Debo contarles que, muy próximo al episodio, había
llegado de visita a Cuba el legislador Bill Richardson, el
19 de enero de 1996. Traía, como era habitual, solicitudes
de que fuesen puestos en libertad varios presos
contrarrevolucionarios. Al plantearle que estábamos ya
cansados de tales solicitudes, le hablé de lo que sucedía
con los vuelos de Hermanos al Rescate. También le hablé de
las promesas no cumplidas sobre el bloqueo. Richardson
regresó a los pocos días, el 10 de febrero, y con entonación
sincera me expresó, según recuerdo con mayor o menor
precisión, lo siguiente: “Eso no volverá a repetirse, el
Presidente ha dado ya la orden de que fueran suspendidos”.
Yo creía entonces que las órdenes de un Presidente de
Estados Unidos se cumplían. Las avionetas fueron derribadas
el 24 de febrero, unos días después de la respuesta. La
revista The New Yorker habla y ofrece detalles sobre
esa reunión con Richardson.
Parece cierto que Clinton dio la orden de que tales
vuelos fuesen suspendidos, pero nadie le hizo caso. Era un
año electoral, y aprovechó ese pretexto para invitar a los
líderes de la Fundación y suscribir, con el apoyo de todos,
la criminal Ley.
A raíz de la crisis migratoria que se desató en 1994,
supimos que Carter deseaba actuar en busca de una solución.
Clinton no lo aceptó, y llamó a Salinas de Gortari,
Presidente de México. Cuba había sido el último país en
reconocer su triunfo electoral. Había hecho contacto con él
en su toma de posesión como nuevo Presidente de México.
Salinas me comunicó por teléfono la decisión del
presidente Clinton de buscar una solución satisfactoria,
quien a su vez le rogó que cooperara en esa búsqueda. Así
fue como se llegó a un acuerdo en principio. Dicho acuerdo
con Clinton incluía la idea de poner fin al bloqueo
económico. El único testigo con que contábamos era
Salinas. Clinton había “planchado” a Carter en tal
proceso. Cuba no podía decidir quién sería el mediador.
Salinas narra este episodio con fidelidad. Quien lo desee,
puede leerlo en sus textos.
Clinton fue realmente amable cuando coincidió
casualmente conmigo en una reunión de la ONU colmada de
Jefes de Estado. Fue, además, amistoso, a la vez que
inteligente, al exigir el cumplimiento de la Ley con
relación al niño secuestrado al rescatarlo con fuerzas
especiales enviadas desde Washington.
Los precandidatos están ahora enfrascados en la aventura de
la Florida: Hillary, la heredera de Clinton; Obama, el
popular candidato afroamericano y varios de los otros 16 que
hasta este momento han propuesto su candidatura en ambos
partidos, con excepción de Ronald Ernest Paul, congresista
republicano, y Maurice Robert Gravel, ex senador demócrata
por Alaska.
Ignoro lo que Carter dijo en sus días de candidato. Sea
cual fuere su posición, lo cierto es que adiviné que su
elección podría evitar al pueblo de Panamá un holocausto, y
así se lo dije a Torrijos. Creó en Cuba la Oficina de
Intereses y promovió un acuerdo sobre límites
jurisdiccionales marítimos. Las circunstancias de su tiempo
le impidieron llegar más lejos y se embarcó, a mi juicio, en
algunas aventuras imperiales.
Hoy se habla de que un ticket al parecer invencible
podría crearse con el binomio Hillary presidente y Obama
vice. Ambos se sienten en el deber sagrado de exigir “un
gobierno democrático en Cuba”. No están haciendo política;
están jugando a las barajas un domingo por la tarde.
Se afirma por los grandes medios que esto sería
imprescindible, excepto si Gore se postula. No creo que lo
haga, él conoce mejor que nadie la catástrofe que espera a
la humanidad si continúa por el actual camino. Cuando fue
candidato, por supuesto cometió el error de suspirar por
“una Cuba democrática”.
Basta de cuentos y nostalgias. Esto se escribe sencillamente
para incrementar la conciencia del pueblo cubano.
Fidel Castro Ruz
Agosto 27 del 2007
4:56 p.m.