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José Martí
Cultivo una rosa blanca
Cultivo una rosa blanca, En julio como en
enero, Para el amigo sincero Que me da su mano franca
Y para el
cruel que me arranca El corazón con que vivo, Cardo ni ortiga
cultivo: Cultivo la rosa blanca
Versos sencillos
I
Yo soy un
hombre sincero De donde crece la palma. Y antes de morirme quiero Echar
mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes, Y hacia todas partes
voy: Arte soy entre las artes, En los montes, monte soy.
Yo sé
los nombres extraños De las yerbas y las flores, Y de mortales
engaños, Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura Llover
sobre mi cabeza Los rayos de lumbre pura De la divina belleza.
Alas
nacer vi en los hombros De las mujeres hermosas: Y salir de los
escombros Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre Con el
puñal al costado, Sin decir jamás el nombre De aquella que lo ha
matado.
Rápida, como un reflejo, Dos veces vi el alma, dos: Cuando
murió el pobre viejo, Cuando ella me dijo adiós.
Temblé una vez –en
la reja, A la entrada de la viña.— Cuando la bárbara abeja Picó en la
frente a mi niña.
Gocé una vez, de tal suerte Que gocé cual nunca:
--cuando La sentencia de mi muerte Leyó el alcalde llorando.
Oigo
un suspiro, a través De las tierras y la mar, Y no es un suspiro,
--es Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero Tome la joya
mejor Tomo a un amigo sincero Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al
águila herida Volar al azul sereno, Y morir en su guarida La víbora del
veneno.
Yo sé bien que cuando el mundo Cede, lívido, al descanso, Sobre
el silencio profundo Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano
osada De horror y júbilo yerta, Sobre la estrella apagada Que
cayó frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo La pena que me lo
hiere: El hijo de un pueblo esclavo Vive por él, calla, y muere.
Todo
es hermoso y constante, Todo es música y razón, Y todo, como el
diamante, Antes que luz es carbón.
Yo sé que el necio se
entierra Con gran lujo y con gran llanto,-- Y que no hay fruta en la
tierra Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito La pompa
del rimador: Cuelgo de un árbol marchito Mi muceta de
doctor.
V
Si ves un monte de espumas, Es mi verso lo que
ves: Mi verso es un monte, y es Un abanico de plumas.
Mi verso es como
un puñal Que por el puño echa flor: Mi verso es un surtidor Que da un
agua de coral.
Mi verso es de un verde claro Y de un carmín
encendido: Mi verso es un ciervo herido Que busca en el monte
amparo.
Mi verso al valiente agrada: Mi verso, breve y sincero, Es del
vigor del acero Con que se funde la espada.
X
El alma trémula y
sola Padece al anochecer: Hay baile; vamos a ver La bailarina
española.
Han hecho bien en quitar El banderón de la acera; Porque si
está la bandera, No sé, yo no puedo entrar.
Ya llega la
bailarina: Soberbia y pálida llega: ¿Cómo dicen que es gallega? Pues
dicen mal: es divina.
Lleva un sombrero torero Y una capa carmesí: ¡Lo
mismo que un alelí! Que se pusiese un sombrero!
Se ve, de paso, la
ceja, Ceja de mora traidora: Y la mirada, de mora: Y como nieve la
oreja.
Preludian, bajan la luz, Y sale en bata y mantón, La
virgen de la Asunción Bailando un baile andaluz.
Alza, retando, la
frente; Crúzase al hombre la manta: En arco el brazo levanta: Mueve
despacio el pie ardiente.
Repica con los tacones El tablado
zalamera, Como si la tabla fuera Tablado de corazones.
Y va el convite
creciendo En las llamas de los ojos, Y el manto de flecos rojos Se va
en el aire meciendo.
Súbito, de un salto arranca: Húrtase, se quiebra,
gira: Abre en dos la cachemira, Ofrece la bata blanca.
El cuerpo cede y
ondea; La boca abierta provoca; Es un rosa la boca: Lentamente
taconea.
Recoge, de un débil giro, El manto de flecos rojos: Se va,
cerrando los ojos, Se va, como en un suspiro...
Baila muy bien la
española; Es blanco y rojo el mantón: ¡Vuelve, fosca a su rincón, El
alma trémula y sola!
XI
Yo tengo un paje muy fiel Que me cuida
y que me gruñe, Y al salir, me limpia y bruñe Mi corona de laurel.
Yo
tengo un paje ejemplar Que no come, que no duerme, Y que se acurruca a
verme Trabajar, y sollozar.
Salgo, y el vil se desliza Y en mi bolsillo
aparece; Vuelvo, y el terco me ofrece Una taza de ceniza.
Si duermo, al
rayar el día Se sienta junto a mi cama: Si escribo, sangre derrama Mi
paje en la escribanía.
Mi paje, hombre de respeto, Al andar
castañetea: Hiela mi paje, y chispea: Mi paje es un
esqueleto.
XVII
Es rubia: el cabello suelto Da más luz al ojo
moro: Voy, desde entonces, envuelto En un torbellino de oro.
La abeja
estival que zumba Más ágil por la flor nueva, No dice, como antes,
"tumba": "Eva" dice: todo es "Eva".
Bajo, en lo oscuro, al
temido Raudal de la catarata: ¡Y brilla el iris, tendido Sobre las
hojas de plata!
Miro, ceñudo, la agreste Pompa del monte irritado; ¡Y
en el alma azul celeste Brota un jacinto rosado!
Voy, por el bosque,
a paseo A la laguna vecina: Y entre las ramas la veo, Y por el agua
camina.
La serpiente del jardín Silva, escupe, y se resbala Por su
agujero: el clarín Me tiende, trinando, el ala.
¡Arpa soy, salterio
soy Donde vibra el Universo: Vengo del sol, y al sol voy: Soy el amor:
soy el verso!
XXII
Estoy en el baile extraño De polaina y
casaquín Que dan, del año hacia el fin, Los cazadores del año.
Una
duquesa violeta Va con un frac colorado: Marca un vizconde pintado El
tiempo en la pandereta.
Y pasan las chupas rojas; Pasan los tules de
fuego, Como delante de un ciego Pasan volando las
hojas.
XLV
Sueño con claustros de mármol Donde en silencio
divino Los héroes, de pie, reposan: ¡De noche, a la luz del alma, Hablo
con ellos: de noche! Están en fila: paseo Entre las filas: las manos De
piedra les beso: abren Los ojos de piedra: mueven Los labios de piedra:
tiemblan Las barbas de piedra: empuñan La espada de piedra:
lloran: ¡Vibra la espada en la vaina!: Mudo, les beso la mano.
Hablo
con ellos, de noche! Están en fila: paseo Entre las filas: lloroso Me
abrazo a un mármol: "Oh mármol, Dicen que beben tus hijos Su propia
sangre en las copas Venenosas de sus dueños! Que hablan la lengua
podrida De sus rufianes! que comen Juntos el pan del oprobio, En la
mesa ensangrentada!! Que pierden en lengua inútil El último fuego!:
¡dicen, Oh mármol, mármol dormido, Que ya se ha muerto tu raza!"
Échame
en tierra de un bote El héroe que abrazo: me ase Del cuello: barre la
tierra Con mi cabeza: levanta El brazo, ¡el brazo le luce Lo mismo que
un sol!: resuena La piedra: buscan el cinto Las manos blancas: del
soclo Saltan los hombres de mármol!
XLVI
Vierte, corazón, tu
pena Donde no se llegue a ver, Por soberbia, y por no ser Motivo de
pena ajena.
Yo te quiero, verso amigo, Porque cuando siento el pecho Ya
muy cargado y deshecho, Parto la carga contigo.
Tú me sufres, tú
aposentas En tu regazo amoroso, Todo mi ardor doloroso, Todas mis
ansias y afrentas.
Tú, porque yo pueda en calma Amar y hacer bien,
consientes En enturbiar tus corrientes En cuanto me agobia el alma.
Tú,
porque yo cruce fiero La tierra, y sin odio, y puro, Te arrastras, pálido
y duro, Mi amoroso compañero.
Mi vida así se encamina Al cielo limpia y
serena, Y tú me cargas mi pena Con tu paciencia divina.
Y porque mi
cruel costumbre De echarme en ti te desvía De tu dichosa armonía Y
natural mansedumbre;
Porque mis penas arrojo Sobre tu seno, y lo
azotan, Y tu corriente alborotan, Y acá lívido, allá rojo,
Blanco allá
como la muerte, Ora arremetes y ruges, Ora con el peso crujes De un
dolor más que tú fuerte.
¿Habré, como me aconseja Un corazón mal
nacido, De dejar en el olvido A aquel que nunca deja?
¡Verso, nos
hablan de un Dios A donde van los difuntos: Verso, o nos condenan
juntos, O nos salvamos los dos!
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un
ala, Contar este cuento en flor: La niña de
Guatemala, La que se murió de amor.
Eran de lirios los
ramos, Y las orlas de reseda Y de jazmín: la
enterramos En una caja de seda.
...Ella dio al
desmemoriado Una almohadilla de olor: El volvió, volvió
casado: Ella se murió de amor.
Iban cargándola en
andas Obispos y embajadores: Detrás iba el pueblo en
tandas, Todo cargado de flores.
...Ella, por volverlo a
ver, Salió a verlo al mirador: El volvió con su
mujer: Ella se murió de amor.
Como de bronce
candente Al beso de despedida Era su frente ¡la
frente Que más he amado en mi vida!
...Se entró de tarde
en el río, La sacó muerta el doctor: Dicen que murió de
frío: Yo sé que murió de amor.
Allí, en la bóveda
helada, La pusieron en dos bancos: Besé su mano
afilada, Besé sus zapatos blancos.
Callado, al
oscurecer, Me llamó el enterrador: ¡Nunca más he vuelto a
ver A la que murió de
amor!
Homagno
Homagno sin ventura La hirsuta y retostada
cabellera Con sus pálidas manos se mesaba. "Máscara soy, mentira soy,
decía; Estas carnes y formas, estas barbas Y rostro, estas memorias de la
bestia, Que como silla a lomo de caballo Sobre el alma oprimida echan y
ajustan, Por el rayo de luz que el alma mía En la sombra entrevé, - no son
Homagno!
Mis ojos sólo; los mis caros ojos, Que me revelan mi
disfraz, son míos: Queman, me queman, nuca duermen, oran, Y en mi rostro
los siento y en el cielo, Y le cuentan de mí, y a mí de él cuentan. Por
qué, por qué, para cargar en ellos Un grano ruin de alpiste mal
trojado Talló el Creador mis colosales hombros? Ando, pregunto, ruinas y
cimientos Vuelco y sacudo, a delirantes sorbos En la Creación, la madre de
mil pechos, Las fuentes todas de la vida aspiro.
Muerdo, atormento, beso
las calladas Manos de piedra que glpeo. Con demencia amorosa su
invisible Cabeza con las secas manos mías Acaricio y destrenzo: por la
tierra Me tiendo compungido y los confusos Pies, con mi llanto baño y con
kis besos. Y en medio de la noche, palpitante, Con mis voraces ojos en el
cráneo Y en sus órbitas anchas encendidos, Trémulo, en mí plegado,
hambriento espero, Por si al próximo sol respuestas vienen; Y a cada nueva
luz –de igual enjuto Modo, y ruin, la vida me aparece, Como gota de leche
que en cansado Pezón, al terco ordeño, titubea,- Como carga de hormiga,-
como taza De agua añeja en la jaula de un jilguero.-" De mordidas y
rotas, ramos de uvas Estrujadas y negras, las ardientes Manos del triste
Homagno parecían!
Y la tierra en silencio, y una hermosa Voz de mi
corazón, me contestaron.
Yugo y Estrella
Cuando nací,
sin sol, mi madre dijo: -Flor de mi seno, Homomagno generoso, De mí y de
la creación suma y reflejo, Pez que en ave y corcel y hombre se
torna, Mira estas dos, que con dolor te brindo, Insignias de la vida: ve y
escoge. Este, es unyugo: quien lo acepta, goza: Hace de manso buey, y como
presta Servicio a los eñores, duerme en paja Calente, y tiene rica y ancha
avena. Ésta, oh misterio que de mí naciste Cual la cumbre nació de la
montaña, Ésta, que alumbra y mata, es una estrella: Como que riega luz,
los pecadores Huyen de quien la lleva, y en la vida, Cual un monstruo de
crímenes cargado, Todo el que lleva luz se queda solo. Pero el hombre que
al buey sin pena imita, Buey vuelve a ser, y en apagado bruto La escala
universal de nuevo empieza. El que la estrella sin temor se ciñe, Como que
crea, crece! Cuando al mundo De su copa el licor vació ya el
vivo: Cuando, para manjar de la sangrienta Fiesta humana, sacó contento y
grave Su propio corazón: cuando a los vientos De Norte y Sur virtió su voz
sagrada,- La estrella como un manto, en luz lo envuelve Se enciende, como
a fiesta, el aire claro, Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, Se oye
que un paso más sube en la sombra!
Dame el yugo, oh mi madre, de
manera Que el puesto en él de pie, luzca en mi frente Mejor la estrella
que ilumina y mata.
Amor de ciudad grande
De gorja
son y rapidez los tiempos. Corre cual luz la voz; en lata aguja, Cual nave
despeñada en sirte horrenda, Húndese el rayo, y en ligera barca El hombre,
como alado, el aire hiende. ¿Así el amor, sin pompa ni misterio Muere,
apenas nacido., de saciado! Jaula es la villa de palomas muertas Y ávidos
cazadores! Si los pechos Se rompen de los hombres, y las carnes Rotas por
tierra ruedan, no han de verse Dentro más que frutillas estrujadas!
Se ama
de pie, en las calles, entre el polvo De los salones y als plazas;
muere La flor que nace. Aquella virgen Trémula que antes a la muerte
daba La mano pura que a ignorado mozo; El goce de temer: aquel
salirse Del pecho el corazón; el inefable Placer de merecer; el grato
susto De caminar deprisa en derechura Del hogar de la amada, y a sus
puertas Como un niño feliz romper en llanto;- Y aquel mirar, de nuestro
amor al fuego, Irse tiñiendo de color las rosas,- Ea, que son patrañas!
Pues ¿quién tiene Tiempo de ser hidalgo? Bien que sienta Cual áureo vaso o
lienzo suntuoso, Dama gentil en casa de magnate! O si se tiene sed, se
alarga el brazo Y a la copa que pasa se la apura! Luego, la copa turbia al
polvo rueda, Y el hábil catador, - manchado el pecho De una sangre
invisible,- sigue alegre, Coronado de mirtos, su camino! No son los
cuerpos ya sino desechos, Y fosas, y jirones! Y las almas No son
como en el árbol fruta rica En cuya blanda piel la almíbar dulce En su
sazón de madurez rebosa,- Sino fruta de plaza que a brutales Golpes el
rudo labradoe madura!
La edad es ésta de los labios secos! De las noches
sin sueño! De la vida Estrujada en agraz! ¿Qué es lo que falta Que la
ventura falta? Como liebre Azorada, el espíritu se esconde, Trémulo
huyendo al cazador que ríe, Cual en soto selvoso, en nuestro pecho; Y el
deseo, de brazo de la fiebre, Cual rico cazador recorre el soto. ¡Me
espanta la ciudad! ¡Toda está llena De copas por vaciar, o huecas
copas! ¡Tengo miedo ¡ay de mí! De que este vino Tósigo sea, y en mis venas
luego Cual duende vengador los dientes clave! ¡Tengo sed,- más de un vino
que en la tierra No se sabe beber! ¡No he padecido Bastante aún, para
romper el muro Que me aparta ¡oh dolor! De mi viñedo! ¡Tomad vosotros,
catadores ruines De vinillos humanos, esos vasos Donde el jugo de lirio a
grandes sorbos Sin compasión y sin temor se bebe! Tomad! Yo soy honrado: y
tengo miedo!
Príncipe enano
Para un
príncipe enano ! Se hace esta fiesta. Tiene guedejas rubias, Blandas guedejas;
Por sobre el hombro blanco Luengas le cuelgan. Sus dos ojos parecen
Estrellas negras: !Vuelan,
brillan, palpitan, Relampaguean! El para mí es corona, Almohada,
espuela. Mi mano, que así embrida Potros y hienas, Va, mansa y obediente,
Donde él la lleva. Si el ceño
frunce, temo; Si se me queja,- Cual de mujer, mi rostro Nieve se
trueca: Su sangre, pues, anima Mis flacas venas: !Con su gozo mi sangre Se hincha, o se seca! Para un
príncipe enano Se hace esta fiesta.
!Venga mi caballero
Por esta senda!
Entrese mi tirano
Por esta cueva!
Tal es, cuando a mis ojos
Su imagen llega,
Cual si en lóbrego antro
Pálida estrella
Con fulgores de ópalo
Todo vistiera.
A su paso la sombra
Matices muestra,
Como al sol que las hiere
Las nubes negras.
!Heme ya , puesto en armas,
En la pelea!
Quiere el príncipe enano
Que a luchar
vuelva:
!El para mí es corona,
Almohada, espuela!
Y como el sol, quebrando
Las nubes negras,
En
banda de colores
La sombra trueca,-
El, al tocarla, borda
En la onda espesa,
Mi banda de batalla Roja y violeta. Por esta
cueva! ¿Conque mi dueño quiere Que a
vivir vuelva? !Venga mi caballero Por esta senda!
!Entrese mi tirano
Por esta
cueva!
!Déjeme que la vida
A él, a él le ofrezca!
Para un príncipe
enano
Se hace esta
fiesta.
Musa traviesa
Mi musa? Es un
diablillo Con ala de ángel. !Ah,
musilla traviesa, Qué vuelo trae!
Yo suelo, caballero En sueños graves, Cabalgar horas
luengas Sobre los aires. Me entro
en nubes rosadas, Bajo a hondos mares, Y en los senos eternos Hago viajes. Allí asisto a la inmensa Boda
inefable, Y en los talleres huelgo De
la luz madre: Y con ella es la oscura Vida, radiante, Y a mis ojos los antros
Son nidos de ángeles! Al viajero del cielo ¿Qué el mundo frágil?
Pues, ¿no saben los hombres Qué encargo traen? !Rasgarse el bravo
pecho, Vaciar su sangre, Y andar, andar heridos Muy largo
valle,
Roto el cuerpo en harapos, Los pies en carne, Hasta dar sonriendo -!No
en tierra!- exánimes! Y entonces sus talleres La luz les abre, Y ven lo que yo veo: ¿Qué el mundo frágil? Seres
hay de montaña, seres de valle, Y seres de pantanos Y lodazales.
De mis sueños desciendo, Volando vanse, Y en papel amarillo
Cuento el viaje.
Contándolo, me inunda
Un gozo grave:-
Y cual si el monte alegre,
Queriendo holgarse Al alba enamorando Con voces ágiles,
Sus hilillos sonoros
Desanudase,
Y salpicando riscos,
Labrando esmaltes,
Refrescando sedientas
Cálidas cauces,
Echáralos risueños
Por falda y valle, -
Así, al alba del alma
Regocijándose,
Mi espíritu encendido
Me echa a raudales
Por las mejillas secas
Lágrimas suaves.
Me siento, cual si en magno
Templo oficiase:
Cual si mi alma por mirra
Virtiese al aire;
Cual si en mi hombro surgieran
Fuerzas de Atlante;
Cual si el sol en mi seno
La luz fraguase: -
!Y estallo, hiervo, vibro,
Alas me nacen!
Suavemente la puerta
Del cuarto se abre,
Y éntranse a él gozosos
Luz, risas, aire.
Al par da el sol en mi alma
Y en los cristales:
!Por la puerta se ha entrado
Mi diablo ángel!
¿Qué fue de aquellos sueños,
De mi viaje,
Del papel amarillo,
Del llanto suave?
Cual si de mariposas
Tras gran combate
Volaran alas de oro
Por tierra y aire, Así vuelan las hojas Do cuento el trance. Hala acá el travesuelo Mi paño árabe; Allá monta en el lomo
De un incunable; Un carcax con
mis plumas Fabrica y átase; Un
sílex persiguiendo Vuelca un estante, Y !allá ruedan por tierra Versillos
frágiles, Brumosos pensadores, Lópeos
galanes! De águilas diminutas Puéblase el aire: !Son las ideas, que ascienden,
Rotas sus cárceles!
Del muro arranca, y cíñese, Indio plumaje:
Aquella que me dieron De oro
brillante, Pluma, a marcar nacida Frentes infames, De su caja de seda
Saca, y la blande: Del sol a los
requiebros Brilla el plumaje, Que baña en aúreas tintas
Su audaz semblante. De ambos lados
el rubio Cabello al aire, A mí
súbito viénese A que lo abrace. De
beso en beso escala Mi mesa frágil; !Oh, Jacob, mariposa, Ismaëlillo, árabe! ¿Qué ha de haber que me guste Como
mirarle De entre polvo de libros Surgir radiante, Y, en vez de acero, verle De pluma armarse, Y buscar en mis brazos
Tregua al combate? Venga, venga
Ismaelillo: La mesa asalte, Y
por los anchos pliegues Del paño árabe En rota vergonzosa
Mis libros lance,
Y siéntese magnífico
Sobre el desastre,
Y muéstreme riendo,
Roto el encaje-
-!Qué encaje no se rompe
En el combate!-
Su cuello, en que la risa
Gruesa onda hace!
Venga, y por cauce nuevo
Mi vida lance,
Y a mis manos la vieja
Péñola arranque,
Y del vaso manchado
La tinta vacie!
!Vaso puro de nácar:
Dame a que harte
Esta sed de pureza:
Los labios cánsame!
¿Son éstas que lo envuelven
Carnes, o nácares?
La risa, como en taza
De ónice árabe,
En su incólume seno
Bulle triunfante:
!Hete aquí, hueso pálido,
Vivo y durable!
Hijo soy de mi hijo!
El me rehace!
Pudiera yo, hijo mío,
Quebrando el arte
Universal, muriendo
Mis años dándote,
Envejecerte súbito,
La vida ahorrarte!-
Mas no: que no verías
En horas graves
Entrar el sol al alma
Y a los cristales!
Hierva en tu seno puro
Risa asonante:
Rueden pliegues abajo
Libros exangës:
Sube, Jacob alegre,
La escala suave:
Ven, y de beso en beso
Mi mesa asaltes:-
!Pues ésa es mi musilla,
Mi diablo ángel!
!Ah, musilla traviesa,
Qué vuelo trae!
Penachos vívidos
Como taza en
que hierve De transparente vino En doradas burbujas El generoso espíritu;
Como inquieto mar joven Del
cauce nuevo henchido Rebosa, y por las playas Bulle y muere tranquilo;
Como manada alegre De bellos
potros vivos Que en la mañana clara Muestran su regocijo Ora en carreras locas,
O en sonoros
relinchos,
O sacudiendo el aire
El crinaje magnífico;-
Asi mis pensamientos
Rebosan en mí vividos,
Y en
crespa espuma de oro
Besan tus pies sumisos,
O en
fúlgidos penachos
De varios tintes ricos,
Se mecen y se inclinan
Cuando tú pasas
-hijo!
Valle lozano
Dígame mi
labriego ¿Cómo es que ha andado En esta noche lóbrega Este hondo
campo? Dígame de qué flores Untó
el arado Que la tierra olorosa Trasciende a nardos? Dígame de qué ríos Regó ese
prado, Que era un valle muy negro Y ora es
lozano?
Otros, con dagas grandes
Mi pecho
araron:
Pues, ¿qué hierro es el tuyo
Que no hace daño?
Y esto dije -y el niño
Riendo me trajo
En sus dos manos
blancas
Un beso casto.
Versos libres
HIERRO
Ganado
tengo el pan: hágase el verso,- Y en su comercio dulce se ejercite La
mano, que cual prófugo perdido Entre oscuras malezas, o quien lleva A
rastra enorme peso, andaba ha poco Sumas hilando y revolviendo
cifras. Bardo ¿consejo quieres? Pues descuelga de la pálida espalda
ensangrentada El arpa dívea, acalla los sollozos Que a tu garganta como
mar en furia Se agolparán, y en la madera rica Taja plumillas de
escritorio y echa Las cuerdas rotas al movible viento.
¡ Oh alma!,
¡oh, alma buena! ¡mal oficio Tienes!: ¡póstrate, calla, cede, lame Manos
de potentado, ensalza, excusa Defectos, tenlos –que es mejor manera De
excusarlos, y mansa y temerosa Vicios celebra, encumbra vanidades: Verás
entonces, alma, cuál se trueca En plato de oro rico tu desnudo Plato de
pobre! Pero guarda ¡oh alma! ¡Que usan los hombres hoy oro empañado! Ni
de esos cures, que fabrican de oro Sus joyas el bribón y el
barbilindo: Las armas no, -las armas son de hierro!
Mi mal es rudo: la
ciudad lo encona: Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto Lo aliviará
mejor! –Y las oscuras Tardes me atraen, cual si mi patria fuera La
dilatada sombra. Era yo niño- Y con filial amor miraba al cielo, ¡Cuán
pobre a mi avaricia el descuidado Cariño del hogar! ¡Cuán
tristemente Bañado el rostro ansioso en llanto largo Con mis ávidos ojos
perseguía La madre austera, el padre pensativo Sin que jamás los labios
ardorosos Del corazón voraz la sed saciasen. ¡ Oh verso
amigo, Muero de soledad, de amor me muero! No de vulgar amor; estos
amores Envenenan y ofuscan: no es hermosa La fruta en la mujer, sino la
estrella La tierra ha de ser luz, y todo vivo Debe en torno de sí
dar lumbre de astro. ¡ oh, estas damas de muestra ¡ ¡oh, estas copas de
carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño que las ennjoya y que las nutre
echadas! ¡ te digo, oh verso, que los dientes duelen De comer de esta
carne! Es de inefable Amor del que yo muero, -del muy dulce Menester de
llevar, como se lleva Un niño tierno en las cuidadosas manos, Cuanto de
bello y triste ven mis ojos.
Del sueño, que las fuerzas no repara Sino de
los dichosos, y a los tristes El duro humor y la fatiga aumenta, Salto, al
Sol, como un ebrio. Con las manos Mi frente oprimo, y de los turbios
ojos Brota raudal de lágrimas. ¡ Y miro El Sol tan bello y mi desierta
alcoba, Y mi virtud inútil, y las fuerzas Que cual tropel famélico de
hirsutas Fieras saltan de mí buscando empleo; Y el aire hueco palpo, y en
el muro Frío y desnudo el cuerpo vacilante Apoyo, y en el cráneo
estremecido En agonía flota el pensamiento, Cual leño de bajel
despedazado Que el mar en furia a playa ardiente arroja! ¡ Y echo a andar,
como un muerto que camina, Loco de amor, de soledad, de espanto! ¡Amar,
agobia! ¡es tósigo el exceso de amor! Y la prestada casa oscila Cual barco
en tempestad: en el destierro Naúfrago es todo hombre, y toda
casa Inseguro bajel, al mar vendido!
¡Sólo las flores del paterno
prado Tienen olor! ¡Sólo las seibas patrias Del sol amparan! Como en vaga
nube Por suelo extraño se anda; las miradas Injurias nos parecen, y el sol
mismo, ¡Más que en grato calor, enciende en ira! ¡No de voces queridas
puebla el eco los aires de otras tierras: y no vuelan del arbolar espeso
entre las ramas los pálidos espíritus amados! De carne viva y profanadas
frutas Viven los hombres, -¡ay! mas el proscripto ¡ De sus entrañas
propias se alimenta! ¡ Tiranos: desterrad a los que ancalzan el honor de
vuestro odio: ya son muertos! Valiera más ¡ oh barbaros! que al punto De
arrebatarlos al hogar, hundiera En lo más hondo de su pecho
honrado Vuestro esbirro más cruel su hoja más dura! Grato es morir,
horrible, vivir muerto. Mas no! mas no! La dicha es una prenda De
compasión de la fortuna al triste Que no sabe domarla: a sus mejores Hijos
desgracias da naturaleza: Fecunda el hierro al llano, el golpe al
hierro!
Canto de otoño
Bien; ya lo sé!: -la muerte está sentada A mis umbrales: cautelosa
viene, Porque sus llantos y su amor no apronten En mi defensa, cuando
lejos viven Padres e hijo.-al retornar ceñudo De mi estéril labor, triste
y oscura, Con que a mi casa del invierno abrigo, De pie sobre las hojas
amarillas, En la mano fatal la flor del sueño, La negra toca en alas
rematada, Ávido el rostro, - trémulo la miro Cada tarde aguardándome a mi
puerta En mi hijo pienso, y de la dama oscura Huyo sin fuerzas devorado el
pecho De un frenético amor! Mujer más bella No hay que la muerte!: por un
beso suyo Bosques espesos de laureles varios, Y las adelfas del
amor, y el gozo De remembrarme mis niñeces diera! ...Pienso en aquél a
quien el amor culpable trajo a vivir, - y, sollozando, esquivo de mi
amada los brazos: - mas ya gozo de la aurora perenne el bien seguro. Oh,
vida, adios: - quien va a morir, va muerto.
Oh, duelos con la sombra: oh,
pobladores Ocultos del espacio: oh formidables Gigantes que a los vivos
azorados Mueren, dirigen, postran, precipitan! Oh, cónclave de jueces,
blandos sólo A la virtud, que nube tenebrosa, En grueso manto de oro
recogidos, Y duros como peña, aguardan torvos A que al volver de la
batalla rindan -como el frutal sus frutos- de sus obras de paz los hombres
cuenta, de sus divinas alas!... de los nuevos árboles que sembraron, de
las tristes lágrimas que enjugaron, de las fosas que a los tigres y
vívoras abrieron, y de las fortalezas eminentes que al amor de los hombres
levantaron! ¡esta es la dama, el Rey, la patria, el premio apetecido, la
arrogante mora que a su brusco señor cautiva espera llorando en la
desierta espera barbacana!: este el santo Salem, este el Sepulcro de
los hombres modernos:-no se vierta más sangre que la propia! No se
bata sino al que odia el amor! Únjase presto soldados del amor los hombres
todos!: la tierra entera marcha a la conquista De este Rey y señor, que
guarda el cielo! ...Viles: el que es traidor a sus deberes. Muere como
traidor, del golpe propio De su arma ociosa el pecho atravesado! ¡Ved que
no acaba el drama de la vida En esta parte oscura! ¡Ved que luego Tras la
losa de mármol o la blanda Cortina de humo y césped se reanuda El drama
portentoso! ¡y ved, oh viles, Que los buenos, los tristes, los
burlados, Serán en la otra parte burladores!
Otros de lirio y sangre se
alimenten: ¡Yo no! ¡yo no! Los lóbregos espacios rasgué desde mi infancia
con los tristes Penetradores ojos: el misterio En una hora feliz de
sueño acaso De los jueces así, y amé la vida Porque del doloroso mal me
salva De volverla a vivi. Alegremente El peso eché del infortunio al
hombro: Porque el que en huelga y regocijo vive Y huye el dolor, y esquiva
las sabrosas Penas de la virtud, irá confuso Del frío y torvo juez a la
sentencia, Cual soldado cobarde que en herrumbre Dejó las nobles armas; ¡y
los jueces No en su dosel lo ampararán, no en brazos Lo encumbrarán, mas
lo echarán altivos A odiar, a amar y a batallar de nuevo En la fogosa y
sofocante arena! ¡Oh! ¿qué mortal que se asomó a la vida vivir de nuevo
quiere? ... Puede ansiosa La Muerte, pues, de pie en las hojas
secas, Esperarme a mi umbral con cada turbia Tarde de Otoño, y silenciosa
puede Irme tejiendo con helados copos Mi manto funeral. No di al
olvido Las armas del amor: no de otra púrpura Vestí que de mi
sangre. Abre los brazos, listo estoy, madre Muerte: Al juez me
lleva!
Hijo!...Qué imagen miro? qué llorosa Visión rompe la sombra,
y blandamente Como con luz de estrella la ilumina? Hijo!... qué me
demandan tus abiertos Brazos? A qué descubres tu afligido Pecho? Por
qué me muestran tus desnudos Pies, aún no heridos, y las blancas
manos Vuelves a mí? Cesa! calla! reposa! Vive: el padre No ha de morir
hasta que la ardua lucha Rico de todas armas lance al hijo!- Ven, oh mi
hijuelo, y que tus alas blancas De los abrazos de la muerte oscura Y de su
manto funeral me
libren!
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