José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

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Cuba > José Martí

 Martí y el Partido Revolucionario Cubano

10 de abril de l892

LUIS SUARDÍAZ

Aunque no suele tenerse en cuenta este dato, los partidos políticos que pudiéramos considerar modernos no son asociaciones numerosas del pasado remoto, sino que, acorde con el desarrollo de los pueblos, van surgiendo pasada ya la segunda mitad del siglo XIX en Alemania, Francia y otros estados de Europa, con el fin de alcanzar cambios sustanciales en la trama social.

Pero el caso del Partido Revolucionario Cubano concebido por José Martí, cuyos 101 años de creado recordamos hoy, es en rigor singular: no pretende imitar a los que se disputan el poder para continuar imponiendo un régimen de explotación ni aspira aún al establecimiento de una república sin clases, sino que en las circunstancias de fines del siglo XIX y en una sociedad como la cubana, compuesta para la esclavitud, tiene la misión de organizar la guerra que haga posible la independencia y el establecimiento de una república soberana.

En sus orígenes, las simientes del Partido son los grupos que conspiran con cierto orden, los Comités Revolucionarios y los clubes que juntan voluntades, encauzan la lucha y mantienen vínculos imprescindibles entre los patriotas insulares y la emigración activa y fervorosa. Ya hacia 1880 Martí Regresar a Nueva York, pronto es elegido vocal del Comité de la gran metrópoli y más adelante Presidente, lo que le permite trabajar por una revolución seria, compacta, imponente, sin demoras inútiles y sin precipitación ciega. Con razonada persistencia alude en sus discursos y escritos a la necesidad de vertebrar el movimiento insurreccional, y dotarlo de una organización y programa que impidan el desorden y la anarquía.

Mientras, traduce libros científicos o literarios, escribe una novela, ensayos, y sobre todo, artículos y crónicas para librar el sustento —que el maestro dominicano Pedro Henríquez Ureña habrá de considerar de un nivel artístico como jamás se ha visto en español y posiblemente en ningún otro idioma— mas, también para ilustrar a los adultos y a los niños de nuestra América, consagra con singular énfasis los últimos tres lustros de su vida a levantar a un pueblo y a prepararlo para el porvenir de modo que sea capaz de sortear los peligros que amenazan a naciones hermanas, las que quebrado ya el dominio español en sus territorios, sufren el acoso del voraz imperialismo norteamericano.

De manera diáfana, el artículo inicial de las Bases del Partido precisa que se crea para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico. Esa independencia absoluta sería muy difícil lograrla sin la de la isla hermana. El Partido que quiere preparar la guerra y preparar la república (Á) y extender discretamente su acción por los países hispanoamericanos, tiene en su Delegado, José Martí, a un líder que ha venido subrayando que es en las Antillas donde se halla el fiel de América y que únicamente con la liberación de las islas se podría aspirar al equilibrio político del mundo.

Fundar, prever, ordenar, propiciar la acción rápida y prudente, y planificar son tareas inaplazables de la organización, pues sin un plan es muy dudoso el éxito de una revolución. Se tratará de desarrollar una guerra rápida y generosa con el propósito de fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer por el orden del trabajo real el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud. Por la gran misión que la letra y el espíritu de los Estatutos y sus Bases le conferían a la organización, su tarea debía continuar en la república que se avizoraba. Por eso el Apóstol advirtió que erraban los que, dentro o fuera de la Isla, la creyeran extinguible.

La muerte en combate de su líder y de otros dirigentes y militantes esclarecidos, interrumpió largamente ese proceso en detrimento del país. Y fue solo con la triunfante Revolución Cubana, encabezada por Fidel, que esa herencia no se perdió y forma parte hoy de nuestro ideario de redención social.

(Granma) 10 de abril de 2003


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