José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

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 Martí en Estados Unidos

Hoy ofrecemos la cuarta y última parte (Martí en Estados Unidos) del panel que organizó Santo y seña en ocasión del Sesquicentenario del natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, con el desempeño de Joaquín G. Santana como moderador y la participación de los doctores Pedro Pablo Rodríguez y Carmen Suárez, especialistas del Centro de Estudios "José Martí" en La Habana.

JGS. En esta ocasión, amigos, el tema es realmente apasionante para todo el que se interese en la vida y obra de José Martí. De la biografía martiana abordaremos una dimensión fascinante: Martí en Estados Unidos. Y para iniciarlo damos la palabra al Dr. Pedro Pablo Rodríguez.

PPR. Bueno, el tema Martí en Estados Unidos hay que abordarlo, inicialmente en un doble sentido: la presencia física, la vida de Martí en Estados Unidos y la presencia de Estados Unidos en la obra martiana. La estancia física del Apóstol en Estados Unidos va a cubrir un pequeño momento y una gran parte de su vida. Un pequeño momento, digo, porque se ha olvidado mucho su paso por Nueva York cuando se dirigía a México en su primer viaje a ese país: El salió de Europa, tuvo que hacer una escala neoyorkina, que fue una escala de dieciseis días -en los cuales conoció mucho a Nueva York y caminó mucho por la ciudad, como él mismo recordó en algun momento ...

JGS.
Y rápidamente.

PPR
. (RIE) Sí, porque caminaba muy aprisa. Dicen que subía los escalones de las escaleras de dos en dos... Y, después, tenemos su larga estancia en Estados Unidos (de 1880 a 1895) con un espacio de seis meses cuando intentó establecerse en Venezuela en 1881. Así que los quince años finales de la vida de Martí, el Martí maduro, esa imagen física que tenemos de Martí, el hombre ya con la calvicie, el bigote bien poblado y demás, ese es el Martí de Nueva York. Ese es el Martí que está en esa ciudad norteamericana, en todo ese tiempo, pero que ha llegado ya con ciertas ideas. Porque, a veces, también se da la imagen de que Martí llegó en 1880 a vivir allí y fue, entonces, que empezó a formarse sus juicios sobre Estados Unidos. Pero, realmente, Martí ya llega con una perspectiva sobre los Estados Unidos; lo que demuestra que la tenía desde su juventud. En un Cuaderno de Apuntes de la época de España (no hemos podido precisar el año pero sabemos que fue entre 1870 ó 1871 y 1874) Martí hace una comparación entre Cuba y América Latina y los Estados Unidos y dice que mientras nosotros tenemos un corazón de amor y amistad "ellos tienen un corazón de patas de algodón y de buques". Y lo que quiere decir y afirma expresamente es que desde entonces (no sabemos cuál fue su fuente ni de dónde tomó esta idea pero, sin duda, ya la tenía) venía criticando el mercantilismo que él aprecia en la psicología social de los norteamericanos; idea que no abandonará y que será una de las grandes perspectivas de Martí a lo largo de su extensa estancia en los Estados Unidos. O sea, comprender de qué manera se ha inculcado, en esa psicología colectiva, un espíritu mercantil impulsado por los grandes sectores dominantes hegemónicos. Y cómo eso está dirigiendo la relación política y de Estado, en primer lugar hacia los pueblos de América Latina, pero al mismo tiempo cómo intenta imponer una relación de carácter cultural. Por consiguiente, desde este punto de vista, Martí va a trabajar, escribir, ofrecernos su imagen de los Estados Unidos desde una segunda perspectiva: y es que escribirá sobre ese país porque entiende que hay que conocerlo. Hay que conocerlo bien porque, como él mismo dijo, "hay un choque inevitable" y como el choque es inevitable -y hay intenciones aviesas contra los pueblos de Nuestra América- pues tenemos que conocerlos bien a fondo. Y la gran manera de conocer a los Estados Unidos (por parte de Martí) y, al mismo tiempo, darlos a conocer, al mismo tiempo, a los hispanoamericanos... fue escribir sus famosas Escenas Norteamericanas. Creo que unos minutos atrás, antes de comenzar este panel, hablábamos sobre las Escenas... y el teatro, y nos preguntábamos por qué Martí en los Estados Unidos no hablaba de teatro, o al parecer no escribió teatro en ese país, bueno pero, quizá, su teatro fue el de la vida. Yo creo que Carmen tiene, sobre esto, ideas muy interesantes.

JGS. Bien, le escuchamos, doctora.

CS. Habría que comenzar por reflexionar acerca de ese nombre que le dio a sus escritos sobre los Estados Unidos: él los llamó Escenas Norteamericanas. O sea, se sitúa en la perspectiva de un espectador, todo el tiempo, en las Escenas... con la noción de un espectáculo. Un espectáculo para ser contemplado; así es como él escribe sus Escenas..., sus crónicas de Nueva York. Habría muchísimo que hablar de esto, que es una especie de monumento literario que muchos estudiosos norteamericanos, al enfrentarse a ellas, se asombran y el criterio generalizado es que ningún otro periodista extranjero que reportara la realidad norteamericana logró una obra como la de José Martí. Ni en profundidad ni agudeza, ni inteligencia del análisis de la sociedad norteamericana en todos sus aspectos ni en belleza literaria, hubo quien pudiera superarlo. A mí este período me enamora de una manera total porque de un lado están las Escenas Norteamericanas y por otro lado los Versos Libres que son como el contrapunto subjetivo de las Escenas... En suma la de Martí es la experiencia de la modernidad, el gran laboratorio de la modernidad es Nueva York en la segunda mitad del siglo diecinueve. También era el gran laboratorio de la democracia burguesa, tan llevada y traída, el experimento norteamericano y la vitrina para todo el mundo latinoamericano estaba en ese contexto de las grandes ferias agropecuarias y de los inventos novedosos adonde iban todos los patricios ilustrados de América Latina, en su mayoría con las tesis de Sarmiento en la cabeza, la idea de ir a buscar cómo imitar el modelo norteamericano. Martí, desde el inicio, va a trabajar en todo su periodismo, en el de las Escenas... y en el de La América y en otros tantos periódicos en los que laboró, precisamente en tratar de interiorizar, desde el punto de vista latinoamericano, toda aquella realidad. Por eso dedica crónicas y más crónicas al análisis de las elecciones, al análisis de la mujer norteamericana, a las costumbres de ese país, a la vida cultural, teatral, la pintura, todo lo que se gesta en aquella enorme ciudad y en buena parte de los Estados, porque Martí procesa, además, trabajos de todos los otros ambientes norteamericanos y produce obras maestras del Modernismo hispanoamericano. Pero, al mismo tiempo, logra una especie de milagro en el sentido de que ... (Cintio Vitier le llama a eso "una especie de esteticismo militante")... porque con una elaboración casi parnasiana, a veces, de los textos, una exquisita elaboración del lenguaje y una reflexión contínua sobre el lenguaje (como todos los Modernistas reflexionaron sobre el lenguaje) no abandona jamás el discurso político-social, el discurso conceptual, filósofico, de pensamiento... sobre la realidad que está analizando, de la cual saca conclusiones a todas horas y recomienda cosas para los latinoamericanos, qué deben imitar, qué no, qué es lo hermoso y lo positivo que observa en aquel experimento estadounidense, o sea, qué se debe imitar para alcanzar más ciencia, más progreso, y qué es lo que no se debe hacer, que es lo que no se puede imitar de ninguna manera del modelo norteamericano: ese trabajo de filtrar toda esa realidad cultural está puesto en una prosa maestra; hay crónicas martianas que son obras maestras desde el punto de vista del lenguaje. Pequeñas grandes obras maestras. Y después salen los Versos Libres, de pronto, en la noche, en su casa, escribe un verso libre lleno de dramatismo, que a uno le parece ver en él los desgarramientos "baudelarianos" en el París de los años sesenta del siglo XIX. Pero, en un nivel de intensidad y aceleración mucho mayor, porque esa es la realidad neoyorkina. Vivida por un hombre del universo colonial. Vivida por un hombre que, además, presiente un adversario en ese mundo. Un hombre que quiere penetrar una política que es agresiva para los países hispanoamericanos. Martí, de Norteamérica, en el plano literario, realmente, percibe dos grandes deslumbra-mientos, entre otros: Emerson y Whitman. O sea, cuando él lee a Emerson deja unos Apuntes en que dice: "la noche en que descubrí a Emerson el deslumbramiento que sentí..." O sea, este pensador de vanguardia, este hombre que es un ejemplo de pensador moderno, de la segunda mitad de ese siglo XIX, que hace una especie de integración de distintas filosofías, sencillamente lo deslumbra. Y Whitman con su versículo moderno, enorme, donde expresa una especie de ética optimista del mundo moderno, es, para Martí, uno de los grandes modelos. Esa ética escrita por Martí, la de la modernidad, la consigue en esos años de la experiencia norteamericana.

PPR. Por cierto, me parece bien recordar, brevemente, que estas dos grandes personalidades de la cultura del tiempo de José Martí, entonces desconocidas en América Latina, ya que fue Martí quien las dió a conocer, fueron dos transgresores y disidentes de su sociedad. No lo olvidemos. Emerson peleó y se buscó muchos problemas por estar contra la guerra agresora contra México; fue un abolicionista. Whitman fue un defensor de la democracia, un hombre muy criticado en su país y casi que perseguido por ser homosexual. Entonces, eran gentes muy mal vista por ciertos sectores de la sociedad norteamericana.

JGS. Dr. Pedro Pablo Rodríguez, en el primer panel, hace ya cuatro semanas, usted nos dijo que el tema Cuba, la dimensión espiritual cubana en la obra martiana, tendría aproximadamente un peso de un cincuenta por ciento. ¿Estados Unidos, en un estimado cercano, aproximado, qué por ciento representaría en la obra total de José Martí?

PPR.
(RIE) Estamos haciendo como los norteamericanos, ¿no?
que les gusta tanto buscar los porcientos.

JGS
. Sí, más o menos.

PPR
. Yo diría que es un veinticinco, un treinta por ciento. El resto sería América Latina... Un veinticinco o un treinta por ciento de su obra serían las Escenas Norteamericanas, los temas dedicados a Estados Unidos. Son casi cinco tomos de sus actuales Obras Completas; que son en realidad veinticinco tomos de textos. Y dos tomos de Indices. En realidad, ahí está ese conjunto. Y también diría que es un cuerpo decisivo desde el punto de vista conceptual. Porque se integra, con su pensamiento latinoamericanista, de tal manera ... Bueno, yo siempre uso esta frase cuando hablo del asunto porque me parece que es muy gráfica: el latinoamericanismo y el antimperialismo de Martí son dos caras de una misma moneda. Históricamente, genéticamente, lo primero que manifiesta Martí son sus criterios latinoamericanistas. Pero esos criterios se maduran a la luz de la comprensión de cuál sería la realidad continental ante una expansión de Estados Unidos. Es importante su oposición a esa expansión que creo que puede ser, perfectamente, calificada de antimperialismo. Lo que explica su latinoamericanismo y su visión preocupada de esa posible expansión que él previó justamente por sus criterios latinoamericanistas. Si no hubiese tenido esa perspectiva de hombre del mundo colonial, de lo cubano, y de hombre de América Latina no habría visto esto, como no lo vieron otros latinoamericanos que vivieron en Estados Unidos. Por eso es decisiva para él esta estancia en los Estados Unidos. Se ha insistido (y es cierto) que fue la Conferencia Panamericana de Washington, en 1888-1889, sobre la que escribió una serie de crónicas formidables, de una actualidad electrizante porque muchas de sus frases parecen ajustadas a este minuto, lo que alentó y decidió a Martí a entrar en la gran batalla por la indepedencia de Cuba para evitar que, desde Cuba, los Estados Unidos se derramasen sobre las Antillas, la América Central, México y el resto del Continente. Ahora, desde 1884 al menos, (un períodico que Carmen mencionaba) en La América, mensuario del cual Martí fue Director, estaba diciendo claramente que la circunstancias histórico-sociales en Estados Unidos los conduce a dar un peso significativo a América Latina porque los estadounidenses requieren de esos mercados y no pararán, bajo ninguna bandera ni ningún criterio, hasta ocupar esos mercados. Y está advirtiendole a sus lectores: hay que prevenir esto antes que ocurra; hay que hacer que este encuentro resulte mútuamente beneficioso y no acabe en un choque francamente a favor de los Estados Unidos. Luego lo que él le dijo en su famosa última carta a su amigo mexicano, Manuel Mercado, de que cuanto había hecho y haría era para impedir esa expansión, pero que lo había hecho en silencio, hay que decir que, ciertamente, muchas cosas, sin duda, tuvieron que ser hechas en silencio, sobre todo en lo referido a la guerra de Cuba, pero no todas, pero no todas...
JGS. Doctora, Martí novelista. Nos falta ese aspecto.

CS. Ese es otro aspecto que habría que tratar.

JGS
. No hay mucho tiempo.

CS
. No hay mucho tiempo pero es complicado porque Martí expresa criterios en los cuales se manifiesta contrario a este género. Y esa es una contradicción porque realmente Martí consigue escribir una gran novela -que en principio la escribió para una amiga, para una revista- y la verdad es que le salió una novela que le pareció una nadería pero consiguió en ese libro un lenguaje modernista exquisito. Y en esa novela maneja una serie de tópicos que si, en su momento, no parecían ser demasiado escandalosos, con el tiempo se ha visto que contenían una carga que hoy ha ido eclosionando y se le considera una de las novelas modernistas fundamentales de su época. Es una joya literaria pero, además, es un interesante texto para hacer hasta análisis freudianos que ya se han comenzado alrededor del drama de Lucía Jeréz y de su amado Juan. O sea, Martí lo que tenía en contra tal vez era la experiencia de los folletines, la experiencia de la novelería, ¿no?, de esa novela inócua que leían muchas damas del siglo XIX, es decir, quizá tenía en contra de eso y de aquello de que había mucho que fingir. Pero, esos son criterios de Martí que él fue cambiando a lo largo de su vida y ya cuando traduce la novela Misterio va expresando criterios que se separan de esas afirmaciones lapidarias que hizo antes. Y nos queda ahí esa novela de Martí pero, además, nos queda todo un universo narrativo inmerso en sus crónicas, en todo su periodismo, y hay también un narrador en José Martí que está siendo, prácticamente, descubierto ahora.

(RHC)


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