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FELIPA SUÁREZ
RAMOS
19 DE
OCTUBRE
Cuando el 20 de
octubre de 1868 -durante la toma de la oriental ciudad de
Bayamo por los patriotas cubanos recién levantados en armas
para luchar por independizar la Isla del yugo colonial
español-, a solicitud de los bayameses, su coterráneo Pedro
Figueredo Cisneros (Perucho) puso letra a una épica marcha
patriótica por él compuesta en la madrugada del 14 de agosto
de 1867.
Abogado de vasta
cultura nacido el 29 de julio de 1819, Perucho Figueredo supo
vencer cualquier vacilación lógica por su condición de clase y
entregarse a la lucha contra el colonialismo
español.
Orador de la logia
Redención, fundada por el también patriota Francisco Vicente
Aguilera, su preocupación por el futuro de la juventud cubana
le llevó a decir al revolucionario Francisco Maceo Osorio:
"¡Lancemos a Cuba a una revolución (...)"
La feliz
coincidencia en tal pensamiento entusiasmó a ambos y lo
comunicaron a Aguilera, el primero de agosto de 1867. Doce
días más tarde, los tres se reunieron en el bufete de
Figueredo y, al siguiente, en la casa de éste quedó
constituido el Comité Revolucionario, con Aguilera como
presidente; Maceo Osorio, secretario, y Figueredo, vocal.
Después este último expresó a Figueredo:
"Se puede decir
que ya estamos reunidos en Comité de Guerra. Pues bien, ahora
te toca a ti, que eres músico, componer nuestra
marsellesa."
Aquella misma
madrugada quedó compuesta la partitura musical del Himno de
Bayamo, franca evocación de La Marsellesa, entonces símbolo
universal de rebeldía.
Figueredo
encomendó la orquestación al maestro Manuel Muñoz Cedeño y
soñaba con escucharla en un lugar público. La oportunidad para
ello se le presentó durante una celebración religiosa, donde
fue oída por el gobernador y jefe militar de la ciudad,
teniente coronel Julián Udaeta, quien lo llamó para que le
rindiera cuenta. Ante tal reclamación, el valiente patriota le
expresó: "Señor Gobernador, no me equivoco al asegurar, como
aseguro, que no es usted músico. Por lo tanto, nada autoriza a
usted para decirme que es un canto patriótico."
"Dice usted bien
-confirmó Udaeta- no soy músico, pero tengo la seguridad de
que no me engaño. Puede usted retirarse con esa
certidumbre."
Para el bayamés la
alegría no podía ser mayor, al comprobar que hasta el propio
enemigo había captado el mensaje y comprendido que aquellas
notas contenían el grito de rebeldía de los cubanos.
CON CÉSPEDES, A LA
GLORIA O AL CADALSO
Los
acontecimientos se precipitaron y la revolución estalló,
conducida por el hacendado y abogado Carlos Manuel de
Céspedes, a quien no pocos acusaron de violar los acuerdos y
se negaron a secundarle en el levantamiento.
Sin embargo,
Perucho se trasladó a su ingenio Las Mangas, donde el 12 de
octubre recibió un mensaje de Céspedes en el cual le citaba
para el día 15 en la zona de Barrancas, y le pedía avisar a
los restantes hacendados de Bayamo. Para entonces, Figueredo
se encontraba presto a incorporársele con 200
hombres.
Al día siguiente,
una comisión enviada por el teniente coronel Udaeta se
presentó a pedirle regresara a la ciudad y prosiguiera sus
actividades normales. Su respuesta de "(...) me uniré a
Céspedes y con él marcharé a la gloria o al cadalso" fue tan
firme y apasionada que los emisarios renunciaron a la
encomienda para sumarse también a la rebelión.
Una vez en
Barrancas, el 15, se inmediato se incorporó con Céspedes y el
general dominicano Luis Marcano -sumado al levantamiento- a la
planificación de las acciones más urgentes, y acordaron tomar
Bayamo.
A Perucho
Figueredo le correspondió dirigir una de las tres columnas que
penetraron en la ciudad al amanecer del 18 de octubre, y fue
él quien con un grito de "¡Al cuartel, que ya es nuestro!",
exhortó a avanzar contra la instalación, refugio de Udaeta y
otros oficiales, quienes quedaron sitiados y se rindieron el
día 20.
En esta fecha,
ante el reclamo de una exaltada población que le exigía poner
letra a la ya tarareada música de guerra, escribió las cinco
estrofas que inicialmente conformaron el entonces denominado
Himno de Bayamo, de las cuales las dos primeras constituyen en
la actualidad el Himno Nacional cubano. En perenne recordación
de tan trascendental acontecimiento, desde 1980 cada 20 de
octubre se celebra en Cuba el Día de la Cultura
Nacional.
El 22, Céspedes
nombró a Perucho como jefe de las fuerzas de Bayamo. Luego del
incendio de la ciudad, el 12 de enero de 1869, el aguerrido
patriota continuó operando en diversas regiones de la
provincia. Enfermo de tifus, el 18 de junio partió en busca de
su familia, la cual vagaba después que el enemigo prendió
fuego a la ranchería de El Mijial; pero no la encontró hasta
el 3 de agosto, en las cercanías de Jobabo.
Una delación llevó
a los españoles hasta Santa Rosa, donde Figueredo se
encontraba en grave estado, en la noche del 10 del propio mes.
A pesar de ello logró ocultarse en las montañas; pero fue
capturado luego de defenderse hasta la última bala e intentar
infructuosamente arrancarse la vida.
Trasladado a la
ciudad de Santiago de Cuba y sometido a consejo de guerra
verbal el 16 de agosto, expresó al tribunal:
"Con mi muerte
nada se pierde, pues estoy seguro de que a esta fecha mi
puesto estará ocupado por otra persona de más capacidad; y si
siento mi muerte es tan sólo por no poder gozar con mis
hermanos la gloriosa obra de la redención que había imaginado
y que se encuentra ya en sus comienzos."
Condenado a
muerte, permanecía en espera de aquel momento cuando llegó
hasta él un emisario del general Blas de Villate, conde de
Valmaseda, con una propuesta deshonrosa. Indignado, pudo a
duras penas levantarse y espetarle:
"Diga usted al
conde que hay proposiciones que no se hacen sino
personalmente, para personalmente escuchar la contestación:
que estoy en capilla y espero que no se me moleste en los
últimos momentos que me quedan de vida."
Al amanecer del 17
de agosto de 1870 fue fusilado. Aquel día la patria perdió a
un amoroso hijo, que enseñó a sus compatriotas a venerarla; el
mismo que el 27 de octubre de 1868 expresó en emotivo
discurso:
"Nuestra bandera,
desplegada en Yara, han de batirla los vientos de las demás
provincias (...) moriremos como hombres libres en los campos
de Cuba Libre o nos levantaremos como pueblo independiente,
confundidos con todos los pueblos de la Tierra."
Así entregó su
vida el hombre que un día, en encendidos versos, legó a los
cubanos la convicción de "que morir por la patria es vivir"
e instó a luchar por independizarla.
(Trabajadores)19 de octubre de 2004
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