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Girón en
Oriente
El
desembarco por Baracoa era un mecanismo secreto que la
CIA y el Pentágono tenían bajo la manga para
comprometer al presidente Kennedy con la intervención
militar directa de Estados Unidos. Después de la
explosión de La Coubre, las provincias orientales se
convirtieron en una de las zonas priorizadas de la
actividad subversiva contra la Revolución
LÁZARO BARREDO MEDINA
Después
de la operación que hizo explotar en el puerto de La
Habana al barco francés La Coubre aquel 4 de marzo de
1960, la Agencia Central de Inteligencia informó al
presidente Eisenhower que tenía resultados alentadores
“para derrocar a Castro” y estimuló al viejo general
para dar luz verde a un amplio proyecto de agresión
contra Cuba.
Raúl
llega a Oriente para cumplir la misión encomendada por
Fidel, “...dedícate a organizar el Ejército Oriental,
es mucha la importancia de su territorio...”
El
“oficial del caso Cuba”, el entonces vicepresidente
Richard Nixon y el alto mando de la CIA encabezado por
Allen Dulles, se sentían muy animados. Quizás nunca
como en esa monstruosa acción, la Agencia estuvo tan
cerca de descabezar al proceso revolucionario cubano.
Aquella
tarde, fue sobre las tres y diez, Fidel y Raúl se
encontraban reunidos en el piso 18 del entonces
edificio del INRA, Instituto Nacional de Reforma
Agraria, hoy sede del MINFAR, cuando se siente el
estruendo de la descomunal explosión. Se asoman a la
ventana, ven la columna de humo que proviene de la zona
portuaria y calculan que como resultado de algún
sabotaje ha sido volada la termoeléctrica de
Tallapiedra o el barco en que vino el armamento.
Los dos,
casi al unísono, toman la decisión de partir velozmente
hacia el lugar y seguidos por varios compañeros de sus
respectivas escoltas, se mueven aprisa hacia los
elevadores para descender al sótano donde están
situados los autos. Cuando Fidel toma asiento, Raúl
decide ponerse al volante y conduce el vehículo hacia
la zona. Pero pierde unos minutos en la ruta, porque se
va por Carlos III, creyendo que es la vía más rápida.
Hay
confusión entre los pobladores que saludan admirados a
los dos principales jefes de la Revolución, pero todos
coinciden en señalar que el problema es en el puerto.
El asunto es más grave. El barco atracado en ese
muelle, de donde provino la explosión, trajo desde
Bélgica un cargamento de 70 toneladas de granadas
antitanques y municiones.
Además
de los batallones de infantería, batallones blindados
contra desembarco y unidades de artillería antiaérea y
terrestre, empezaron a constituirse en las montañas de
Oriente las compañías Serranas, integrada cada una por
un centenar de obreros y campesinos trabajadores.
Cuando
el vehículo se detiene en la entrada de la terminal
portuaria donde había un intenso trasiego de los
bomberos, miembros de la Cruz Roja, combatientes del
Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y
trabajadores y población de la zona, cargando
compañeros destrozados o mortalmente heridos, se
produce una situación inesperada. Varios comandantes
que han llegado al lugar, entre ellos el Che, se
interponen ante los dos jefes que tanto quieren y
respetan para impedirles el paso hacia el espigón,
donde presumen puedan quedar granadas o municiones sin
explotar.
El
momento se hace más tenso ante el enojo que como
responso sale de la boca de ambos, cuando en ese
instante retumba la mortífera segunda explosión que
causa mayores destrozos al aniquilar a buena parte de
los compañeros que acudieron en rescate de las víctimas
de la primera detonación.
El acto
terrorista concebido por la CIA, cuyos documentos 46
años después siguen clasificados, pudo haber previsto
esa reacción, donde los principales dirigentes de la
Revolución, tras el primer estallido, seguramente
acudirían de inmediato al lugar del siniestro y esa era
la oportunidad de producir el segundo bombazo para
acabar con ellos.
La CIA
no tendría nunca más esa segunda oportunidad. Ese día,
entre la dirección revolucionaria, se comprendió que no
podía permitirse la presencia de ambos dirigentes
juntos en eventos públicos.
Los
batallones de milicias se movilizaron y desplegaron en
las cuatro direcciones principales en que estaba
dividida la provincia; Santiago de Cuba, Guantánamo,
Bayamo-Manzanillo y el norte de Oriente.
El
Comandante en Jefe con esa “luz larga” que lo ha
caracterizado, resultado de la mezcla de visión
estratégica y sentido táctico, vislumbró que a partir
de ese momento la agresión contra la Revolución se
desencadenaría en grandes magnitudes y esa convicción
la resumió al día siguiente al enunciar la consigna de
Patria o Muerte.
Años
después, Fidel explicaría en una reunión de cuadros y
dirigentes de la capital:
En
los primeros años de la Revolución, cada vez que venía
una amenaza de invasión —y no eran imaginarias, como lo
han demostrado después los documentos del Pentágono
recién publicados en Estados Unidos— nos dividíamos el
país: Raúl para Oriente, Almeida para Las Villas, el
Che para Pinar del Río y yo me tomaba el privilegio de
quedarme aquí en la capital.
Siempre, en todas las crisis, si el enemigo trataba de
tomar esta ciudad prioritariamente, pensando que todo
se acababa después, nosotros sabíamos que allí donde
estaba el Che no se acabaría la guerra nunca; que allí
donde estaba Almeida, en el centro —y los menciono a
ellos como símbolo, pero era actitud de todos los
demás—, allí no se acabaría la guerra; y que en las
provincias orientales donde estaba Raúl, no se acabaría
la guerra nunca, ¡nunca se acabaría la resistencia!
Esas fueron las concepciones y son las concepciones.
EN EL
PLAN DE OPERACIONES DE LA CIA, ORIENTE ERA UNA
PRIORIDAD POR LA VINCULACIÓN DE LAS ACCIONES CON LA
BASE NAVAL DE GUANTÁNAMO
En
1960, compartiendo sus funciones como Ministro de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias, el entonces Comandante
Raúl Castro dedicó muchos esfuerzos a la organización
de la defensa en la antigua provincia de Oriente.
Bajo
esos principios, en 1960, compartiendo sus funciones
como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias,
el entonces Comandante Raúl Castro dedicó muchos
esfuerzos a la organización de la defensa en la antigua
provincia de Oriente.
“En 1960
—recuerda Raúl—, Fidel me mandó para Oriente: Si
salvamos Oriente, salvamos la Revolución, dijo. Vete
para allá, yo me hago cargo del MINFAR con Sergio del
Valle (Comandante, entonces Jefe del Estado Mayor
General)Ádedícate a organizar el Ejército Oriental, es
mucha la importancia de su territorio, de sus montañas,
y por la presencia de la base naval de Guantánamo...”
La
primera gran movilización en Oriente, a fines de
diciembre de 1960, bajo la dirección del Ministro de
las FAR, ocurrió a raíz del cambio de poderes en
Estados Unidos. Se conocían los preparativos de una
invasión mercenaria a Cuba y tal coyuntura podía ser
propicia para el zarpazo.
En una
reflexión sobre aquellos días, el Segundo Secretario
del Partido comentó:
“Los
batallones de milicias se movilizaron y desplegaron en
las cuatro direcciones principales en que estaba
dividida la provincia; Santiago de Cuba, Guantánamo,
Bayamo-Manzanillo y el norte de Oriente.
“Terminada esta movilización el 20 de enero de 1961, se
envió desde Oriente una columna de cinco mil hombres
para la lucha contra bandidos en el Escambray.
“Esos
primeros meses del año fueron de febril actividad. Los
batallones se organizaron y armaron por decenas. La
Dirección Santiago, por ejemplo, era defendida por 21
batallones de infantería de más de 600 hombres cada
uno, armados con PPCH y DP soviéticas.
“Además
de los batallones de infantería, batallones blindados
contra desembarco y unidades de artillería antiaérea y
terrestre, empezaron a constituirse en las montañas de
Oriente las compañías Serranas, integrada cada una por
un centenar de obreros y campesinos trabajadores.
Aproximadamente 300 unidades de este tipo fueron
creadas y agrupadas en sectores y subsectores, que
cubrían literalmente ambas vertientes de la Sierra
Maestra, el territorio del II Frente Oriental que
abarcaba el sistema montañoso de Nipe, Sagua y Baracoa,
así como la zona de la Gran Piedra. Estas fuerzas de
rápido despliegue y gran movilidad, eran capaces de
encontrar una aguja en un pajar, un bandido escondido
en un fogón, imagen que fue un hecho real”.
En
aquella etapa previa a Girón, los incipientes Órganos
de la Seguridad del Estado tuvieron en Oriente, como en
todo el país, una verdadera prueba de fuego.
La
creación de las organizaciones contrarrevolucionarias y
el intento de proliferar el bandidismo en Oriente se
caracterizaron por la inducción y el apoyo en recursos
humanos y materiales brindados por los servicios
especiales norteamericanos, tanto por la CIA como por
el servicio de Inteligencia radicado en la base naval
de Guantánamo.
Provenientes de Estados Unidos y desde este enclave
militar se infiltraron grupos comando con el objetivo
de sostener a más de una veintena de organizaciones
contrarrevolucionarias que actuaban en las ciudades y
fomentar alzamientos en las zonas rurales.
El
trabajo de penetración de la Seguridad a esas
formaciones enemigas y la lucha combinada del Ejército
Rebelde y las Milicias, con el apoyo de las
organizaciones revolucionarias de masas, impidieron que
el bandidismo en Oriente se expandiera, aunque el
enfrentamiento a las actividades contrarrevolucionarias
fue intenso, desde Gibara, Puerto Padre, las vertientes
norte y sur de la Sierra Maestra, hasta Monte Rus, el
macizo montañoso de Baracoa, El Cobre, la zona de
Palma, entre otras.
En los
documentos desclasificados por el Gobierno de Estados
Unidos 30 años después, se corroboró que Oriente estaba
entre las tres áreas, junto a Pinar del Río y el
Escambray, donde el plan de operaciones aprobado en
agosto de 1960 por el presidente Eisenhower priorizó el
desarrollo y apoyo a los grupos contrarrevolucionarios.
En el caso de Oriente estimularon acciones vinculadas a
la base naval ilegalmente ocupada en Guantánamo,
constantes infiltraciones de comandos entrenados,
armados y financiados por la CIA y en varias
oportunidades planearon autoagresiones a la instalación
militar para justificar una intervención directa de las
fuerzas armadas estadounidenses.
Un
resumen de algunas de las actividades emprendidas por
la CIA entre julio de 1960 y el 13 de abril de 1961,
reflejan la intensidad de los propósitos dirigidos
contra la zona oriental.
Julio
de 1960.— Se neutraliza un “accidente” que el
Cuartel General de la CIA preparó contra el Ministro de
las FAR.
Octubre de 1960.— Desembarcan 27 mercenarios,
incluidos tres yankis, bajo el mando del masferrerista
Armentino Feria, conocido por El Indio, en Bahía de
Navas, entre Moa y Baracoa, los cuales fueron
capturados días después por la acción conjunta de las
fuerzas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales
Revolucionarias.
Diciembre de 1960.— Es neutralizada en el municipio
de Manuel Tames, Guantánamo, la numerosa banda de
Roberto Herrera “Tico” (quien huye hacia la base
naval).
31 de
diciembre de 1960 al 20 de enero de 1961.— Se
produce la gran movilización general del país ante las
amenazas de agresión por el cambio de mandato
presidencial Eisenhower-Kennedy.
19 de
febrero de 1961.— Fuerzas combinadas del Ejército
Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias
operan contra la banda de Algimiro Fonseca y Emilio
Vera que actuaban en la región de Yambeque, Monte Rus,
Guantánamo. Ante la persecución, 17 de sus criminales
miembros escapan hacia la base naval, donde son
bienvenidos por las autoridades norteamericanas.
Entre
el 1ro y el 4 de marzo.— Se desarrolla en torno al
territorio la maniobra conjunta Solidaridad, con la
participación de paracaidistas de la 82 División
Aerotransportada, aviación y buques de combate
estadounidenses, acompañados de destacamentos de
Panamá, Colombia y Perú al amparo del Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).
4 de
marzo de 1961.— Es derribado un avión pirata en la
región de Baracoa, Guantánamo.
12 de
marzo de 1961.— Son capturados el bandido Arcadio
“Blanco” Pelegrín y dos de sus colaboradores en Tres
Hermanos, Baracoa, Guantánamo.
12 de
marzo de 1961.— Se realiza un ataque pirata contra
la refinería Hermanos Díaz, en Santiago de Cuba.
23 de
marzo de 1961.— Es atacado un avión cubano por un
crucero de Estados Unidos en Imías, Guantánamo.
6 de
abril de 1961.— Es capturada la banda
contrarrevolucionaria de Octavio Lujo Padró en la zona
de Fermín, Sierra Maestra.
6 de
abril de 1961.— Los incipientes Órganos de la
Seguridad frustran un complot en Monte Rus, apoyado por
las autoridades militares de la base naval de
Guantánamo.
8 de
abril de 1961.— Es frustrada la Operación Pinar
ante la movilización de tropas revolucionarias en la
defensa del litoral, al tratar de desembarcar por la
zona de Moa, norte de Oriente, un contingente
mercenario encabezado por José Ignacio Rasco Bermúdez e
integrado además por el traidor Jorge Sotús, Alfonsito
Gómez Mena, Clemente Inclán, Blacamán, Lomberto Díaz,
el traidor Pedro Luis Díaz Lanz y su hermano Marcos, y
otros hasta el medio centenar, con el fin de destruir
las instalaciones niquelíferas. El convoy había zarpado
de Miami a bordo de los yates artillados Marna, Patoño
y Phillys y el buque de cabotaje Cacique.
Acobardados ante la defensa cubana, arrojaron al mar
unas 10 toneladas de armas y municiones y regresaron a
Miami diciendo que habían sido perseguidos por una
fragata.
LA
“OBRA DE TEATRO” DE MULLER
En
vísperas de la invasión mercenaria de Playa Girón,
ocurrió lo que pudiera denominarse “la obra de teatro”
de Alberto Muller Quintana.
Siguiendo instrucciones de la CIA y el denominado
Frente Revolucionario Democrático (FRD), Muller
Quintana penetró clandestinamente en Cuba por la costa
de la playa de Guanabo, al este de la capital, con el
objetivo de realizar un alzamiento armado en la
provincia de Oriente.
Lo
acompañaba otro cabecilla del llamado Directorio
Revolucionario Estudiantil (DRE), Gustavo Enrique
Casuso Pérez, dirigente de la Agrupación Católica
Universitaria (ACU), quien había sido entrenado por la
Agencia como radioperador de una planta transmisora y
receptora, con la misión de establecer contacto con la
Brigada 2506 y coordinar los planes cuando se produjera
la invasión.
Con el
apoyo de la jerarquía católica de La Habana, Muller
reclutó varios contrarrevolucionarios en las provincias
de Matanzas y Las Villas, a quienes trasladó hacia el
santuario de El Cobre, en Oriente, con la complicidad
de los sacerdotes José Luis Rojo Ceijas y Reynerio
Lebroc Martínez, para fomentar un alzamiento armado
antes de que se produjera la invasión mercenaria.
El
infiltrado de la CIA Muller Quintana logró establecer
tres campamentos en la vertiente norte de la Sierra
Maestra: en la zona de Los Lirios de Nagua, Gallón del
Perú y Santo Domingo, municipio de Bartolomé Masó. En
este último lugar fijó la comandancia, después de
autotitularse “comandante”, designar a Enrique Casuso
Pérez como segundo al mando y nombrar capitanes a Juan
Ferrer Ordoñez, como jefe del campamento del Gallón del
Perú, y a Patrocinio Castillo Ferral, a cargo del
trabajo de influencia sobre los campesinos.
En
total, disponía de 16 individuos en su “comandancia
central” y alrededor de 18 en los dos campamentos
restantes, para un total de 34 elementos. Además,
contaba con otros 60 contrarrevolucionarios captados en
las poblaciones cercanas a la Sierra Maestra y El
Cobre.
El 17 de
abril de 1961 comenzaron las operaciones militares
contra estos alzados y el día 21 fue capturado un grupo
en la zona de Brazo Malo, barrio Zarzal, en Manzanillo.
La
captura de Muller Quintana y sus más cercanos
colaboradores se produjo el 22 de abril, cuando llegó a
la casa de un campesino a pedir comida, quien dio aviso
a la compañía de milicias a la cual pertenecía. Los
milicianos rodearon el lugar y tomando todas las
medidas para garantizar que no le ocurriera nada a la
familia que se encontraba en el interior de la
vivienda, conminaron a salir a los alzados, que de
inmediato se rindieron.
En esta
operación también fueron detenidos 134
contrarrevolucionarios, entre ellos los sacerdotes Luis
Rojo Seijas y Reynerio Lebroc. Unos 70 eran elementos
de la clase media de Camagüey y La Habana, otros 10 ex
“casquitos” de Las Villas, así como 18 comerciantes y
grandes agricultores que vivían en ciudades cercanas a
la Sierra Maestra, algunos caficultores ricos que
servían de apoyo al alzamiento y varios profesionales.
La
rápida y eficaz operación militar impidió el
agrupamiento de aquellas fuerzas, así como el
lanzamiento de armas que por medio de aviones
norteamericanos desde la base naval, según
declaraciones de ellos, los abastecería para que
pudiesen ejecutar acciones de apoyo a la invasión
mercenaria.
NI
SIQUIERA EL PRESIDENTE KENNEDY CONOCÍA LA OPERACIÓN
MARTE
El Grupo
Especial que bajo las órdenes de Richard Nixon desde un
año atrás preparaba todo el operativo para el
aniquilamiento de la Revolución cubana, no estuvo de
acuerdo con las ideas del presidente Kennedy de cubrir
ciertas apariencias sobre la participación
norteamericana y había expresado la inquietud de que si
no se producía una invasión directa de las fuerzas
armadas de Estados Unidos sería muy difícil lograr el
derrocamiento de Castro.
Para
tratar de forzar a Kennedy a dejar a un lado sus
vacilaciones y autorizar el empleo de las fuerzas
armadas estadounidenses, el alto mando de la CIA y los
principales dirigentes del Pentágono concibieron una
acción secreta donde intervendría una fuerza elite que
fue alistada bajo la dirección de George Bush padre y
recibió preparación en una instalación naval en Belle
Chase, Louisiana, para cumplir misiones especiales.
Así fue
como se concibió la Operación Marte, donde 160
hombres de la mayor confianza de la CIA, vistiendo el
uniforme del Ejército Rebelde, desembarcarían por el
sur oriental para apoderarse de la Ciudad Primada de
Baracoa y posteriormente simular un ataque de las
tropas cubanas contra la base naval de Guantánamo, con
lo cual habría la motivación formal que obligaría al
Gobierno de Kennedy a intervenir en el conflicto que se
crearía con la invasión mercenaria.
De igual
forma, determinaron el desembarco para la madrugada del
día 15 de abril, de manera que comenzaran sus acciones
simultáneamente con el primer golpe aéreo mercenario,
con el propósito de atraer la atención del mando cubano
y distraerlo de la otra dirección principal, en Bahía
de Cochinos treinta horas después.
El 14 de
abril, una agrupación de barcos en misión de la CIA, la
mayor parte de ellos buques de guerra de la Marina
norteamericana para que pareciese una expedición de
mayores proporciones, se acerca a las inmediaciones de
la ciudad de Baracoa, en el extremo oriental de la
Isla, para producir el desembarco de ese grupo,
dirigido por el traidor Higinio “Nino” Díaz Ane.
Al
llegar frente a las costas y ver los movimientos en las
sólidas defensas de las tropas revolucionarias, el
miedo pudo más que la esmerada preparación a la que
habían sido sometidos y se retiraron cobardemente. No
se les permitió regresar a la Florida, sino que fueron
trasbordados a dos destructores y llevados a las
instalaciones militares norteamericanas en la isla de
Vieques, Puerto Rico. En Miami, como burla, esta acción
fue bautizada años más tarde como “el bojeo a Cuba”.
En el
análisis de la situación operativa, el Comandante en
Jefe y el Ministro de las FAR habían llegado a la
conclusión sobre la posibilidad de que el Gobierno de
Estados Unidos llevara adelante alguna medida de
autoagresión en la base naval de Guantánamo y
decidieron reforzar con medios antitanques y antiaéreos
la dirección sur de Oriente.
“Al
igual que había indicado reforzar otros lugares del
país de posible incursión del enemigo —precisa el
Ministro de las FAR—, el Comandante en Jefe me indicó
hacerlo en Baracoa y Pilón. En el caso de Baracoa, que
era el más peligroso, designé un batallón de infantería
(el No. 80 de Jiguaní), al que se le agregó una batería
de antiaéreas cuatro bocas y otra de cañones
antitanques de 57 mm. Para dirigirlo nombré al
aguerrido veterano de la Sierra Maestra, comandante
Eddy Suñol. Esta unidad, sumada a los 400 milicianos
baracoenses, hicieron de la antigua Ciudad Primada un
bastión, que resultó después un disuasivo para los
asustadizos mercenarios que pretendían desembarcar.
“En los
días de Girón —rememora Raúl—, con la constitución de
la División 50, al mando del capitán Senén Casas,
engrosada por miles de milicianos de la columna que
regresaba del Escambray, el 21 de abril de 1961
concluyó la primera etapa de creación del Ejército
Oriental, fecha que marca el aniversario de este mando.
“La
previsión del Comandante en Jefe y el cumplimiento de
las acciones anteriormente enumeradas, en particular la
creación de las compañías Serranas, que convirtieron el
abrupto e inmenso territorio oriental en invulnerable a
las bandas contrarrevolucionarias, nos permitieron
adelantarnos a los planes del enemigo.”
En el
acto por el aniversario 25 de la Victoria de Playa
Girón, Fidel recordaría:
“La
noche del 14 al 15 de abril estábamos de pie, en el
Estado Mayor que teníamos improvisado en una zona de la
Ciudad de La Habana, pendientes de lo que iba a ocurrir
en Oriente, si se producía o no el desembarco, cuando
al amanecer los aviones pasaron rasantes, precisamente
por encima de donde estábamos, y se dirigían hacia
Ciudad LibertadÁ Resultaba extraño que hubieran lanzado
el ataque aéreo de 36 a 38 horas antes del ataque
principal, tal vez pensaron que nos engañarían con el
desembarco que intentaron realizar aquella noche del 14
al 15 por la zona de Baracoa; allí los estaban
esperando, si hubieran desembarcado, hubieran durado,
realmente, bastante poco.”
El
bombardeo a Santiago de Cuba no había sido una acción
de distracción, sino un objetivo de neutralización
concebido por la CIA en apoyo a la Operación Marte
y puso en evidencia ante las autoridades cubanas que
había llegado el momento cumbre de la agresión.
Unas
horas antes, dada la presencia de ese despliegue de
naves, se le ordenó al capitán Orestes Acosta despegar
en un T-33 y sobrevolar la zona para esclarecer la
información. A su regreso, informó por radio que no
había podido precisar bien la cantidad de barcos y
pidió que se le preparara un avión mucho más lento,
pues con él podría ver mejor.
Cuando
se encontraba al sur de la pista, tan solo a un minuto
del aeropuerto de Santiago de Cuba, se comunicó con la
torre de control para avisar de su llegada. Después su
avión explotó y desapareció en el aire. Todo hace
presumir, por la manera en que ocurrieron los hechos,
que fue derribado por un navío, o por un cohete
aire-aire desde algún avión norteamericano. Es así, que
este magnífico compañero se convirtió en el primer
combatiente caído en el enfrentamiento a la invasión
mercenaria.
Unas
horas después, el día 15 de abril, al producirse el
bombardeo al aeropuerto de Santiago de Cuba, el
Ministro de las FAR llamó por teléfono al Comandante en
Jefe, quien le respondió que en ese momento los aviones
habían pasado rasantes sobre el puesto de mando
improvisado en una casa en la zona del Nuevo Vedado y
estaban bombardeando Ciudad Libertad.
Raúl le
propuso al Jefe de la Revolución convocar la inmediata
movilización de la población de la provincia de Oriente
y al recibir su autorización, se dirigió a la emisora
de radio CMKC donde improvisó un ardiente llamamiento:
“Orientales:
“En el
amanecer de hoy, aviones, mercenarios, pagados por el
criminal imperialismo yanki, acaban de bombardear el
aeropuerto de Santiago de Cuba Antonio Maceo”.
Raúl
comenta que no hemos tenido que lamentar muchas bajas y
denuncia que: “De la misma forma, en otras ciudades de
la Isla, aviones mercenarios han hollado el suelo de la
Patria con bombas del imperialismo yanki”.
“¿Y qué
quiere decir eso? Que ha llegado el momento para todos
los cubanos de empuñar el arma para liquidar a los
viles que intenten hollar la Patria sagrada.”
El
Ministro añadió en ese mensaje: “Orientales,
milicianos, miembros del Ejército Rebelde, acudid a
movilizarse, cada jefe de unidad”. Sea esta de milicia
o del Ejército Rebelde, a presentarse “en el lugar
donde se conservan las armas, en forma ordenada y
serena. Cada uno a ocupar su puesto.
“Cada
uno a empuñar el rifle con el que tendremos que pagar
el precio de nuestra libertad. Como primer paso, cada
uno a ocupar el mismo sitio que cuando la movilización
de enero, en forma ordenada y serena. Que la producción
debe mantenerse lo más alta posible. Que la CTC-R
(Confederación de Trabajadores de Cuba- Revolucionaria)
convoque la movilización inmediata, sin dejar de
producir. Que la Federación de Mujeres imparta la
consigna de ocupar sus puestos. Que los Jóvenes
Rebeldes también, a pesar de su tierna edad, deben de
empuñar el rifle para salvar la Patria.
“Todos a
ocupar su puesto. El enemigo ha atacado. Vamos a
aniquilar al enemigo y a la reacción interna.”
Finalmente, Raúl llama solemnemente: “A cumplir la
palabra empeñada con nuestros 20 000 muertos, con
nuestros hijos, con América y con el mundo. A aniquilar
el invasor. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”.
La
presencia cercana de los buques de guerra de Estados
Unidos y el despegue de aviones desde la base naval de
Guantánamo tensionaron mucho más los acontecimientos en
la zona oriental.
Desgraciadamente, no se pudo recopilar para la historia
el diálogo telefónico que sobre las 13:02 horas del día
17 de abril sostuvo el Comandante en Jefe con el
Comandante Raúl Castro en su puesto de mando en
Oriente. Solo se conserva la versión taquigráfica de
las palabras de Fidel, pero de ellas se colige la
peligrosidad de la situación y la plena disposición
combativa para enfrentar la agresión.
Oye,
Miró Cardona insiste en que ha habido desembarco por
Oriente. Sí, oye, no importa. Cualquier cosa que se
produzca, tienen que usar mucho antitanque, por si
vienen algunos tanques. Los antitanques todos listos,
para que lleguen rápidamente. No sabemos; cuando
capturemos al primero te lo comunicaremos. Un
paracaidista muerto, pero no te apures, no te
preocupes. Óyeme, Raúl: mucha antiaérea en el
aeropuerto... Vamos a volver a preguntar, pero tienen
que estar al llegar. Hay otra cosa; si se forma mañana
algo por ahí, nosotros podemos mandarte ya,
probablemente, la aviación. La aviación ha actuado
maravillosamente bien; la aviación ha actuado perfecto
(...) No lo puedo precisar, pero no hay que
preocuparse. ¿Cómo? Sí, porque ellos insisten mucho,
pero ellos tiraron sus paracaidistas y todo por acá,
hicieron un esfuerzo por apoderarse de esto. Yo creo
que el esfuerzo principal lo hicieron por ahí, por
Zapata. No se puede precisar, pero metieron muchos
paracaidistas; creo que todo lo que tenían. Muy alertas
por ahí. Raúl: mucho antitanque y mucha antiaérea.
Apoya a la gente con antiaérea. Después te mandarán,
pero mucha antiaérea. Yo voy a averiguar lo de los 400,
cuándo salieron y por dónde. ¿A dónde? Yo no sé, pero
voy a averiguar. Mucha antiaérea y proteger a la gente,
que ellos vienen con aviones. Bien.
Oriente
se preparó concienzudamente para la resistencia. Con su
historia rebelde y mambí, era “un hueso duro de roer”.
Lo fue en el pasado y lo será siempre.
(Granma) 19-04-2006
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