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• El ministro de
Trabajo de la Isla resume para Granma
Internacional los problemas y logros sobre el
empleo
POR MARIA VICTORIA VALDES-RODDA —de
Granma Internacional—
A sabiendas de que la
perfección es una meta difícil y siempre retadora,
el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social
(MTSS), junto con otros organismos clave, en un
llamado de alerta ante “cabos sueltos y tareas
inacabadas” convocó en el mes de octubre al Taller
Nacional de Empleo. Experiencia que deberá
repetirse en lo adelante de manera anual como un
proceso de perfeccionamiento continuo.
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 Los sectores de la investigación
científica y la salud tienen una fuerte
presencia
femenina.
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Imbuido en el
espíritu de alejar los triunfalismos y de
precaución ante la sobredimensión de las
definiciones técnicas del empleo, Granma
Internacional solicitó un encuentro con el
titular del ramo, Alfredo Morales.
“Nosotros afirmamos
que al alcanzar el pasado año el 2,3% el país está
técnicamente dentro de la categoría del pleno
empleo. Pero eso no basta para sentirnos
complacidos. Reconocemos que ello parte de un
trabajo dirigido, no espontáneo, y sí por una
voluntad política”, enfatizó. “Nos guiamos
constantemente por el pensamiento de Fidel, quien
recalca que en el Socialismo el hombre no puede
sobrar”.
En su opinión, al
asumirse en el país que “el trabajo y su resultado
entrañe un aporte social, donde además la persona
involucrada debe recibir un beneficio desde el
punto de vista de una remuneración económica
honorable, el empleo no puede ser a toda costa ni
a todo costo”. Se trata, tal y como subrayó el
Ministro, de ver al trabajo como una “superación,
un reto y una posibilidad de ser útiles”. Pero al
contar ya con niveles avanzados de pleno empleo
socialista (lo cual implica que no debe nadie, en
posibilidad, o se convocase a ser útil), la
misma realidad social puso el dedo sobre la llaga
al indicarnos que todavía el tema no estaba ni
mucho menos que agotado.
“Existen todavía
personas en la sociedad que pueden ser útiles pero
siguen sin sumarse. En el caso cubano aún hay
algunas imperfecciones, por ejemplo tenemos
regulaciones vigentes que tienden a cierta
exclusión, donde se habían establecido normas,
exigencias, que no permitían el acceso a algunos
puestos de trabajo de personas que cumplieron con
faltas cometidas socialmente”, explicó el
Ministro, quien informó sobre la caducidad de esas
reglas.
“Esas normas van a
cesar, pero queremos que cesen antes que nada en
la mente, es decir, con un cambio de concepción.
Si la persona ya pagó por su delito, hay que
estimular su integración social, familiar,
productiva, y no dar margen a una
reincidencia.”
LA DISCAPACIDAD NO
PUEDE SER UN IMPEDIMENTO
Entender que los 51
mil alumnos de las escuelas especiales (428 en
total) para niños y jóvenes discapacitados merecen
un puesto de trabajo, una vez concluidos sus
estudios, del mismo modo que el resto de la
población, es un criterio bien asimilado, en tanto
ideario ético y moral de la Revolución.
La distorsión del
principio aparece cuando en la práctica éstos
deben insertarse en la producción. El mal puede
ocurrir por una insuficiencia en el desarrollo de
las habilidades profesionales de esas personas,
pero también por la falta de respaldo de las
familias, la poca coordinación entre la unidad
empleadora y el plantel docente que lo
formó.
A veces, por ejemplo,
los sordos o hipoacúsicos tienen limitaciones para
integrarse a los colectivos laborales por la
carencia de intérpretes o personas conocedoras de
elementos del lenguaje de señas. En esto la
coordinación y la divulgación específica, a las
unidades que reciban a los discapacitados, deberá
ser un vehículo imprescindible.
“A partir de una
regulación, que establece las relaciones laborales
de los discapacitados, la situación deberá
revertirse favorablemente”, puntualizó el
Ministro. Ayudará sustancialmente una nueva
estrategia para su adiestramiento profesional y
remuneración salarial, incluido el pago a los
familiares que los atienden. Además, el incremento
de los centros de entrenamientos socio-laborales o
una mejor atención a los talleres especiales,
permitirá una progresiva participación.
Las experiencias se
multiplican con el respaldo de los Ministerios de
Salud Pública, Educación y el propio MTSS.
MUJERES Y JOVENES,
PRIORIDADES PERMANENTES
Para Alfredo Morales
la participación de la mujer en el empleo es el
identificador de la política social de un país. En
Cuba son conocidas las múltiples conquistas
alcanzadas por la mujer. Su elevada incidencia en
los sectores de la educación, salud, y con una
preponderante actuación entre los profesionales y
técnicos (66% de esa fuerza es femenina) no deja
resquicio para las dudas sobre su
emancipación.
Por otro lado, y aun
cuando en Cuba el carácter del empleo no es
forzoso (las personas trabajan si lo desean como
parte de su libertad de elección), un porcentaje
de mujeres jóvenes, tras culminar sus estudios de
enseñanza media, no se siente atraído ni
estimulado por trabajar o superarse. “Todos esos
fenómenos que relegan el papel de la mujer, que le
quitan su utilidad potencial, constató el titular,
no pueden pasarse por alto sin que se le dé una
solución adecuada. Darle la espalda es desconocer
el carácter humanista del Socialismo cubano, que
hizo de la emancipación femenina una Revolución
dentro de la Revolución”.
En cuanto al empleo
juvenil el Ministerio admite que puede haber
disfuncionalidad en algún plantel escolar o en la
familia. “A veces las condiciones estimulan la
salida del sistema de un grupo de jóvenes. Eso
está dado por el nivel de ingreso de sus hogares,
y no ven la necesidad de trabajar. Están aquellos
que tuvieron una orientación profesional débil o
carecieron de influencias positivas. Y es verdad,
algunos se convirtieron en desvinculados del
estudio y del trabajo”, señaló.
Pero dejar la
responsabilidad sólo del lado de las muchachas y
muchachos y de sus familias sería un error grave.
“Ha habido, constató, deficiencia en la labor por
parte de administraciones en relación con los
graduados de los Centros de Enseñanza Politécnica,
y por consiguiente, éstos no fueron debidamente
asimilados. Entonces un grupo de jóvenes sintieron
cierta frustración y salieron del
empleo”.
Entre las proyecciones,
a tenor de esas circunstancias, el concepto de No
más eslabones perdidos marcará la pauta a seguir.
En esencia quiere decir, que tanto el MTSS, el
Ministerio de Educación, las Organizaciones
políticas y de masas como los gobiernos
locales deberán perfeccionar sus mecanismos de
ubicación laboral de los graduados politécnicos,
universitarios o egresados del Servicio Militar
Activo para que nadie se quede sin el empleo para
el que fueron preparados. Se estimulará la
permanencia en las aulas, y se reforzará,
asimismo, el control sobre las plazas vacantes que
ocuparán jóvenes graduados, en aras de revertir
una tendencia actual donde, en ocasiones, son
beneficiadas otras personas.
Para ilustrar los
logros de los últimos años, baste traer a colación
los conocidos Programas Sociales que posibilitaron
el empleo a unos 47 mil 104 jóvenes.
¿QUE PASA CON LOS
OFICIOS?
Una generalización
bastante latente en las conversaciones habituales
de los cubanos es la sensación creciente de una
carencia de oficios fundamentales para el
desenvolvimiento “normal” de la vida.
¿Dónde están los
plomeros, carpinteros, zapateros..? Esa es una
pregunta casi sin respuesta. Algunos elucubran las
más diversas hipótesis: ¿Acaso el afán de
estudiar, el alto valor de las profesiones
intelectuales, el abandono laboral o la llamada
vida cómoda (paternalismo o sobreprotección
social) nos privarán de esos quehaceres
imprescindibles?
Morales profundiza en
el fenómeno: “Hay una rotación desmedida de
ciertas actividades en el empleo, dado por el
hecho de que las personas pueden seleccionar en un
nivel de mayor oferta de empleo, sobre todo en las
ciudades, con énfasis en la capital del país. Por
eso todavía hay un número de plazas no ocupadas,
subrayó. Tenemos ofertas de empleo en la
construcción, agricultura, en el sector económico,
nos falta personal en contabilidad, auditoría.
También tenemos escasez en algunos empleos de la
salud”.
Así y todo un cierto
alivio para nuestros desánimos por hacérsenos
engorroso reparar una puerta o un salidero de
agua, llega a manifestarnos el titular del MTTS la
disposición institucional de resolver
paulatinamente esas carencias.
Aunque todavía es en
sí misma una meta a largo plazo, “se va trabajando
en ese sentido, se va estimulando por diferentes
vías la incorporación de las personas a esos
empleos. Nosotros no hacemos lo que en otros
países, donde para profesiones, digamos, poco
atractivas se emplean a los emigrados. Y a pesar
de que intervienen factores de todo tipo, no
estamos con los brazos cruzados. El
perfeccionamiento educacional, que se implementa,
está muy vinculado con el tema. Desde la propia
escuela primaria se deben corregir esos
defectos”.
ESTUDIO COMO TRABAJO,
CONCEPTO ALTRUISTA
Ya en 1973 en un
Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba,
CTC, se avizoró junto a Fidel la importancia de
mantener una continua superación, beneficiosa para
los implicados directos por ampliar sus horizontes
y para la Revolución por contar con seres humanos
más capacitados.
“La esencia de
nuestro sistema está en no poner trabas al
estudio. Por eso, concebir que un conductor de una
cortadora de caña fuera ingeniero mecánico no es
nada descabellado, por el contrario, eso lo
estimulamos siempre”, indicó Morales.
Al precisársele sobre
el inconveniente de que pudiera surgir al crearse
con el estudio una necesidad, válida, por acceder
a una plaza diferente, en este caso como ingeniero
y no como cortador de caña, el Ministro del
Trabajo y Seguridad Social afirmó positivamente.
Esos casos no son ni aislados ni pocos.
“En Cuba la
preparación de las personas es asimilada como una
inversión, porque el desarrollo de ellas se va a
revertir luego en una mejor actuación dondequiera
que estén. Nuestro enfoque no es utilitario sobre
el uso de las personas”. El error está, dijo, en
incitarlas a convertirse en ingenieros con el
compromiso posterior de ocupar esas
plazas.
De lo que se trata es
de “tener libre y pleno acceso a los conocimientos
acumulados sin que al estudiar se tenga una
afectación salarial. Se promueve el estudio para
desarrollar el talento, el cual redundará en el
bienestar de las comunidades y nuestras familias,
en la productividad y eficiencia del país y en su
desarrollo general”.
“Es importante
resaltar que la capacitación, el desarrollo del
capital humano no se puede ver estructuralmente
relacionado con la ocupación hacia nuevas
funciones sino que damos las posibilidades de
acceso a partir de personas más calificadas y
preparadas”, enfatizó.
Significativo ha sido
también el enfoque de Curso de Superación Integral
para Jóvenes, mediante el cual unos 171 mil 851
muchachas y muchachos se prepararon bajo el
influjo del nuevo concepto; estudio como trabajo.
Y la Universidad desde un renovado eslabón
municipal (existen 198 sedes en todo el país),
abrió sus puertas a todos por igual.
Cuba no es, ni puede
ser, una sociedad excluyente.
(Granma) La Habana, 4 de Noviembre de 2004
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