José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

English Français عربي
Cuba > José Martí

 José Martí, el previsor

  Los biógrafos han insistido en los rasgos románticos de la personalidad de José Martí, y con frecuencia se ha considerado su condición de poeta como una especie de raro impedimento para el hombre de acción que también fue.

Y aunque durante los últimos decenios se ha avanzado mucho en la comprensión de su extraordinaria capacidad como líder y organizador político, aún asoma aquí y allá su imagen de soñador desasido de los asuntos terrenales.

Sin embargo, cualquier acercamiento desprejuiciado a la vida de Martí nos indica sin duda alguna que nos hayamos ante un hombre plenamente de su tiempo, primer requisito que él mismo establecía para ser un hombre de todos los tiempos. Nada humano le fue ajeno ante su enorme e inapagable deseo de conocimiento y ante su firme voluntad de mantener su vida apegada a las normas éticas que se fijó bajo los principios de su afán de servicio humano.

En 1895, en medio de los campos cubanos, cuado se incorporó a la guerra desatada a su impulso, dedicaba tiempo en su diario de campaña a anotar el follaje, los animales, las costumbres de quienes le rodeaban, los relatos de los hombres de campo que hallaba a su paso.

Por esos mismos días, mientras esquivaba la tenaz persecución del enemigo y escribía y convencía para organizar el gobierno de los patriotas, se encargaba de hacer valer el derecho a la justicia hasta para un desalmado que cometía tropelías desde las filas revolucionarias.

Sus enemigos, atentos a las honduras de justicia social de su pensamiento, lo consideraron un loco peligroso. El mismo comprendió hasta dónde se apartaba de la lógica de su tiempo y escribió: "Los locos somos cuerdos."

Realista y práctico, sutil y lleno de tacto en sus actos fue Martí para así garantizar el cumplimiento de los más hondos propósitos de su existencia. La base de su perspicacia fue justamente su sentido de la previsión.

En su fundamental ensayo publicado en 1891, en "Nuestra América", llamó a abandonar el espíritu aldeano y atender a los grandes asuntos que imponía el mundo moderno para asegurar la independencia y la soberanía de los países latinoamericanos. Algún tiempo después, para afincar su idea de que la independencia de las Antillas españolas contribuiría al equilibrio universal, escribió: "Hay que prever, y marchar con el mundo." Conocer es prever.

No cabe dudas de que la larga estancia neoyorquina de Martí entre 1880 y1895, sólo interrumpida por sus seis meses de residencia en Venezuela en1881 y por sus numerosos viajes cuando preparaba la insurrección en Cuba, le sirvió como atalaya para penetrar a fondo en el sentido de aquel tiempo y en las líneas esenciales de su marcha a mediano y largo plazo.

Sus más de trescientas Escenas norteamericanas no sólo constituyen el conjunto quizás más penetrante de estudios acerca de los Estados Unidos de entonces, sino que expresan además su comprensión cabal de que la modernidad se movía por nuevos cauces que tendían a imponerse por el orbe desde los grandes polos del capitalismo industrial.

Lo que admira no es todo lo que llegó a saber, el enorme caudal de información que manejó, su actualización diversa en los asuntos e ideas de su tiempo, sino su fabulosa capacidad de síntesis creativa para, por un lado, interpretar y prever la marcha de la historia y, por otro, conocer las particularidades de la sociedad cubana y sus similares del continente, y entender las características propias de su desenvolvimiento histórico y de su psicología social y la tendencia de estas a favorecer las relaciones de dependencia.

Martí siguió atentamente la política interior de las potencias europeas y cómo ellas se repartían territorialmente el mundo. Fue un defensor de la diversidad cultural y civilizatoria, y su incurable curiosidad le hizo admirar y estudiar desde las grandes culturas de larga historia como la india, la china y la árabe, hasta las expresiones de los pueblos del Pacífico o del interior de África.

Se apasionó con las culturas de la América antigua y llegó a afirmar que el continente no podría salvarse sin sus indios. Describió amorosamente el espíritu artístico de los indios de la América del Norte, cuando estos eran perseguidos a sangre y fuego.

Se preocupó por conocer el sistema político de Estados Unidos y su funcionamiento, así como los problemas de su industria y de su desarrollo económico, además del alma de sus pobladores. No dejó de preocuparse por cualquier asunto de nuestra América que pasara ante sus ojos, y aunque vivió más tiempo fuera que en Cuba conocía al dedillo cuanto pasaba en la Isla y cuanto pensaban y anhelaban los cubanos.

Todas esas inquietudes y saberes múltiples no eran para solazar su espíritu de incuestionable refinamiento, sino que su voluntad previsora supo interrelacionarlos con certero juicio, aprovechar los avisos que muchos otros lanzaban acerca de los caminos del mundo, y con singulares entereza y denuedo se dedicó a la descomunal tarea de elaborar y poner en ejecución una estrategia para impedir el previsible curso de los acontecimientos desfavorable a la soberanía y el desarrollo de los pueblos latinoamericanos.

Insisto en la idea. Desde luego que otros vieron y ahondaron en ángulos decisivos de los problemas de aquellos tiempos, quizás más de uno atrapó los rasgos decisivos de la época histórica que se iniciaba, claro que muchos fueron expertos en conocer y describir los tantos asuntos que atenazaban al orbe y a muchos países. Y más de un alma noble clamó y peleó por la justicia.

No es que Martí fuera el genio previsor absoluto que vio lo que nadie vio, sino justamente todo lo contrario: acopió creadoramente, sintetizó con brillantez y trató de implementar un curso de la historia a favor de los pueblos dominados o que comenzaban a serlo.

Es en ello en que se muestra su original sentido de la previsión, como escribió el día antes de su muerte en combate: "impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América."

Desde su ética de servicio, que lo condujo desde jovencito a echar su suerte con los pobres de la tierra, su intento por cerrarle el paso al avance de las hegemonías entre las naciones constituye la verdadera importancia de la previsión martiana. Más que un aporte intelectual -que no deja de serlo de alguna manera-, se trata de un aporte práctico a la política, al pensamiento y a la cultura contra las hegemonías, las dominaciones y las exclusiones.

Previsoras para el bien del hombre y para el equilibrio del mundo resultaron las ideas, la estrategia y la acción de José Martí. A la vez –y por ello mismo- fue el organizador de la última guerra por al independencia de Cuba sin abandonar la de Puerto Rico.

Previsor él, que procuraba una república nueva equilibrada a su interior con justicia social para contribuir así a la reformulación de las repúblicas criollas donde pervivía la colonia, y juntas afrontar victoriosamente la inevitable embestida de Estados Unidos.

Previsor él, por su tesis de que esa nueva república, y América Latina toda, habrían de insertarse -dentro de las diferencias- entre las grandes potencias de la época, sin inclinarse hacia alguna en particular. Previsor él, que murió en el empeño de acercarse a las metas supremas que se trazó:"Desatar a América y desuncir al hombre." (PL)

(Trabajadores) 29/10/2003


Imprimir Enviar a un amigo Regresar Su opinion Cerrar Subir