José Julián Martí Pérez,
Apóstol de la Independencia
de Cuba

 

  

English Français عربي
Cuba > José Martí

 Martí en México

Ofrecemos la tercera parte (Martí en México) del panel que ha organizado Santo y Seña, en ocasión del Sesquicentenario del Natalicio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, con el desempeño de Joaquín G. Santana como moderador y la participación de los doctores Pedro Pablo Rodríguez y Carmen Suárez, especialistas del Centro de Estudios "José Martí" en La Habana.

JGS. Pienso que para ustedes, como estudiosos de la vida y obra de José Martí, su presencia en México es un hito fundamental de su biografía. Sobre todo porque representó su encuentro con la cultura indígena de América. Doctor Pedro Pablo, le ruego nos introduzca en este esencial aspecto martiano.

PPR. Sí, efectivamente, la llegada de Martí a México, de regreso a América (no a Cuba sino a territorio mexicano) va a completar la comprensión americana de José Martí. Ya él tenía la experiencia de Cuba. Pero en Cuba, lamentablemente, la población aborigen había desaparecido; los colonizadores la exterminaron muy pronto trás la conquista. Y sólo nos quedaban algunos elementos culturales y algunos elementos en la toponimia. Sin embargo México es un país de indios (es, aún, un país de indios) de fuerte cultura, de alto desarrollo como fueron los mayas y los aztecas. Pero, además, en tiempos de Martí, existían muchísimas comunidades indígenas en aquel México que, inclusive, se veían pasar algunos de sus miembros por las calles de Ciudad México. Y muchos de estos hombres todavía vivían como en los tiempos prehispánicos. Es inobjetable que en aquella época estaba presente el indio en México y que Martí lo tuvo ante sus ojos. Pero hay otro elemento singular en esta comprensión -que va a empezar a diferenciar un poquito a Martí respecto a los latinoamericanos que fueron sus contempóraneos- y a la mayoría de sus amigos latinoamericanos (aunque esto madurará después durante la estancia de Martí en Guatemala) pero ya se empieza a ver en México: su comprensión del significado del indio en la formación de una nueva cultura y de las nuevas naciones continentales. Justamente porque este era el gran problema que se estaba debatiendo en el ámbito de la política, de la cultura, de la vida intelectual y de las sociedades de la época; y México era una de las cabezas de este debate. México también está en el momento de las reformas y está gobernando el sucesor de Benito Juárez (el presidente Lerdo de Tejada); además se intenta hacer un país liberal, un país moderno, un país de progreso, un país de ferrocarriles, un país de industrias, un país de Constitución y un país de República, es decir, con ideas políticas modernas también. Entonces viene la pregunta tremenda: ¿qué hacer con los indios? ¿qué hacer con los indios que no hablan español, que viven muchos apartados en sus comunidades, que no forman parte de este entorno de la República criolla y que, hasta ahora, han sido dejados a un lado? Bueno, la mayoría de los reformistas liberales mexicanos, contemporáneos de Martí, coincidieron en un criterio: hay que educar al indio; hay que civilizar al indio. Civilizarlos quería decir, para ellos, educarlos, o sea, incorporarlos a la cultura occidental. De alguna manera se entendía que el indio podía ser útil si se incorporaba (y fíjense la palabra que estoy utilizando) si se incorporaba (lo que nos revela que los liberales mexicanos no comprendían, no admitían, que la cultura aborígen en su propia expresión era parte de la cultura mexicana y había contribuido a la formación de esa nación en ese momento histórico. Es decir, lo que de alguna manera se buscaba era un proceso de deculturación de aquellos pueblos, aquellas culturas que sobrevivieron en primer lugar porque preservaron su lengua, y asumieron la lengua española. Pero esto se debatía (no estoy diciendo nada visto desde nuestros días) en la prensa mexicana. Y Martí, quien se forma precisamente como periodista en estos casi dos años de su estancia mexicana, leyó todo aquello como parte de esos debates y, sin duda, fue comprendiendo, poco a poco, con mucho esfuerzo porque no era la idea predominante entonces (por lo que Martí fue bastante excepcional en su época en esto) que como nuestras naciones eran pueblos nuevos... las culturas aborígenes estaban en la base de la formación de estos pueblos nuevos y en la base de su desarrollo en aquellos momentos; y que por tanto la verdadera formación nacional de cada uno de los pueblos de América Latina -y la verdadera identidad latinoamericana- no podía echar a un lado, ni podía eliminar las culturas aborígenes sino que, por el contrario, lo que tenía que hacer era asimilarlas e integrarlas para lograr expresión, identidad y personalidad propias y nuevas. Yo creo que este es el gran aporte que la residencia en México le concede a Martí.

JGS
. Doctora Carmen Suárez, en México Martí ejerce, con mucha frecuencia, la dramaturgia teatral. Inclusive, disfruta la puesta en escena de alguna obra suya. Más tarde en Guatemala también escribirá una pieza teatral dedicada a Morazán. Sin embargo después en su estancia en Estados Unidos, que estudiaremos en el próximo panel, no escribe teatro con la misma intensidad que sus días mexicanos y guatemaltecos. Me gustaría que usted abordara este aspecto de la obra literaria martiana.

CS. Mire, para los hombres del siglo XIX, para los románticos de esa centuria, el teatro tenía un protagonismo enorme. Y Martí es un admirador del teatro durante toda su vida. Además, le atribuye al teatro toda esa relación protagónica, con la conformación de un discurso nacional de la cultura, con la identificación de los valores nacionales y culturales a través del teatro, que era una tarea en que se esforzaron muchos escritores cubanos y americanos a lo largo del siglo XIX. Martí va a entrar en ese trabajo teatral y va a intentarlo, va a escribir ... y México ha de ser para él un instante especialmente protagónico para él en el campo teatral, tal vez el único que pudo conseguir a lo largo de toda su vida, porque después esa tarea va a quedar rezagada frente a todas las urgencias del periodismo y de las necesidades de ganarse el pan y de conspirar, las dos cosas que lo van a llevar a un periodismo de otro tipo y a otro mundo de tareas y así dejará el teatro a un lado. Aquí en México vemos que Martí va a ser un personaje frecuente en el mundo teatral mexicano, que va a tener mucho éxito cuando sube a las tablas su Amor con amor se paga. Pero, además de esta dimensión teatral, que fue una de las facetas que se desplegaron en el momento mexicano de José Martí, hay, en el campo profesional y de la cultura, que consignar que Martí comienza a hacer su trabajo profesional en México. Ya, de hecho, es un profesional del periodismo. Ya trabaja en una revista -la Revista Universal-. Ahí vamos a encontrar crítica literaria de muy altos quilates donde Martí está manejando toda una serie de conceptos muy modernos que lo acercan a la literatura finisecular, que lo van despegando de los criterios ortodoxos románticos, y ya está hablando en términos sinestésicos, por ejemplo, ya está hablando de una poesía como la que estaría haciendo Verlaine en Francia, o sea, está hablando ya de la famosa transposición de los sentidos que hace de la poesía la abanderada del discurso literario y, luego, va a marcar toda la poesía del siglo XX. O sea, Martí está ya en posesíon de esos recursos en su etapa mexicana y va a hacer una crítica literaria -y una promoción cultural- desde el momento en que el cubano José White cruza por México para ofrecer sus conciertos. Es decir, sin dejar de hacer toda una serie de otras labores (como responder a los periódicos españolizantes acerca de las cosas cubanas y preparándose para escribir sobre la historia de la guerra de independencia cubana) todo eso, más el drama con el que choca, el gran drama familiar que él tiene con la pobreza de su familia...

JGS. La muerte de su hermana en plena juventud.

CS. ... con la muerte de una hermana, con la amistad de (Manuel) Mercado -amistad que va a sostener después a lo largo de toda su vida: ese amigo mexicano que va a desempeñar un papel tan importante en la vida de Martí- y, al mismo tiempo, Martí adquiere una dramática conciencia de lo que la miseria y la pobreza significa para el despliegue de una personalidad con ambiciones literarias como las suyas y ambiciones culturales grandes como las suyas también-. Hay un poema de esta etapa de formación, esta etapa primera de su poesía, de los que se consideran sus primeros versos, como el famoso "De noche en la imprenta", cuando está en una imprenta en México, haciendo su trabajo, y hace toda una reflexión sobre ese drama humano que es tan frecuente en el escritor del siglo XIX que se queda sin mecenazgo y tiene que ir a hacer periodismo para sobrevivir. Todos esos elementos que hacen de Martí el escritor moderno, insertado en todos los conflictos de la modernidad, ya se muestran mientras él ya trabaja como un profesional en el ambiente mexicano.

JGS. Ahora, la estancia en México, doctor Pedro Pablo, le pregunto: ¿condicionó en Martí un mayor conocimiento de lo que serían las repúblicas latinoamericanas luego de la independencia respecto de España, con todos los defectos que presentaron esas repúblicas?

PPR. Desde luego. Mire, a veces olvidamos ese contexto latinoamericano del cual Martí fue contemporáneo y del que formó parte él, como persona, su propio pensamiento y el proceso histórico cubano. Los cubanos, como estábamos entonces (si estuviéramos vivos, ¿verdad?) empeñados en alcanzar la independencia, a veces, cuando se habla de Cuba y de la historia cubana de entonces, se olvida que aquellas personas -que luchaban por nuestra independencia- no estaban al margen de ese contexto latinoamericano en el que los liberales intentaban poner al día la República y, realmente, hubo avances en ese sentido. El mundo vivía una nueva época, es verdad, se estaba abriendo un proceso de internacionalización de las relaciones capitalistas, el mercado mundial se expandía a una verdadera escala planetaria, se daban los primeros pasos del nacimiento de lo que después se llamaría el capital financiero y demás, es decir, se estaba conformando un mundo que en buena medida aún vivimos; y los liberales del Continente empiezan a formar parte de los gobiernos por primera vez. México fue un avanzada en este sentido. Comienzan reformas: eliminar los bienes de la Iglesia, intentar convertir aquellos latifundios en unidades verdaderamente productivas hacia la exportación, diversificar los mercados, tratar de crear una industria nacional, no depender exclusivamente de la minería como había sido el caso de la historia de México, lograr que la agricultura alimentase a su población y diera excedentes para vender. Estos son los problemas que se afrontan; estos son los asuntos sobre los cuales se escribe; y son los intentos por renovar el Continente. Lamentablemente, si lo miramos con perspectiva histórica, los liberales no consiguieron romper efectivamente y a plenitud esta relación de dependencia con las nuevas grandes potencias que estaban surgiendo. Quizá contribuyeron a modernizar estas relaciones que, empero, no pudieron abrir un verdadero camino nacional en todos los casos. Y a Martí, justamente su experiencia de México, le va a servir para comprender, digamos, los alcances y los límites de esas reformas liberales, es decir, qué está pasando... Y después, tratar, por supuesto, de aplicarlas, en su concepto, en un proyecto revolucionario para Cuba. O sea, qué está ocurriendo, qué está fallando, por qué pueden estar empezando a fallar, cuáles son los límites de estas reformas. El gran límite que Martí va a encontrar desde México es el que no se le da la verdadera presencia protagónica a los sectores populares.

JGS. El caudillismo.

PPR. El caudillismo, sí, que será utilizado, justamente, para servir, a la larga, a los intereses más tradicionales; o a la formación de nuevos sectores privilegiados que incluyen, en el fondo, una alianza entre viejos sectores y nuevos elementos. Y por eso podrá encontrarse, a lo mejor, un mestizo -o un indio- con mentalidad de latifundista y aliado a estos sectores. Y por consiguiente lo que él llamará muchos años después en "Nuestra América", ese ensayo cenital y primordial de su obra, un gran documento del mundo desde el pensamiento moderno, no solo de Cuba ni de América, que "la República ha olvidado al hombre natural", el que ha hecho la independencia y la ha sostenido. Y han parado esas Repúblicas criollas, con el caudillismo, han parado sin capacidad justamente de abrirle el espacio de justicia social y de protagonismo histórico que requieren esos sectores. Yo creo que por eso México es decisivo para Martí. No olvidemos que Martí vive el fraccionamiento de los liberales que determina su salida de México. Es decir, Lerdo de Tejeda, el presidente liberal, sufre un alzamiento y es alejado del poder por otro sector liberal que encabeza el general Porfirio Díaz, iniciando la época del "porfiriato".

JGS. Dra. Suárez, le escuchamos. De seguro, puede ampliar el tema.

CS. Sí, quiero agregar algo, porque ahí donde el Dr. Pedro Pablo acaba de precisar, tan certeramente, estos aspectos biográficos de José Martí, puedo afirmar que el Maestro está recogiendo esa enseñanza y es lo que, también, va a tener, a su vez, para asumir los grandes códigos de la cultura de Nuestra América, pese a que las nuevas Repúblicas siguieron viviendo en la Colonia, como él lo dijo y lo constató allí, en su experiencia mexicana. Esa realidad la interiorizó y estudió en profundidad. Porque eso fue, precisamente, lo que Martí vió allí. Ese era el gran drama que no permitía un despegue mayor. En cuanto al mundo cultural yo quiero decir que, en el periodismo mexicano, Martí empezó a tomar conciencia del del intercambio cultural imprescindible que requería América. Y él mismo va asumiendo el papel de mediador cultural, lo que se llama modernamente "una escritura de la mediación", en la cual se propone programáticamente a traves de todas sus publicaciones, hasta en sus "Escenas norteamericanas", mostrar a los europeos y los norteamericanos la América hispanoamericana y viceversa. Todo eso va a estar siempre unido a una estrategia constante, un trabajo de mediación intercultural por el cual se conocieran los valores y las riquezas de las repúblicas americanas y de nuestras culturas en las otras grandes regiones del planeta. Y que a su vez también se conocieran, en nuestro medio, los avances de esa civilización que Martí nombrará finalmente "una civilización devastadora". O sea, ese trabajo intercultural que Martí ejerce desde su periodismo, se empieza ya a ver en este período.

PPR. Por cierto, ya que hablamos del periodismo quiero aprovechar para hacer un comercial de la edición crítica de las Obras Completas de Martí, que en su Tomo IV incorpora más de doscientos nuevos textos que nunca se habían incorporado al periodismo martiano en ediciones anteriores, textos no firmados, pequeños sueltos o gacetillas que denotan cómo este hombre era capaz de aprovechar una pequeña nota de cuatro o cinco líneas para emitir un juicio, una opinión, y trabajar sus ideas como expresión universal.

(RHC)


Imprimir Enviar a un amigo Regresar Su opinion Cerrar Subir