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Sencilla introducción e invitación al conocimiento de la
poesía martiana
Jesús Risquet Bueno
La carga de originalidad y de luz inesperada, es en José
Martí cosa inherente a su oficio de escritor. Su plenitud
como poeta cuaja definitivamente en los Versos Sencillos,
autobiográficos, aun más que los tan populares Versos
Libres. En ellos hay influencia del romance tradicional
y quienes hurgan en la vida del poeta sin necesidad de
penetrar excesivos pormenores, saben localizar sus
alusiones.
Ismaelillo
es una colección de 15 poemas inspirados en el profundo y
delicado amor por su primogénito. Su dedicación expresa el
dramático contrapunteo que atraviesa la vida de este hombre:
el horror ante la maldad humana y la fe en el hombre.
Es una poesía de sabia y llameante pureza, de inusitado tono
y depurada maestría. El pudor del padre se une al temor del
artista de que la aventura inestrenada no esté al nivel de
su pureza.
En
ellos José Martí se apoya principalmente en las emociones
que de carácter sentimental lo motivan a desarrollar el
poemario. Tiene un amplio valor de lo que le acontece por la
separación del hijo, y aprovecha la cobertura política para
separar lo que siente por la distancia del hijo. Así lo
refleja en los poemas cuando plantea “lleno de goce”, cuando
nombra a su rey, su príncipe. Esta frescura lo evade de la
crueldad del exilio.
El título del libro es de un fuerte simbolismo, porque toma
el nombre Ismael que es un símbolo de la lucha contra los
males del destino y de fortaleza y aborda por primera vez en
las letras hispanas el tema del hijo plenamente, algo
inusitado hasta entonces.
La
relación de la dedicatoria con los poemas es la forma que
enaltece el amor filial y lo combina con el amor a la
patria, no quiere nunca que juzguen su poesía como vana y
vacía. El hijo se convierte en su estímulo a la lucha. En
ellos hay presencia constante de contraposiciones y
oposiciones.
Podemos decir que Martí no encuentra su estilo hasta que no
es sacudido por la presencia del hijo. Nos dice “no se
parecen a lo demás que he hecho. Fue como la visita de una
nueva musa”.
Hay títulos como: Príncipe enano, Brazos fragantes, Mi
reyecillo…
Este conjunto deviene una de las pruebas decisivas para
otorgarle el título de gran poeta de la lengua española.
Lo
excepcional en el Ismaelillo ha de verse en la
originalidad y en su genealogía. Casi todos os poemas están
escritos en seguidillas, lo que encausa la emoción por
caminos populares y españolísimos. El hijo tiene nombres
evocadores, dulces y legendarios: Príncipe enano, Tórtola
blanca, Valle lozano, Rosilla nueva…
Martí siente que la presencia del hijo muda y ennoblece
cuanto tocan sus ojos. Supo evitar la monotonía de los
elementos poemáticos, depurando la profundidad de sus
sentimientos.
Versos
Sencillos
(1891) los escribe en ocasión de los peligros que vislumbra
en la Conferencia Panamericana. En ellos el color cobra vida
haciendo contrastes, dándole un sentido plástico. Ellos son
también autobiográficos y sus temas son el amor, la amistad,
los recuerdos de infancia y sus ideas socio políticas.
En la creación está su estado de ánimo. En unos se siente
vigor, agresividad y en otros ternura, frescura y un tono
suave. Aquí ya él ha encontrado el camino y lo proclama. Es
la obra culminante en que se afinan y depuran todas sus
virtudes poéticas.
Como
de costumbre, habla en primera persona, ofreciéndonos su
intimidad y su contorno con sinceridad, inquieta serenidad,
nos da cuenta de lo que es.
Lo popular español se trasluce más, entrando ahora en lo
popular americano y con gesto más universal. Hay precisión,
es certero, claro, sincero, erguido sabio…
La combinación métrica y estrófica es la preferida por la
gente llana de Hispanoamérica para decir o cantar su
reacción inmediata de quejumbre o malicia ante el visitante
o el vecino. La grandeza de estos versos viene, a fin de
cuentas, de la sabiduría en usar una forma inventada por el
pueblo para transmitir con ella el mensaje de excepción.
Hace referencia al verso y nos da algunas de sus ideas sobre
la poesía en el prólogo donde hay una referencia
justificadora de la sencillez con que quiere cobijar el
volumen: “amo la sencillez y creo en la necesidad de poner
el pensamiento en formas llanas y sinceras”.
Hasta lo sobrenatural, extraterreno y fantástico queda dicho
con palabras asequibles, aunque su aparición haga vislumbrar
complejidades impenetrables.
Los
Versos Libres fueron publicados póstumamente (1913) y
son reflejo de una etapa tormentosa y confusa de su vida.
Los temas esenciales son la vida pública y heroica sin
encauzar todavía; y su vida privada difícil y angustiada.
La colección cuenta con 44 composiciones cuyas
características son que tratan lo cósmico, lo grandioso, lo
universal. Sirven a veces de vehículo a su delicada emoción
íntima y es una poesía insólita, bravía, enérgica, dinámica,
rebelde, vigorosa donde predomina el contenido sobre la
forma.
Se aprecia el uso notable del verbo “romper” en versos
endecasílabos, sin rima, libres, blancos o sueltos.
Son
los Versos Libres, sin duda los “más martianos” de
Martí. Fueron escritos entre los 25 y los 30 años. Ellos
traducen el ímpetu vehemente y desolado de una juventud
batida por todos los vientos, pero que descubre ya los
caminos reales que la conducirán al sacrificio y a la
muerte; nos dan la biografía interna, un espíritu del poeta
y del héroe.
Fueron soñados en la almohada de piedra en que desvelan al
hombre de destino sus responsabilidades mayores, erguido y
desnudo. De activa elocuencia, de latidos violentos, de
angustiosas contradicciones, de premoniciones y presagios,
de angustia y clamor eso son, un canto de combate sensible
que ha mostrado a cada paso la herida del hombre desangrado.
Los
conflictos abismales y la sangre de las heridas numerosas se
muestran sin ocultamiento ni recelo en una confesada
voluntad de darse entero con la insistencia en hacer del
verso cosa delicada, que sólo debe recibir la visita de la
inspiración genuina y correr su aventura libremente, sin
cárcel académica ni afeite superpuesto.
Es realmente un placer ponerse en contacto con la poesía
martiana, por su belleza y profundidad. La invitación está
hecha. Es una valiosa ocasión.
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