José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

English Français عربي
Cuba > José Martí

 Martí, jurista universal

En estos días en que se celebra la Jornada por el Día del trabajador jurídico vale reflexionar sobre la labor de nuestro Héroe Nacional como jurista de América y de la Humanidad

LOURDES PÉREZ NAVARRO

Del Apóstol suele escribirse como poeta, literato y mucho más, pero fue el jurista José Martí quien trazó la gesta del 95 y manifestó a Carlos Baliño: "La revolución no es la que vamos a iniciar en la manigua sino la que vamos a desarrollar en la República". Como cayó en la manigua, en la República otro abogado, Fidel Castro, la llevó a cabo, para resumir el Humanismo de Varela, los valores de los Patricios del 68 y de nuestro Héroe Nacional.

Corría el último día de junio del año 1874 cuando en la Universidad de Zaragoza, España, el joven estudiante José Martí Pérez se graduaba de Licenciatura en Derecho Civil y Canónigo. Para él el Derecho era esencial, una necesidad imprescindible en la lucha por el hombre libre; fue su arma desde la adolescencia hasta Dos Ríos. Su gran batalla serían la Patria, Nuestra América y la Humanidad. Así lo refleja el eminente jurista italiano Vittorio di Cagno en su libro Martí jurista editado por el Centro de Estudios Martianos. En el prólogo, el Doctor en Ciencias Miguel Antonio D'Estéfano Pissani subraya que el autor es un europeo que sostiene que no se conoce al Apóstol "a causa del inicuo bloqueo que queriendo asolar a Cuba, a la vez ha dañado gravemente la cultura del resto del mundo privándole de la inmensa riqueza del pensamiento martiano".

Di Cagno distingue tres fases del Martí jurista: la primera, del jurista nato, anterior a los estudios universitarios; la segunda, del estudiante de Derecho y del aspirante a abogado; y la tercera, del legislador, del fundador.

Su vida transcurre cuando la mayor parte del planeta se encuentra en situación colonial. En aquel momento de discriminaciones y desigualdades, Martí se alza. "El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra, dígase hombre y ya se dicen todos los derechos".

Rebasó, en mucho, el marco nacional en sus afanes. En él está presente siempre la causa común latinoamericana, caribeña y tercermundista. Nos dice: "¿En qué Patria puede tener el hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América?". Y razona: "El deber del hombre virtuoso no está solo en el egoísmo de cultivar la virtud en sí, sino que falta a su deber el que descansa mientras la virtud no haya triunfado entre los hombres". Y está la identidad necesaria: "Insértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas".

De derechos humanos se habla mucho en los últimos decenios, pero lo cierto es que hemos conquistado con la Revolución el más sagrado de ellos para darle un carácter constitucional: "Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".

En las Bases y Estatutos del Partido Revolucionario Cubano menciona la creación de "una república justa y abierta. Una en el territorio, en el derecho, en el trabajo y en la cordialidad levantada en todos y para el bien de todos". Para Martí el deber de la política es "elevar hasta la justicia a la humanidad injusta". Cuando en la globalización neoliberal se sacraliza la propiedad privada y se demoniza la pública, oigamos lo jurídico del pensamiento martiano: "La propiedad privada se subordina en cumplir una determinada función social en relación con el bien público". Y dice esto cuando en el campo del Derecho aún no era usual reflexionar sobre la función social de la propiedad.

Según el Maestro la ley tiene que ser: en el espíritu, moderna (ajustada a las exigencias de la época dentro de la cual nace); en la definición, clara (cierra el paso a la interpretación perniciosa); en las reformas, sobria (contribuye al equilibrio de las fuerzas sociales); en el lenguaje, sencilla (está al alcance de todas las inteligencias); y en el estilo, enérgica y airosa (da lustre al medio en que se produce). Estas condiciones la salvan de descréditos y peligros. Ojalá, dice Di Cagno, estos requisitos fuesen respetados en todas las leyes modernas.

En lo referido al Derecho Humanitario, que apenas comenzaba a desarrollarse con los acuerdos de 1863-1864 en Suiza, hay que destacar sus preocupaciones al organizar la "guerra necesaria". Al hacerlo, Martí se adelanta a la concepción humanitaria de esta y a sus principios, como el de vincular la necesidad militar con la humanidad; y dirá que la guerra debía serlo "con radical respeto para el decoro del hombre", que debía ser "sinceramente generosa, libre de toda violencia innecesaria contra las personas"; digna por su "aborrecimiento de la venganza estéril y de la devastación inútil", acorde con los "derechos que la civilización permite a la guerra". El 19 de mayo de 1895, horas antes de su caída en combate, establece en una circular a las tropas: "La naturaleza humana y en especial la dignidad cubana, aborrecen el abuso y a los que los cometen".

Está también su actividad consular, cuna del Derecho Diplomático, camino que recorrió como representante de Uruguay, al hacerse cargo de su consulado en Nueva York; como cónsul de Argentina y Paraguay y representante de Uruguay en la Conferencia Monetaria de Washington, en 1891; además de su actuación diplomática como Delegado del Partido.

El autor de Martí jurista se pregunta: ¿cuál fue la finalidad de toda la obra martiana y de su misma vida heroicamente concluida? La respuesta la encuentra en una brevísima e inmensa palabra: LA PAZ. Lo dice el propio Martí: "La paz es condición normal del hombre. Es brutal e inmoral el precepto de la lucha por la vida", y lo repite: "La paz es el deseo secreto de los corazones y el estado natural del hombre". Y concluye: "¡Bienaventurada la tierra donde se libran las batallas de la paz!".

La ciencia jurídica internacional a nivel mundial y casi todos los países del mundo actual, asegura Di Cagno en su libro, tienen los instrumentos técnicos para asegurar este deseo martiano de lograr la justicia y la paz en el planeta.

(Granma) 6 de junio de 2003


Imprimir Enviar a un amigo Regresar Su opinion Cerrar Subir