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Por Alberto
Ajón
El 15 de abril de 1895,
José Martí fue ascendido en la manigua al grado de Mayor General del
Ejército Libertador. Aquel día escribió en su Diario de Campaña:
Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos,
con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de
reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su Jefe,
electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General...
Aunque reconocía su
impericia en las cosas de la guerra, Martí no rechazó el nombramiento militar que le
anunciaba Máximo Gómez, como días antes había declinado la
espontánea aclamación de "Presidente" con que lo recibiera la tropa.
El hombre político se daba
cuenta de que el grado militar lo colocaba en el rango preciso para
librar la guerra necesaria entre los demás jefes insurrectos.
En la víspera
de su muerte en combate, José Martí había escrito que su deber era
impedir la expansión de Estados Unidos por las Antillas y por toda
la América. Cuanto hice hasta hoy es para eso, declaró en su
conocido testamento político.
Cumpliendo
ese deber estaba allí, donde entonces era más útil: en la manigua. Y
es precisamente el nombre de este batallador antiimperialista, el
que ahora usurpan sus enemigos desde una radio que sirve al mismo
imperio que Martí combatió.
Es
precisamente el ideario de ese americanista que alertó como ninguno
sobre la peligrosa vecindad del gigante despreciativo, el que
pretenden manipular quienes sirven a las ambiciones que Martí
contradijo con botas de pelea. ¡Contra esos renegados arremete desde
la hondura de su pensamiento, con botas de pelear, el Mayor General
José Martí! (Radio Reloj) |