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Cuba > José Martí |
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José Martí: Conocedor del
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María Delys Cruz Palenzuela
Temprano advirtió Martí el peligro que constituía para
Cuba la ambición expansionista de los Estados Unidos, nación a la que
conoció y de la que nos dejó su clara visión en decenas de artículos, y
que tienen una gran vigencia en nuestros días.
Dijo Martí que el norte ha sido injusto y codicioso;
ha pensado más en asegurar a unos pocos la fortuna que en crear un
pueblo para el bien de todos; ha mudado a la tierra nueva americana los
odios de todos y todos los problemas de las antiguas monarquías; aquí no
calma ni equilibra al hombre el misterioso respeto a la tierra en que
nació, a la leyenda cruenta del país, que en los brazos de sus héroes y
en las llamas de su gloria funde al fin a los bandos que se lo disputan
y asesinan. Del Norte como de tierra extranjera saldrán en la hora de
espanto sus propios hijos. En el Norte no hay amparo ni raíz. En el
Norte se agravan los problemas, y no existe la caridad ni el patriotismo
que los pudieran resolver. Los hombres no aprenden aquí a amarse ni aman
el suelo donde nacen por casualidad, y donde bregan sin respiro en la
lucha animal y atribulada por la existencia. Aquí se ha repartido mal la
tierra (...)
Pudiéramos continuar citando al Apóstol cubano, sobre el
tema, pero con lo expuesto podemos tener una visión de cuán profundo
laceró sus sentimientos patrióticos todo lo que lo rodeó en aquel país,
en el que por razones ajenas a su voluntad tuvo que vivir casi 15
años.
Y está claro que seguimos en tiempos de Martí, porque el
imperialismo no ha dejado de mirarnos con la codicia acrecentada durante
44 años de Revolución, sin dejar de alimentar a algunos cubanos de acá
que unen sus nefastos sueños a los de allá en la estúpida idea del
anexionismo, para quienes nuestro Héroe Nacional dejó escritas estas
líneas desde el 16 de mayo de 1866:
(...) solo el que desconozca nuestro país, o este, o las
leyes de formación y agrupación de los pueblos, puede pensar
honradamente en solución semejante, o el que ame a los Estados Unidos
más que a Cuba. Pero quien ha vivido en ellos ensalzando sus glorias
legítimas, estudiando sus caracteres típicos, entrando en las raíces de
sus problemas, viendo cómo subordinan a ha hacienda a la política,
confirmando con el estudio de sus antecedentes y estado natural, sus
tendencias reales, revolucionarias o confusas; quien ve que jamás, salvo
en lo recóndito de algunas almas generosas, fue Cuba para los estados
Unidos más que posesión apetecible, sin más inconveniente que sus
pobladores, que tienen por gente levantisca, floja y desdeñable, quien
lee sin vendas lo que en los Estados Unidos se piensa y se escribe,
desde la odiosa carta de instrucciones de Henry Clay en 1828, cuando los
Estados Unidos estaban satisfechos con la condición de Cuba y por el
interés de ellos no deseaban cambio alguno, hasta lo que de sí propios
dicen en sus conversaciones y su poesía (...) quien ama a su patria con
aquel cariño que solo tiene comparación, por lo que sujetan cuando
prenden, y por lo que desgarran cuando se arrancan, a las raíces de los
árboles –ese no piensa en complacencia sino con duelo mortal-, en que la
anexión pudiera llegar a realizarse (...)
(Adelante Digital)
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