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taquigraficas - consejo de estado)
Compañeras y compañeros:
Esta es
la tercera reunión para las elecciones a la que asisto:
Primero estuve una madrugada en una reunión de cuadros del
municipio Plaza, en el teatro Trianón; les hablé, reflexioné,
muy familiarmente, para el pequeño grupo que estaba allí.
Después me autoinvité a una reunión de secretarios de
núcleos del municipio Plaza, también estaban allí presentes
muchos compañeros que eran cuadros administrativos o
políticos, o de las organizaciones de masa, comisiones de
candidatura y de elecciones, etcétera; de nuevo reflexioné,
medité y expresé algunas ideas en torno a las elecciones, de
igual forma, muy familiar.
Hay
algo que caracteriza a las reuniones que yo llamo familiares,
y es que uno habla con mucha libertad. Ya cuando tiene que
hablar para millones de personas, o tiene que hablar para la
opinión pública internacional, se puede decir —aunque este
no es el caso, no vine aquí a hablar para la opinión pública
internacional; vine a hablar, en primer lugar, para los
compatriotas de la Ciudad de La Habana y para todos los
cubanos—, ya cuando es cosa pública, lo recogen los cables,
y sabemos cómo funcionan esos mecanismos, es algo que
conocemos un poco en tantos años de Revolución, de modo que
cada palabra tiene que medirse bien, ya no son reuniones
familiares. Cualquier ejemplo que se pone puede ofender a
alguien, lastimar a alguien; se menciona un país, o lo que
ocurre allí, y ya se corre el riesgo de estropear las
relaciones con alguna gente o algunos políticos, y por ello
hay que ser mucho más cuidadoso.
En las
reuniones familiares se pueden decir cosas que, por
escucharlas a veces cientos de personas —como una reunión
que tuvimos con los estudiantes no hace mucho—, uno sabe que
lo que se dice se puede saber, o que con seguridad se va a
saber; no es lo mismo lo que se dice en familia, que lo que
se dice oficialmente.
Se
puede saber —a veces yo digo algunas cosas que serían más
bien para escribir, para dejar constancia de acontecimientos;
no me preocupa si alguna cifra de esas, algún dato o algún
hecho se conoce—, pero no es oficial.
Hoy
aquí voy a hablar con franqueza, como siempre, gran
confianza y todo; pero con la aspiración de que en esta
ocasión se pueda publicar libremente lo que diga.
Ya
venía recogiendo la experiencia de aquellas reuniones a que
me referí, y digo: Bueno, para cooperar con los compañeros
que están haciendo este trabajo, es conveniente decir
algunas cosas que puedan ser útiles a las decenas de miles y
a los cientos de miles de compañeros que están participando
activamente en este proceso electoral.
En
primer lugar, como decía Maceo, hace unos minutos, lo más
importante que tenemos por delante en estos momentos son las
elecciones.
Luego,
aunque sabemos que estamos a fin de año y que se acerca una
fecha tan importante como el Primero de Enero —el inicio de
otro año; pero, además, afortunadamente, el 39 aniversario
del triunfo de la Revolución— y viene un grupo de días
libres, días de descanso, de alegrías, en esta ocasión
estamos en pleno proceso de desarrollo de este
importantísimo evento que son las elecciones del día 11 de
enero.
Tal vez
lo que inquietaba a Lazo se explique por ese hecho, ¿no?,
que tenemos el día primero, el día dos, varios días, sábado,
domingo, y comienzan después un lunes los días de trabajo.
Comprendo que si una fábrica no está trabajando no es
posible dar una reunión en esa fábrica; pero sí está la
gente, como alguien decía, en la casa, allí en la comunidad,
y están, además, los medios de divulgación y muchas formas
de comunicarse con la población. Es por ello que no debemos
dejar que decaiga el tema o la atención a este proceso, por
lo que yo mismo propuse a los compañeros de La Habana la
idea —esto fue el viernes, hace apenas tres días— de llevar
a cabo una reunión de esta amplitud, en que estuvieran
presentes todo lo que llamamos "factores", muy especialmente
los delegados de las circunscripciones y todos los demás,
recordando una reunión parecida que tuvimos el 6 de febrero
de 1993, en la CTC, para la Ciudad de La Habana, que se
convirtió en una reunión de orientación para todo el país.
En La
Habana, lo sabemos bien, todo es más difícil; las batallas
más duras siempre son en la capital, de modo que en esta
lucha el esfuerzo del Partido y de todos los revolucionarios
habaneros cobra especial trascendencia y todo lo que aquí,
en esta ciudad más difícil, preocupe o interese es útil para
la orientación del resto de las provincias del país.
Aquí
las circunscripciones son más grandes, los municipios son
mayores, el número de votos es más voluminoso, los
candidatos se conocen menos, y sobre la capital siempre hay
el intento enemigo de influir, hacer llegar su propaganda,
su trabajo subversivo, contrarrevolucionario.
En la
capital realmente se hacen mayores esfuerzos por parte del
imperialismo para influir y tratar de introducir sus ideas
reaccionarias, sus intrigas, sus confusiones; en la capital,
además, se acumulan problemas más difíciles de resolver.
En una
pequeña comunidad, muchas veces con un pozo, un motor y unas
tuberías se lleva el agua diariamente al lugar y con
pequeños recursos se resuelven importantes problemas; en la
capital, donde el país y la Revolución siempre han hecho
grandes esfuerzos, son muchos los recursos que se requieren
para la solución de los problemas de una gran ciudad, que
aunque ha crecido de un millón y tantos a un poco más de 2
millones, casi el doble, no ha llegado a convertirse en ese
tipo de ciudades donde se han acumulado 5 millones, 10
millones, 15 millones y hasta 20 millones de personas,
gracias precisamente al desarrollo del resto del país, donde
cada provincia tiene sus universidades, sus hospitales de
buena calidad, médicos, profesionales, escuelas de todo tipo:
militares, deportivas, pedagógicas, porque nunca se hizo
nada en la capital que no se hiciera también en el resto del
país.
Somos
una ciudad que no ha crecido de esa forma tremenda,
prácticamente insoportable, en que han crecido ciudades como
Río de Janeiro, Sao Paulo, Buenos Aires, Lima, Caracas,
Bogotá, Ciudad México, que tiene como 20 millones de
habitantes, con unos problemas realmente insolubles; pero en
un país donde se trata de distribuir los recursos de la
manera más equitativamente posible, aunque tomando siempre
en cuenta las particulares características de la Ciudad de
La Habana, resulta difícil resolver algunos viejos problemas.
Los
mismos problemas del transporte, por ejemplo, no son iguales
en una ciudad pequeña, en Colón, o en Matanzas, o en Santa
Clara, que también ha crecido, Las Tunas, Bayamo, y hasta el
propio Santiago que ya tiene medio millón de habitantes,
aproximadamente; pero en muchas de esas ciudades es más
fácil que un obrero llegue a la fábrica caminando o en una
bicicleta que en la Ciudad de La Habana, donde algunos viven
en Marianao y trabajan en Guanabacoa, otros viven en Regla y
trabajan en La Lisa, o en el Cerro, Diez de Octubre, Arroyo
Naranjo.
Por eso
en esta ciudad el número de viajes normales que alcanzamos
llegó hasta a 30 000 diarios. Los ómnibus por lo general,
venían primero a La Habana como ómnibus nuevos —fueran
japoneses, que vinieron alguna vez bastante buenos, o fueran
húngaros, que vinieron muchas veces y sobre cuya calidad no
voy a decir nada (RISAS), como tampoco del gasto de gasolina
y algunas otras cosas—, pasaban primero por aquí, lo que fue
motivo de discusiones muchas veces.
Yo
observaba ese problema y pensaba mucho en eso. Realmente no
me gustaba aquella forma de distribución: nuevos para aquí,
y después de uso para el resto de las provincias; pero la
realidad es que las necesidades de aquí, por la extensión de
la ciudad, eran mayores, así como por el número de personas
que se montaba en un ómnibus de esos, repleto siempre,
siempre. Al final, una parte de los que se enviaban a las
provincias eran nuevos y otros eran de uso. He citado un
ejemplo.
Los
abastecimientos de la capital venían de todo el país,
incluso todavía vienen algunos; no es el Estado el que los
trae en ciertos casos. Sé que, por ejemplo, de Holguín
vienen camiones particulares con viandas, cualquier vianda,
para vender en los agromercados de la capital, porque el
precio aquí es más alto. Claro, el Estado ha procurado
desarrollar la agricultura en todas las provincias y dedicó
bastantes recursos a La Habana para que no tuvieran que
venir viandas y hortalizas de Ciego de Avila, las provincias
orientales, Pinar del Río. Se hizo un esfuerzo por abastecer
a las dos provincias con la tierra disponible en la antigua
provincia de La Habana, y entre las dos suman casi 3
millones de habitantes, tal vez un poco más del 25% de la
población del país.
Hemos
tratado de promover el autoabastecimiento de las provincias,
incluso, de Santiago de Cuba —estaba Lazo por allá—, aunque
aquella provincia no tenía tierra de papa, por ejemplo. Hubo
que idear el establecimiento de algunas empresas en la
provincia de Ciego de Avila, de mucha tierra y poca
población, para suministrar una parte importante de los
alimentos de la ciudad de Santiago.
Antes
venían para Santiago de Baracoa, de Guantánamo, Granma,
venían de la antigua provincia de Oriente. Hoy Guantánamo se
autoabastece bastante y las demás provincias nuevas que se
crearon.
A
Santiago hubo que darle un apoyo en tierra. Ellos enviaban a
la gente, porque, como ustedes saben, son altamente
productivos en materia de población; entonces, se buscaron
soluciones de ese tipo.
Creo
que una de las mejores cosas que se ha hecho en período
especial son esas hortalizas urbanas que tanto ayudan a que
la población pueda ir a buscar vegetales frescos, comprarlos
directamente, sin intermediarios. Tengo entendido que el
Ministerio de la Agricultura va a hacer un esfuerzo mayor
para incrementar la productividad por metro cuadrado, y,
además, para crear nuevas áreas. Es una buena lección del
período especial.
La
ciudad tiene los problemas del agua, hay acueductos que son
del siglo pasado y redes de drenaje que son del siglo pasado.
Para la ciudad se han buscado fuentes de agua nuevas. En un
momento determinado empezó a competir la ciudad con la
agricultura en la provincia de La Habana, porque venía el
agua de la zona sur, de la zona de Güira, de Alquízar,
millones y millones de metros cúbicos que hacían falta para
las hortalizas, para la papa, para todos esos cultivos; agua
de la zona de Ariguanabo, San Antonio; agua de la zona de
Aguacate, de todo ese valle que está en aquella zona.
Se
llegaron a construir presas en los límites de Matanzas, que
iban a utilizar agua del río que desemboca por Matanzas; ya
venía agua de otras provincias prácticamente. Fue necesario
hacer un dique en el sur de La Habana, un importante dique,
cuando descubrimos que mucha del agua que caía en la
provincia —suele llover bien en esta provincia— se iba al
mar. Se le hizo un dique, ya que aquí hay cuencas cerradas y
cuencas abiertas; en las cuencas abiertas si se extrae mucha
agua puede penetrar el agua del mar, salinizarse, había que
retroalimentarlas con el agua que iba al mar. Se
desarrollaron procedimientos nuevos de riego, las máquinas
Fregat, después el riego por goteo para el plátano, riego
por goteo para el cítrico; son técnicas nuevas que ahorran
mucha agua aunque son costosas, muy costosas.
Aparte
de que ya se estaba produciendo una escasez de la fuente de
suministro, en esta provincia que tiene entre 40 y 50
kilómetros de ancho, que es una de las provincias más
estrechas del país, y se realizaba un esfuerzo por crear
fuentes nuevas, teníamos otro problema con el crecimiento de
la ciudad y de las industrias de la ciudad. Hubo que
discutir mucho aquí durante años para tratar de que las
fábricas no se construyeran en La Habana. Recuerdo bien
cuánto se discutió lo de la famosa Antillana; esa Antillana
que han prometido, según escuchábamos hace unos minutos,
alcanzar 250 000 toneladas en el futuro, que es la mitad de
lo que debe llegar a producir, porque ahí se han aplicado
tecnologías nuevas. Recuerdo que discutimos bastante con los
asesores soviéticos, entre otras causas, porque debajo de
esas industrias hay manto freático de agua que se utiliza
para el consumo de la población.
Se
pensó en una ocasión construir en el municipio de Mayarí, de
la antigua provincia de Oriente, una siderurgia grande y que
no creciera más esta; pero mientras se hacía aquella, se
introdujeron innovaciones, equipos para esta siderurgia.
Cerca de allí está la planta productora de cerveza, una de
las mejores que tenía el país. Pero había una tendencia
tremenda en todos los ministerios, en los primeros años, a
construir en la ciudad las industrias, cada ministro quería
tener las industrias cerca, y costó trabajo llevar las
fábricas de combinadas a Holguín y otras muchas fábricas a
otras provincias; fue objeto de una lucha, siempre pensando
en esos problemas que creaban y hacían la situación difícil.
Una de
las cosas peores es la edad de las viejas redes de
distribución de agua de la ciudad, son miles de kilómetros
con decenas y decenas de años. A ese problema se le prestó
atención, toda la que se pudo: la famosa cuenca de El Gato,
totalmente nueva, la que abastece toda esa zona este de la
ciudad.
Oíamos
decir hace un rato que las presas que daban agua para los
vecinos de Guanabacoa, estaban secas; esas presas se
hicieron todas en los años de Revolución, desde la que está
en las inmediaciones de Guanabo, hasta un montón de presas
que eran para la agricultura y vinieron para la ciudad:
Ejército Rebelde, cerca del parque "Lenin", era para la
agricultura, vino para la ciudad; Mampostón, donde el agua
se bombeaba desde Santa Catalina, más o menos, para llenar
esa presa y dedicarla parte a la agricultura, parte a la
ciudad.
En fin,
a pesar de todos esos esfuerzos el problema de las redes
producía un enorme desperdicio de agua, quién sabe si es el
30% o si el 40% del agua la que se pierde en las redes. Ese
problema de las redes es una de las cosas a resolver en esta
ciudad. Antes del período especial se habían hecho algunos
esfuerzos también especiales por arreglar los famosos
salideros. Recuerdo el origen de las zonas; se dividió la
ciudad por zonas, primero eran cuarenta y tantas, después
60, y el hecho es que se crearon brigadas en todas y cada
una de las zonas nada más que para arreglar las redes de
agua. También se crearon brigadas para otros fines, pero
específicamente para las redes de agua: se calcularon todos
los salideros, los equipos: máquinas perforadoras, martillos,
cilindros, cargadores, camiones.
Por
esos días no solo se hicieron esas brigadas; se hicieron
brigadas para el trabajo permanente en el arreglo de calles
y en la construcción de calles nuevas, completas, con todos
sus equipos. Se organizaron todas, porque junto al agua
teníamos el problema de las calles y sus baches, y el
arreglo de las calles de la ciudad.
Conocemos bien qué cantidad de problemas estaban por
resolverse, el esfuerzo en la construcción de la industria
de materiales y en la construcción de viviendas. Cada uno de
estos problemas de la ciudad, en los finales de la etapa
normal, tenía a su disposición un equipamiento completo y
absolutamente nuevo, cuando vinieron aquellos
acontecimientos y surge el período especial; pero ya la
ciudad venía arrastrando esos problemas. No hubo, realmente,
olvido en la búsqueda de soluciones de todo tipo, desde
soluciones alimentarias, viandas, hortalizas... De lecherías
se llenó esta provincia, 1 000 lecherías nuevas se
construyeron aproximadamente, en los años que precedieron al
período especial. Un millón de litros se llegaban a producir,
en determinados meses del año, en la provincia de La Habana.
No solo lecherías, se construyeron y se construían o se
ampliaban muchas instalaciones avícolas, porcinas, para
resolver los problemas alimentarios.
El
período especial nos sorprende en medio del desarrollo de
grandes planes para incrementar aquellas producciones de
leche, no solo en La Habana, sino en todo el país; de huevos,
de carne de ave, de carne de cerdo; inversiones cuantiosas.
Naturalmente, al venir el período especial, todos los
problemas se agravan.
Ahora
mismo en período especial se realiza un esfuerzo grande:
reparación de viviendas, como las que se mencionaban aquí,
de Cayo Hueso, y ahora tenemos más de treinta zonas donde se
está haciendo lo mismo; producciones de cemento, asignación
de equipos y de recursos para extender a toda la ciudad la
experiencia de Cayo Hueso en materia de reparación de
viviendas; esfuerzos con el agua, con los salideros, con las
calles, arreglar las rutas principales.
En esta
ciudad el número de viajes llegó a reducirse de 30 000 que
hubo en determinado momento a 5 000, y a todo esto se unía
también el éxodo del cual hemos hablado: la tendencia al
éxodo del resto del país hacia la capital, agravando los
problemas.
Con
relación a todo eso —como ustedes conocen— se han estado
tomando y se seguirán tomando medidas; pero para la
Revolución todo fue siempre más difícil en esta ciudad, a
pesar de la atención y de los recursos dedicados: la
burguesía tenía más influencia en esta ciudad que en el
resto del país, y un mayor número de personas —porque aquí
vivía la flor y nata de la burguesía— emigró hacia el
exterior; la propaganda enemiga, que hoy se concentra sobre
Cuba, se dirige fundamentalmente hacia la Ciudad de La
Habana, el mayor número de emisoras de radio de todas las
ondas, los esfuerzos de introducir la televisión, violando
normas y leyes internacionales, se han realizado hacia la
Ciudad de La Habana; los mayores intentos de influencia de
penetración se han realizado en la Ciudad de La Habana.
Luego aquí siempre la batalla en lo político ha sido más
difícil.
En el
período especial nos faltaron los periódicos, que salían
todos los días y ahora salían una vez a la semana, excepto "Granma"
con unas pocas páginas. Las horas de televisión fueron,
inevitablemente, reducidas a un mínimo; los casos de
televisores rotos, sin las piezas suficientes, aumentaron;
los casos de radios necesitados de reparación o reemplazo y
otras cosas.
Luego
vinieron los problemas eléctricos, los famosos apagones, por
muchos esfuerzos que se hicieran por reducirlos al mínimo.
Un millón de dólares diariamente en combustible, ya no para
la ciudad, sino para todo el país; un millón de dólares
diario solo en la electricidad.
Para
los militantes y los revolucionarios de la capital, con
todos estos problemas que afectaron abastecimientos,
transporte, electricidad, servicios, como los propios
servicios médicos, que aunque los recursos estén priorizados
disminuyeron, con todos esos problemas se hacía más difícil
—les repito— el trabajo de los revolucionarios en la
capital.
¿Se
desmoralizó la capital? No se desmoralizó la capital. ¿Se
desmoralizaron los revolucionarios de la capital? (EXCLAMACIONES
DE: "¡No!") Yo diría lo contrario. Los compañeros
revolucionarios que han tenido que luchar en condiciones más
difíciles, se han ido superando; la conciencia de los
revolucionarios de la capital, a medida que pasaba el
período especial, se veía crecer, se veía avanzar.
De los
problemas he mencionado solo una parte, porque hay otros de
tipo social. No hay turista que venga a este país que no
quiera pasar por la capital. Las influencias del exterior,
por esa vía, se observaban primero en la capital, y
determinados fenómenos, que en ocasiones ni siquiera existen
en otras capitales de provincias, se hacían más frecuentes
aquí: más ingresos en divisas en la capital, más
desigualdades en la capital, por su tamaño y por el hecho de
que también hay mayor número de empleos tradicionalmente más
remunerados que los empleos en el resto del país.
Encontrar policías capitalinos es más difícil, si no que lo
diga el compañero Colomé; encontrar constructores en la
capital es más difícil, si no que lo digan los compañeros
del Ministerio de la Construcción; encontrar alumnos
aspirantes a maestros, ya incluso con título universitario,
o pedagogos, era más difícil en la capital para completar el
cupo de las matrículas. Ya la gente de la capital no querían
ser ni maestros, ni constructores, ni policías, tenían otras
posibilidades que no tenían los de otras provincias.
Los
ingresos en determinados trabajos por cuenta propia eran más
elevados en la capital, los precios de los productos que se
venden en los mercados agropecuarios son más elevados en la
capital, los ingresos que obtienen los que prestan esos
servicios o producen algunos de esos artículos son más
altos, y todos esos problemas, no ya los tradicionales,
todos esos nuevos problemas tenían que ser enfrentados por
los militantes, los revolucionarios y los cuadros de la
capital.
Así que
nosotros, cuando reflexionamos sobre estos problemas,
tenemos una gran valoración de los militantes del Partido,
de los revolucionarios y de los cuadros de la capital de la
república (APLAUSOS). Es la realidad. Lo vemos como aquellos
compatriotas que hoy luchan en la trinchera más difícil, en
el frente más complejo, porque esta es como una guerra y una
gran guerra en todo el país contra el imperialismo y su
guerra económica, sus agresiones, su incesante hostilidad.
Tenemos una idea clara de la dimensión histórica de esta
lucha, una lucha verdaderamente sin precedentes, y es a esa
batalla, a esa lucha sin precedentes a la que llamamos
constantemente a los combatientes de la capital.
Sabemos
que también en caso de una agresión militar el frente más
difícil sería la capital, sin discusión. Eso lo sabemos
desde el principio, porque en los planes enemigos lo
fundamental era siempre tomar la capital; pero, ¿cómo
tomarla? Desde luego, las mejores armas, las más modernas,
el mayor número de armas estaban aquí en la capital, aunque
las provincias no fueron olvidadas.
Teníamos conciencia, sin embargo, de que la defensa de la
capital era la tarea más difícil, donde viven 2 millones de
personas que necesitan alimentos, que necesitan agua, que
necesitan servicios; cercada, rodeada, sin duda era mucho
más difícil de defender que las montañas de Pinar del Río, o
la Sierra del Escambray, o la Sierra Maestra, o los campos,
o la Ciénaga de Zapata, donde ya se hundieron una vez los
mercenarios del imperialismo (APLAUSOS).
Claro,
estábamos conscientes de que una invasión a Cuba originaba
una guerra que no se terminaría hasta el día en que los
invasores recogieran sus bártulos y regresaran a Estados
Unidos, porque la lucha sería en todos los rincones del país,
en todas partes, incluso en la ciudad ocupada—bueno, en lo
que quedara de la ciudad ocupada—, indefinidamente. Esa fue,
es y será siempre la más firme y férrea voluntad de la
Revolución, y ellos lo saben.
No
importan las armas sofisticadas ni las cifras fabulosas que
hoy gastan en armas cuando la llamada guerra fría se acabó.
Yo le decía a un visitante recientemente, cuando mencionaba
el fin de la guerra fría, que la guerra fría todavía no se
acabó, porque la guerra fría más bien se concentró aquí en
Cuba y contra Cuba; para nosotros no cesó la guerra fría en
ningún momento, de modo que la capital tuvo siempre tareas
difíciles, misiones difíciles, muy difíciles.
Los
revolucionarios de la capital tienen un papel de gran
trascendencia en la Revolución. ¿Y qué hicieron cuando la
guerra sucia?, porque hubo momentos en que había bandas en
toda la isla, en todas las provincias, y en eso, como en
otras muchas cosas, no se equivocó la Revolución, no bajó la
guardia ni un día, y desde que empezó el primer grupito,
organizado por la CIA, empezamos a combatirlo sin tregua.
En
otras partes, los revolucionarios no estuvieron conscientes
de lo que era la guerra sucia; pero cuando nosotros vimos
que a la Revolución le querían aplicar la misma receta que
la Revolución aplicó para derrotar al ejército batistiano,
adquiriendo en esa lucha una gran experiencia, aplicamos esa
experiencia contra la guerra sucia y la decisión de no darle
un minuto de tregua al enemigo. En otros lugares,
desgraciadamente, no ocurrió así. El imperialismo había
comenzado a utilizar un arma que era de los revolucionarios,
la lucha irregular, después la aplicaron a otros procesos
políticos. La aplicaron, por ejemplo, en Nicaragua, la
aplicaron en Angola, la aplicaron en Mozambique, y ese tipo
de guerra fue realmente un instrumento de la Revolución y de
la lucha anticolonial frente al poderío de los ejércitos con
armas sofisticadas que defendían los intereses del imperio.
¿Qué
misiones cumplieron los trabajadores de la capital, el
pueblo de la capital, los estudiantes de la capital? Cuando
en el Escambray las bandas habían adquirido determinada
fuerza y eran más de 1 000 hombres armados, la Ciudad de La
Habana envió 40 000 milicianos, ¡cuarenta mil milicianos! (APLAUSOS.)
Ahí está esa hermosa página de la historia.
Cuando
la invasión mercenaria de Girón, un torrente de batallones y
de combatientes de la capital partieron, a toda velocidad y
en número suficiente, para liquidar, junto a otras fuerzas,
desde luego, en menos de 72 horas, a los mercenarios, sin
darles tiempo a establecer una cabeza de playa, a traer un
gobierno que solicitara la intervención de la OEA que era,
por supuesto, la de Estados Unidos; no les dieron chance ni
de respirar, y fueron fundamentalmente los batallones de la
capital. Y los que quedaron aquí eran tantos, que defendían
también el oeste de la provincia, Mariel y Cabañas, todos
esos lugares, y la costa norte hacia el oeste y hacia el
este.
Hay que
ver la cantidad de combatientes que se incorporaron a las
milicias. Valdría la pena recordar las decenas de miles de
habaneros que para probarse físicamente realizaron la
caminata de los 62 kilómetros, que fue realmente la prueba
física que se establecía para los aspirantes a milicianos de
la capital.
Cuando
la Crisis de Octubre, aquí en la capital estaban los puestos
de mando, y aquí en la capital, cientos de miles de
combatientes, con una impresionante serenidad, marcharon a
sus puestos de combate para defender la patria y la
Revolución.
Pero no
solo en el terreno militar, sino también cuando se acabaron
los macheteros en otras partes. Cuando Camagüey, que antes
de la Revolución hacía la zafra con trabajadores inmigrantes
de otras provincias, que se acabaron, porque un gran número
de aquellos cortadores de caña que se dedicaban a la dura
tarea de la zafra, buscaron empleos permanentes que
surgieron después del triunfo en otras muchas actividades,
decenas de miles, decenas de miles de cortadores de caña de
la capital, trabajadores de nuestras fábricas y de otros
centros de producción y servicios, marchaban para realizar
zafras completas a Camagüey y a otros lugares donde había
que cortar caña.
Recuerdo a los estudiantes preuniversitarios de la Habana
cortando caña en Matanzas y en otras provincias fuera de la
ciudad, los estudiantes preuniversitarios.
¡Ah!,
se podría sumar el número de jóvenes que intervinieron en la
Campaña de Alfabetización, procedentes de la capital; el
número de estudiantes que se incorporaron a las unidades de
defensa antiaérea y a las primeras bases coheteriles que
tuvo el país, que abandonaron carreras universitarias y
abandonaron institutos preuniversitarios para incorporarse,
porque tenían el nivel suficiente o el nivel requerido para
asimilar el empleo de esas armas; o cuando hacían falta
estudiantes para profesores de secundaria, cuando aquellas
escuelas se multiplicaron.
También
recuerdo que las primeras escuelas secundarias y
preuniversitarias en el campo se construyeron en la
provincia de La Habana, y fueron nutridas por adolescentes y
jóvenes de la capital.
Son
muchas las hazañas que los revolucionarios de la Ciudad de
La Habana han realizado en todo este proceso revolucionario;
pero fueron también, y ya en pleno período especial, los
ciudadanos de esta ciudad los que les dieron una respuesta
contundente e inolvidable a los elementos antisociales que
trataron de crear perturbaciones en la ciudad en pleno
período especial. En cuestión de minutos, cuando se
movilizaron los patriotas de esta ciudad (APLAUSOS), se
acabó el desorden.
Es
también imposible olvidar a esta capital de las grandes
conmemoraciones revolucionarias desde los primeros años.
Imposible olvidar a esta ciudad de la Primera y Segunda
Declaración de La Habana.
Imposible olvidar a esta ciudad que se reunió para condenar
el repugnante crimen de Barbados (APLAUSOS). A esta ciudad
que en interminables colas, durante tres días, rindió
tributo y despidió al Che hace unas cuantas semanas.
Imposible olvidar a esta ciudad de los primeros de mayo, de
las marchas del pueblo combatiente.
Imposible olvidar a esta ciudad que recibió a tantos
huéspedes ilustres durante muchos años, hasta que
descubrimos que resultaba ya imposible movilizarse con cada
uno del creciente número de visitantes que llegaba al país.
Son
muchos los méritos de esta capital, y por eso siempre hemos
confiado tanto en esta capital (APLAUSOS).
Fue la
capital que como un solo hombre, en cuestión de minutos,
cumplió las instrucciones que desde la ciudad de Palma
Soriano se enviaron para paralizar el país. La capital cuyos
trabajadores pusieron las estaciones de radio y televisión
en sintonía con Radio Rebelde, el Primero de Enero de 1959,
para que no se escuchara más que una sola planta en esos
momentos críticos y decisivos.
Aquí,
en los primeros años de la Revolución, cada vez que venía
una amenaza de invasión —y no eran imaginarias, como lo han
demostrado después los documentos del Pentágono recién
publicados en Estados Unidos— nos dividíamos el país: Raúl
para Oriente, Almeida para Las Villas, el Che para Pinar del
Río y yo me tomaba el privilegio de quedarme aquí en la
capital (APLAUSOS PROLONGADOS).
Siempre, en todas las crisis, si el enemigo trataba de tomar
esta ciudad prioritariamente, pensando que todo se acababa
después, nosotros sabíamos que allí donde estaba el Che no
se acabaría la guerra nunca; que allí donde estaba Almeida,
en el centro —y los menciono a ellos como símbolo, pero era
actitud de todos los demás—, allí no se acabaría la guerra;
y que en las provincias orientales donde estaba Raúl, no se
acabaría la guerra nunca, ¡nunca se acabaría la resistencia!
Esas fueron las concepciones y son las concepciones.
Me veo
obligado también a recordar que cuando llegaron noticias de
perturbaciones por algunas zonas de la ciudad dijimos: "Que
no se use un arma, que no se haga un solo disparo. Vamos
allá donde están los disturbios." ¿En quién confiaba? Lazo,
siempre tuve confianza en todos los barrios, en todos los
municipios, desde La Lisa hasta Guanabacoa, Cayo Hueso. Si
yo una vez cuando empezaba en actividades políticas, ¿tú
sabes acaso que era delegado por Cayo Hueso? (APLAUSOS.)
¿Sabes que hice campaña allí? Pero aquello era individual;
realmente me tuve que autonominar (RISAS), tuve que escoger
un lugar, y sé lo que son esas luchas individuales. Escogí
ese barrio y me trataron bien, muy bien, me eligieron
delegado, fui el número uno. Mira tú lo que son las
vanidades de la política en aquella guerra individual.
¿Sabes,
Lazo, que yo tenía la dirección de 80 000 afiliados del
Partido Ortodoxo en la actual provincia de La Habana y de la
capital?, 80 000 afiliados que eran espontáneos en su
inmensa mayoría, y busqué en los registros las 80 000
direcciones, tenía un grupo de amigos que me ayudaban en ese
trabajo. Alguna vez les escribí a los 80 000; claro que no
podía hacer 80 000 cartas, no me alcanzaban ni 100 manos,
pero escribía una y las imprimía litográficamente, el
problema era escribir las direcciones en cada sobre. Las
veces que fui a La Habana Vieja, donde estaba el correo, a
llevar paquetes enormes de cartas. El trabajo que pasé para
conseguir sobre y papel, fiado, incluso.
La
verdad es que los recursos con que yo contaba eran las
deudas: desde el bodeguero, el carnicero y el dueño del
apartamento, hasta el carro, que más de una vez he contado
que me lo recogieron por falta de los pagos que debía hacer
cada mes. Había sido comprado a plazos. Andaba defendiendo
causas que no producían dinero; pero, bueno, son anécdotas.
Quiero
decir que trabajé. Aquellos eran unos electores espontáneos,
no estaban controlados por las maquinarias; eran muy
espontáneos, no tenían la conciencia que tienen hoy nuestros
ciudadanos, nuestros militantes, pero era gente que estaba
contra la corrupción, el robo, los abusos, la miseria, las
desigualdades. Les escribía.
Descubrí que en el Partido Ortodoxo, en Prado 109, había una
maquinita que le llamaban el adesógrafo, muy artesanal,
donde estaban las direcciones de todos los que contribuían
con algo. Cuando descubro aquello, dije: Estos que
contribuyen deben ser los más entusiastas. Y tenían allí las
direcciones.
Yo
tenía en aquella oficina algunos amigos. Eran entre 8 000 y
10 000 los contribuyentes. Eso era más fácil, porque el
adesógrafo tenía las direcciones e imprimía las direcciones,
yo no tenía que conseguir más que el sobre y el mensaje, y
sistemáticamente estaba en comunicación con los que
contribuían, y no era para pedirles dinero, ni mucho menos,
sino para que escucharan algún programa radial especial en
fechas históricas o participaran en alguna otra actividad
importante.
¿Mencioné sello? Me preguntarán de dónde sacaba los sellos.
No tenía dinero para sellos; pero hice otro descubrimiento:
la fracción parlamentaria de ese Partido tenía un cuño, que
era una especie de prerrogativa —no sé cómo le llamaría
Alarcón— que tenían los parlamentarios, franquicia postal.
Descubrí la franquicia postal, y esas 80 000 cartas, y las
que me faltaban todavía antes del 10 de marzo...
Yo
estaba ya en una lucha, y no crean ustedes que era
simplemente política, era absolutamente revolucionaria, y
estaba utilizando los caminos que estaban a mi alcance.
Tenía muy claras las ideas, y ya las ideas que tenía no se
diferenciaban mucho de las que tengo hoy, salvo que hoy
tengo un poquito más de experiencia. Con la franquicia
postal de la fracción parlamentaria lo único que había era
que acuñar. No es que yo fabricara un cuño, ¿no?, utilizaba
el de ellos, me lo prestaban. Los entusiastas en la
contienda no eran tantos, o sí, había muchos entusiastas,
pero no habían hecho los descubrimientos que a mí no me
quedaba más remedio que hacer. Y te aseguro que no tenía ni
un centavo, realmente.
Hasta
15 minutos de radio tenía en una estación que se oía en toda
la provincia. Ya al final había un periódico que me
publicaba algunos artículos, algunas denuncias, y las
publicaba en primera plana con cintillos; pero no por simple
amistad, sino por los datos que busqué en los registros de
propiedad y otras fuentes de información, dondequiera.
Y, para
completar la idea, fue a raíz de aquella situación en que
Chibás se suicida porque no puede demostrar que un ministro
del gobierno tenía unas fincas en Guatemala. Me puse a
buscar y encontré decenas y decenas de fincas, aquí en Cuba,
adquiridas por los jerarcas del gobierno con el dinero de la
república, no había que ir a Guatemala: cuándo las
compraron, cómo las compraron, qué extensiones tenían. Y las
de Prío: La Chata, La Altura y El Rocío, las tenía
visitadas, a pesar de que andaban guarniciones por allí,
retratadas por tierra y hasta por aire. Sí, me conseguí una
camarita de esas de película, y por el Wajay había un
campito de aviación en que por cinco pesos contratabas un
avión por unos minutos, avioncitos de esos como de
fumigación, y por aire a las fincas esas, incluso, les tomé
películas; a los soldados trabajando en las fincas, indagué
bien los negocios que hicieron, cómo las compraron.
Entonces, los elementos de juicio y pruebas eran tales que
resultaban irrebatibles.
Cuando
iba a hacer el quinto artículo de esos, ocurre el golpe de
Estado del 10 de marzo, y trataba sobre los negocios
multimillonarios que estaban haciendo con lo que hoy es la
Plaza de la Revolución y todas las edificaciones que la
rodean.
Después, los que estaban en el gobierno, al producirse el
golpe del 10 de marzo, trataban de culparme, y me culpaban,
del golpe de Estado. Así que yo estaba en conflicto con los
que dieron el golpe de Estado y con los que estaban en el
gobierno cuando dieron el golpe de Estado. Pero, realmente,
las denuncias eran fuertes, eran demoledoras y eran
irrebatibles.
Tuve
que participar en esa lucha, tengo la experiencia, y la
lucha era de cada uno contra cada uno. Los candidatos a
diputados tenían que luchar uno contra el otro para
repartirse los votos; no ya entre los partidos, sino dentro
de cada partido.
Pero
ustedes no me lo creerán, yo inventé una especie de voto
unido. ¿Cómo? Ah, yo iba a los mítines de los demás
candidatos de aquel partido, a hablar de sus cualidades, de
sus virtudes. Me invitaban a los mítines; yo iba, hablaba.
Tenía, naturalmente, que luchar por los votos individuales;
pero en la práctica, en las relaciones con los demás, iba a
sus mítines, como invitado, a hablar allí sobre ellos. Es
que me chocaba aquel tipo de lucha individual.
Ahora,
sé lo que valía dirigirse a la gente. Lo pude comprobar en
esas elecciones, en las que se dieron, en las primarias,
como las llamaban. Es que el ciudadano se siente
considerado, se siente agradecido de que alguien piense en
él, de que alguien le envíe una carta, de que alguien lo
distinga, de que alguien sepa que existe, y lo tome en
cuenta.
Estábamos muy lejos de todo esto que tenemos hoy, y se
trataba de una competencia absolutamente individual por los
votos. Yo tuve que idear las técnicas en aquellas
condiciones, porque necesitaba reunir fuerza, y pude
utilizar medios de comunicación que en condiciones muy
difíciles pude alcanzar. En aquella época el periódico
"Alerta" era el que más se vendía, los lunes había edición
especial, su dueño y director, polemista brillante, se hizo
amigo, apreció el trabajo y los artículos de que yo hablo,
los escritos, las denuncias, fue en ese periódico donde se
publicaban; un medio que tenía un impacto tremendo; el
modesto programa de radio tenía impacto, las cartas tenían
impacto.
Recuerdo algo —Sáez debe conocer ese lugar— que fue en Río
Blanco, había un mitin, llegué como a la 1:00 de la mañana,
llegué tarde, porque iba casi a tantos mítines como a los
que tú vas —hablo de Lazo—: terminaba con uno, a toda
velocidad, iba para el otro y para el otro; pero a aquel
llegué tarde, a la 1:00 de la mañana, tuve sin embargo una
buena prueba del efecto que hacía el comunicarse con la
gente y combinar las ideas, las denuncias, las cosas justas
con esa comunicación. Se levantaron los vecinos que estaban
acostados ya, y dimos el mitin a la 1:00 de la mañana. Ha
pasado algún tiempito desde entonces, pero puede haber
alguien todavía que recuerde algunos de esos episodios.
Créanme
que no estoy tratando de hacer una autobiografía aquí, ni
mucho menos, estoy recordando simplemente algunas cosas que
vienen como anillo al dedo, en realidad, al estilo de
trabajo que estamos recomendando a los compañeros.
También, bueno, la confianza en el pueblo. Un individuo lo
podía hacer, acaso uno. Ya realmente grandes terratenientes
en Oriente, en Camagüey, en Las Villas, en Pinar del Río, se
habían apoderado de la dirección de ese Partido, ¿saben?,
grandes terratenientes, gente muy rica.
Entonces yo decía que pensaba casi casi, puedo decir que
pensaba como hoy. En dos palabras, ya me había graduado de
abogado y ya conocía, y principalmente había asimilado las
ideas marxista-leninistas que tanto me ayudaron a lo largo
de toda la vida, desde que tuve verdaderamente una
conciencia revolucionaria; porque fueron las ideas del
marxismo-leninismo las que me hicieron realmente
revolucionario. Primero fui una especie de comunista
utópico.
Yo soy
uno de los que vinimos de Oriente (RISAS) antes de la
Revolución, y me instalé en La Habana, y en La Habana la
gente era más libre del control de las maquinarias
políticas.
La
provincia, tu provincia, Sáez, la parte tuya que entonces
era el interior de la provincia de La Habana, estaba más
controlada por la maquinaria. Había un platanero por la zona
de Alquízar y Güira de Melena —Benito Remedio creo que se
llamaba; pregunten por ahí, alguno debe conocer—, ese
controlaba todos los votos.
Existían las maquinarias políticas —de eso no se habla,
Alarcón—; no era solo dinero, había todo un sistema de
maquinarias políticas que disponían del control de los votos
por todos los mecanismos posibles: favores que hacían,
promesas por si un día necesitaban algo, compadrazgos, el
control de los bienes y empleos. Esas maquinarias
controlaban los votos. La ciudad de La Habana estaba un poco
más libre del control de las maquinarias, había más
electores espontáneos.
Yo
escogí un lugar para iniciar las actividades que no eran
políticas, porque todo aquello —repito— estaba encuadrado
dentro de una concepción revolucionaria —para otro momento u
otra circunstancia podría explicar cuáles eran las ideas—;
pero baste decir que todo lo que estaba en el programa del
Moncada eran las cosas en que yo pensaba, a partir de una
concepción socialista, aunque el programa del Moncada no era
ni podía ser todavía un programa socialista. Tendría que ser
el tiempo el que lo determinara —de esos temas he hablado
con algunos periodistas, con alguna gente que ha escrito—;
la Revolución es un proceso y tiene etapas. Quizás el único
mérito haya sido el haber adaptado la acción, los planes a
las realidades en que estábamos viviendo, porque nos
encontrábamos en plena guerra fría, y en un país
neocolonizado al lado de Estados Unidos; por andar hablando
de Marx y de Engels, un poco por el hábito de estar
explicando esas ideas, me hacían ya una campaña de comunista
dentro de las filas del Partido donde me inicié en la vida
política cuando comencé a estudiar en la Universidad.
Ahí
está Montané. Yo fui a la escuela "Ñico López" de Montané
(APLAUSOS) —él si quiere me puede desmentir—, y de Abel, y
de unos cuantos compañeros más del 26 de Julio.
Los
dirigentes del 26 de Julio tenían ideas marxista-leninistas;
pero como creíamos entender los problemas de la sociedad y
las leyes de la sociedad, estábamos conscientes de que no
era el momento ni la hora de construir el socialismo en
Cuba, aunque sí muy importantes reformas sociales, que
serían el preámbulo del socialismo; porque sí digo que no
nos habríamos contentado jamás con algo que fuera menos que
el socialismo (APLAUSOS), ni nos podían persuadir otras
ideas que no fueran las ideas del marxismo-leninismo. Y como
pensaba entonces, realmente me siento orgulloso de pensar
hoy, exactamente igual, en este minuto, en este segundo
(APLAUSOS).
He
contado todo esto —ustedes nunca me han escuchado hacer
estas historias— porque tenía necesidad de trasmitirles mis
relaciones con esta ciudad y mi confianza en esta ciudad
(APLAUSOS). Y advierto, por si alguien no lo sabe, que no
soy candidato por esta ciudad, porque tengo otra ciudad con
la cual mi vida, casi desde que tenía la edad de eso que
llaman uso de razón, está vinculada, y esa ciudad es
Santiago de Cuba (APLAUSOS). Son hermanas gemelas en mis
recuerdos, en mis cariños y mi respeto, en distintas etapas
de mi vida (APLAUSOS).
Ahora
estamos en un período duro y difícil de la historia de la
Revolución y de nuestro país, pero un período glorioso y
heroico que vale la pena vivirse; en una batalla donde,
repito, ustedes están en la trinchera más difícil y más
dura.
¿Y qué
queremos de los revolucionarios de la capital y de todo el
país? Que se consagren a esta batalla en cuerpo y alma,
hasta el día de año nuevo, no quiere decir que estén allí
molestando a los vecinos, me imagino que si alguien está en
ese momento cenando el pedacito de carne de cerdo que compró
en la feria, un poquito más barato, no lo vayan a molestar a
esa hora; pero allí donde estén ese día, hay que estar en la
batalla política que estamos librando, el 30 y el 31, y el 1
y el 2, y el sábado y el domingo, dondequiera que estemos.
Puede
ser contraproducente organizar alguna actividad en
determinados días que la gente desea disfrutar, hay que
tomar en cuenta eso. Bien, pero los cuadros tienen que
dedicarse sin tregua a esa batalla, aunque estén donde estén
el día 31 a medianoche, o el día 1, el día 2. No molestar a
la gente, pero no debe cesar el trabajo. Y los medios de
divulgación, con sus escasos recursos, no pueden olvidar ni
un minuto esta batalla, es muy importante.
Lazo
preguntaba a un compañero si se había olvidado de algo, no
recuerdo ahora exactamente qué era, pero le reprochaba: "Te
olvidaste de algo", que no había hablado de las elecciones.
(DEL
PUBLICO LE DICEN: "Del Congreso")
Si fue
Lazo realmente el que se olvidó del Congreso en sus palabras
iniciales, es bueno por lo que voy a decir, porque me sirve
de excusa para señalar que hoy en nuestra prensa observé un
olvido, en "Trabajadores"; ya van dos veces que tengo que
mencionar a "Trabajadores", y realmente me gusta el
periódico y lo leo, precisamente lo critico a veces porque
lo leo.
Por
ejemplo, hoy leí un artículo interesante, se escribió una
crítica sobre pipas de cerveza. Realmente, eso tendrán que
analizarlo los que están al frente de esas actividades, con
la buena intención de recaudar fondos y todo, pero me
recordaron un poco las famosas pilotos, que fueron tan
criticadas que dio lugar a la desaparición de las pilotos.
Estamos averiguando, porque la crítica expresaba
preocupaciones fundadas, serias, que a cualquier hora, en
horas de trabajo, y el periodista preguntaba si esa era la
lección que iban a recibir los niños que pasaban por un
parque y se encontraban la pipa.
En
verdad estamos a favor de que se incremente la producción de
cerveza y se distribuya en los lugares adecuados; pero
tenemos que vigilar mucho todas esas cosas, para que en la
batalla contra un mal no vayamos a engendrar otros males.
Señalo
que leí con mucha atención el artículo, me gustó, pero
también el editorial, que está bien hecho: habla de lo que
se hizo en el año, de lo que hay que hacer el año próximo,
habla con optimismo. Y tal vez porque estén pensando en
dedicar otro editorial al tema el próximo lunes, busco las
elecciones y no aparecen las elecciones en el editorial.
Claro, muchos de ustedes no lo han visto porque no alcanzan
los periódicos, no mencionaba las elecciones y estamos en
pleno proceso para los primeros días de enero.
No voy
a decir que el día 31, a las 12:00 de la noche, pongan un
anuncio sobre las elecciones. El buen publicista, el buen
trasmisor de mensajes tiene que saber escoger el momento
para hacerlo; incluso, los que trazan la estrategia deben
saber con qué programas chocan. No hay que poner las
elecciones a chocar, digamos, con un buen episodio o un buen
programa de esos que todo el mundo está esperando la hora
para verlo. No hay que disgustar a nadie, hay que saber
escoger el momento, pero lo que no se puede olvidar es un
solo momento.
Hay que
trabajar con los medios masivos de aquí a las elecciones, en
el momento oportuno; no enviar ningún tipo de mensaje
esquemático, sino razonar, razonar y razonar, persuadir y
persuadir a nuestros compatriotas.
Por
eso, Lazo, si tú te olvidaste del congreso, podemos excusar
al redactor del editorial de que se haya olvidado de las
elecciones (RISAS Y APLAUSOS), con una diferencia: el
congreso pasó y las elecciones están por delante.
Bien,
mi propósito era hablar de las elecciones, pero no tengan
temor, voy a hablar el mínimo. Es que no hace falta, quiero
decir, no hace falta que yo argumente mucho ahora; más bien
quiero hacer algunas recomendaciones, más que hacer una
larga explicación sobre lo que son nuestras elecciones y la
importancia que tienen. Eso sí lo digo y lo afirmo: es
necesario que estas elecciones sean superiores a cualquier
otra; es necesario que estas elecciones demuestren lo que es
la Revolución y la fuerza de la Revolución; es necesario que
estas elecciones, aunque traten de ignorarlas nuestros
enemigos, constituyan un mensaje al mundo y a las ilusiones
de imperialistas y reaccionarios que podrían un día aplastar
esta Revolución, de que podrían un día liquidarla, o que
podrían ganar la batalla ideológica contra la Revolución, o
que vamos a cambiar nuestra línea y principios
revolucionarios, como otras veces soñaron aplastarla con
bandas contrarrevolucionarias, sabotajes, crímenes,
invasiones mercenarias, amenazas de guerras nucleares,
planes de asesinatos de todo tipo, plagas, guerra económica,
leyes y más leyes, etcétera.
Hay que
demostrarles que se equivocan, como se equivocaron cuando
imaginaron que el socialismo se derrumbaría en Cuba. Hay que
trasmitirles claramente la idea de que los revolucionarios
no son de merengue. Hay que demostrarles que son de acero
(APLAUSOS), y que ese acero, ese verdadero acero del cual
está hecho el temple de un revolucionario, es más duro
mientras más grande es el desafío, mientras más grande es la
prueba, mientras más difíciles son las circunstancias.
Por eso
hay tres cosas: estas elecciones tienen una enorme
trascendencia, después de cinco años en pleno período
especial, después de los casi cinco años transcurridos entre
1993 y el 11 de enero de 1998.
Es muy
importante por encima de todo que vean la participación y la
actitud del pueblo. Por eso hay que hacerles ver a los
compatriotas esa importancia y, por lo tanto, tenemos que
estar conscientes de eso y actuar en consecuencia.
Hay que hacer que el máximo de ciudadanos participe en las
elecciones que, como ustedes saben, es un acto absolutamente
voluntario, nadie está obligado; no existen leyes que
sancionen en ningún sentido, ni con multa de un centavo, el
hecho de no votar. El país ha adquirido la moral y el
prestigio de ser posiblemente el lugar del mundo donde de
manera voluntaria, realmente voluntaria y libre, participa
el mayor porcentaje de ciudadanos.
Hay que trabajar intensamente para que el número de votos en
blanco sea menor; para que el número de boletas anuladas por
tachaduras, por lo que sea, o por consignas, en contra o a
favor de la Revolución, porque hay algunos que en un exceso
de entusiasmo lo hacen, sean mínimas, y hay que lograr que
el voto unido sea el máximo posible de los votos emitidos
por la Revolución y por la patria.
Cuando escuchaba hablar del voto unido en las otras
reuniones, señalé que lo más importante, lo número uno, es
la participación, persuadir a los ciudadanos de que voten;
eso es lo número uno, y después persuadirlos de la
conveniencia del voto unido.
Ahora,
independientemente de lo que se haga en las urnas, aparte de
la importancia que tienen las elecciones, idea que hay que
trasmitir a nuestros compatriotas, hay que demostrarles, hay
que argumentarles, apoyándose esencialmente en la idea de
que nuestras elecciones y de que nuestro sistema electoral
es el más democrático que exista hoy en cualquier lugar del
mundo (APLAUSOS), que no hay nada parecido. Ningún otro país
socialista hizo lo que hicimos nosotros en materia de
proceso electoral. Aquí se ha hablado de eso y hay muchos
argumentos.
Una de
las cosas que más me emocionan de nuestro sistema electoral
es que un humilde ciudadano de cualquier lugar del país
puede ser diputado a la Asamblea Nacional,
independientemente de la importancia que tienen las
asambleas provinciales; pero diputado a la Asamblea Nacional
significa ser miembro del órgano supremo del Estado, en un
país de dirección política y estatal colegiada.
Existen
muchos parlamentos en el mundo, y tenemos muchas relaciones
con los parlamentos y conocemos muy buenos y excelentes
parlamentarios, y se han abierto paso de una forma o de otra
en medio de los sistemas. Hasta en el propio Estados Unidos
hay representantes demócratas que son incesantes críticos de
la política de Estados Unidos hacia Cuba, están contra el
bloqueo, contra la Helms-Burton, y no solo del Partido
Demócrata, sino del Partido Republicano también, allí donde
tanto lobby hizo la mafia anexionista de Miami y tantos
millones han invertido.
Desde
luego, en ese país solo excepcionalmente un hombre puede
llegar al Parlamento sin grandes recursos, o con los
recursos que les puedan dar los amigos, gente modesta; pero
los grandes caudales de miles de millones que se gastan en
esas elecciones es dinero de las grandes empresas, de los
grandes negocios, es dinero de la gente rica. Y si no tienen
esos recursos no pueden salir electos ni senadores, ni
representantes, ni para cargos de gobernadores u otros
poderes ejecutivos; quiero decir gobernadores, o alcaldes, o
presidentes, o vicepresidentes. Los escándalos detrás de
cada elección sobre la recaudación y uso de los fondos
electorales duran cuatro años, hasta que viene la otra
elección, y son cada vez más grandes, en el caso de Estados
Unidos.
Ocurre,
como regla, en muchos lugares del mundo, en gran parte del
mundo, la demagogia, la politiquería, las maquinarias
políticas. Son las que deciden todo: postulación y elección.
Las
recetas políticas y económicas que le han aplicado al Tercer
Mundo, incluso al Africa, en países que fueron colonias
hasta muy recientemente y que tienen muchos problemas
derivados de la conquista, esclavización y explotación
durante siglos, y a veces incluso dificultades de tipo
étnico, tribal, han tenido consecuencias desastrosas para
muchos de ellos. Hay decenas y decenas de países con guerras
y conflictos de todo tipo que nosotros no hemos conocido.
No
quiero argumentar, después les explico por qué; pero hay un
enorme arsenal de argumentos en la comparación entre
aquellos sistemas y el nuestro.
El
hecho de que la mitad, aproximadamente, de la Asamblea
Nacional sean delegados de base, es conmovedor.
El
hecho de que un trabajador abnegado, cumplidor, heroico en
el cumplimiento del deber, aunque no tenga un centavo,
mediante nuestro sistema electoral pueda ser diputado a la
Asamblea Nacional y pueda ir en una comisión a cualquier
Parlamento del mundo, a cualquier país del mundo, con
orgullo y con la frente alta, es conmovedor.
El
hecho de que un científico, aunque no lo conozcan o no sepan
de sus proezas, o de que un joven estudiante universitario
de 20, 22 ó 23 años puedan ser diputados a la Asamblea
Nacional es algo realmente conmovedor. Y uno se puede
preguntar: ¿Dónde más? ¿Dónde?
El
hecho de que un joven de la FEEM, de 18 ó 19 años, pueda ser
diputado a la Asamblea Nacional es conmovedor; el hecho de
que un cuadro sindical, un combatiente del MINFAR o del
MININT, un miembro de las organizaciones de masa sea
diputado a la Asamblea Nacional, aunque no tenga un centavo,
es realmente conmovedor; pero el hecho de que ninguno de los
601 diputados que se van a elegir necesite un centavo es
conmovedor; el hecho de que nadie en absoluto se
autopostule, como tuve que hacer yo, en las condiciones que
expliqué, es realmente conmovedor.
El
hecho de que unas elecciones no sean una guerra de todos
contra todos es conmovedor.
El
hecho de que unas elecciones unan al país en vez de
dividirlo es conmovedor.
El
hecho de que todo el mundo vaya a hacer la campaña junto a
los otros candidatos es conmovedor; que no haya ni
politiquería, ni demagogia, ni compra de votos, ni
publicidad al estilo con que se impulsan las ventas de una
marca de cigarro, o de bebida, o de refresco, o cualquier
otro producto, es realmente una excepción conmovedora en el
mundo.
El
hecho de que el mérito sea la base exclusiva para alcanzar
esos honores y ese rango político es algo que conmueve. Se
pueden enumerar muchas cosas.
El
hecho de que se pueda ser pobre, de origen modesto, negro y
diputado es conmovedor; y quien dice negro, dice mulato,
dice amarillo, dice indio, a los que les queda un poquito de
la poca sangre india que dejaron los conquistadores en esta
tierra.
El
hecho de que ser diputado no sea privilegio de ricos, de
aristócratas, o de blancos, como sucede en una gran parte
del mundo occidental, es conmovedor, y el hecho de que se
pueda ser mujer y madre y diputada es conmovedor.
En dos
palabras: el hecho de que haya real igualdad, reales
derechos para todos, sin excepción, y que incluye creyentes
que compartan las ideas de justicia social, las ideas de la
igualdad, de la independencia, eso también es conmovedor.
No está
discriminado nadie; están discriminadas la injusticia, la
desigualdad, la politiquería, las ambiciones personales, las
vanidades, la demagogia. Todos esos vicios tan comunes en el
mundo capitalista, esos no tienen espacio en nuestra
sociedad, ni en nuestro sistema, están discriminados.
El
divisionismo no tiene ni debe tener nunca el menor chance en
esta Cuba revolucionaria y heroica de hoy, de mañana y de
siempre (APLAUSOS).
Un pueblo unido es hoy una excepción en el mundo. Una fuerza
de revolucionarios y de patriotas unidos es hoy una
excepción en el mundo. Una fuerza constituida por lo mejor
del país, no solo como parte del Partido, sino como parte de
las organizaciones de masa y de la Asociación de
Combatientes Revolucionarios, ese hecho es realmente único
en el mundo.
Lo que liquidó a las revoluciones fue la división, lo que
impidió la victoria de nuestros patriotas en 1868 fue la
división, esa división que con tanta clarividencia vio
Martí, y luchó para preverla y evitarla después; fue la
división impuesta por los intervencionistas del entonces
naciente imperio lo que nos hizo neocolonia.
Fue la unión la que nos hizo triunfar, fue la unión la que
nos dio capacidad de vencer, fue la unión la que nos dio
fuerzas para resistir exitosamente al más poderoso imperio
que haya existido jamás. Y lo repito, para resistir al más
poderoso imperio que haya existido jamás. ¡Y aquí está la
Revolución, y aquí seguirá estando la Revolución!
¿Y qué
fue lo que hizo un terrible daño al movimiento comunista
internacional, algo que vimos casi desde el triunfo de esta
Revolución? La división entre las dos grandes potencias
socialistas: URSS y China.
¿Qué
liquidó a la URSS? La división.
Una
encuesta reciente publicada por la prensa internacional
señalaba que un 61% de los rusos sentían nostalgia por la
URSS y deseaban la existencia de la URSS.
Hay
cosas que cuesta mucho trabajo construir y mucho tiempo
construir. Fue destruido aquel Estado enorme, con tantos,
casi infinitos recursos naturales, científicos, técnicos;
desapareció. Hoy decenas de millones pueden lamentarse, pero
el daño está hecho.
¿Qué
retrasó la revolución en este hemisferio? La división. Sí,
la división de los partidos comunistas, que se dividieron en
fragmentos y más fragmentos.
Pudo
ser otro el curso de la historia en estos años, y digo en
estos años porque el curso de la historia no lo puede
detener nadie; se puede adelantar o se puede retrasar, pero
el curso de la historia es inexorable.
No diré
mucho más sobre ese tema, acerca de la historia. Tengo la
más profunda convicción de que al final desaparecerá el
imperialismo y desaparecerá el capitalismo. De eso estamos
tan seguros como de que estamos aquí. Variarán las formas,
variarán los caminos, pero desaparecerán como desaparecieron
los sistemas esclavistas de la antigüedad, el sistema feudal
de la Edad Media, las monarquías absolutas. Y ese imperio
superpoderoso un día dejará de serlo, como resultado de sus
propias contradicciones y de las propias leyes que rigen su
sistema, como desapareció Roma.
Pero no
hay que ir tan lejos, desaparecerá como desapareció tan
recientemente el Imperio Británico. Estaba yo en la primaria
—y no hace tanto tiempo, se lo aseguro (RISAS), a mí por lo
menos me parece que fue ayer, cuando estaba estudiando
geografía, historia—, en quinto grado, en sexto grado, y
veía los mapas. Las colonias británicas estaban pintadas de
rojo en el mapa, usted tenía un mapa y dondequiera veía
rojo: Canadá, rojo; Australia, rojo; Nueva Zelandia, rojo;
Africa, casi todo rojo; el Medio Oriente, rojo; la India,
rojo. Después venían las colonias francesas que tenían otros
colores. Me acuerdo, como si fuera ahora, de aquellos mapas.
Bélgica tenía unos colorcitos en Zaire, que es mucho más
grande que Bélgica; Portugal que es un país creo que hasta
con menos superficie que Cuba, tenía millones de kilómetros
cuadrados en Africa. En unas cuantas decenas de años
desapareció el Imperio Británico.
La
escuadra británica era la reina de los mares, protegió a ese
país de la invasión nazi, una muralla que no pudieron
atravesar los nazis, y reinó sobre el mundo cuando Estados
Unidos no tenía el peso que tiene ahora. Estados Unidos
reinaba en Centroamérica, en el Caribe, en América Latina,
no era la potencia mundial que es hoy. El Imperio Británico
en qué breve período histórico realmente desaparece;
resultado de qué, de las leyes de la historia, de las
contradicciones del sistema capitalista, del desarrollo
desigual, de las guerras que tal sistema desarrolló por el
reparto del mundo. Otro conjunto de factores históricos
viabilizan una posibilidad u otra; del surgimiento de un
imperio a partir del capitalismo, los recursos naturales, la
extensión de un país, la geografía influye también. En el
caso de Estados Unidos en este hemisferio, se hizo dueño de
todo, frente a una América Latina dividida.
¿Qué
fue lo que colocó, podríamos decir, a la zaga histórica a
los pueblos de América Latina, que llegaban desde la
Patagonia hasta la frontera de Canadá? Eran dueños del
territorio de California, Texas, Nuevo México, todos esos
lugares. ¿Qué los hizo débiles? La división, la
balcanización. Y vean la diferencia entre el poder de
pequeños países de América Latina, poder económico,
político, y el poder del Norte. Aquellos hicieron una guerra
cruenta cuando las primeras colonias estuvieron a punto de
dividirse, fue la famosa Guerra de Secesión en los años
sesenta y tantos del siglo pasado.
Lo otro
es historia conocida: invasión del oeste, ocupación,
exterminio de la población indígena, ocupación de más de la
mitad de México, ocupación de Puerto Rico, intervención en
todas partes, Haití, Santo Domingo, Centroamérica, la
dinastía de los Somoza en Nicaragua, la satrapía de Trujillo
en Santo Domingo. Son historias muy recientes todas, y
América Latina impotente.
Bolívar
soñó con la unidad, pero para aquella época era realmente
una gran visión, un gran sueño, no existían comunicaciones,
no existía prácticamente nada que facilitase la unión. Hoy
la unión de América Latina es una necesidad vital, por eso
surge el MERCOSUR, y por eso los del Norte tratan de
dificultar la integración de América Latina. Y hay
contradicciones, pero ya para los pueblos de América Latina
no es simplemente un gran sueño, un ideal; hoy es una
cuestión vital, no pueden sobrevivir en este mundo si no se
unen.
Todos
estos pueblos pequeños divididos son presa fácil del
imperio. Si además de ser pueblos pequeños divididos entre
sí, son pueblos divididos dentro de sí, no hace falta más: 5
partidos, 10 partidos, 15 partidos, fragmentados de
cualquier forma, presa fácil es lo que son, presa fácil.
Europa
guerreó durante siglos, hablan idiomas diferentes, tienen
religiones diferentes; sin embargo, la necesidad de
sobrevivir los obliga a unirse, y después de la Segunda
Guerra Mundial luchan por unirse; después competirán con su
aliado principal, Estados Unidos, ya están compitiendo. Al
antiguo campo socialista lo desbarataron, lo fragmentaron en
mil pedazos. Enormes recursos naturales, como el fabuloso
yacimiento de petróleo del Caspio, están cayendo en manos de
las empresas norteamericanas. Surge China como una gran
fuerza; se debate Japón, segunda potencia económica mundial
hoy, en problemas económicos tremendos.
Señalo
esto nada más para decir que no tiene ningún porvenir el
imperialismo ni el capitalismo, y hoy están desconcertados,
en este momento, desesperados. Hay que leer sus artículos,
sus noticias, y cómo ahora sí sacan a relucir problemas que
antes no mencionaban. Presentaban como modelo el sistema que
habían impuesto esos países, a los que les facilitaron
mercados, recursos, todo, y ahora las economías de esos
países se están derrumbando aceleradamente, el sistema no
tiene porvenir.
Son
convicciones profundas que albergamos. Hoy es el dinero lo
que impera, el poder de los monopolios, de los bancos; el
fenómeno que explicábamos en la Asamblea Nacional de cómo
Estados Unidos estafó al mundo y hoy lo compra con papeles,
y por qué. Eso no es sostenible. Ahora será a muerte la
lucha económica; quizás no llegue a adquirir la forma de
guerra porque hay una potencia dominante en lo militar, pero
la guerra económica será creciente y a muerte entre las
distintas zonas, entre Europa y Estados Unidos en primer
lugar, y después la competencia con japoneses, el sudeste
asiático, que vive ahora en tremenda crisis, que puede
extenderse a todo el mundo capitalista. Surgirán otras
potencias económicas como China; y ojalá puedan los rusos
levantarse, aunque fuese bajo un régimen capitalista.
Los
rivales potenciales de Estados Unidos expresan que prefieren
un mundo multipolar a un mundo unipolar, y es lógico. Los
europeos lo comprenden perfectamente y quieren la moneda
única, una gran unión de países, para poder competir con el
dólar.
Todo
eso marcha, realmente, de una forma acelerada. Les he
explicado en otras reuniones a los compañeros que estamos
viendo pasar el cadáver de los modelos que preconizaban.
Todas las recetas que le dieron a la antigua URSS, vean qué
terribles resultados han tenido. Pero de los modelos que
aplicaron a aquellos países del sudeste asiático a los que
ayudaron tremendamente, estamos viendo pasar también sus
cadáveres. Y las recetas que querían para nosotros fueron
las que suministraron a la URSS y otros países socialistas;
eso es lo que querían. Una cosa que ha quedado despejada en
este período, de esta legislatura, como diría Alarcón.
Repito,
no tenemos la menor duda de que el mundo verá pasar
igualmente el cadáver del sistema imperialista y del
capitalismo. Y reitero que no será un imperio de miles de
años ni de cientos de años, no lo resiste el mundo, ni la
atmósfera, ni la tierra, ni los recursos naturales, ni la
humanidad, que tiene ya 6 000 millones de habitantes,
habiéndose multiplicado por seis en solo un siglo. Las leyes
del sistema lo llevarán a la decadencia y a la desaparición
como sistema.
Los
revolucionarios debemos saber esto, debemos profundizar en
esto y debemos comprender esto. Y ese será como un premio al
heroísmo, al valor con que nuestro pueblo ha resistido. Y
los años pasan.
¿Cuánto
tiempo no tardamos en alcanzar la plena independencia? Casi
100 años desde que empezaron en 1868, ¡y cómo hemos tenido
que defenderla! ¡Qué lucha tan dura! Pasará el imperialismo,
pero las ideas, los valores y los principios que defendemos
no pasarán (APLAUSOS). Todo eso se juega en cada lucha
política importante, como el esfuerzo del que hablábamos.
Pero
yo, como les decía, quiero decir el mínimo de estas cosas
para que tengamos una idea general y para sostener el
criterio de que el arsenal es enorme a nuestro favor, desde
el punto de vista ético, desde el punto de vista humano.
En la
reunión de la Sala Avellaneda, Alarcón pronunció un
excelente discurso, con argumentos muy interesantes, muy
actuales. Yo lo escuché y hoy volví a leerlo. Hice lo
posible para que no se quedara sin publicar, a pesar de la
escasez de papel, porque me parece un material de gran
utilidad.
Yo me
ahorro muchos argumentos si con el material de Alarcón, que
salió hoy en "Trabajadores", se hace un folletico rápido de
esos —no sé cómo le llaman, plegable, ¿no?— y sacan 200 000
ó 300 000 ejemplares y los mandan a toda velocidad a todas
las provincias —no como periódico, sino como material de
trabajo—, al Partido, a las organizaciones de masa, a los
que están trabajando en esta tarea de persuasión.
Este
discurso se puede publicar. He usado algunos argumentos,
algunas cosas, algunas experiencias realizadas; pero pedí
una copia del discurso que pronuncié en la reunión de la CTC
el 6 de febrero de 1993, lo revisé hoja por hoja. Aquí está
la historia de lo del voto unido y si lo tengo que
pronunciar otra vez, ni le pongo ni le quito una coma. Es
breve, además, tiene 26 páginas (RISAS). Sí es breve,
comparado con otros (RISAS).
Yo
hablaba con Balaguer sobre lo del voto unido, y son muchos
los argumentos utilizados. Lo planteo como una cosa
permanente, porque todo esto de que hablábamos, de lo cual
nos sentimos orgullosos de nuestro sistema electoral, toda
esa justicia se complementa con el voto unido, que no es una
ley, sino una estrategia política. Si no el joven de la FEU
no sale, aunque sus méritos sean grandes; tiene que ser
conocido, su biografía es muy pequeña.
Muchos
de los delegados de la base podrían no salir. Lo que hace
realmente justo nuestro sistema es precisamente las
posibilidades de que sean electos a la Asamblea Nacional
esos compañeros que no son muy conocidos. La posibilidad de
que no haya lucha y competencia por los votos, ni búsqueda
insana de publicidad, ni publicidad alguna; el hecho de que
pueda fundarse en el mérito y la capacidad no sería posible,
si no hay el principio del voto unido.
Todas
esas cosas se razonan aquí. Pueden hacer otro plegable y
enviarle los materiales a la gente que va a estar
discutiendo aquí en los próximos días. Esto se puede hacer
yo diría que de inmediato, sacar los dos plegables; son
argumentos, y hay más argumentos.
Creo
que esto les daría a todos los activistas que están en el
trabajo de persuasión los argumentos para responder la
inmensa mayoría de las inquietudes que puedan subsistir para
hacer lo que deseamos, que sea un problema de conciencia, no
un problema de disciplina.
No tendría valor un voto unido que se haga sin comprender la
razón de ser.
Hay que comprenderlo, hay que estar conscientes. No se puede
apelar al sentido de la disciplina y no puede ser una
consigna, tiene que ser una convicción de la gente que calza
muchas de las mejores cosas que tiene nuestro sistema
electoral. Hay que convencer a cada revolucionario, a cada
compatriota, no con la ilusión de que el ciento por ciento
lo va a hacer. Hay quienes dicen que cada ser humano es un
mundo; pero, bueno, lo que importa es que cada uno se sienta
libre y actúe por conciencia, porque esté persuadido de que
debe hacerlo.
Si hay quien no quiere votar por alguno, está en su pleno
derecho de no votar por alguno. Tiene derecho a votar por
todos, por varios, por uno o por ninguno, debe sentirse
realmente libre el ciudadano.
El valor del voto unido es que exige un trabajo de
persuasión, de educación, de formación, y es una apelación a
la conciencia, no a la disciplina, y así ocurrió la primera
vez. Hoy lo necesitamos más que la otra vez, incluso, aunque
entonces fue muy importante.
Se
eligió la Asamblea que ha vivido los primeros cinco años del
período especial; bueno, lleva más, no los primeros cinco
años, los cinco últimos años del período especial, y ahora
hay que elegir otra que tiene que seguir dando la misma
batalla, a partir de los avances que hemos ido logrando,
aunque sean modestos, pero que son sólidos. A la próxima
Asamblea le espera una gran lucha, una gran batalla; debe
tener fuerza, debe tener apoyo.
Entre
revolucionarios no puede darse el fenómeno de que uno quiera
sacar más votos que otro, o actúe pensando en los votos. El
revolucionario tiene que cumplir su deber. A veces tiene que
decir cosas que no resultan agradables, tiene que hacerlo;
no se concibe que esté fingiendo, haciendo demagogia en
algo. Por eso es tan estimulante el espectáculo de ver a los
candidatos, asistir a los actos, a la asamblea, hablar
todos.
Hay
algunos que tienen mucha facilidad de palabra, hay otros que
no, tienen facilidad para otra cosa. Yo conozco a gente de
grandes méritos, de extraordinarios méritos para la guerra,
o para la ciencia, o para la administración, que, sin
embargo, no le gusta pararse en una tribuna, sufren mucho
cuando tienen que pararse en una tribuna a hacer un
discurso. Es un tormento, una tragedia para mucha gente.
El voto
unido es el elemento que subsana todos esos problemas, y no
es un sueño. Sabemos que habrá diferencias siempre, que
habrá un número de personas que no voten, y ese derecho hay
que respetarlo.
Requisito esencial: la persuasión. Tarea número uno, repito,
la conciencia de la importancia; segundo, la convicción
absoluta de la justicia y la democracia de nuestro sistema;
tercero, la estrategia del voto unido. Ese es el trabajo que
tienen ustedes delante.
Cómo no
confiar en ustedes cuando los escuchamos hablar; cómo no
confiar en ustedes cuando tenemos el privilegio de oír lo
que nos dijo Maceo, nieto de Maceo, y un verdadero Maceo
político (APLAUSOS). Cuando yo lo escuché, realmente me
sentí muy estimulado por su elocuencia, su sinceridad, la
fuerza con que trasmite sus ideas.
El
decía que las nuevas generaciones debían reconocer la
oportunidad que han tenido de alcanzar el triunfo de la
Revolución, y añadía que "esto sí vale la pena". El
sintetizaba todo lo que yo he tratado de decirles, ¡que esto
sí vale la pena! Pero añadiría, en nombre de todos nosotros,
el extraordinario privilegio que significa escuchar a un
compatriota como él, a un hombre como él, a un
revolucionario como él, que dice que el trabajador se puede
retirar pero el comunista no se retira nunca. Valen la pena
los esfuerzos modestos, porque no se pueden llamar de otra
forma que modestos los esfuerzos o los aportes que hayamos
hecho en nuestras vidas, los que siempre nos parecerán
pocos. ¡Eso sí es, realmente, un gran privilegio! ¡Eso sí
que vale la pena! Y que sean como tú todos, Maceo; que si
muchos hombres como tú, con tus ideas y tus convicciones,
actúan en el mundo, se acabará mucho más pronto el
imperialismo, se acabará mucho más pronto el capitalismo, se
acabarán mucho más pronto las injusticias (APLAUSOS).
Vale la
pena una revolución que es capaz de inspirar sentimientos
como los tuyos. En ti y como a ti, vemos a todos los demás;
vemos a todos los revolucionarios, de la capital y del país,
y albergo la más profunda convicción de que todos tienen una
parte de tus virtudes, tal vez muchas de tus virtudes.
¡Que
vivas muchos años! Que guardes más botellas (RISAS) para
otros cumpleaños; que tu cumpleaños debemos celebrarlo todos
(RISAS), aunque no sea en tu casa ni con tu botella, que es
para el grupo de descendientes de mambises y los vecinos
(RISAS).
Tú, con
optimismo, hablabas de llegar a los 80, y nosotros lo
compartimos.
Dijiste
también, como comunista, que no era cosa que te preocupara
de manera especial la duración de la vida. Eso es también
virtud de comunista: no importa cuánto tiempo vivir, valen
mucho más la nobleza, el mérito y la virtud de estar
dispuesto a morir en cualquier momento, en cualquier minuto,
a cualquier edad, por las ideas más nobles que existen.
El
comunista no espera premios de ninguna índole, el comunista
está dispuesto a darlo todo a cambio de nada. Y muchos
cayeron en el camino muy jóvenes, algunos con menos de 20
años, otros con 20, 22, 23, para hacer posible esto que
vemos hoy aquí; para hacer posible un pueblo como este, una
conciencia como la que refleja esta Revolución.
Por
eso, en el breve receso, le dije a la compañera que se ocupa
de la publicación de estos actos que, antes de lo que yo
diga, hay que trasmitirle a todo el pueblo de Cuba las
palabras de Maceo en esta reunión (APLAUSOS PROLONGADOS).
Vale la pena que todo nuestro pueblo tenga el privilegio de
escucharlas, ¡vale la pena!, para que salgamos a la calle a
luchar y para elegir el día 11 no solo a los 601 diputados,
sino para elegir a los cientos de miles de patriotas que se
sacrificaron y dieron sus vidas por esta Cuba heroica e
independiente de hoy (APLAUSOS).
¡A
votar por las ideas de los que murieron en 1868 y en 1895; a
votar por las ideas y la victoria de los abuelos de los
nietos que tú mencionabas!
¡A
votar por los Maceo (APLAUSOS), a votar por los Martí
(APLAUSOS), a votar por los Agramonte y los Céspedes, a
votar por Máximo Gómez, a votar por los combatientes del
Ejército Mambí!
¡A
votar por los que cayeron defendiendo la Revolución luchando
contra la tiranía; a votar por los que cayeron en Girón, en
el Escambray; a votar por los que dieron su vida a lo largo
de la Revolución y por los que los precedieron en aquella
caricatura de república!
¡A
votar por Mella, a votar por Guiteras, a votar por Jesús
Menéndez y tantos como él, a votar por Abel Santamaría y
Frank País!
¡A
votar por los que murieron en el Moncada, en el "Granma", o
en las numerosas acciones revolucionarias que serían muy
largas de enumerar; a votar por los que cayeron en el asalto
al Palacio Presidencial, a votar por aquellos estudiantes
que se batían en las calles!
¡A
votar por los que cumplieron honrosas, gloriosas y
extraordinarias misiones internacionalistas (APLAUSOS), por
los que lucharon por la libertad de numerosos pueblos
africanos, por los que lucharon para derrotar el apartheid!
¡A
votar por los que cumplieron misiones en otros pueb |