José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

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 Los pueblos Árabes en la pupila de José Martí

Por Abdulraqib Ahmed Kassem

En marzo de 1881, José Martí escribió para The Sun, de Nueva York, una maravillosa crónica sobre la vida y la obra del eminente artista catalán Mariano Fortuny, considerado como el más grande pintor español del siglo XIX. Fortuny había recogido en sus lienzos la soberbia belleza de las tierras situadas en el norte de África, particularmente en Marruecos, y las sangrientas guerras coloniales de las potencias europeas contra los Árabes, reflejadas con particular realismo en su cuadro La batalla de Tetuán. Esta recia obra pictórica dio ocasión a José Martí para referirse a los árabes como aquellas ágiles y encantadoras criaturas que forman el más noble y elegante pueblo de la tierra.

Afirmación tan precisa no podía reducirse, en hombre del rigor conceptual y la honestidad del Héroe Nacional de Cuba, a una bella frase ocasional, sino que entrañaba un conocimiento sólido de los pueblos árabes y una innegable simpatía hacia ellos.

Quien busque las raíces y manifestaciones de esa afinidad, solo tendrá que adentrarse un tanto en la obra martiana, donde hallará a cada paso muestras convincentes. Baste decir que aún no cumplidos los 16 años, su primer drama en versos, Abdala, homenaje a la lucha de un pueblo contra la opresión extranjera, representa a Cuba por medio de una tierra Árabe, Nubia, y son también árabes sus protagonistas.

A partir de entonces, en todas las etapas de su vida, hallará motivos suficientes para recordar a esa raza laboriosa y sufrida. En cada uno de los 28 volúmenes de sus obras completas, sin excepción alguna, abundan las páginas dedicadas a temas árabes, escritas desde su época de estudiante hasta aquella en que prepara e inicia la guerra necesaria, pasando por su estancia obligada en España, por su etapa de México, América Central y Venezuela, y por la época en que compartía su labor revolucionaria práctica con la de periodista, desde Estados Unidos de América.

De 1875 a 1895, no hay un solo año en que olvide esa temática, pero los que acumulan un mayor número de crónicas, informaciones y referencias de temas arábigos son 1881, 1882 y 1889. En los dos primeros años 1881 y 1882, predominan asuntos como las guerras de conquistas de las potencias europeas y sus pugnas de intereses en relación con los países árabes de Asia y África, la rebelión que se extiende por el mundo islamista, desde Constantinopla hasta Marruecos, las discusiones que se suscitan en los parlamentos de Francia, España e Italia, y en otros países, en relación con dichos problemas. En cambio, los temas que más aborda en 1889 se relacionan con la vida, las costumbres y la historia de los pueblos árabes.

Lugar destacado ocupa también el mundo islámico en la sugestiva musa del Maestro. Esa temática viste su prosa de lirismo, y le inspira más de una docena de composiciones poéticas. Aparte de Abdala, ya mencionada, varias de estas tienen, de principio a fin, espíritu agareno, como Hashisch, Agar y la perla o la perla de la mora.
En otras, hallamos referencias morunas enlazadas con las más diversas ideas, como podemos ver en sus versos sencillos, así como en el drama indio Patria y libertad, por citar solo algunos ejemplos.

Mención aparte merece el libro de versos dedicados a su hijo, cuyo título Ismaelillo evoca a Ismael, el hijo de Abraham y de Agar, a quien la leyenda bíblica señala como padre de la raza árabe. Precisamente en relación con su pequeño Ismaelillo, hay otra manifestación de su interés por las naciones árabes y de la influencia que han ejercido sobre él. Referiéndose a Egipto, dice que es la tierra a donde hemos de hacer el primer viaje de recreo mi hijo y yo.

Aborda Martí en su extensa obra las más relevantes facetas de la vida de los pueblos árabes, su ancestral cultura y proverbial sabiduría, su historia y costumbres, sus mitos y leyendas, sus virtudes e ideas, sus tierras y paisajes, sus hombres y mujeres, sus héroes y hazañas, su indómita bravura y su amor a la independencia y la libertad.

(RHC)


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