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Cuba no será cómplice ni permanecerá como espectador
silente frente a la evidente pretensión de imponer la
creación del Consejo de Derechos Humanos bajo las
condiciones que exigen Estados Unidos y sus principales
aliados, verdaderos responsables del descrédito y la
manipulación de los trabajos de la Comisión de Derechos Humanos.
Pocas instancias del sistema de las Naciones Unidas
han sido sometidas a tanta manipulación política por
parte de Estados Unidos y sus principales aliados
occidentales, como
la Comisión de Derechos Humanos.
El pasado año, esos mismos países dieron la estocada
final a la credibilidad del órgano, al oponerse a la
adopción de un proyecto de resolución que pretendía
detener la impunidad y el silencio cómplice que han
extendido los gobiernos europeos y otros aliados
occidentales frente a las prácticas de torturas y otras
graves violaciones de derechos humanos, que se han
generalizado en la Base Naval de Guantánamo y otros
lugares a la sombra de la llamada guerra contra el
terrorismo que proclaman estar llevando a cabo las
autoridades de Washington.
Los responsables de este deplorable estado de cosas
tienen un plan para sacrificar nuevamente los intereses
de las grandes mayorías y forzar, en los próximos días,
la creación del Consejo de Derechos Humanos,
respondiendo a las exigencias de la política imperial
de Estados Unidos, con la complacencia y complicidad de
las antiguas metrópolis coloniales europeas.
La componenda contra las expectativas y las
reivindicaciones de los pueblos del Sur y de las
grandes mayorías en el Norte, se inició en una etapa
temprana.
Llama poderosamente la atención que la creación del
nuevo Consejo de Derechos Humanos fuera el único
elemento sustantivo del Informe del Grupo de Alto Nivel
sobre las Amenazas, los Desafíos y el Cambio,
establecido por el Secretario General con reconocidos
expertos de todas las regiones del mundo, que no se
tomó en cuenta a la hora de formular las propuestas de
reforma de la Organización que tuvo ante sí la Cumbre
efectuada en septiembre del año 2005.
Dicho Grupo de Alto Nivel propuso la universalización
de la membresía de
la Comisión de Derechos Humanos, rechazó la eventual
imposición de condicionalidades o requisitos para la
membresía del órgano y cuestionó el doble rasero
impuesto a sus labores.
Los textos posteriores que han sido presentados para
establecer el Consejo de Derechos Humanos, han obviado
dichas recomendaciones para acomodar las exigencias de
la superpotencia.
¿Por qué si desde un principio de los debates la clara
mayoría de los Estados miembros ha exigido un órgano
con una membresía no inferior a los 53 miembros, se
sigue sugiriendo reducir los asientos del Consejo?
¿Por qué se insiste en imponer los condicionamientos a
la membresía del Consejo que exige la actual
administración estadounidense, si la mayoría abrumadora
de los Estados miembros se ha pronunciado en contra de
los mismos?
Cuba denuncia las fuertes presiones que se han venido
ejerciendo en las últimas semanas para forzar, de
manera intempestiva y extemporánea, una decisión que
permita crear el Consejo de Derechos Humanos según los
intereses imperiales proclamados en el denominado
“Proyecto para un Nuevo Siglo Americano” que es el plan
de los halcones de Washington para dominar el mundo.
Nuevamente, la Administración del Presidente Bush,
que reclama su derecho a practicar la tortura como
instrumento en el combate al terrorismo, a detener
arbitrariamente y negar los más elementales derechos a
numerosos seres humanos a partir de simples sospechas
de vínculos con el terrorismo, a espiar a sus propios
ciudadanos e incluso, a bombardear ciudades en nombre
de la libertad y la democracia, está recibiendo el
apoyo cómplice de sus aliados.
Hace pocas horas, incluso, al analizar las violaciones
cometidas en el centro de detención que el gobierno
norteamericano ha establecido de manera ilegítima en el
territorio cubano que ilegalmente ocupa en Guantánamo,
cinco mecanismos especiales de la Comisión de Derechos
Humanos: el Relator sobre la Tortura, el Relator sobre
la Independencia de Jueces y Abogados, el Relator sobre
la Libertad de Religión, el Relator sobre el Derecho a
la Salud Física y Mental, y la Presidenta del Grupo de
Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias, han condenado
los intentos del gobierno de los Estados Unidos de
legalizar la tortura, de erigirse en juez, fiscal y
defensor, y de violar instrumentos internacionales de
derechos humanos de los que Washington es parte.
Ese es el gobierno que ahora exige un Consejo de
Derechos Humanos a su imagen y semejanza, para seguir
manipulando, seguir violando, seguir cometiendo
arbitrariedades.
Al parecer, varios de los principales actores en el
proceso han obtenido la luz verde de Washington, tras
asegurarle el acomodo a sus exigencias, para forzar una
decisión en los próximos días.
Nadie espere que Cuba permanezca como espectador
silente frente a la consumación de esta abominable
patraña.
Cuba defenderá hasta las últimas consecuencias la
verdad y la razón y trabajará para reivindicar el
derecho de los pueblos de este planeta de contar con un
Consejo de Derechos Humanos que responda a sus
intereses y expectativas de un futuro mejor, un futuro
de equidad y justicia social, donde todas las personas
y todos los pueblos sean respetados por igual.
Cuba se opondrá a los intentos de imponer
condicionalidades, requisitos o procedimientos
especiales para el ingreso y permanencia en la
membresía del Consejo. Si algún gobierno no merece ser
miembro del Consejo, es aquel que representa a un
Estado que se benefició de la esclavitud y la trata
transatlántica de esclavos, que mantuvo un “compromiso
constructivo” para prolongar la existencia del régimen
del apartheid, que protege y extiende impunidad a las
violaciones de derechos humanos perpetradas por el
ocupante israelí de Palestina y otros territorios
árabes, que apoyó a las sangrientas dictaduras
militares en América Latina, que hoy tortura y asesina
en nombre de una libertad de la que no se beneficia la
mayoría de sus propios ciudadanos, que incumple con sus
compromisos y obligaciones de asistencia oficial al
desarrollo del Tercer Mundo y que amenaza y arremete a
los países del Sur.
Muchos países lo saben. Baste recordar que hace pocos
años, en un evidente voto de castigo ante la
prepotencia y las manipulaciones de Washington, el
Consejo Económico y Social impidió, con su voto, la
reelección de los Estados Unidos en
la Comisión de Derechos Humanos, condición que no recuperó hasta que dos
gobiernos cómplices mansamente le ofrecieron sus
plazas.
Cuba se opondrá al intento de burlar el requisito de
la más estricta y equitativa distribución geográfica de
los asientos del Consejo.
Cuba trabajará para impedir que se eluda la cuestión
de establecer criterios claros para detener la
manipulación política de las llamadas resoluciones de
países. Fueron la selectividad y el doble rasero que
imponen Estados Unidos,
la Unión Europea y otros países del Norte al
tratamiento de este asunto en los trabajos de la
Comisión, la causa real de su crisis. Cuba no puede permitir que el
Consejo siga siendo un tribunal inquisidor contra los
pueblos del Sur, máxime cuando hoy se pretende
manipular la causa común de la libertad y la promoción
de la democracia como pretexto para desencadenar
“guerras preventivas”.
Cuba seguirá insistiendo en que la realización del
derecho al desarrollo, principal reclamo de la inmensa
mayoría de los seres humanos de todo el planeta, logre
ocupar el lugar central que merece en el mandato del
Consejo.
Cuba también exigirá que sean atendidos debidamente
los reclamos de igualdad de grandes sectores y pueblos
sometidos a la discriminación y al olvido, entre ellos,
los pueblos indígenas, los afrodescendientes, los
migrantes y las personas que profesan la religión
islámica.
Cuba sabrá cumplir su deber y responsabilidad en esta
hora histórica para los pueblos del Sur y las grandes
mayorías de todo el planeta.
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