familia ejemplar, basada en el amor, que siempre los ha llenado de orgullo.

A mediados de 1960, las mujeres en Cuba tenían la convicción de que les había llegado su hora. Las sacudidas telúricas que el reciente triunfo de la Revolución propinó a toda la sociedad, llegaron también a la vida de las féminas en la Isla.

Ellas identificaron aquel suceso extraordinario, de metamorfosis política, social y cultural que envolvió a la nación, liderado por Fidel Castro, como la oportunidad que les abriría, de par en par, las puertas hacia una nueva existencia.

Amas de casa, domésticas, campesinas, obreras, intelectuales, estudiantes, todas a una, juntaron ganas y esperanzas convencidas de echar andar su propia revolución. Hieráticas en su propósito, comenzaron a adueñarse de aquellos espacios inaccesibles hasta entonces.

"Previo al triunfo revolucionario, las mujeres ocupaban un lugar secundario en la sociedad cubana. Eran, además, la mayoría de la población analfabeta; solo el 12% pertenecía a la fuerza laboral activa, y en su generalidad estaban empleadas en el servicio doméstico," recuerda Yolanda Ferrer Gómez, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Y aunque todavía no estaban fusionadas en una organización, las mujeres comenzaron a movilizarse hacia diversas tareas priorizadas por el Gobierno revolucionario. Era habitual verlas colaborar en sectores como la educación, la salud, la economía, la cultura, la política…

Al decir de Ferrer Gómez, antes de 1959 existían algunas agrupaciones femeninas que pertenecían a partidos y movimientos de variada índole, pero ninguno con características de gran organización de masas.

"Sin embargo, de forma espontánea se va forjando la unidad entre todas aquellas formaciones lo cual deriva hacia una fuerte corriente de mujeres deseosas de tener una participación más activa en la Revolución. Ese mismo afán las lleva, una y otra vez, a proponerle a Vilma la idea de unificarse en una única organización."

Coincidiendo con esta ajetreada cotidianeidad en la Isla caribeña, a principios de los años 60, la Federación Democrática Internacional de Mujeres convoca a un Congreso de Mujeres por la Liberación de América Latina.

"Precisamente ese evento, celebrado en Santiago de Chile, y al que asistió una importante delegación de la Isla, contribuyó también a sentar las bases para crear nuestra FMC," explica su Secretaria General

"Aun así —aclara—, no copiamos ningún modelo en el mundo. Cuando se constituye, oficialmente, el 23 de agosto de 1960 la Federación de Mujeres Cubanas, ya las bases estaban creadas en todo el país."

Incluso, hacía más de un año atrás que se estaban agrupando a miles de mujeres, las cuales trabajaban en la construcción de escuelas y hospitales en todo el país; en la recogida y atención a los niños de la calle, en la captación de maestros. También en numerosas acciones y tareas urgentes de prevención y atención social, educacional y de salud.

"Vilma recordaba, a menudo, que ella le consultó a Fidel la propuesta femenina, a lo que el Comandante en Jefe respondió que esa idea era verdaderamente revolucionaria. Y eso fue la FMC, una revolución dentro de la Revolución."

Algunos la recuerdan como la risa tierna de la Revolución. Otros como la joven inteligente, culta, intrépida que organizó la lucha revolucionaria en Santiago de Cuba junto a Frank País. Todos, como una de las heroínas de la Sierra Maestra; insustituible regazo para sus hijos y para el esposo; elegante en su sencillez; suave en la voz y los gestos; tenaz e incansable consolidando las cuantiosas obras de la Revolución, uniendo en sus incontables batallas a las mujeres de esta Isla.

Así fue Vilma Espín Guillois, nacida el 7 de abril de 1930. También fue mucho más. Fundadora y Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas por petición y deseo de sus compañeras. Dejó al morir el pasado 18 de junio un legado de amor y virtuosismo para las presentes y futuras generaciones.

Para Yolanda Ferrer, que pasó más de media vida de trabajo y amistad al lado de Vilma, resulta casi imposible hablar de esta entrañable mujer en pasado.

"Porque es hablar de un ser humano excepcional. No se trata de que el cariño que siento por ella me haga ver las cosas así. Se trata de la huella imperecedera que Vilma deja en todas las esferas de la vida del país. En todo lo que tiene que ver con el respeto a los principios, a la fidelidad, a los valores fundamentales de la Revolución.

"Cuando se recuerda toda su obra, las primeras cosas que vienen a la memoria es su lealtad a la justicia; su sentido muy especial para defender lo que considerara justo. Y no me refiero solo a lo que tiene que ver con la igualdad de las mujeres, de género en la sociedad cubana.

"Vilma es un ejemplo en sí mimo de los valores esenciales de la vida, en el sentido de la honestidad. Para ella la mentira era algo imperdonable. Nos enseñó a todas las dirigentes de la organización a decir siempre la verdad, costara lo que costara. "

Con sobrada justeza, Yolanda atestigua que no existe un espacio de la Revolución cubana donde no esté la presencia activa de Vilma.

"Mas, su infinita modestia le impidió, realmente, tener conciencia, de que era una de las mujeres más grandes de la historia revolucionaria. Siempre se sintió una más entre todas nosotras."

Bajo esos mismos principios éticos que rigieron toda su existencia, Vilma puso en práctica las misiones enfocadas a la plena incorporación de las mujeres, con igualdad de derechos y oportunidades que los hombres, en las esferas política, económica, cultural y social del país.

Encabezó, igualmente, una intensa labor educativa mediante la Federación, dirigida a elevar el nivel cultural, educacional, político e ideológico de las mujeres, como premisa para su incorporación a la sociedad.

Con su visión y concepciones revolucionarias, enriqueció los preceptos de la Constitución de la República (1976) y sus modificaciones en (1992). Realizó importantes contribuciones al Código de Familia (1975), instrumento legal, educativo, cuyas adelantadas concepciones marcaron pauta a nivel continental y posiblemente en el orbe.

A Vilma se agradecen contribuciones medulares en la elaboración del Código de la Niñez y la Juventud (1976), la Ley de Protección e Higiene del Trabajo (1977), la Ley de Seguridad Social (1979), el Decreto-Ley 64 sobre la Atención a Menores, al Código Penal (1979) y sus modificaciones (2002).

Asimismo, colaboró en la tipificación de delitos relacionados con la discriminación y violencia hacia la mujer (incluyendo cualquier forma de abuso sexual). Su aporte fue vital para la Ley de Maternidad de la Trabajadora (1974) y su modificación (2003), que asegura también la licencia por paternidad, de acuerdo con las decisiones de la pareja.

Desde la FMC, trabajó en crear postas sanitarias en las áreas más intrincadas de las montañas, en capacitar a las campesinas en normas de higiene y salud, la atención a las embarazadas, la institucionalización del parto, el establecimiento del aborto seguro como un servicio de salud, y la lucha por evitar el embarazo en adolescentes.

Ya en 1972 fundó el Grupo Nacional de Educación Sexual. Y en 1989, como fruto del trabajo realizado por este Grupo, crea el Centro Nacional de Educación Sexual, con las funciones de orientación, asesoría, control técnico y metodológico, docencia, capacitación e investigación.

"Una de las labores colosales dirigidas por Vilma —rememora Yolanda Ferrer—, fueron las escuelas campesinas Ana Betancourt. Por esos centros pasaron más de 110 mil muchachas. También se crearon las escuelas nocturnas para las empleadas del servicio doméstico. De hecho, las primeras muchachas negras que accedieron a los bancos como trabajadoras procedían de esas escuelas que organizó la FMC.

"Sin olvidar el establecimiento, en 1961, de los círculos infantiles, desde una perspectiva de género y con la visión de lo que debían ser las relaciones sociales entre hembras y varones. Allí los niños y niñas comparten tarea y juegos sin distinción de género. Además de cuidarlos, a los pequeños se les educa y prepara en el concepto de la nueva familia."

LA LUZ DE VILMA EN SU HOGAR BRILLA Y PERDURA

Cuidar de la familia, sin descuidar los senderos por los que transitan la educación y la formación de valores éticos, mantuvo siempre a Vilma en perpetuo desvelo. Aun cuando el cansancio tras extenuantes horas de trabajo, le dieran a elegir quizá, entre el descanso o la atención a sus hijos, nietos y esposo.

"Para ella, lo más importante no era la cantidad de tiempo que se le dedicara a atender y educar a los hijos, sino la calidad de ese tiempo. Y ella fue un ejemplo de esta premisa, " revela Yolanda Ferrer.

"Vilma y Raúl formaron una familia ejemplar, basada en un amor profundo y real. Es una familia muy unida, sencilla; supieron inculcarles a sus hijos los valores humanos más sublimes. Sus cuatros hijos (Déborah, Mariela, Nilsa y Alejandro), son muchachos valientes, cultos, trabajadores y continuadores de la tradición cultural de sus padres. El matrimonio disfrutó, siempre, de la vida hogareña junto a los suyos.

"Uno de los más grandes orgullos de Vilma era decir que tenía ocho nietos. Ella disfrutaba esa vida en familia, la cual tuvo un espacio particular en su vida. Fue, además, una educadora ejemplar en su propia casa. Sus hijos son trabajadores, revolucionarios, buenos padres y madres.

"Es una familia armónicamente funcional, coincidente en los ideales, con inquietudes y gustos comunes. Vilma les supo trasladar a sus descendientes el amor a la cultura." acota Yolanda.

¿Cuáles huellas de Vilma Espín quedarán indelebles, aun cuando pasen los años, en la cotidianidad de los cubanos?

"Vilma deja una huella en mucho frentes de la Revolución. Quedarán los logros de las mujeres cubanas. Las concepciones más justas sobre la igualdad de derechos de la mujer. La impronta femenina en la Revolución, sus conceptos sobre lo que debe ser una familia, la labor de la formación de nuevas generaciones.

"Dejará sus huellas en la Federación de Mujeres Cubanas que ha sido su obra más importante. Aun cuando sus huellas estén esparcidas por toda su Cuba."

Para Yolanda Ferrer, ¿qué recuerdos de su relación con esta amiga y compañera elegiría guardar siempre?

"Me quedará su ternura, su confianza, su amistad, su cariño; la intransigencia con lo mal hecho, su sentido de justicia, su defensa de los valores principales que deben caracterizar a los seres humanos. Ella deja en cada una de nosotras lo más puro: su ejemplo.


Influencia de la FMC en el protagonismo femenino en Cuba

-Más de 4 millones de mujeres integran las filas de la FMC.

-Las mujeres son el 46% de la fuerza laboral estatal civil.

-Ocupan el 37% de los puestos de dirigentes.

-Representan el 66% de los técnicos y profesionales

-El 48,9% de los trabajadores en las unidades de ciencia y técnica son mujeres.

-En el Parlamento ocupan el 36%.

(Granma) 23-08-2007


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