José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

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 José Martí y los desafíos de nuestro tiempo

ESTEBAN VALDERRAMA

ARMANDO HART DÁVALOS

La Sociedad Cultural José Martí reunió en Matanzas, los días 21 y 22 del presente mes, su Comité Nacional al que asistieron los presidentes de todas las filiales provinciales y los miembros de su Junta Nacional para realizar el balance de las actividades efectuadas durante el 2003, año del aniversario 150 del natalicio del Apóstol. Partiendo de los temas abordados y de los análisis exponemos algunas reflexiones como homenaje al Maestro en el aniversario 151 de su natalicio.

La moderna civilización está enferma incluso de gravedad. En su reciente discurso con motivo del aniversario 45 del triunfo de la Revolución el compañero Fidel Castro lo expresó de manera dramática: O cambia el curso de los acontecimientos o no podrá sobrevivir nuestra especie.

El crisol de ideas que el Apóstol representa puede servir para encontrar caminos que enriquezcan el pensamiento filosófico universal de forma que permita abordar temas clave vinculados a los desafíos presentes de manera muy aguda en nuestra contemporaneidad. Puede ser de gran utilidad para la educación y la política culta que necesita hoy el mundo, a fin de salvar a nuestra especie de una catástrofe de incalculables proporciones.

Para desarrollar al máximo el potencial cultural de nuestro pueblo es cada día más necesario que los investigadores, profesores, maestros, estudiantes, hombres y mujeres de cultura investiguen, estudien y promuevan con mayor amplitud y profundidad las ideas, la obra y la vida del Héroe Nacional cubano.

Hay dos pensamientos de José Martí que nos deben servir de puerta de entrada a estos análisis: "Con todos y para el bien de todos" e "Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas".

Ellos sirvieron de orientación para convocar la guerra de independencia de Cuba la cual planteó el Maestro como necesaria, humanitaria y breve. Más de un siglo después de su ascenso definitivo a la gloria, en el oriente del país, en la zona conocida por Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, debemos proponernos estudiar y divulgar sus ideas con una aspiración emblemática para el siglo XXI: coronar la "Edad de la Razón" con principios éticos, única manera racional de actuar para abrir cauce a la posmodernidad que podemos admitir.

Dos ideas nos pueden ayudar a encontrar, sobre fundamentos filosóficos, los caminos políticos, educativos y culturales para enfrentar la distorsión de las ideas esenciales del pensamiento original de la enciclopedia y la ilustración. Estas son, de un lado, las concepciones sobre el equilibrio del mundo y, del otro, las expresadas acerca de la utilidad de la virtud. La idea del equilibrio, como toda su cosmovisión, se fundamenta en la integridad de los diversos planos de la realidad en cuanto ley matriz esencial que rige para la naturaleza, el arte, la ciencia, la economía y las relaciones sociales. La de la utilidad de la virtud toma como punto de partida las posibilidades del mejoramiento humano. La síntesis de estas ideas solo es posible alcanzarla a escala social e histórica orientada hacia la acción y por ello Martí la llevó al terreno de la educación, la cultura y la política práctica.

A partir de estas consideraciones, invitamos a estudiar sus concepciones acerca de lo que llamó la ciencia del espíritu, sus planteamientos acerca de la relación entre la maldad y la estupidez y entre la bondad y la inteligencia, su afirmación de que el sentido de lo humano está en la facultad de asociarse, su criterio acerca de la importancia de la educación y de la cultura en la liberación humana y sus ideas éticas. Estúdiese también la afirmación de Martí con relación a que Todo hombre es una fiera dormida. Es necesario poner riendas a la fiera. Y el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de sí mismo (fin de la cita)¹. Las riendas son la cultura.

Todos estos aspectos constituyen claves esenciales para llegar a una concepción del mundo sobre el fundamento de la justicia y la solidaridad entre los hombres. Este crisol de ideas analizado en relación con el mejor pensamiento filosófico universal pone de manifiesto una carga de ciencia y utopía, de realidad y sueño como la requerida para alcanzar un mundo mejor.

Es que en Martí hacen síntesis el inmenso saber de la modernidad europea; la más pura tradición ética de raíces cristianas que desde sus orígenes en Cuba no se situó en antagonismo con las ciencias; la influencia desprejuiciada de las ideas de la masonería en su sentido más universal y de solidaridad humana; la tradición bolivariana y latinoamericana que enriqueció con su vida en México, Centroamérica y Venezuela, y las ideas y sentimientos antimperialistas surgidos desde las entrañas mismas del imperio yanki donde vivió durante más de quince años, más de la tercera parte de su vida, y completó allí su pensamiento político, social y filosófico desde la óptica de los intereses latinoamericanos.

Fue, sin duda, el analista más profundo sobre la realidad norteamericana de la última mitad del siglo XIX. A fin de abordar sus ideas en su relación con el mundo de hoy lo primero es estudiar el papel que le asigna al hemisferio occidental en el equilibrio del mundo; es decir, a lo que la Europa culta de los siglos anteriores llamó Nuevo Mundo. Es precisamente aquí donde puede nacer un nuevo mundo en el sentido político y social. El Maestro apreciaba que desde Alaska hasta la Tierra del Fuego estaría la clave para construir un mundo con todos y para el bien de todos.

En el Manifiesto de Montecristi, que firmara junto al General Máximo Gómez en marzo de 1895, mediante el cual explicaban a Cuba, América y el mundo los fundamentos de la gesta de independencia de Cuba, se señalaron ideas esenciales que mantienen hoy una vigencia impresionante. Dijeron:

La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo.

El Apóstol no olvidó un aspecto sustancial, envió un mensaje al pueblo norteamericano cuando afirmó, en otra ocasión, que la guerra de independencia de Cuba también se hacía para salvar el honor de la gran república del Norte que en el desarrollo de su territorio —por desdicha feudal ya y repartido en secciones hostiles— hallaría más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores y en la guerra que el mundo coaligado tendría que librar contra su ambición.

Es la visión martiana que deseamos llegue a todos los pueblos del mundo y en especial al norteamericano.

Nadie como Martí puede guiarnos en el empeño de enfrentar los retos en relación con la sociedad norteamericana. Fue él quien primero caracterizó y denunció al imperialismo norteamericano, y lo hizo sobre fundamentos económicos. ¿Cuál fue la contradicción principal que el Apóstol apreció en Norteamérica?

Las dos últimas décadas de aquel siglo resultaron decisivas para el ulterior desarrollo del imperialismo moderno. En los largos años que vivió en ese país, se forjó su conciencia antimperialista y denunció —con meridiana claridad en el Congreso Panamericano de Washington, 1889, el que aprobó la estrategia de la expansión económica norteamericana hacia nuestra América—, la naturaleza del nuevo imperio que se gestaba. La esencia de su crítica a esa sociedad está en el divorcio que observó entre el desarrollo material y las limitaciones de su vida espiritual.

¿Y cuál será la reacción de la sociedad norteamericana frente al drama universal que está desencadenando con fuerza la oligarquía de ese país? Tengo fe en la mejor tradición democrática de Estados Unidos y tengo confianza en que en el liderazgo de esa nación aparezcan personas sensatas que comprendan que no tienen posibilidad de relacionarse con el mundo si no es a partir de un crisol de ideas como el de Lincoln, Emerson —a quienes tanto admiró José Martí— y de Martin Luther King, cuyo símbolo irá creciendo cada vez más en el seno del pueblo estadounidense. Ahí está la esencia filosófica del drama de Estados Unidos.

El presidente Kirchner de Argentina lanzó un reto a Norteamérica: "América debe mirar más a América". Invitamos a todos a reflexionar sobre el crisol de ideas de José Martí como única forma de hacerlo de una manera inteligente. Es la única manera de evitar que el conflicto calificado por el Apóstol como innecesario entre las dos secciones adversas del hemisferio acabe como una catástrofe universal.

Con su pensamiento podemos llegar a programas inspirados en el equilibrio del mundo, porque su originalidad se halla en que asumió el inmenso saber universal y lo volcó hacia la acción política, lo expresó en los planos más altos de la literatura y lo orientó, sobre el fundamento de la justicia, a favor de los pobres que son quienes más sufren. Lo expresó con belleza poética en su conocido verso: "Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar".

Y como la justicia constituye la categoría principal de la cultura, el pensamiento de nuestro Héroe trascendió y se convierte hoy en guía para la lucha universal dirigida a hacer posible ese mundo mejor al que aspiramos.

1-.Martí, J.O.C.T.5, p.110, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1963

(Granma) 28 de enero del 2004


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