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Hace 115 años, el 10 de abril de 1892, José Martí
presentó las bases del Partido único de la
Revolución, y en su encendida prédica legó a los
independentistas cubanos el concepto de que “Nada
espera el pueblo cubano de la Revolución, que la
Revolución no pueda darle”
RAÚL RODRÍGUEZ LA O
La
constitución y proclamación del Partido
Revolucionario Cubano aquel 10 de abril de 1892, fue
sin lugar a dudas fruto del talento, trabajo
creador, entrega sin límites, capacidad
organizativa, experiencia y madurez política de José
Martí y como acontecimiento supremo de consumación
máxima de su labor incesante en favor de la unidad
total del pueblo cubano como resultado de un largo y
heroico proceso de la nación cubana en sus luchas
por la independencia absoluta de nuestra Isla.
Tras el fracaso de la primera guerra de los diez
años mediante el Pacto del Zanjón del 10 de febrero
de 1878, José Martí hizo un profundo estudio,
análisis y valoración de las causas de la derrota
cubana en esa contienda bélica con el objetivo de
rectificar los errores y reveses cometidos y avanzar
para poder así alcanzar el triunfo sobre nuestros
adversarios.
Desde entonces se dedicó por completo en alma y
corazón a resaltar las virtudes y grandezas de los
independentistas cubanos por lo cual en sus prédicas
y escritos criticó y censuró al mencionado Pacto del
Zanjón y resaltó como algo de lo más glorioso de
nuestra historia a la viril y enérgica Protesta de
Baraguá, escenificada por Antonio Maceo, el 15 de
marzo de 1878.
Igualmente comenzó a trabajar con tesón y sin
descanso con el objetivo de lograr y garantizar como
algo de vida o muerte la unidad entre todas las
fuerzas revolucionarias y anticoloniales cubanas en
favor de la independencia absoluta y total de Cuba.
En su medular discurso o lectura en el Steck Hall de
Nueva York, el 24 de enero de 1880 cuando ya se
desempeñaba desde el 9 de ese mismo mes y año como
Vocal del Comité Revolucionario Cubano, presidido
por el general Calixto García Íñiguez y dirigente
principal de la Guerra Chiquita de 1879 a 1880, hizo
un profundo balance de toda la experiencia
revolucionaria hasta ese momento y señaló lo
siguiente, entre otras muchas cosas de interés :
"Adivinar es un deber de los que pretenden dirigir.
Para ir delante de los demás se necesita ver más que
ellos¼ La libertad cuesta muy cara, y es necesario,
o resignarse a vivir sin ella, o dedicarse a
comprarla por su precio¼
Y ya al final del mencionado discurso del Steck Hall
en el cual con gran maestría y vehemencia levantó el
ánimo, entusiasmo y disposición combativa de los
cubanos, concluyó con las siguientes palabras :
"¡Antes que cejar en el empeño de hacer libre y
próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar
del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de
águila!"
NO POCAS DISCREPANCIAS
Con pensamiento profundo e ideas geniales, así como
con honradez y valentía política, el Apóstol no
vaciló en expresar sus sentimientos y opiniones con
el objetivo de servir mejor a la causa de su patria.
Incluso discrepó y se enfrentó en algún momento por
cuestiones de métodos a los generales Máximo Gómez y
Antonio Maceo durante los preparativos del plan
insurreccional de 1884 a 1886 que prepararon dichos
jefes.
Por eso cuando en una reunión de los dirigentes de
diferentes clubes revolucionarios de Cuba, convocada
por el coronel Pedro Martínez Freyre, celebrada en
La Habana, el 18 de marzo de 1879, en los instantes
en que se preparaba la Guerra Chiquita, se creó un
Club o Comité Central Revolucionario de toda la Isla
donde se nombró como Presidente al doctor Ignacio
Zarragoitía con el seudónimo de Cromwell, y a José
Martí quien también participó en dicho encuentro lo
eligieron Vicepresidente. En esa oportunidad en el
Acta original de dicha reunión, localizada por el
autor en el Legajo 104 número 28 del Fondo de
Donativos del Archivo Nacional de Cuba, aparece la
firma de José Martí y debajo de esta su seudónimo
Anahuác con la siguiente nota prueba inequívoca de
sus criterios y valoraciones políticas ya en esos
momentos :
"En cuanto se crea este Centro para auxiliar
activamente la Revolución, sin entrar a discutir las
bases y relaciones de gobierno que fija".
Cuando Calixto García salió de New Jersey con
destino a Cuba, el 26 de marzo de 1880, para dirigir
la Guerra Chiquita a Martí lo nombraron su sustituto
y de ese modo se quedó como Presidente interino del
Comité Revolucionario Cubano de Nueva York. En esa
oportunidad cumplió cabalmente sus funciones hasta
el fracaso definitivo de ese segundo intento
independentista y pudo adquirir así una importante
experiencia como dirigente político que de mucho le
serviría para los años sucesivos.
En julio de 1882 se dirigió a los generales Máximo
Gómez y Antonio Maceo, quienes en esos instantes
residían en Honduras y tras hacerles una
pormenorizada descripción de la lucha hasta esa
fecha los invitó para reiniciar nuevamente con la
unidad necesaria las actividades patrióticas y
revolucionarias.
Así, el 12 de noviembre de 1882, sin dejar de pensar
un minuto en sus actividades a favor de la
independencia participó en una importante reunión
entre varios emigrados de Nueva York entre los
cuales se encontraban Salvador Cisneros Betancourt,
Cirilo Pouble, Enrique Trujillo y Cirilo Villaverde.
En dicho encuentro se analizó todo lo realizado
hasta esa fecha con sus aciertos, dificultades y
reveses y se acordó celebrar una segunda reunión la
cual se produjo el 20 del propio mes y año con la
participación de 23 personas, cifra mayor que en la
anterior reunión, según documentos confidenciales
localizados por el autor en el Archivo histórico
Nacional de Madrid, España. En ella se volvió a
discutir acerca de los métodos de lucha y lo más
significativo resultó la posición de José Martí,
quien se opuso nuevamente a toda tendencia
dictatorial que algunos querían imponer con el
pretexto de las conocidas pugnas y discrepancias
surgidas entre civiles y militares durante la Guerra
Grande. Por eso polemizó tratando de aprovechar lo
creado hasta entonces con el fin de mantener la
unidad alcanzada entre los allí reunidos y marchar
adelante en los preparativos revolucionarios.
Finalmente quedó constituido un Comité Patriótico
Organizador de la inmigración cubana en Nueva York y
sus suburbios bajo la dirección de Salvador Cisneros
Betancourt , Juan Arnao y Manuel de la Cruz Beraza.
Pero ese órgano quedó disuelto en reunión efectuada
el 7 de julio de 1883 y dio paso a la creación del
Comité Revolucionario Cubano bajo la dirección de
Juan Arnao, Cirilo Pouble, Leandro Rodríguez y Juan
Bellido de Luna, entre otros patriotas.
Lamentablemente esa nueva organización política
solamente realizó sus labores hasta el segundo
semestre de 1884 cuando llegaron a Nueva York,
procedentes de Honduras los generales Máximo Gómez y
Antonio Maceo para encabezar el movimiento
insurreccional y del cual Martí se distanció por
discrepancias en los métodos.
Luego del fracaso en el primer lustro de la década
de 1880 de las expediciones independentistas armadas
de los generales Carlos Agüero Fundora, Ramón
Leocadio Bonachea y Limbano Sánchez Rodríguez , así
como del Plan Gómez –Maceo, en septiembre de 1886,
Martí pasó a la ofensiva nuevamente con el propósito
de reagrupar las fuerzas cubanas y reiniciar un
nuevo plan revolucionario. En tal sentido se reunió
con un grupo de cubanos convocados por él en Nueva
York y tras analizar la situación del movimiento
revolucionario y sus posibilidades para la lucha
constituyeron una Comisión Ejecutiva, en noviembre
de 1887, donde fue electo presidente en cuyo
programa y postulados elaborados por él pueden
apreciarse ya los fundamentos o gérmenes que luego
tomarían forma más acabada en las bases del futuro
Partido Revolucionario Cubano como podremos
corroborar más adelante.
Con tales objetivos estratégicos y tácticos se
dirigió a Máximo Gómez el 16 de diciembre de ese
mismo año y a otros jefes solicitando sus opiniones
y pidiéndoles apoyo para sus nuevos propósitos
independentistas, así como enviándoles los
siguientes puntos acordados para tener en cuenta por
dicha Comisión Ejecutiva:
1-Acreditar en el país, disipando temores y
procediendo en virtud de un fin democrático
conocido, la solución revolucionaria.
2-Proceder sin demora a organizar, con la unión de
los jefes de afuera—y trabajo de extensión, y no de
mera opinión adentro—la parte militar de la
Revolución.
3-Unir con espíritu democrático, y en relación de
igualdad, todas las emigraciones.
4-Impedir que las simpatías revolucionarias en Cuba
se tuerzan y esclavicen por ningún interés de grupo,
para la preponderancia de una clase social, o la
autoridad desmedida de una agrupación militar o
civil, ni de una comarca determinada, ni de una raza
sobre otra.
5-Impedir que con la propaganda de las ideas
anexionistas se debilite la fuerza que vaya
adquiriendo la solución revolucionaria.
Es preciso señalar que el general Máximo Gómez
contestó positivamente a Martí y le manifestó su
disposición para apoyarlo al igual que otros jefes.
Pero desgraciadamente dicha Comisión Ejecutiva
aunque fue un paso decisivo no prosperó mucho y
terminó disolviéndose luego de algunas dificultades
y discrepancias del Maestro por cuestiones de forma
con el general Juan Fernández Ruz que en esos
momentos casi paralelamente intentaba organizar otro
plan revolucionario.
LA UNIDAD NACIONAL COMO ESENCIA
Es
necesario destacar también que si desde 1883 hasta
1886 Martí estuvo en minoría, pues a partir de 1887
con la creación de la Comisión Ejecutiva su
liderazgo dentro del movimiento independentista
cubano va a ir en ascenso permanente hasta
convertirse en la figura política más importante de
la revolución.
Con sus fines políticos, unitarios y de divulgación
convocaba siempre a los cubanos y cubanas a la
celebración del aniversario por el 10 de octubre de
1868, llamando a la unidad de nuestro pueblo y con
el objetivo de estimular la fe y disposición
combativa de los cubanos que se preparaban para
iniciar la tercera y última guerra por la
independencia.
Pocos meses antes de la fundación del Partido
Revolucionario Cubano, señaló algo que viene muy
bien recordar y tener en cuenta ahora en estos días
actuales de peligro y amenazas por parte del imperio
del Norte que ya el propio Martí había advertido y
denunciado oportunamente:
"Cuentan de un coronel que, en la hora fantástica de
la alborada, venía a escape, sable en mano, sobre
las filas de los invasores, cuando una bala de cañón
le cercenó, como de un tajo, la cabeza. Ni el jinete
cayó de su montura ni bajó su brazo el sable: ¡Y se
entró por los enemigos en espanto y en fuga el
coronel descabezado! Pues así somos nosotros amigos
de la humildad y del sacrificio. ¡Éntrese nuestro
caballo por el invasor y espántelo y derrótelo,
aunque no se les vea a los jefes la cabeza!"
Por esos días, Martí renuncia a los cargos que venía
desempeñando como Cónsul en Nueva York de Argentina,
Uruguay y Paraguay y a otras responsabilidades como
colaborador de diferentes periódicos de nuestra
América para dedicarse totalmente y a tiempo
completo a la preparación y fundación del PRC y del
periódico Patria que ya tiene concebido para la
organización e inicio de la guerra necesaria.
En tales circunstancias, a finales de noviembre de
1891 Martí es invitado a Tampa, donde existe una
emigración cubana numerosa. Aprovecha la ocasión y
viaja de inmediato hacia dicho lugar. Allí en una
reunión celebrada el 28 del mismo mes se acordaron
unas importantes resoluciones redactadas por el
Apóstol que exhortaban por iniciativa popular a la
unión revolucionaria y en primer lugar la necesidad
urgente de reunir en acción común republicana y
libre a todos los elementos revolucionarios honrados
y se acordó igualmente que todo debía hacerse
teniendo en cuenta la realidad cubana y se subrayaba
que la guerra se preparaba no como un fin, sino como
medio para hacer la revolución.
Posteriormente, en diciembre, a las pocas semanas de
los acuerdos tomados en Tampa, Martí recibió la
invitación de un grupo de jóvenes obreros,
constituidos en comité promotor para que visitara
Cayo Hueso, donde radicaba la emigración cubana más
poderosa. En esa oportunidad también aceptó el reto
y ya el 25 del referido mes se encontraba en dicho
lugar. Fue precisamente allí donde presentó a los
emigrados el proyecto de las bases y estatutos para
la constitución del PRC, el carácter de sus
principios, objetivos y fines acorde a su
extraordinaria visión y capacidad políticas.
El 5 de enero de 1892, las bases y estatutos del
Partido Revolucionario Cubano fueron aceptadas por
los delegados de Cayo Hueso, Tampa y Nueva York, y
sucesivamente por los emigrados y otras asociaciones
y clubes de diferentes ciudades en el exterior.
Mientras todo eso sucedía Martí, con su gran
capacidad política y sentido para la propaganda y
divulgación de las ideas para contrarrestar la labor
diversionista y divisionista del enemigo y
contribuir a la unión de las fuerzas revolucionarias
cubanas, fundó el 14 de marzo de ese mismo año el
periódico Patria como vocero de la emigración y para
intensificar la campaña revolucionaria a favor de la
independencia de Cuba y Puerto Rico y en el cual
escribiría:
"Nace este periódico, a la hora del peligro, para
velar por la libertad, para contribuir a que sus
fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar
que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro
desorden."
No olvida ningún detalle en la misma medida que
junto a la creación de Patria ha ido ya preparando
un sistema de inteligencia y contrainteligencia para
dotar a las fuerzas cubanas de un órgano capaz de
impedir, neutralizar, resistir y vencer la labor
enemiga para intentar penetrar, sobornar, debilitar
y dividir al movimiento revolucionario cubano como
se demuestra ampliamente en el libro "Los escudos
invisibles. Un Martí desconocido", Editorial Capitán
San Luis, 2003, del autor de este trabajo.
EL PARTIDO ES EL PUEBLO
Tampoco descuida nada en el plano organizativo y de
contenido, pues con pasión se entrega a esta obra
fundadora del Partido. El 3 de abril de 1892 publicó
en el periódico Patria un artículo titulado "El
Partido Revolucionario Cubano", evidentemente con el
objetivo de ir preparando y orientando a la
emigración para su comprensión, constitución y
proclamación definitiva donde, entre otras
cuestiones de interés, señaló:
"Y lo primero que se ha de decir, es que los cubanos
independientes, y los puertorriqueños que se les
hermanan, abominarían de la palabra de partido si
significase mero bando o secta, o reducto donde unos
criollos se defendiesen de otros: y a la palabra
partido se amparan, para decir que se unen en
esfuerzo ordenado, con disciplina franca y fin
común, los cubanos que han entendido ya que, para
vencer a un adversario deshecho, lo único que
necesitan es unirse¼ Pero el Partido Revolucionario
Cubano, nacido con responsabilidades sumas en los
instantes de descomposición del país, no surgió de
la vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e
incapaz, ni de la ambición temible; sino del empuje
de un pueblo aleccionado, que por el mismo Partido
proclama, antes de la república, su redención de los
vicios que afean al nacer la vida republicana. Nació
uno de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o
de adentro, quien lo creyese extinguible o
deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura
lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario
Cubano, es el pueblo cubano¼
"Él es, de espontáneo nacimiento, la grande obra
pública. Él es, sin más mano personal que la que
hecha el hierro hirviente al molde, la revelación de
cuanto tiene de sagaz y generosa el alma cubana. Él
es, sin el indecoro de la solicitud ni los repartos
de la intriga, la unión visible y conmovedora de
cuantos han aprendido a depurar sus pasiones en el
amor piadoso de la libertad¼ Él es el fruto visible
de la prudencia y justicia de la labor de doce años.
Y salvará, si se conforma en sus métodos a sus
orígenes y fines, y se pone entero y con cuanto es
en su acción: sólo perecerá, y dejará de salvar, si
tuerce o reduce su sublime espíritu."
Finalmente, luego de varias deliberaciones y
consultas, el 8 de abril de 1892 el Consejo de
Presidentes y Delegados de Clubes, presidido por
José Dolores Poyo, confirmó la elección de José
Martí como Delegado y Benjamín Guerra como Tesorero,
y el 10 del mismo mes tuvo lugar la proclamación
oficial del Partido Revolucionario Cubano. Sobre ese
último acontecimiento, Martí escribió y publicó en
Patria, correspondiente al 16 de abril de 1892, un
artículo titulado "La proclamación del Partido
Revolucionario Cubano el 10 de Abril", en el cual
señaló:
"Para el servicio, desinteresado y heroico de la
independencia de Cuba y Puerto Rico se funda, de
arranque unánime y propio el Partido Revolucionario
Cubano, y no para la obra fea y secreta de allegarse
simpatías por pagos y repartos de autoridad o de
dineros. Para la obra común se funda el partido, de
las almas magnánimas y limpias. De pie la emigración
entera, proclamó el 10 de Abril su voluntad de
ordenar en bien de Cuba, con todos los factores
honrados las fuerzas necesarias para acelerar la
independencia de Cuba y Puerto Rico, en acuerdo con
los principios de las Bases y los métodos de los
Estatutos del Partido Revolucionario Cubano¼ ¡Bello
es, cuando el peligro mayor del país está en el
trato áspero y apartado de sus habitantes, ver nacer
un partido de revolución el día mismo en que se
proclamó la constitución democrática de la
república!"
Es necesario destacar que las Bases del Partido
Revolucionario Cubano estaban constituidas por nueve
artículos. En el primero de los cuales se señala: El
Partido Revolucionario Cubano se constituye para
lograr con los esfuerzos reunidos de todos los
hombres de buena voluntad, la independencia absoluta
de la Isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de
Puerto Rico. Y en el artículo seis podemos leer lo
siguiente: El Partido Revolucionario Cubano se
establece para fundar la patria una, cordial y
sagaz, que desde sus trabajos de preparación, y en
cada uno de ellos, vaya disponiéndose para salvarse
de los peligros internos y externos que la amenacen,
y sustituir al desorden económico en que agoniza con
un sistema de Hacienda pública que abra el país
inmediatamente a la actividad diversa de sus
habitantes.
A su vez, los Estatutos Secretos del Partido estaban
constituidos por 13 puntos. En el número 1 se
establece lo siguiente: El Partido Revolucionario
Cubano se compone de todas las asociaciones
organizadas de cubanos independientes que acepten su
programa y cumplan con los deberes impuestos en él.
Y en el número 2 lo siguiente: El Partido
Revolucionario Cubano funcionará por medio de las
Asociaciones independientes, que son la base de su
autoridad, de un Consejo constituido en cada
localidad con los Presidentes de todas las
Asociaciones de ella, y de un Delegado y Tesorero,
electos anualmente por las Asociaciones.
Aunque hay diferentes criterios sobre la actividad
del Partido Revolucionario Cubano en el interior de
la Isla considero junto a otros investigadores que
la misma también se desarrolló aunque de otra
manera, pues era imposible crear las mismas
estructuras del exterior debido al gobierno colonial
español que perseguía a los militantes
independentistas y revolucionarios. Pero no cabe
duda de que esta labor se pudo realizar, aunque con
métodos clandestinos por medio de emisarios y
delegados en las diferentes regiones del país, ya
que el PRC funcionaba con una esfera pública y otra
secreta. Así, por ejemplo, el patriota y periodista
Juan Gualberto Gómez se desempeñó como representante
de Martí y del PRC en toda la Isla y fue su
coordinador general de todas las actividades entre
los conspiradores y revolucionarios.
Con toda esa estructura partidista ya en
funcionamiento activo, Martí ofreció en nombre del
PRC el cargo de Jefe del Ejército Libertador al
general Máximo Gómez y juntos firmaron, el 25 de
marzo de 1895, en Montecristi el documento "EL
Partido Revolucionario Cubano a Cuba", redactado por
el Apóstol y conocido popularmente como el
Manifiesto de Montecristi por ese poblado de igual
nombre en la hermana República Dominicana. Era ese
el programa donde se anunciaba al mundo las razones
por las cuales los cubanos iniciaban nuevamente la
guerra por la independencia y donde se establecía el
tipo de guerra que se realizaría, y se anunciaba
también el tipo de república que se establecería
luego del triunfo.
Al acercarnos ya al final de nuestras reflexiones y
valoraciones sobre José Martí y los antecedentes y
trascendencia del Partido Revolucionario Cubano en
su 115 aniversario, debo destacar que precisamente
la importancia y trascendencia del PRC y de la
grandeza política de su genial fundador José Martí
está en habernos dejado como herencia un valioso
pensamiento republicano, latinoamericano e
internacionalista de avanzada, así como al mismo
tiempo antianexionista y antimperialista, y sobre
todo, esa indispensable organización o institución
política fruto de una larga evolución histórica,
combativa y revolucionaria.
(Granma) 10-04-2007
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