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Por Ángel Rodríguez Álvarez
Servicio Especial de la AIN
Hombre polifacético, José Martí dejó un precioso e
inagotable legado al pensamiento nacional y
latinoamericano, del que se puede extraer, como
conclusión más sobresaliente: el valor y las fuerza
inapreciables de las ideas.
Sus concepciones profundamente humanistas,
revolucionarias y previsoras perduraron y sirvieron
para estimular a varias generaciones de cubanos a
proseguir el combate por la libertad y la justicia.
Él, como nadie hasta entonces, advirtió a fondo el
peligro que sobre América Latina y el Caribe se
cernía con las apetencias anexionistas del naciente
imperialismo norteamericano, pero no se limitó a
alertar y decidido a echar su suerte con los pobres
de la tierra, se propuso enfrentar al coloso del
Norte.
Visionario, se anticipó a concepciones políticas
modernas y creó, para dirigir la lucha por la
independencia y sentar las bases democráticas de la
república que soñaba, el Partido Revolucionario
Cubano, el más glorioso antecedente del actual
Partido Comunista de Cuba.
Su pensamiento es de tal fuerza y vigencia que
acompañó y animó a los hombres del Moncada, el
Granma y la Sierra Maestra. Nada formal había en el
gesto de Fidel Castro cuando, con patriótico
orgullo, dijo a sus interrogadores, tras el asalto
al cuartel, que había sido José Martí el autor
intelectual de la acción del 26 de julio de 1953.
Las ideas martianas, perfectamente articuladas con
el pensamiento político más avanzado de los tiempos
que corren, orientan y animan la obra extraordinaria
de la Revolución cubana, convertida en referente
para los movimientos sociales más radicales y
avanzados de la actualidad.
Inspirados en esas concepciones, el país antillano
construye una sociedad de justicia y equidad y ha
enfrentado exitosamente a los empecinados y
constantes embates del imperio más poderoso de la
historia.
En la capacidad para crear y enfrentar los retos y
peligros de esta época, demostrada por los
habitantes de la Isla, está el hermoso sentido de
justicia y alineación con los humildes manifestado
por Martí.
Esas raíces martianas y la lucidez e intransigencia
de Fidel, su más fiel y firme discípulo, constituyen
infranqueable escudo para impedir que en las
actuales condiciones históricas caiga sobre Cuba,
como lo caracterizara Martí, " El gigante de las
siete leguas."
La victoriosa resistencia de los cubanos ante las
aspiraciones anexionistas de Washington, confirman
la sentencia martiana de que "Trincheras de ideas
valen más que trincheras de piedra."
(ACN) 28-01-2007
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