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Una sencilla introducción a la multifacética obra literaria
del Apóstol de la independencia cubana con Nuestra América
Jesús Risquet Bueno
Nuestra América
es un extenso artículo periodístico escrito por nuestro
Héroe Nacional, un ensayo donde están presentes varios
mensajes martianos, con los que nos ponemos en contacto y
que demuestran su incondicional latinoamericanismo. Apareció
publicado por primera vez en La Revista Ilustrada de Nueva
York, el 10 de enero de 1891; y posteriormente en la edición
del 30 de enero de 1891 en El Partido Liberal, de
México.
Entre
esos principios del ideario martiano está el planteamiento
de la necesidad de tener una ideología fuerte, invencible,
cuando se lucha por una causa justa como era la
independencia de todas las tierras de América. Nos llega a
través de su pluma y su creación literaria una ideología
basada en profundos principios justos y lógicos.
Esto lo apreciamos cuando el apóstol de Cuba dice en este
ensayo, uno de los más importantes brotados de su ingenio,
que “trincheras de ideas valen más que trincheras de
piedra”.
Igualmente hace referencia a la necesidad de la unidad
latinoamericana para enfrentarse al poderoso enemigo que les
mantenía avasallados. Vale detenernos en la siguiente cita
parta comprender ese mensaje: “Los pueblos que no se conocen
han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear
juntos”.
Constantemente en la obra Martí vuelve a referirse una y
otra vez a la unidad latinoamericana. Y lo hace de manera
muy significativa cuando dice al lector “Es la hora del
recuento, y de la marcha unida; y hemos de andar en cuadro
apretado, como La Plata en las raíces de Los Andes”
No
sólo destaca elementos de unidad sino que en determinados
momentos del ensayo, el Héroe Nacional critica de manera
directa y clara a los que arrastran su honor por el suelo, a
los entreguistas, a los apátridas y a los bribones.
Detengámonos en esta expresión para valorar lo anterior:
“Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete
meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los
demás.”
Pongamos también atención a la siguiente cita: “¡Estos hijos
de carpinteros, que se avergüenzan de que su padre sea
carpintero! ¡Estos nacidos en América que se avergüenzan
porque llevan delantal indio…!”
Es innegable la profundidad del análisis martiano y la
capacidad para atacar a quienes renegaban de lo suyo, de su
origen, de sus raíces, haciéndoles ver cuánto de ignominioso
había en ello.
Nuestra América
conserva su frescura aunque estemos en el Siglo XXI. Digna
de tenerse en cuenta es su visión cuando señala la necesidad
de buscar formas que se acomodaran a nuestra realidad, e
insistía en que no se debía implantar o transplantar lo
extranjero, lo extraño. Con especial maestría ataca la
incapacidad de los gobiernos que no son creadores, a las
tiranías que estaban de espalda a los intereses de los
pueblos.
Veamos
y analicemos lo que expone, con mayor claridad: “…el buen
gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el
alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está
hecho su país y cómo puede ir guiándolos…”, Y adiciona: “El
gobierno ha de nacer del país…”, “El gobierno no es más que
el equilibrio de los elementos naturales del país.”
Es este un extenso artículo donde el apóstol pone de
manifiesto la capacidad del pueblo para hacer su justicia,
para valorar su propio gobierno y hacer los cambios
necesarios; destaca que los tiranos traidores caen por la
acción del pueblo; que los encargados de resolver los
problemas deben conocerlos bien primero antes de empezar la
acción.
“La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la
inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; paro si el
gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella.” La
historia es testigo de esto.
Es una constante en la obra martiana el reconocimiento de
los problemas dentro de las jóvenes repúblicas
latinoamericanas.
“El problema de la independencia no era el cambio de formas,
sino el cambio de espíritu.”
Salta la idea de que la República mantuvo elementos
esenciales de la colonia y por ello cometió tantos errores
que frenaban el desarrollo de las nuevas naciones, que
limitaban al ancho vuelo que pretendían.
Entre
sus líneas José Martí expresa: “Las levitas son todavía de
Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América”;
esto no es más que el reconocimiento de que la nueva
generación de latinoamericanos es crítica, más objetiva, más
realista y basada siempre en su realidad actúa y va creando
su propia cultura sin necesidad de copias o falsas
pretensiones extranjerizantes.
La necesidad de la crítica como elemento fundamental para
avanzar; pero sin antagonismos entre los hermanos
latinoamericanos es indicada cuando dice que “los pueblos
han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud;
pero con un solo pecho y una sola mente”.
Nuestra América
adquiere una dimensión extraordinaria porque en este ensayo
el guía de la independencia cubana avizora el creciente
peligro imperialista del Norte y reclama la necesidad de la
unidad y fuerza, elementos constantes en toda la obra, para
frenar sus intenciones. Pone al descubierto la verdad de la
América toda cuando se adentra en la raíz de una verdadera
amenaza:
“El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el
peligro mayor de nuestra América y urge, porque el día de la
visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca
pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegarán, tal
vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que
la conociese, sacaría de ella las manos.” Martí nos descubre
el caudillismo y el mimetismo que internamente permanecían
en América, así como la presencia del imperialismo que les
acechab, elementos presentados como la antítesis del ser
esencial de nuestra América.
Otro importante principio martiano por su carácter ético y
humano, que resalta en este artículo es su posición
antirracista, el reclamo por la igualdad entre todos los
hombres. Y muestra de ello es cuando escribe. “No hay odio
de razas, porque no hay razas”, o cuando expresa “El alma
emana igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en
color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague
la oposición y el odio de las razas.”
El racismo y el conflicto aparente de razas se debían a la
historia y a desencuentros culturales, no a diferencias
ingénitas entre latinos, anglosajones, indios y negros.
Llama a que las repúblicas latinoamericanas recuperen al
"indio mudo," "el negro oteado" y al "campesino creador,"
marginados por la experiencia colonial antes y después de la
independencia, para encauzarlos hacia aquella unidad que
protegería al nuevo polis propuesto por él.
Así
a lo largo de todo el ensayo Martí pone de manifiesto sus
ideas y su sólida cultura al hacer referencias a elementos
neoclásicos, al iluminismo, a la botánica, la historia y
sobre todo el profundo latinoamericanismo que siempre fue
una constante desde lo más profundo de su pluma, logrando la
perfecta armonía de las ideas valiosas con un lenguaje
igualmente valioso.
Conocidísima es en nuestro pueblo la siguiente cita, que
hasta ha sido musicalizada por cultivadores de la Nueva
Trova a finales del pasado siglo XX.
“Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de
petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los
calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón
de Norte América y la montera de España.”
El hombre nuevo de América, al que se refiere José Martí en
este bello escrito, es el hombre que en cada generación ha
de renacer para no perecer.
Queda entonces una invitación a su lectura y a su
conocimiento por sus valores filosóficos y literarios para
nuestro continente.
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