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Armando Hart Dávalos
Cada
nuevo aniversario del natalicio de José Martí nos
mueve a reflexionar sobre el significado y vigencia
de su legado ante los cruciales desafíos que la
humanidad tiene ante sí en estos inicios del siglo
XXI.
En medio de los procesos que se desarrollan en el
plano económico, político y social en diversos
países de nuestra región, cobra mayor importancia el
aporte de Martí, y de su principal discípulo Fidel
Castro. Sus métodos políticos, inspirados en
principios éticos de valer universal, poseen
argumentación lógica que resulta indispensable
estudiar con mayor profundidad en nuestro país y
proyectarlos a escala internacional.
Es imprescindible profundizar en ese acervo del
pensamiento político cubano que explica la
singularidad de las ideas de Martí y de Fidel y que
se fundamenta en superar la vieja consigna
reaccionaria de divide y vencerás,
estableciendo el principio de unir para vencer.
Resulta muy elocuente la definición de política que
Martí nos da:
Obsérvese el alcance universal de la definición, la
expone como una categoría de la práctica. Ella es
válida para cualquier práctica política con
independencia de las intenciones o aspiraciones de
quien las desarrolle. El error del dogmatismo se
halla en homologar ideología con política. El error
del oportunismo radica en divorciar estas dos
categorías. Nosotros concebimos el término ideología
en el sentido de producción de ideas. Es la
articulación de ambos planos de la realidad la que
facilita los vínculos eficaces entre teoría y
práctica, si se aspira, desde luego, a una práctica
de valer universal.
Todos los grandes pensadores cubanos aspiraron a
alcanzar la integridad de la cultura y fue así
porque ellos luchaban por la victoria definitiva de
la justicia a escala universal. La originalidad de
José Martí y de Fidel está en que sobre estos
fundamentos forjaron las bases de lo que he llamado
cultura de hacer política. Esta contribución,
unida a la práctica pedagógica de la escuela, al
papel de la familia, de la comunidad y de lo que hoy
llamamos medios masivos, explica la originalidad
señalada y que tiene como objetivo fundamental
alcanzar la justicia para todos los seres humanos
sin excepción.
Precisamente, el drama del socialismo en el siglo XX
se explica por el hecho que tras la muerte de Lenin
se pasó por alto la cultura. Martí lo había
advertido cuando dijo en carta a su compañero Fermín
Valdés Domínguez, que "dos peligros tiene la idea
socialista, como tantas otras:—el de las lecturas
extranjerizas, confusas e incompletas:—y el de la
soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos";2
es decir, el de la ignorancia, y el del oportunismo,
la mediocridad y la corrupción. En la incultura y en
la maldad humana estaban para el Apóstol los
peligros que tenía la idea socialista, por esto
fracasó el socialismo real. También Martí señaló en
esa propia carta a Fermín Valdés Domínguez que en
nuestro pueblo no es tanto el riesgo como en la
sociedad más iracunda de Europa, y le expuso ideas
clave que recojo a continuación: "[¼
] explicar será nuestro trabajo, y
liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no
comprometer la excelsa justicia por los modos
equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la
justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no
autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su
defensa".3
Para avanzar por los nuevos caminos del socialismo
hay que partir de una elevación cultural y ética. Es
lo que nos puede conducir a una práctica política
continua y sistemática a favor de la justicia y del
equilibrio del mundo.
Hay dos elementos clave de la política martiana que
quiero destacar: la radicalidad y la armonía. Hay
personas radicales que no son armoniosas y crean
innumerables dificultades, y las hay armoniosas que
no son radicales y no logran una política seria.
Martí era un hombre radical y armonioso, por eso se
planteaba lograr el máximo apoyo posible para la
causa de la independencia de Cuba. Para una acción
eficaz es necesario procurar esta relación. Lo
original de nuestro tiempo es que el principio
maquiavélico ha perdido eficacia, porque hoy en día
los problemas se han globalizado y son de tal
magnitud que dividir no significa vencer, está
probado en la política contemporánea.
La suprema aspiración a la justicia —ese sol del
mundo moral como señaló Luz y Caballero— está en
estudiar y procurar la orientación de las categorías
fundamentales de la historia espiritual del hombre:
cultura, ética, derecho y política solidaria. Para
ello, podemos valernos de la mejor tradición
espiritual de nuestra América, cuya expresión más
alta está en José Martí, Simón Bolívar y en una
legión de próceres y pensadores.
Con sus ideas y el método electivo de la mejor
tradición filosófica cubana de principios de la
primera mitad del siglo XIX: todas las escuelas y
ninguna escuela, he ahí la escuela; todos los
métodos y ningún método, he ahí el método, podremos
superar los ismos que limitan y dividen y tomar lo
mejor del pensamiento acumulado en la larga
evolución humana.
El Apóstol afirmó que Dios está en la idea del bien,
por esta razón pudo decir Fidel en vísperas de la
Revolución socialista que "quien traiciona al pobre
traiciona a Cristo", porque es el bien para todo el
mundo. Estos principios sirven para relacionar las
ideas martianas con los sentimientos más profundos
que dieron fuerza a Cristo, Mahoma, Buda y a todos
los grandes representantes de religiones. Dejemos de
lado todo sectarismo y procuremos las ideas
esenciales de Martí, con su carga esencial de
solidaridad y fe en el mejoramiento humano que
también podemos encontrar en el mandato de "Amaos
los unos a los otros" del cristianismo, y con
similares conceptos en cualquiera de las religiones
del mundo. Por esto, señaló Martí:
Hoy, cuando están en marcha en América Latina
procesos revolucionarios y de profundo contenido
popular, en el quehacer político de Fidel, Chávez,
Evo Morales, entre otros, podemos encontrar las
formas correctas de hacer política, fundamentadas en
la tradición latinoamericana y en la cultura de José
Martí que procura el logro de aspiraciones radicales
a la igualdad y justicia social y al propio tiempo
unir el mayor número de fuerzas posible para
alcanzar esos objetivos, es decir, "Con todos, y
para el bien de todos".5
1
José Martí. La Opción Nacional, Caracas, 17 de
septiembre de 1881, O. C. t:
14, p. 60.
2
José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez. O. C.
t. 3, p. 168.
3
José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez. O. C.
t. 3, p. 168.
4
José Martí, Obras Completas, Editorial Ciencias
Sociales, 1973.
La excomunión del padre McGlynn, t. 11, pp.
242-243.
5
J. Martí, O. C. Discursos revolucionarios, Liceo
Cubano, Tampa, 26 de
noviembre de 1891, t. 4, p. 279.
(Granma) 27-01-2007
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