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Ofrecemos la segunda parte (Martí en España)
del panel que ha organizado Santo y Seña, en ocasión del
Sesquicentenario del Natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José
Martí, con la actuación de Joaquín G. Santana como
moderador y la participación de los doctores Pedro Pablo Rodríguez
y Carmen Suárez, especialistas del Centro de Estudios "José
Martí" en La Habana.
JGS. Ya analizamos en el primer panel
(4, junio, 2003) el tema Martí en Cuba. Les invito a adentrarnos
en otra importante dimensión de la vida de nuestro Héroe
Nacional: Martí en España. Cedo la palabra al Dr. Pedro
Pablo.
PPR. La relación de Martí con España no se puede
ver solamente con su presencia física en la Península. Esa
relación arranca desde Cuba: recordemos que sus padres eran españoles.
Su papá (Mariano) era natural de Valencia y vivió buena
parte de su vida en esa región. Y su mamá (Leonor) era de
las Islas Canarias; llegó a Cuba muy joven (con 24 ó 25
años) pero también, sin duda, fue una persona formada en
Canarias. En su casa, pues, se vivió siempre en un ambiente español.
Luego Martí tiene a España presente ... Primero, porque
España está en la sociedad cubana en su conjunto. Segundo,
porque la tiene en su pequeño mundo hogareño. Y tercero,
porque, trás el Presidio Político, su primera deportación
a España le permitió conocer a España. Yo diría
que le permitió conocer las dos Españas -como él
escribió después en algún momento-; porque en Cuba
había conocido la España colonial, la España mala;
en la Península va a conocer la España buena: va a conocer
al pueblo español que, no necesariamente, estaba contaminado por
la relación colonial. Esos años que él pasa entre
1870, los últimos días de 1870 y los finales de 1874, son
cuatro importantes años de su vida que, a la vez, fueron sus cuatro
años de estudios universitarios. Según lo que conocemos
parece que, en buena medida los vivió entre Madrid y Zaragoza.
No olvidemos la importancia de comprender que había varias Españas
(como las hay hoy): Zaragoza es Aragón; Madrid es la meseta castellana.
Por tanto cultural, psicológicamente, son lugares bien distintos.
Y esa primera lección la completará después, en 1879,
con una brevísima estancia en Madrid, cuando allí vivió
la segunda deportación. Fueron, entonces, escasamente unos dos
meses y esta vez no entró por Cádiz... ¡Imagínense
lo que sería para un cubano llegar a Cádiz, ese puerto que
durante tiempo, junto con Sevilla, había monopolizado la relación
con América y que muchos dicen que no hay ciudad más habanera
en España que Cádiz, como otros dicen que no hay ciudad
más gaditana que La Habana¡
JGS. Lo dijo muchas veces Rafael Alberti, el gran poeta gaditano.
PPR. Bueno, pues, en este segundo viaje, Martí entró
por el norte, por Santander. Por cierto, nos dejó escrita una descripción
preciosa, encantadora, del puerto de Santander. Esta vez estuvo muy poco
tiempo en Madrid porque estaba ya metido de lleno en la conspiración
para reiniciar la guerra por la independencia en Cuba y logró escapar
de esa deportación para ir a dar su apoyo a los organizadores de
la guerra en Cuba radicados en Estados Unidos. Estas dos presencias, sin
duda, marcarán ese espíritu español que hay en Martí.
Un espíritu español que lo hace parte, también, de
la cultura español y donde, sin duda, la parte más significativa
es la lengua. Martí es un español de la lengua y un español
de las letras y no podemos hablar de letras españolas, de literatura
española y literatura en lengua española, sin hablar de
José Martí.
JGS. Doctora Carmen Suárez, le toca a usted, por derecho propio,
ampliar el tema.
CS. Sí, ahí donde Pedro ha terminado es que yo puedo
empezar. Y es que la gran relación cultural de Martí con
España empieza por eso: por la lengua. Martí es un heredero
privilegiado de esa lengua. Tanto para el mundo hispanoamericano como
para el mundo español: lo que Martí opera sobre la lengua,
desde su trabajo de escritor, es una renovación, por primera vez,
adaptando el idioma al universo de la Modernidad. Martí es uno
de los grandes padres de la Modernidad en el mundo hispanoparlante. Incluida,
España. Porque España se había retrasado poética
y literariamente y es el universo hispanoamericano, del lado de acá
del Atlántico, el que va a dar la nota con Rubén Darío,
con Gutierrez Nájera, con Martí, operando esa transformación
que la lengua necesita a la entrada de la Modernidad. O sea, lo que habían
hecho los franceses, lo que estaban haciendo los ingleses, lo comienza
a hacer José Martí en la lengua española, que era
un receptor muy lúcido de las culturas europeas y de lo que estaba
pasando con la lengua y la literatura y de la necesidad en que estaba
el hombre moderno de flexibilizar el lenguaje y, también, refinarlo
de todos los rezagos del Romanticismo, una corriente, una Escuela que
había acumulado muchos esquemas que ya estaban recalentados...
Y Martí va a trabajar sobre la lengua con absoluta conciencia y
absoluta libertad; porque él asienta el principio de que la mejor
manera de no ser dependiente de ninguna literatura es conocerlas todos.
Y a partir de ese principio intercultural él va a trabajar con
España. En su primera estancia española, que en definitiva
es un espacio de formación donde va a hacer sus dos carreras universitarias
y observar muy de cerca al pueblo y meditar cuidadosamente sobre la política
española mientras observa al pueblo en las calles durante las revueltas
en Zaragoza, o sea, va a participar de todo ese entrañable mundo
español, se va a enamorar... No hay que olvidar sus famosos Versos
Sencillos por la carga autobiográfica que tienen donde Martí
dice: "Amo la tierra florida/ musulmana o española/ donde
rompió su corola/ la poca flor de mi vida". El reconoce ese
momento único, en su existencia, en que tiene que asesinar a los
otros Martí, él siempre habla de "ese muerto",
todos "esos muertos" que lo acompañan (que son el poeta
de salón, el amante, el hombre frívolo, el hijo o el padre)
que tienen que quedar rezagados para dar paso al hombre que va a ser,
sobre todo, el héroe. Y reconoce en ese momento español
el instante en que rompe su corola "la poca flor de mi vida".
Porque se enamora en Zaragoza, va al teatro en Zaragoza, visita el taller
de pintura de Gonzalvo, es decir, se ejercita en la cultura y se asoma
también a la literatura europea. Tal vez una ventana algo contrahecha
porque era a través de la prensa española que me imagino
recibía las noticias de lo que pasaba en París por esa época
tal vez con una visión muy cambiada.
JGS. Doctor Pedro Pablo ...
PPR. Sí.
JGS. En España Martí ensanchó su visión
política, universal. Inclusive, participa con otros conspiradores
cubanos, como su amigo Carlos Sauvalle, quien a su vez había sido
uno de los protagonistas de "los sucesos del teatro Villanueva en
1969"... ¿En qué medida esto le revela a Martí
la diferencia entre un liberal español en España y ese mismo
liberal español en Cuba?
PPR. Todos los estudiosos del pensamiento político de Martí
han coincidido en que Martí tuvo una comprensión cabal,
por cierto muy contemporánea, de lo que es la relación colonial.
Inclusive, sabemos bien que podría perfectamente decirse que Martí
fue un anticipador de la comprensión de lo que fueron las relaciones
neocoloniales. Y todo eso que, en su momento, él estudió
y forma parte de la cultura de hoy -me refiero a la relación entre
el colonizador y el colonizado-, que también nos explicó
un hombre como Franz Fannon, sin duda está presente en Martí.
Es decir, comprender esa relación de interdependencia que se establece
entre ambos polos, se lo permitió justamente su estancia en España.
Porque Martí se tuvo que preguntar en medio de aquel círculo
de cubanos en que estaba -como el propio Sauvalle- y que le decían
"los laborantes" en Madrid, se tuvo que preguntar, repito, ¿por
qué el trato, la relación con militares, políticos
y hombres de pueblo que en definitiva venían a Cuba como soldados,
era diferente en Madrid a como era en La Habana? ¿Por qué
el Voluntario español era el elemento, represivo y violento contra
el cubano en La Habana, y sin embargo ese mismo hombre de pueblo, sencillo,
resultaba afectuoso, cariñoso y hasta estimaba a aquellos mismos
cubanos que estaban en Madrid a sabiendas de que mantenían una
posición política distinta? Yo creo que justamente, como
Martí vive este período del septenio español trás
la caída de Isabel Segunda (inclusive, vive el intento de la Primera
República española, que duró muy poco, y que por
suerte Martí escribió un trabajo decisivo sobre eso para
entender sus ideas políticas: La República Española
ante la Revolución Cubana) nos permite comprender que Martí
entendió que la relación colonial transformaba a la clase
política española más allá de sus posesiones
ideológicas y sus posturas teóricas en una unidad frente
al problema colonial. En España se podía ser liberal o conservador,
monárquico o republicano, podía haber diferencias que condujeran
hasta enfrentamientos armados en torno a la organización política
del Estado español y de la Nación española. Pero,
todos se unían en un mismo factor, en una misma postura, en una
misma perspectiva ante el problema cubano. Cuba era, como decían
los propios españoles del siglo XIX, "la vaca lechera",
es decir, la gran aportadora de recursos al Estado, a la burguesía,
a los sectores comerciantes españoles y por consiguiente la generalidad,
buena parte de los españoles, aceptaban el criterio de que Cuba
era parte de España. Y tenía que ser siempre parte de España.
Esta postura colonial modifica, respecto al colonizado, lo que puede ser
relaciones de oposición en el mundo metropolitano, en el mundo
del país colonialista. Martí entendió esto perfectamente
y comprendió, inclusive, que los propios republicanos españoles
dejaban de ser republicanos, dejaban de ser fieles a su doctrina liberal,
a su espíritu republicano, en la misma medida en que no aceptaban
la República de Cuba, como lamentable y efectivamente ocurrió:
los republicanos españoles fueron, no solo incapaces de detener
la guerra de Cuba, sino que, inclusive, la recrudecieron, enviaron más
tropas tratando de aplastar el movimiento cubano por la independencia
y, además, no aceptaron ningún tipo de conversación
con los patriotas cubanos, ni siquiera para concedernos una Autonomía.
Luego, esta estancia en España fue decisiva para Martí,
para redondearle la verdadera comprensión del problema colonial.
JGS. Bueno, Martí publica en España El Presidio Político
en Cuba. Doctora, Carmen Suárez, ¿este alegato, además
de la denuncia extraordinaria que conlleva es, en mi opinión, un
texto magistralmente escrito... ¿Qué opinión le merece
a usted?
CS. Es uno de los grandes textos martianos hechos al inicio de su
vida y, cuando uno lo estudia, se asombra de la cantidad de recursos de
los cuales está ya en posesión este escritor para trabajar
la lengua. Por ejemplo, uno siente ya las marcas de los grandes modelos,
como Victor Hugo, que es un gran modelo en el trabajo de Martí.
Ahí uno siente el aliento poemático y, además, siente
la Modernidad conque está trabajando Martí que no tiene
prejuicios genéricos y todo el tiempo transgrede determinadas normas
que los escritores de esos tiempos, en el ambiente hispanoparlante, no
se atrevían a romper. Aquí uno ve que tiene larga tirada
poemática, después fragmentos narrativos donde incluye verdaderos
cuentos, diríamos, con Nicolás del Castillo, el joven Lino,
como protagonistas, y todo eso está tejido con una prosa que, de
pronto, se condensa para ser casi poesía y otras veces adquiere
la flexibilidad de un ensayo conceptual y maneja todos los matices del
pensamiento en una gran reflexión de carácter filósofico,
después intercala un cuento apasionante, más tarde hace
testimonio de lo que él va sintiendo ante todo aquello. Realmente
para un filólogo es una fiesta hacer el análisis de El Presidio
Político en Cuba porque está en germen todo el Martí
que vendrá después. Más tarde uno podrá reconocer
una maestría mayor, un tono más Martí, ya más
concentrado. Pero, sin duda, este es un texto fundacional en su discurso
literario.
JGS. Bueno, debo iniciar el camino hacia el final de este segundo
panel con una pregunta que voy a dirigir al doctor Pedro Pablo Rodríguez..
Imaginemos (porque en el Panel hemos actuado de ese modo) a Martí
ya a punto de abandonar a España, de regreso a América,
esta vez con rumbo a México -que será el tema de nuestro
tercer Panel dedicado al Sesquicentenario del Natalicio de nuestro Héroe
Nacional-: ¿Ese Martí que vuelve a América con dos
carreras universitarias qué debe agradecer a su residencia española
y qué incidencia tendrá esa estancia, definitivamente, en
su biografía futura?
PPR. Yo diría que Martí probablemente (y estaba consciente
de ello) tendría que agradecerle a esa residencia el haber cerrado
su formación. Esa estancia en España es decisiva para él
en cuanto a su formación intelectual, su formación como
hombre, su formación para completar su sensibilidad. El conocimiento
de las artes en España, de Goya (aunque, en realidad, vino a conocerlo
después a profundidad en 1879), su conocimiento en general de la
pintura española que es una de las partes del alma española,
sin duda, porque lo ha sido siempre... Y el conocimiento de ese pueblo,
de sus políticos y de lo que estaba pasando allí, completan
esa sensibilidad, tanto al apreciar sus virtudes como sus defectos. Martí
comprende que España es un país de analfabetos, lo cual
resultaba ya algo desagradable para los "ilustrados" del siglo
XIX. Pero resulta también un país de imponente cultura popular.
Por eso Martí escribió sobre los gitanos después
en Estados Unidos. En España, Martí comprende que la clase
política española (y la rechaza violentamente) es oportunista,
puede ser muy cruel en su política contra Cuba y engaña
y esquilma también al pueblo español. Pero, al mismo tiempo,
comprende cómo ese pueblo tiene, en primer lugar, que liberarse
de esa clase política y de la monarquía que se va a restablecer
en 1874. También allí Martí puede comprender hasta
qué punto los cubanos éramos una nación diferente
a la española y, al mismo tiempo, cuánto le debíamos
a España de nuestra propia formación y expresión
nacional. Por eso digo que se cierra este proceso formador de Martí
que le permite entender lo que después sí va a decir explícitamente
en América: que los pueblos de América son pueblos nuevos
resultado del choque de dos culturas, la española y la aborigen,
donde hay elementos de ambas partes y lo español está presente
pero ya no somos estrictamente españoles. (RHC)
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