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Queridos jóvenes comunistas del ICAP:
Les debía una respuesta desde diciembre del 2007. Gracias por su foto,
es un gran recuerdo.
Conservando en mi mente cada palabra de Raúl el 26 de julio, me
dispongo a responder su carta llena de hermandad,
patriotismo y aliento.
El momento histórico que vivimos exige de cada cubano, de cada
revolucionario dar lo mejor de sí ante la tarea asignada,
exige tener presente a toda hora y en cada lugar todo lo que
ha costado tener una patria libre como la que hoy tenemos,
patria digna y heroica, patria socialista, sinónimo de
justicia y humanidad.
Hace ya 17 años partimos, con todo el amor eterno por nuestro pueblo en
nuestros pechos, a cuidar esa patria nuestra, a evitar en lo
posible la muerte de cubanos y de cualquier ciudadano del
mundo. Era la razón principal de nuestra actividad en el
terreno donde se permitía y se permite que terroristas
confesos planeen y preparen actos contra Cuba.
Hemos estado lejos físicamente de la realidad cotidiana de nuestro
amado terruño, pero eso no nos ha impedido sentirlo en el
corazón. Cada problema, cada dura tarea, cada sacrificio de
nuestro pueblo, en el difícil Período Especial, nos hacía
redoblar nuestros esfuerzos, nos hacía mirar y cumplir el
deber con más claridad, con más sencillez.
A diez años del injusto encierro les digo: no hay diferencia entre
nuestro deber aquí y el deber de cada cubano allá. Como no
hay diferencia entre el deber del campesino y el maestro,
del estudiante y el obrero, del cederista y el intelectual.
Las tareas son distintas, unas más complejas que otras, pero
en el fondo tenemos todos que funcionar como uno solo, como
nos dijo Martí “… Haga cada uno su parte del deber y nadie
podrá vencernos…”. Apartemos el egoísmo y miremos cada día,
con la satisfacción de ser hombres y mujeres de estos
tiempos, hacia el lado del deber.
¡Cumplamos con la Patria, con la historia, con Fidel y con Raúl! Un
fuerte abrazo de los 5.
¡Éxitos en sus hermosas e importantes tareas!
Nos veremos en la
amada patria,
Antonio Guerrero Rodríguez.
En el ojo del huracán
donde huele tanto a
injusticia
a tiempo de
venganza
a encarnizado
hierro,
he contado con más
de cuatro hermanos,
con millones de
hermanos
sus abrazos, sus
voces
y no han faltado
palomas que dan
vuelta
alrededor de mi
cuerpo
cargando la
esperanza,
la vital esperanza,
en sus alas
gigantes,
un trovador con su
guitarra
cantando mis
aventuras
y mis desventuras,
un pintor con una
flor
dibujando rostros y
más rostros
queridos, admirados
y un poeta con una
lámpara que
de día y de noche
lo alumbra todo,
¡qué más puedo
pedir!
En el ojo de este
huracán
al que fui
acarreado
por maléficos
vientos
bien vale la pena
estar dispuesto a
morir.
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