La Habana, 24 de
febrero.- Los cubanos rememoran este martes el 109 aniversario
del levantamiento del 24 de febrero, fecha de reinicio de la
guerra de independencia que José Martí y otros combatientes
heredaron de próceres como Carlos Manuel de
Céspedes.
El 24 de febrero,
los alzamientos en el oriente de la isla y Matanzas en el
occidente, dieron continuidad a la gesta iniciada el 10 de
octubre de 1968 por Céspedes en su hacienda de la Demajagua,
cuando liberó a sus esclavos y les solicitó que lo siguieran
en la lucha contra el colonialismo español.
Cuando los patriotas
cubanos se alzaron en armas por primera vez la América
española era casi totalmente independiente, después de las
gestas de Bolívar, San Martín, O'Higgins, Allende, Morelos,
Hidalgo, Morazán e Iturbide, pero en Cuba y Puerto Rico no
existía una nacionalidad conformada como en tierra
firme.
Precisamente ese
alzamiento y esa gran Guerra de los Diez Años fue el botón de
muestra y la forjadora en su crisol de sangre -negra y blanca-
de las palabras Cuba y cubanos.
Uno de los graves
problemas de los revolucionarios en toda la historia de las
revoluciones ha sido el que tiene que ver con la
unión.
Las precarias
comunicaciones, ambiciones de poder y diferencias de punto de
vista dividieron las fuerzas de los cubanos ante uno de los
ejércitos más fuertes del mundo, con experiencia de guerra,
valiente, arrogante y despreciativo que no dejó de recurrir al
engaño, el soborno y la seducción para aplastar a los
sublevados.
En 1878 la "Guerra
Grande" concluyó sin la independencia deseada, pero a ella
siguió un reposo turbulento, que presagiaba la continuidad en
la lucha.
La figura de Martí
es sumamente importante en la siguiente etapa porque con la
magia de la palabra, la persuasión, el ejemplo personal y la
consagración plena logró aunar en un sólo ejército a veteranos
y bisoños o lo que el llamó "pinos nuevos y
viejos".
El Partido
Revolucionario Cubano fue su gran obra desde el punto de vista
político, pues creado a partir de la experiencia universal y
las necesidades propias del país, es decir, en base a un
imaginario autóctono y no copia o calco, cumplió su papel
aunador de voluntades.
Martí trazó el
esquema de la futura república en una frase: "quiero que la
primera ley sea el culto de los ciudadanos a la plena dignidad
del hombre".
Porque no puede
haber dignidad sin igualdad de derechos y oportunidades, sin
igualdad de cultura para conformar la república "con todos y
para el bien de todos", excelente remate de esa idea hecha por
Martí.