En la planta baja vivía la familia de Juan
Martín Navarro, teniente de artillería de La Cabaña y primo de Don
Mariano. Ambos firmaron un contrato con Matías Cabezas para alquilar
el inmueble de arquitectura colonial siglo XVII.
Al año siguiente, en la madrugada del viernes 28
de enero de 1853, los dolores de parto de doña Leonor anunciaban la
llegada del primogénito de la escendencia.
El niño fue bautizado
en la iglesia del Santo Ángel Custodio de La Habana por el propio
capellán del Regimiento de Artillería, presbítero Tomás Sala
Figuerola. Su nombre: José Julián Martí y Pérez, único varón de la
familia, quien con el tiempo se vería rodeado de siete
hermanas.
En la casa de Paula 41 vivirá el niño con sus
padres hasta 1856, fecha en que se trasladan para Merced 40.
Vendrían acontecimientos y experiencias que, de
una forma u otra, marcaron la formación de la personalidad de Pepe,
como generalmente se le decía. Sus primeras letras la recibió en una
escuelita de barrio, luego de su llegada de
Valencia junto a su
padre y tres hermanas.
Contaba con nueve años de edad cuando fue a
residir con Don Mariano en el partido territorial de Caimito del
Hanábana, en la actual provincia de Matanzas, donde su padre había
sido nombrado capitán juez pedáneo, sirviéndole, en ocasiones, de
amanuense.
Sería ese el lugar que lo llevaría a sufrir la
experiencia amarga de conocer el tratamiento violento e inhumano a
que eran sometidos los negros esclavos. El
incidente no se
borraría de su memoria: "... Yo lo vi, lo vi cuando era niño, y
todavía no se me ha apagado en las mejillas la vergüenza (...) Yo lo
vi, y me juré desde entonces a su defensa."
Su inteligencia precoz llamaba la atención de
quienes lo conocían. En 1865 ingresó en la Escuela de Instrucción
Primaria Superior Municipal de Varones (Prado número 88), local en
el que habitaba el maestro Rafael María de Mendive, figura que
marcaría con sus prédicas nacionalistas la formación del joven
Martí. Mendive se comprometió, con el consentimiento de Don Mariano,
a costearle los estudios hasta el grado de Bachiller.
Su afición por las artes plásticas lo condujeron
a matricular en la clase de dibujo elemental de la escuela
Profesional de Pintura y Escultura de La Habana (San
Alejandro)
y al iniciarse la Guerra de los Diez Años acababa de solicitar la
matrícula en las asignaturas correspondientes al tercer año de
Bachillerato en el
colegio de San Pablo, fundado y dirigido por
Mendive.
Para entonces, la definición política de José
Martí no dejaba margen a otras actividades que no fueran las que se
identificaran con la independencia de la Isla: "O Yara o Madrid",
sería su consigna y cumplió su compromiso.