José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

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 José Martí: "La Patria me leva a presidio"

Por Yolanda Díaz, Investigadora del Instituto de Historia de Cuba

En abril de 1870 escribía José Martí en su obra El Presidio Político en Cuba: "Meses hacía que había cumplido yo 17 años. Mi patria me había arrancado de los brazos de mi madre, y señalado un lugar en su banquete".

Con estas palabras describía la difícil situación por la que atravesaba tras algún tiempo en prisión acusado por las autoridades españolas del delito de infidencia, por el que le fue impuesto el cuatro de marzo la pena de seis años de presidio y trabajos forzados en las canteras de San Lázaro.

El suceso que lo condujo tras las rejas aconteció en octubre del año anterior y fue una muestra más de la impotencia y la represión desatada por los "Voluntarios" ante los éxitos alcanzados por los insurrectos cubanos en la parte oriental de la Isla.

El hecho se desencadenó a raíz del registro realizado por una escuadra de esas fuerzas en la casa perteneciente a la familia Valdés Domínguez, bajo la acusación de que los jóvenes allí reunidos, entre los cuales no estaba Martí, se habían burlado de ellos al pasar por la ventana de dicha vivienda.

Quiso el azar que entre los objetos requisados apareciera una carta dirigida por Fermín Valdés Domínguez y el joven José Martí a Carlos de Castro y de Castro, antiguo condiscípulo, acusándolo de apóstata e incitándolo a la deserción de su puesto como cadete dentro del Cuerpo de Voluntarios.

Desde hacía algún tiempo el ambiente político en la capital estaba caldeado, los acontecimientos del Teatro Villanueva develaron que aun cuando la ciudad se mantenía alejada del sonar de los fusiles, tampoco descansaba en paz.

No resultaba extraña tan digna actitud y elevados valores, al criticar a un cubano, puesto al servicio de España, traicionando las enseñanzas del maestro Rafael María de Mendive y el compromiso con la Patria.

Requeridos por las autoridades españolas, Domínguez y Martí fueron conducidos en prisión preventiva a la cárcel nacional y junto a ellos marcharon Eusebio Valdés Domínguez y Atanasio Fortier, su profesor de francés.

En Consejo de Guerra ordinario, celebrado el cuatro de marzo de 1870, fueron considerados culpables por unanimidad: Fortier y Eusebio deportados, a Fermín se le impuso la pena de seis meses de arresto mayor y seis años a Martí.

Comenzaría así una de las etapas más crudas y angustiosas en la vida del Apóstol. Apenas un adolescente y ya tenía que afrontar los rigores de la prisión y los horrores que se vivían en el Presidio Departamental de La Habana.

En el penal fue pelado al rape, vestido con ropas toscas y le cambiaron el nombre por el número 113 de la primera galería de blancos.

Al tobillo de su pierna derecha le fue atado un grillete, unido a una cadena que aprisionaba su cintura.

En esos momentos escribiría: "Mi patria me estrechó en sus brazos, y me besó en la frente y partió de nuevo, señalándome con una mano el espacio y con la otra las canteras".

Allí, desde muy temprano y hasta la caída de la tarde, sometido al rudo trabajo, bajo el calor abrasador y el palo del brigada quien no les permitía tregua, permanecía junto a sus compañeros de cada día.

Las gestiones desesperadas de sus padres lograron sacarlo del presidio y es trasladado momentáneamente a la finca El Abra, en Isla de Pinos. Allí repone fuerzas mientras aguarda la salida para España, pues la pena le ha sido conmutada por el destierro.

De su estancia en prisión quedó Martí marcado para siempre: medio ciego, con una lesión inguinal producida por el golpear de la cadena, pero más maduro y fortalecido en sus ideas, convencido de que ya su vida estaba indisolublemente ligada a los destinos de Cuba; de ello había ganado conciencia mucho antes cuando al ser conducido a prisión había escrito:

"La patria allí me lleva. Por la patria morir es gozar más."

(AIN) 04-03-2006


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