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José
Martí y Máximo Gómez:
RAÚL
RODRÍGUEZ LA O Historiador y periodista
Con
el objetivo de afectar la unidad de los revolucionarios
y del pueblo, así como dividir, debilitar, sobornar,
penetrar sus filas, desestabilizar y satanizar a los
principales líderes o jefes de la causa independentista
cubana desde 1868 hasta nuestros días, los gobernantes
coloniales españoles primero y las autoridades
norteamericanas después, con sus órganos de
inteligencia y contrainteligencia y con todos sus
recursos y sus medios de propaganda, promovieron y
estimularon los celos, resentimientos, pugnas,
intrigas, rivalidades, rencores, y contradicciones de
todo tipo entre los patriotas cubanos.
Por eso
trataron más de una vez de crear problemas y
antagonismos entre Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio
Agramonte o entre jefes blancos o jefes negros como
Antonio Maceo y Calixto García o entre generales de
origen humilde o de clases ricas. Así, por ejemplo, con
motivo del incidente entre José Martí y Máximo Gómez,
en octubre de 1884, relativo a cuestiones de métodos y
formas para iniciar y desarrollar un nuevo plan
revolucionario, trataron de sacar provecho e hicieron
campaña para desacreditar al movimiento aduciendo que
entre ellos había problemas. Igualmente hicieron con
motivo de la famosa reunión de La Mejorana, en mayo de
1895, entre Martí, Gómez y Maceo.
Pero
ciertamente hay que señalar con satisfacción y justicia
que a pesar de esa labor divisionista y diversionista
del enemigo, nuestros grandes e históricos jefes
estuvieron siempre a la altura de las exigencias de la
Patria, como es el caso particular que ahora nos ocupa
en este trabajo sobre las relaciones entre Martí y
Máximo Gómez.
En una
muy valiosa carta llena de elogios y reconocimientos a
la figura de Martí, del General Máximo Gómez, dirigida
al señor Francisco María González, publicada con el
título "Martí juzgado por Máximo Gómez", en El Mundo,
Diario de La Mañana, La Habana, 19 de mayo de 1902, con
el interés de rendirle tributo al Apóstol de la
independencia cubana, podemos leer los siguientes
fragmentos que hemos seleccionado:
Estimado amigo: Quedo enterado del propósito que tienen
ustedes de reunirse el 19 de mayo, para tratar algo
relativo a la memoria imborrable del querido de todos
nosotros, José Martí, muerto hace siete años
defendiendo en los campos de batalla los derechos de su
pueblo. Y han hecho muy bien en decirme ese propósito,
pues usted sabe cuánto lo amaba yo también y, cual
ninguno, sufrí el primero la profunda pena de verlo
desaparecer en aquella hora funesta para la patria.
Yo no
sé si podré tomar parte en esa reunión de amigos de
Cuba y del glorioso muerto a la vez, y es por eso que
te adelanto estas líneas de condolencia como un deber
cumplido a la memoria del héroe caído en boca de Dos
Ríos.
Fue
José Martí muy poco conocido de sus compatriotas, los
cubanos, en el verdadero, esplendoroso apogeo de su
gloria. La verdad sea dicha: yo no he conocido otro
igual en más de treinta años que me encuentro al lado
de los cubanos en su lucha por la independencia de la
patria.
Martí
fue cariñosamente admirado en la tribuna, desde donde
flageló siempre a la tiranía y se hizo amar del pueblo,
cuyos derechos defendía con tesón incansable.
(...)
Aún siendo un niño se encaró contra el poder usurpador
de los derechos de su patria, y por eso pagó llevando
un grillete al pie, pues buen cuidado había de tener la
tiranía de apagar en Cuba toda lámpara, que como
Plácido, pudiese dar algún destello de luz.
Siempre lo fue Martí, en suma: altivo, rebelde contra
todas las tiranías y usurpaciones (...).
Yo vi
a Martí entero y sin decaimientos cuando en el tremendo
fracaso de la Fernandina, en donde lo perdimos todo,
quedándonos sin recursos y sin crédito como premio
doloroso de algunos años de ímprobo trabajo. ¡Qué días
tan amargos aquellos que nos tenía preparado el
destino! Al lado de la terrible contrariedad que
sufrían unos hombres preparados con entusiasmo para una
grandiosa empresa, ese fracaso no solamente dejaba
comprometida aún la vida, sino también algo más grande,
el honor.
(...)
Después de eso vi a Martí resuelto y entero, cuando, no
contento el destino con la desgracia con la cual
acababa de fustigarnos, dispuso fuésemos traicionados y
abandonados en la mar por los mismos que se habían
comprometido, mediante una retribución adelantada, a
conducirnos a la tierra amada.
Momentos angustiosos fueron aquellos, capaces de meter
miedo a los espíritus más fuertes y mejor templados, y
a hombres como Martí, no acostumbrado a los azares de
la guerra. Extraño contraste, habíamos principiado por
la más horrenda derrota, para obtener después, como se
ha visto, la más espléndida victoria. Así ha sido Cuba
y seguirá siéndolo.
Al
fin vencimos de tantos trastornos y de tantas infamias,
a costa de sacrificios sin cuento, y yo vi entonces
también a Martí, atravesando las abruptas montañas de
Baracoa con un rifle al hombro y una mochila a la
espalda, sin quejarse ni doblarse, al igual de un viejo
soldado batallador, acostumbrado a marchas tan duras, a
través de aquella naturaleza salvaje, sin más amparo
que Dios. Después de todo este martirizante calvario y
cuando el sol que alumbra las victorias principió a
iluminar nuestro camino yo vi a José Martí, ¡ah, qué
día aquel! Erguido y hermoso en su caballo de batalla,
en boca de Dos Ríos. Como un venado, jinete, rodeado de
aquellos diestros soldados, que nos recuerda la
historia, cubiertos de gloria en las pampas de
Venezuela.
Allí
en Boca de Dos Ríos, y de esa manera gloriosa murió
José Martí. A esa gran altura se elevó para no
descender jamás, porque su memoria está santificada por
la historia y por el amor, no solamente de sus
conciudadanos, sino de la América toda también. Guarde
usted, amigo mío estas líneas, como un recuerdo del
amigo y del hermano, escritas al calor de los recuerdos
de aquellos tiempos y del compañero muerto y nunca bien
llorado."
Estas
valoraciones citadas anteriormente, escritas y
publicadas por Máximo Gómez en 1902 sobre la ejemplar
vida de José Martí, con el objetivo de rendirle tributo
en el séptimo aniversario de su caída en combate,
reflejan la gran admiración, respeto y amor que sintió
hacia el Héroe Nacional de Cuba luego de haber
compartido con él durante algunos años y sobre todo
durante la organización y preparación de la tercera y
última guerra de independencia contra España.
Pero
¿acaso resultó fácil llegar a ese alto grado de
amistad, confianza, amor y lealtad entre ambos grandes
próceres de nuestra historia? No, fue necesario
recorrer un largo camino, no exento de divergencias,
contradicciones y discrepancias lógicas y comprensibles
en un proceso revolucionario e independentista que duró
más de treinta años.
Es bueno
destacar, en justo homenaje a estos dos héroes, algunas
ideas y conceptos indispensables para comprender el
extraordinario trabajo político acometido por Martí,
con el propósito de obtener el apoyo de Gómez para sus
fines independentistas, y la receptividad demostrada
por el internacionalista dominicano, los cuales
hicieron posible que surgiera y se desarrollara una
entrañable amistad, basada en los principios
revolucionarios.
Martí,
quien siempre confió en las grandes cualidades
patrióticas y militares de Gómez, dirigió a este, desde
Guatemala, en 1878, la que parece ser su primera carta
al General. En ella, entre otras cosas, le comunicó que
escribía un libro, por lo que le solicitaba algunos
datos sobre Céspedes y Agramonte. También le expresó la
confianza y admiración que ya por él sentía: "A otros
pudiera dirigirme: en V. fío. Como algún día he de
escribir su historia, deseo comenzar ya haciendo
colección de sus autógrafos".
Cuatro
años después, desde Nueva York, le envió otra carta
personalmente con Flor Crombet, fechada el 20 de julio
de 1882. En esta oportunidad le manifestó que, a pesar
de su juventud, había padecido y meditado mucho en las
cosas de Cuba; le hizo un estudio pormenorizado de toda
la situación de la Isla y de las fuerzas
revolucionarias, y analizó la experiencia adquirida
hasta ese momento. Por otra parte, con la clara visión
que siempre lo distinguiría entre sus compatriotas,
reclamó al héroe de la batalla de Las Guásimas apoyo
para preparar la nueva revolución con la organización
necesaria que garantizara el triunfo. La confianza y fe
de Martí en el General es de tal grado, que en esa
carta le expresó: "La honradez de Ud., General, me
parece igual a su discreción y a su bravura". Esto
explica esta carta. Más adelante apuntó:
"Me
parece, General, por lo que le estimo, que le conozco
desde hace mucho tiempo, y que también me estima. Creo
que lo merezco, y sé que pongo en un hombre no común mi
afecto". Luego agregó: "¿Cómo puede ser que Ud. que
está hecho a hacerlo, no venga con toda su valía a esta
nueva obra?"
Como era
de esperar, desde San Pedro Sula, Honduras, el 8 de
octubre de 1882, Gómez le respondió a Martí
comunicándole que ambos compartían las mismas
opiniones. Y para demostrárselo le decía que en el
llamado que Calixto García le hiciera durante los
preparativos de la Guerra Chiquita, advirtió a este que
el movimiento que intentaba era prematuro y por lo
tanto era posible que fracasara. Al ofrecerle su apoyo
a Martí, le expresó:
"No sé
la clase de trabajo que Uds. tengan elaborados, o en la
forma que los han organizado, y es precisamente,— lo
que si es posible,—deseara saber para entonces darle mi
humilde opinión.
"Por lo
demás, sépalo Ud. y sépanlo también los buenos y malos
patriotas, que siempre estaré dispuesto a ocupar el
puesto que me señale la revolución bien organizada."
En 1884,
en plena actividad conspirativa, llegaron a Nueva York
los generales Gómez y Maceo para emprender actividades
de agitación y propaganda revolucionarias. Martí acudió
al lugar donde se hospedaban con el propósito de
saludarlos y conferenciar con ellos sobre los futuros
planes insurreccionales. Pero lamentablemente, en este
primer encuentro no se pusieron de acuerdo. Los tres
deseaban la independencia, pero Martí discrepó de ellos
en cuestiones de forma y métodos para hacer la lucha
con motivo de los viejos problemas surgidos entre el
poder civil y el militar en las anteriores contiendas.
Días
después de este encuentro, Martí le escribió una
valiente y honrada carta a Gómez, fechada el 20 de
octubre de 1884, donde le explicó las razones por las
cuales se oponía radicalmente a su plan insurreccional,
y al efecto le manifestó:
"Un
pueblo no se funda, General, como se manda un
campamento; y cuando en los trabajos preparativos de
una revolución más delicada y compleja que otra alguna,
no se muestra el deseo sincero de conocer y conciliar
todas las labores, voluntades y elementos que han de
hacer posible la lucha armada, mera forma del espíritu
de independencia (...) ¿qué garantías puede haber de
que las libertades públicas, único objeto digno de
lanzar un país a la lucha, sean mejor respetadas
mañana? (...) Pues después de todo lo que he escrito, y
releo cuidadosamente, y confirmo,— a Vd., lleno de
méritos, creo que lo quiero:— a la guerra que en estos
instantes me parece que, por error de forma acaso, está
Vd. representando,—no:—"
A esta
misiva honesta, franca, y realmente crítica, el General
Gómez no respondió; solo se limitó a hacer algunas
anotaciones en las que explicó, a su juicio, lo
ocurrido en el encuentro con Martí y Maceo, y se
reservó el comentario para su oportunidad, según sus
propias palabras.
Por otra
parte, Martí no hizo oposición pública ni en los medios
de prensa a los planes de los valientes generales, ya
que no quería influir en el posible fracaso de su
empresa. Pero en septiembre de 1886, el propio Gómez
dio por finalizados sus intentos insurreccionales.
En tal
coyuntura, el fundador del Partido Revolucionario
Cubano pasó nuevamente a la ofensiva en pos de sus
objetivos. Así, el 16 de diciembre de 1887 volvió a
dirigirse al General Gómez en una carta donde, al
reconocer sus grandes méritos patrióticos, le
solicitaba su apoyo a un nuevo movimiento
independentista. La respuesta del internacionalista
dominicano no se hizo esperar, pues él no era hombre de
rencores, ni patriota que eludiera su deber. En escueta
carta del 25 de enero de 1888, le expresó: "Que siempre
estaré a ocupar mi puesto de combate por la
independencia de Cuba, sin otra ambición que obligar a
los cubanos que amen a los míos, y me recuerden mañana
con cariño".
A partir
de ese momento, estuvieron unidos ininterrumpidamente
en los preparativos de la tercera y última guerra por
la independencia. En función de esos objetivos
sostuvieron varios encuentros personales coordinando
todas las tareas en Estados Unidos y República
Dominicana. En uno de ellos en Estados Unidos, Gómez
dejó a su hijo Panchito Gómez Toro, quien lo acompañaba
al cuidado de Martí durante varios meses, prueba de su
confianza absoluta en el Apóstol. Incluso, su fe en él
era de tal dimensión que en carta a Fernando Figueredo,
fechada el 9 de septiembre de 1892, le manifiesta sobre
Martí:
"Cualquier ligero desacuerdo en las formas, eso no
implica nada. Lo que busca en asuntos tan serios y
graves es el fondo. ¿Quién es Martí para atreverse a
tanto?, pensarán algunos, y yo les digo: Un cubano a
prueba de grillete por ser cubano cuando apenas tenía
bigotes. He ahí una buena credencial. ¿Que no se ha
batido en los campos gloriosos de la patria? Pero puede
batirse."
La vida
le dio razón a Gómez y Martí no lo hizo quedar mal.
Ambos firmaron el Manifiesto de Montecristi, en
República Dominicana, el 25 de marzo de 1895 y el 11 de
abril de ese mismo año desembarcaron juntos,
acompañados de cuatro patriotas más, por Playita de
Cajobabo, Imías, Guantánamo, para encabezar la
revolución que con tantos principios, amor y lealtad a
Cuba habían preparado durante tantos años.
(Granma) 12-05-2006
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