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DEISY FRANCIS MEXIDOR
Nunca olvidó amanecer con sábanas limpias y perfumadas cada
día de su cumpleaños, porque ella sabía que a él le gustaba
disfrutar el olor. Era esa una manera muy suya de halagarlo.
Hoy
él no está, pero ella cambiará las sábanas, tiene la
seguridad de que el olor le llegará hasta Lompoc,
California, donde las injusticias de este mundo lo mantienen
preso por ser luchador contra el terrorismo, mientras los
reales terroristas andan sueltos.
Hoy
también le echará abundante agua al platiceryum o helecho
cuerno de arce que ambos sembraron un septiembre, hace de
eso 13 años. "El hijito lo trajimos de Topes de Collantes y
cabía en la palma de mi mano", recuerda ella mientras repasa
con sus ojos la planta, ahora vigorosa y fuerte, al punto
que, quizás, ni la reconozca cuando regrese. "Para nosotros
es muy especial, igual que una mata de orquídeas que tenemos",
dice siguiendo el hilo de sus pensamientos.
"No
germinaba y él me aconsejó moverla de sitio, pero no me dio
una flor hasta que Gerardo y yo logramos comunicarnos la
primera vez después que cayó preso".
Adriana Pérez dialoga con Juventud Rebelde. Su voz es
pausada, su mirada tierna y la sonrisa ilumina un rostro que
supera las adversidades.
Habla de "su gran amor". Confiesa con sencillez que no
desearía que los compararan con grandes amores célebres,
pues "yo prefiero que la gente nos vea como dos seres
comunes y corrientes, que unieron sus vidas con el hermoso
privilegio de ser desde un inicio el uno para el otro".
—¿Qué
preferías para sus días de cumpleaños?
—No
había una cosa específica, lo vivíamos, sencillamente, como
algo especial. Por lo general nos reuníamos con los amigos
más cercanos y eso era suficiente para pasarlo felices.
Tratábamos de regalarnos aquello que nos hiciera falta o que
pudiésemos compartir los dos. No obstante, yo solía
regalarle camisas, intercambiar libros, cosas así.
"Para Gerardo no ha existido nunca una cosa que sea única.
No se puede decir que su inclinación sea por algo
determinado. Yo pienso que si alguna predilección tiene es
por la pelota o cuando le preguntan, que dice que es
fanático y obsesivo a mí.
"Una
cualidad de Gerardo es que siempre trata de hallarles la
virtud a las cosas que tiene e intenta darles su justa
magnitud en cada momento. Nunca esperes de él lo mismo, ni
de la misma manera, ni las cosas por costumbre, es muy
difícil, y es eso lo que hemos conservado, ninguno de los
dos es amigo de la rutina".
—¿Actúan
así para sobrellevar esta dolorosa situación?
—No
solo por sobrellevar, sino que es la manera de estar
presente en cada decisión, en cada instante. Lo otro es para
acortar la distancia. Actualmente hemos logrado llevar
nuestras vidas como si estuviéramos compartiéndolas juntos.
—¿Cuántos
años hace que Adriana y Gerardo no se ven?
—Seis
años. Tiempo en el que uno madura más, se enfrenta a nuevas
situaciones tanto de trabajo como personales, y sientes que
necesitas compartir todo eso con la persona que tú quieres,
algo que siempre hacíamos. Jamás dejamos de intercambiar
decisiones, criterios, y aun hoy, en las condiciones en que
llevamos nuestro matrimonio, es así, por carta o por
teléfono; es difícil, pero lo hacemos.
—Seis
años sin verse y se repite la historia de que te niegan la
visa para ir a visitarlo.
—Es
la cuarta vez que me la niegan. Por este año 2004 ya no
tengo oportunidad de volver a pedir visa. Ya Olga y yo, que
somos las que estamos privadas de ir, hicimos la solicitud
correspondiente, efectuamos el trámite que se nos imponía
como a cualquier otro ciudadano.
—Pero,
¿realmente fueron tratadas como cualquier ciudadano que
desee viajar a Estados Unidos?
—Bueno,
esa decisión se tomó con Olga y conmigo en diciembre de
2003. Nosotras empezamos los trámites a inicios de este año
y nos presentamos igual que todo el mundo: realizamos la
solicitud de visa por teléfono, hicimos la cola allí en la
Oficina de Intereses, fuimos a la entrevista...
"Sin
embargo, ahora viene la gran paradoja, porque mientras otros
ciudadanos saben en el mismo momento de su entrevista si son
denegados o no, con nosotras se demoraron dos meses para
repetirnos el no, con los mismos falsos argumentos de las
veces anteriores.
"Nosotras
cumplimos en presentarnos como personas ‘normales’, pero
hubo una diferencia en el tratamiento que se nos dio.
—¿Cómo
es posible que alguien llegue a pensar que puedas ser un
peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos?
—Las
personas que nos niegan hoy el derecho de encontrarnos hacen
caso omiso a esa necesidad que tenemos Gerardo y yo de
vernos, de tocarnos.
"Yo
nunca podré ser un peligro ni para la seguridad de Estados
Unidos ni para la de ningún lugar; primero, porque lo único
que me ha movido son los sentimientos llenos de amor para
cualquiera de las cosas que he hecho, mucho más para las que
están relacionadas con Gerardo.
"Sería
ilógico y difícil de creer que se me permita viajar a ese
país para visitar a mi esposo y que mi intención no sea
humanitaria, eso solo cabe en la cabeza de quienes se
empeñan en castigarnos.
"Gerardo tiene dos cadenas perpetuas por la injusta condena,
que le impusieron el 12 de diciembre de 2001, pero nos
sentenciaron a otra cadena perpetua más cuando empezaron a
negarme a mí la posibilidad de verlo.
"Cuando
en 2002 fui detenida en Houston durante 11 horas y él me
esperaba al día siguiente, no quieras imaginar cómo me sentí,
eso fue también una sanción. Era como si le echaran en cara:
"la tenemos aquí, podemos hacer con ella lo que nosotros
deseemos y al final no la vas a ver".
"Pero
a su vez me están condenando a mí, que ni siquiera tengo
cargos federales, ni ningún proceso abierto en Estados
Unidos.
"Yo
pienso que el mayor miedo del gobierno norteamericano ha
sido al amor que Gerardo y yo nos profesamos mutuamente. Por
supuesto, lo que se hace movido por tal sentimiento implica
romper todas las fronteras y obstáculos.
"Pero
también yo soy parte de ese problema, yo soy la voz que a él
le han estado silenciando, esa que batalla por llevar todo
el reclamo de justicia a cualquier lugar del mundo, incluido
Estados Unidos. Por eso no tienen otra alternativa que
acusarme a mí y a Olga de ser ‘terroristas’, un ‘peligro’
para la seguridad nacional".
—Sobre
el nuevo anuncio por los Cinco y el muro de silencio.
—Al
gobierno de EE.UU. no le es conveniente que se divulgue la
verdad sobre esos hombres, luchadores contra el terrorismo,
que hoy están presos, pues eso contradice toda la campaña
que ese propio gobierno ha hecho.
"Llevamos
tres años luchando porque esa verdad se sepa, en particular
dentro del pueblo norteamericano, que está muy mal informado
y manipulado.
"Costó
mucho trabajo lograr el primer anuncio, en el New York
Times; pienso que el que saldrá en el Diario La Prensa será
un poco más fácil. La denuncia es muy importante para
movilizar conciencias".
—¿Has tenido la posibilidad de hablar con Gerardo
recientemente?
—La
comunicación entre nosotros es muy limitada, pero esos
pequeños momentos los aprovechamos. El ánimo sigue arriba.
Su salud la intenta conservar bien, pero hay algo que le
preocupa y es lo de las cartas.
"Le
duele no poder responder a los cientos y cientos de personas
que le escriben, no solo a él, sino también a Antonio,
Ramón, Fernando y René. Ellos piden que tengan paciencia y
quieren que todos los que les escriben sepan que tienen un
lugarcito en el corazón de los Cinco, ya que cada letra
recibida constituye un motivo de aliento, un sustento en las
difíciles condiciones de la cárcel.
"Y
pienso que esa energía positiva tendrá que vencer en esta
lucha por liberarlos. Ya los Cinco pertenecen a todo el
pueblo de Cuba. Eso lo saben y los sustenta, y sienten una
deuda de gratitud con todos los cubanos que los admiran, a
quienes no defraudarán.
"Piden
disculpas si no devuelven una letra inmediata a una
correspondencia, pero sí hay una respuesta desde la posición
en que están y con la actitud que han mantenido".
—¿Qué
les dirías a las personas obcecadas que impiden la
posibilidad de que Adriana y Gerardo se encuentren?
—Que
van a aumentar nuestro amor. Todo lo que han hecho ha
implicado que este amor mutuo sea más fuerte, quizás
obtuvieron el resultado contrario a lo que esperaban, que
era haber debilitado al hombre, a la mujer, haber debilitado
a la pareja, haber quitado fuerzas y ha sido a la inversa, y
no porque nosotros nos lo hayamos propuesto, sino porque la
necesidad que tenemos de encontrarnos nos ha permitido
seguir soñando mucho más y continuar esperanzados en nuestro
encuentro".
—Volviendo
unos años atrás, a la Adriana más joven que esperaba una
guagua cuando un muchacho se le acercó y le regaló un poema.
¿Te arrepientes tú de haber conocido a Gerardo?
—Eso
nunca. Jamás me arrepentiré de haberlo conocido y haberme
casado con él y dedicarle todos estos años. Dedicación mutua,
fruto de un gran amor, sin dudas, sin ese soporte no
hubiésemos podido resistir tanta lejanía, tanta distancia,
tantas limitaciones y presiones.
"Hoy
no podré verlo físicamente, pero lo tengo junto a mí cada
día de mi vida, moviéndose alrededor mío, bañándose,
comiendo, durmiendo, discutiendo un problema conmigo,
halagando, tocando una planta...
"He
pasado por algún sitio y me he imaginado de su brazo y me he
quedado parada en cualquier calle recordando los besos que
me daba.
"Nuestro
amor se nutre diariamente, se alimenta de detalles. En el
período que disfrutamos juntos, por ejemplo, él me regalaba
flores y yo le regalaba una buena comida, él me obsequiaba
un poema y yo le dejaba un mensaje en el espejo...
—¿Qué
mensaje le pondrías hoy en el espejo?
—Uno
que salga de aquí (y señala el sitio donde está su corazón).
Tomado de
www.jrebelde.cubaweb.cu |