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Entrevista concedida por el Comandante en Jefe Fidel
Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la
República de Cuba, al diario Clarín. Buenos Aires, Argentina, el 26 de
mayo del 2003.
Al concluir la entrevista del Comandante en Jefe con los
periodistas del diario Clarín, que tuvo lugar en el hotel Four Seasons,
donde se hospedaba la delegación cubana, y que duró desde las 11:30 am
hasta la 1:02 pm, el compañero Fidel les prometió trabajar en la
transcripción de dicha entrevista, que había estado muy limitada en el
tiempo debido a los numerosos compromisos de ese día, obligándolo a
responder lo más rápidamente posible cada una de las preguntas que
realizó el grupo de inteligentes y bien informados reporteros. Así lo
hizo, revisando durante muchas horas los detalles de las preguntas y
respuestas.
El viernes 30 de mayo se logró remitirla, acompañada
de la carta que a continuación publicamos dirigida a la dirección de ese
diario, que le ha dado una amplia y seria difusión a la entrevista en
una versión ampliada, con mínimas diferencias en detalles por la
urgencia con que se usó la transcripción para hacer la síntesis
publicada el domingo primero de junio y que damos a conocer en este
tabloide.
La Habana, 30 de mayo del 2003
A la Dirección
del diario Clarín.
Estimados amigos:
Personalmente he
trabajado bastante en la trascripción del documento, que resultó
extenso. Tarea que no fue fácil, tomando en cuenta el breve tiempo y la
presión con que se realizó la entrevista ese día. He añadido algunos
datos necesarios para la mejor comprensión de nuestro pensamiento, y he
concluido ideas que estaban incompletas. Me he ajustado estrictamente al
contenido de todos los temas y problemas planteados allí, sin variar en
nada la esencia de lo que expresé, y siguiendo el mismo orden de las
preguntas. No he tocado en absoluto ninguna de estas, y las he
respondido todas.
Puedo observar que en esta entrevista hay cosas
nuevas y exclusivas no abordadas en otro momento, que ojalá sean de
interés para el periódico. Es la versión oficial de la entrevista,
cuyo contenido solo ustedes y nosotros conocemos. Rogamos nos transmitan
cualquier preocupación o criterio.
Fidel
Castro
Periodista.- Señor Presidente, podemos
entrar en tema, si a usted le parece.
Fidel Castro.- Sí,
parece que el tiempo nos obliga.
Periodista.-
Claro.
Me parece que un buen lugar para arrancar
es:
Estamos en una etapa de rediseño del sistema internacional,
no necesariamente por la ley, sino por la fuerza, como acabamos de
ver.
Cuba —usted lo recuerda siempre, en todo momento— lleva
varias décadas de un sistema de bloqueo que constituye un impedimento
mayor para establecer un sistema de seguridad para la experiencia
política en la isla, para la vida de la isla. ¿Usted cree que esta
situación, a partir de este rediseño que encarna George Bush, este
intento de rediseño es más precario, es más grave? ¿Cómo lo ve
usted?
Fidel Castro.- Depende de las posibilidades que ese
rediseño tenga, pero a tu pregunta puedo responder que sí, que esta
situación es más peligrosa y más grave. Pero no solo para Cuba,
sino para quién sabe cuántos, porque habría que despejar aquella
ecuación cuando él se refiere a que 60 o más países pueden ser atacados;
para ese concepto “o más” hay que inventar una ecuación. Cuando
unos días después de aquello hubo una iniciativa en Estados Unidos
proponiendo atacar a Holanda, si el Tribunal Penal Internacional
sancionaba a algún norteamericano, se vio que parece que la equis esa es
bastante amplia. No sé si alguien se escapa de ese “o
más”.
Periodista.- Presidente, pero este rediseño en
particular, depende más del empleo de la fuerza que de la vigencia de la
ley. Cuando usted dice —y yo creo que es así— que hay mayor
precariedad para toda la región, uno tiene que pensar que en la región,
a diferencia de la década anterior, están surgiendo gobiernos, y cuando
no son gobiernos, propuestas políticas, que hablan de un cansancio
latinoamericano con la injusticia, cierta fatiga —llámelo con el modelo
neoliberal, el consenso de Washington, el nombre que se le ponga importa
poco—; hay una fatiga de injusticia en la región. Y esto lo que
naturalmente nos lleva a pensar —la historia lo enseña— es que, cuando
hay estos procesos, hay mayor posibilidad de una confrontación con
Estados Unidos.
¿Cómo ve el futuro, no ya de Cuba sino de la
región? Estoy hablando de Chávez, en Venezuela; Lula, en Brasil,
lo que significa.
Fidel Castro.- Hay peligro no solo en la
región, es mundial; pero veo que tú quieres referirte a la
región.
Periodista.- Sí.
Fidel Castro.- Sí hay
un peligro para la región. Los peligros son a partir de riesgos de
agresión o riesgos de que la región sea devorada: riesgos de
sometimiento, de apoderamiento de los recursos, de la imposición de un
sistema que está realmente en crisis; es la globalización neoliberal, de
lo cual todo lo que viene sucediendo no son más que expresiones de su
crisis.
Cuba ocupa un primer lugar, tiene el honor de correr el
mayor riesgo.
Periodista.- Quizás, Presidente, aunque el
riesgo de Cuba es grande, el riesgo mayor para la región es
Colombia. En Colombia uno puede pensar ahora en una invitación,
hecha a partir del propio gobierno colombiano, para militarizar
hemisféricamente la larga lucha de décadas, y va a ser muy difícil para
los países, si se produce esa convocatoria, si Estados Unidos la
alienta, de militarizar en términos del hemisferio; para ponerlo en
términos claros, de una intervención militar hemisférica en
Colombia.
Fidel Castro.- Sí, pero viene desde antes de esta
administración. Como también antes de esta administración se
produjo un hecho como el de Kosovo.
Periodista.- Claro, la
intervención de la OTAN.
Fidel Castro.- Y se hablaba del
nuevo concepto estratégico de la OTAN. Un día en Brasil, el 28 de
junio de 1999, cuando se reunieron los jefes de Estado europeos con los
de Latinoamérica y el Caribe, hice algunas preguntas sobre ese
nuevo concepto estratégico. Una de ellas: Desearíamos que se
nos aclarara si América Latina y el Caribe están o no comprendidos
dentro de la periferia euroatlántica definida por la OTAN.
Otra
pregunta que viene muy al caso fue: La Unión Europea, después de
muchos debates, ha dado su apoyo a una declaración de esta Cumbre que
dice: esta asociación estratégica se sustenta en el pleno respeto
al derecho internacional y en los propósitos y principios contenidos en
la Carta de las Naciones Unidas, los principios de no intervención, el
respeto a la soberanía, la igualdad entre Estados y la
autodeterminación. ¿Significa esto que Estados Unidos se
compromete también a respetar los principios contenidos en este acuerdo
de sus aliados? ¿Cuál será la actitud de Europa si Estados Unidos
decide por su propia cuenta lanzar bombas y misiles con cualquier
pretexto contra cualquiera de los países de América Latina y el Caribe
aquí reunidos? La pregunta no voy a decir que era provocativa,
pero sí muy franca.
El Jefe de Estado de Brasil, Fernando
Henrique Cardoso, que estaba presidiendo la sesión, dijo que esas
preguntas eran muy importantes y sugería que en la reunión privada que
venía de inmediato se les diera respuesta. El canciller alemán,
Schroeder, y demás líderes europeos estuvieron de acuerdo.
La
reunión privada se produjo y yo esperaba que llegara el turno de la
discusión del tema, y hablaban de una cosa, de otra, de otra, se fue el
tiempo y nadie mencionó el tema. Yo no quise ponerme impertinente,
exigiendo respuesta. Lo importante no era la respuesta sino la
pregunta que allí quedó planteada. Sabía que ninguno de los europeos
podía decir una sola palabra. Lo ocurrido en los años subsiguientes lo
explica todo. Y hoy la correlación de fuerzas a favor de Estados Unidos
es mucho mayor.
Yo mismo planteé recientemente una pregunta al
señor jefe del gobierno español con relación a determinadas
recomendaciones que hizo en medio de la guerra de Kosovo, algo muy
serio; pero no hay respuesta, y tal vez porque no puede haberla.
Llegué a una conclusión, y bromeando un poco dije: “Yo acuso,
luego no existo.” Porque soy importante para algunas cosas, sobre
todo cuando hay que echar culpas, y entonces cuando hago una pregunta
que hay que responder, la respuesta es el silencio total.
En esto
que tú dices en concreto, ha habido cambios; es decir, en aquella
política que se insinuaba como una concepción de dominio en el que
participan la superpotencia y sus aliados viejos y algunos nuevos, que
son más peligrosos, porque los nuevos quieren hacer méritos rápidamente.
Entonces la situación es distinta de cuando hice la pregunta sobre la
nueva política estratégica de la OTAN. Son ideas que vienen
detrás, pero antes eran respaldadas con determinados argumentos o
pretextos. Esta vez el gobierno de Estados Unidos no necesita ya
argumentos ni pretextos. Aquella, más o menos, se enmarcaba dentro
de las Naciones Unidas y de los privilegios del Consejo de Seguridad;
esta ya ignora a Naciones Unidas, ignora al Consejo de Seguridad, ignora
a Europa, ignora a la OTAN, ignora a todo el mundo. Es
absolutamente unilateral su nueva concepción.
Periodista.-
Presidente, déjeme poner esto en términos gráficos.
Desde la
crisis de los misiles hasta el presente, hasta esta administración, todo
esto que usted dijo pudo haberse estado gestando; pero desde esa crisis
de los misiles hasta el presente era cada vez más difícil pensar en una
acción militar norteamericana directa sobre Cuba, como ocurrió en la
época con los bloqueos navales. ¿Hoy se ha vuelto más
posible?
Fidel Castro.- Sí, se ha vuelto más posible el
error.
La lógica indicaría que no hicieran eso; pero
nosotros no tenemos que atenernos a la lógica, porque la lógica no
existe mucho, ni la ley internacional existe tampoco.
En aquello
hubo un riesgo muy inminente en un tiempo determinado, en un número de
días; ahora el riesgo es prolongado.
Periodista.- Si me
permite: hace 30 años la fatiga de injusticia que mencionaba Oscar
también estaba en América del Sur; la teníamos en gobiernos, Argentina,
Chile, Uruguay. Esas experiencias terminaron trágicamente para
nuestro país. ¿Por qué hoy podría ser distinto?
Fidel
Castro.- ¿A qué experiencia te refieres?
Periodista.-
A los años setenta. El caso de Salvador Allende en Chile,
Cámpora-Perón en Argentina. Había toda una ola contestataria
latinoamericana, que terminó en dictaduras (Voces
superpuestas).
Fidel Castro.- En tiranías sangrientas;
fueron cosas terribles las que ocurrieron; no sé, me parecen de
fantasía insólita.
Periodista.- Y hoy tenemos un reverdecer
de Argentina.
Fidel Castro.- Bien, bien, pero es distinta
la época.
Yo diría que este es el mejor momento de América
Latina, a diferencia de aquel.
Periodista.- ¿Este es el
mejor momento?
Fidel Castro.- Sí, a mi juicio, el mejor
momento.
Periodista.- ¿Por qué?
Fidel Castro.-
Le explicaré.
Antes eran países aislados. En Chile ganó la
izquierda. Lo primero fue un plan golpista para evitar que tomara
posesión. El plan fracasó. Allende tomó posesión.
Actuó con discreción. Yo lo conocí a él muy bien; no era un
extremista. Todo, sin embargo, se organizó desde el primer momento
para derrocarlo: preparación, creación de condiciones. A esto se añadían
problemas económicos reales y los provocados. Cualquier gobierno
en esas circunstancias se topa con grandes dilemas: uno, viejas
demandas y ansiedades de la gente por mejorar lo antes posible, y, por
otro lado, viejos y poderosos intereses que no resultan fáciles de
vencer, algo que requiere un proceso cauteloso y tiempo. Los
que más han sufrido se impacientan; y los que no quieren tales cambios
trabajan para producir el rápido desgaste y el derrocamiento de los
gobiernos. No es un secreto que resultaba una tarea
difícil.
Aquel momento argentino mencionado fue también muy
importante, pero con riesgos inherentes de carácter interno; desde
luego, en un país de muchos recursos —hay que decirlo, ustedes no se
pondrán bravos si lo decidimos—, enormes recursos de todo tipo,
alimenticios, energéticos e incluso
industriales.
Periodista.- Usted nos lo ha recordado otras
veces en público, Comandante, que éramos un país rico y más
eficiente.
Fidel Castro.- Eso es lo que digo.
Usted sabe lo que usted dice. Usted tiene que responder a la
crítica con la crítica.
Pero bien, las condiciones eran mejores,
en ese sentido, que en Chile. Chile tenía una dependencia muy
grande del cobre; ahora ha desarrollado otros renglones, aunque sigue
siendo agrícola, muchos renglones; por ejemplo, la pesca se ha
convertido en una fuente de ingreso importante; se han vuelto
productores hasta de leche. Ha sido importante la
agricultura. El vino —sin disminuir a los demás— tiene calidad,
hay productividad y variedad. Pero principalmente han desarrollado
los productos forestales y los productos marítimos, que constituyen
importantes fuentes de ingresos. Continuaron desarrollando también
los minerales.
Allende no disponía de esos recursos: necesidades
muchas, demandas grandes y bloqueos directos o indirectos, suspensión de
créditos.
La vulnerabilidad de nuestros países... Bueno, de
todos menos el nuestro. Me da pena decirlo así, pero es que tienen
que depender de lo que está establecido, del Fondo Monetario, de los
créditos y condiciones que este impone sumamente difíciles.
No
quiere decir que no tengamos problemas económicos, digo que no tenemos
las trabas insalvables que tiene el resto de América
Latina.
Periodista.- No son los mismos.
Fidel
Castro.- Entonces, aquella rebelión que ustedes mencionaron era
más aislada. Aunque estaba la deuda, que era ya de 300 000
millones en aquella época, casi un tercio de la actual, Allende gana las
elecciones en 1970.
Periodista.- Sí, Allende asumió a fines
de 1970.
Fidel Castro.- La deuda latinoamericana era
todavía menor, pero de ahí va creciendo, sigue ascendiendo, y ya en 1985
se elevaba aproximadamente a 300 000 millones.
Los factores que
hoy determinan la intranquilidad y la inconformidad están mucho más
generalizados en el hemisferio. Ya no hay oasis en el hemisferio
sur, en el Caribe, en Centroamérica, en México. Esta asume un carácter
mundial para nuestros países. Es mucho más generalizada la
rebelión. No había surgido todavía la etapa actual de
globalización neoliberal que es terrible, de privatización forzosa
—podríamos decir— de todos los recursos, medidas muy rigurosas que
condenan a las monedas de los países latinoamericanos a escapar a toda
costa. El deber del dinero es huir. Resulta lógico, porque, bien habido
o mal habido, ninguna moneda latinoamericana garantiza la estabilidad de
su valor; no la garantiza en absoluto. Hasta en un país que
mantuvo su moneda con un valor paritario con relación al dólar durante
breves años, como, por ejemplo, el real —y no sé cuál de los dos vimos
primero, si el peso argentino o el real brasileño, ¿ustedes se
acuerdan? Pongamos el peso por delante del real. Entró en
crisis primero el real que el peso. Ambos habían creado ilusiones
en un momento en que la gente estaba hastiada de inflación y quería una
moneda estable, porque la inflación colosal e incontrolable que tuvo
lugar era una verdadera pesadilla. Inflación progresiva ha habido
siempre, es la tendencia histórica. Un dólar de hoy debe valer más
o menos diez centavos de un dólar de hace 40
años.
Periodista.- Sí, en 1971 cuando Nixon lo declaró
inconvertible.
Fidel Castro.- Antes, con dos centavos se
podían comprar cosas, hasta con un centavo de dólar, ¿verdad?
Ahora sirve solo para la propaganda: $10,99 en vez de $11, ó
$99,99 en vez de $100, para crear el efecto psicológico de algo más
barato.
¿Cuál moneda es estable? El oro fue moneda, como el
cacao fue moneda para los aztecas; pero tenían un valor per se, un valor
en sí el oro y el cacao. Y vaya usted a saber el dinero que se ha
gastado el mundo produciendo ese instrumento de cambio que era el
oro.
Yo creo que la idea de otros instrumentos de cambio, de un
símbolo del dinero, es buena; lo que pasa es que el símbolo se ha vuelto
algo que se imprime a discreción, un símbolo del cual se ha abusado
extraordinariamente, incluidos los norteamericanos, porque son de los
que más papel moneda han impreso, suprimiendo su conversión en oro como
usted señaló.
Bien, ahora me estoy extendiendo tal vez demasiado,
pero quería responderle que las circunstancias son muy diferentes, y por
todos estos factores, y porque el dinero se fuga y se tiene que fugar,
no hay escapatoria; si a usted le imponen que no puede haber control de
cambio, tal mecanismo es mortífero. Cualquier inestabilidad,
cualquier problema interno, cualquier problema económico, bajada de los
precios, déficit en las exportaciones, déficit en el presupuesto, va
creando todas las condiciones y el dinero tiende más rápidamente a
escapar. Medidas para contrarrestarlo aconsejadas, o más bien
impuestas por el actual orden económico: suba los intereses, para que no
se escape; lo suben a 40 %, a 50 %, y luego lo tienen que prestar a 52
%, a 55 %, y no hay país que se pueda sostener con un préstamo que tiene
que pagar el 50 % de intereses para capital de trabajo, inversión,
ampliación. No hay.
Cuando se produce la crisis en
el Sudeste Asiático, por ejemplo, Mahathir, que estableció un control de
cambio, en ese momento tenían el 14 % de interés los préstamos, los bajó
a 7 %, para salir de la contracción, para que la gente trabajara, crear
empleos y pudiera funcionar la economía. En estas condiciones,
América Latina tiene una situación terrible.
Fíjense, cuando yo
vine la otra vez —si me perdonan me tomo un minuto
más...
Periodista.- Todo lo que necesite.
Fidel
Castro.- Sí, lo que no quiero es pelearme con los que me
esperan.
Periodista.- No corren de afuera, no somos
nosotros...
Fidel Castro.- Por mí, con muchísimo gusto, yo
estaría tres horas.
Cuando vine a Argentina la primera vez, hace
44 años, la deuda de Latinoamérica era de 5 000 millones, y se me
ocurrió —siempre a uno está ocurriéndosele alguna cosa mejor o peor— lo
que planteé: América Latina tiene que desarrollarse, la pobreza es
muy grande. Se hablaba del Plan Marshall como ejemplo de ayuda de
un país que tiene más recursos, al resto, y yo dije: “América
Latina necesita un Plan Marshall”, y menciono la cifra de 20 000
millones de dólares para el desarrollo económico y social de América
Latina. No sé si hice bien o hice mal, podría sentir
remordimiento; pero creo que fue correcto el planteamiento. Estaba
Rubotton, si mal no recuerdo el nombre, como representante
norteamericano.
Y quién iba a decir que fue lo mismo que hizo
Kennedy después.
Periodista.- Después, en la Alianza para el
Progreso.
Fidel Castro.- Hasta reforma agraria.
La
primera la hicimos nosotros en mayo de 1959. A Jacobo Arbenz, por
hacer una reforma agraria, le enviaron una expedición, lo que vino
después fueron 200 000 muertos, es lo que quedó de aquello; entre ellos,
100 000 desaparecidos, sin exageración. Esto, de acuerdo con
informes y estudios que han hecho gente muy seria, algunas de las cuales
han muerto por escribir sobre esas cifras espantosas.
La deuda en
1985 fue de 300 000 millones. Nosotros dimos una batalla contra
esa deuda, porque veíamos lo que venía. Se logró algo siempre,
porque ellos se asustaron un poco e inventaron alguna formulita, los
bonos Brady, etcétera, etcétera; pero los bonos Brady ahora hay que
estarlos pagando.
La deuda ahora es de 800 000 millones. El
Banco Mundial ya no hace préstamos blandos, sino que se dedica a
operaciones de salvamento, y el Fondo Monetario es cada vez más rígido y
no admite nada. Y los primeros que pagan el precio, cada vez que
hay una reducción de presupuesto, son las escuelas, los hospitales, la
asistencia social. Eso crea mucho descontento.
Hemos tenido
muchas reuniones con maestros. Van miles de maestros y educadores
a Cuba, un poco para ver la experiencia, y por lo que sangran es por la
falta de presupuesto: que no hay presupuesto para lápices, para esto y
para lo otro. Y los médicos igual, todos los sectores.
Siempre los platos rotos los pagan en primer lugar los servicios
sociales.
Además, cuando la Revolución triunfa, en 1959, yo estoy
planteando los 20 000 millones, 20 000 millones que
valían mucho más; posiblemente sean el equivalente hoy de haber pedido
80 000 millones, calculando con extrema cautela.
La deuda actual
es de 800 000 millones por lo menos. La parte del presupuesto que
se usa para el pago de la deuda en algunos lugares rebasa el 50 %. No
hay país que resista eso.
En estas circunstancias la fuga de
capitales es obligatoria, porque si usted tiene 100 000 dólares en oro
los puede enterrar, guardar; pero si los tiene en papel moneda nacional
los cambia en dólares y se los lleva. Como existe obligadamente el
libre cambio, es el “Ábrete, Sésamo”, están abiertas las puertas y la
gente se lleva el dinero, porque hay una moneda regularmente estable que
es el dólar, por el poderío de su economía, por los privilegios de
Bretton Woods, donde se comprometieron, además, a que esa moneda tendría
un respaldo en oro.
Cuando la guerra de Viet Nam, que costó 500
000 millones sin impuestos, se crearon problemas tremendos y Nixon
decide unilateralmente suspender la convertibilidad del dólar, lo cual
ha dado lugar a un problema terrible con la especulación monetaria, de
modo que se realizan cada día operaciones especulativas por millones de
millones de dólares en esta actividad. Ya no hay moneda
segura.
Inglaterra, que fue la reina de las finanzas, tenía la
libra esterlina y se la devaluaron en una operación
especulativa.
Periodista.- Presidente, por todo esto que
usted describe, que son condiciones adversas, ¿por qué cree que es un
buen momento para América Latina?
Fidel Castro.- Por esa
protesta de la que ustedes hablaron, que yo decía que tuvo lugar en
condiciones diferentes y era relativamente aislada, y hoy se observa una
protesta generalizada, que comprende a todos los países de América
Latina. Se ha creado una situación que yo la califico de
insostenible y es, además, insoportable. Ha creado las condiciones
objetivas que explican una serie de acontecimientos políticos.
Dondequiera usted lo puede observar.
Periodista.- Ahora,
Presidente, ¿usted cree que estas condiciones de rebelión o de
impaciencia, como usted dice, son sustentables en el tiempo, o América
Latina corre el riesgo —y hay ejemplos, Colombia— de democracias menos
democráticas, o democracias tuteladas, o giros autoritarios? ¿No
corre ese riesgo América Latina?
Fidel Castro.- Mire, esa
es una pregunta compleja. Pero yo pienso que la violencia no
parece ser el curso inevitable. Ha cambiado mucho todo, hay
fenómenos absolutamente nuevos.
En Colombia concretamente existe
un viejo problema de violencia. Hay dos o tres fenómenos nuevos en el
hemisferio, uno de ellos: a ningún militar en su pleno juicio se le
ocurre hoy un golpe de Estado tradicional, para resolver los
problemas. Fue la fórmula a la que acudió siempre el
imperialismo. Hay un cambio también en las conciencias. Los
militares saben que hay una situación social tremendamente explosiva. Yo
no dije que en aquella época de los 20 000 millones solicitados en
Buenos Aires como necesidad del desarrollo económico y social, la
población era menos de 250 millones de habitantes; hoy alcanza 524
millones, ha crecido tremendamente. El empleo que crece no es el empleo
formal; crece, fundamentalmente, el empleo informal, cada cual
buscándose la vida como pueda. Eso se conoce bien.
Una
señora hoy, a la entrada de un parque muy bello, estaba reclamándole a
la autoridad que me acompañaba un puesto, es decir, un lugar allí, y lo
decía casi con dolor, “para vender algo”.
Solo el 20 % de
los nuevos empleos es de carácter formal. La propia industria moderna
con las nuevas tecnologías, lejos de incrementar el número de
trabajadores, lo reduce.
Nosotros en Cuba tenemos casos
como el de una fábrica donde había 300 trabajadores y hoy hay 50, para
producir, por ejemplo, tela de mosquitero, que la usamos para tapar el
tabaco; doble de producción con la sexta parte de los trabajadores. Hoy
usted va a una termoeléctrica de ciclo combinado, que trabaja con gas y
en lugar de cientos de trabajadores laborando con carbón o petróleo en
las termoeléctricas tradicionales, usted no ve el obrero, usted lo que
ve son unos ingenieros, 15 ó 20 ingenieros trabajando en aire
acondicionado apretando unos botones.
Muchas veces me he puesto a
pensar. Vamos a suponer que el ALCA trajera para cualquier país
latinoamericano un enorme desarrollo industrial. Supongamos que
trae el desarrollo de Alemania. No me gusta nombrar países, porque
siempre se corre el riesgo de que te acusen de injerencia, de modo tal
que casi no se puede abordar ningún tema desde el punto de vista
práctico o teórico. No me queda más remedio en este caso que
usar un ejemplo:
Supongamos que un país grande y con recursos,
como Argentina, llegue a alcanzar el desarrollo actual de Alemania, no
habría resuelto el problema del desempleo que fue uno de los
ingredientes de la crisis. Siendo el país más industrializado de
Europa, la tragedia alemana es el desempleo que alcanza el 10 % de la
población activa. En nuestro país estamos a punto de alcanzar el
pleno empleo. Partiendo del criterio de que el crecimiento del
empleo estará en los servicios, hemos llegado a la idea de convertir el
estudio en una forma de empleo, que avanza con gran satisfacción de la
población. Hay seguramente otras fórmulas que no son
necesariamente fórmulas cubanas. Nosotros, ante la necesidad, nos
hemos visto obligados a inventar.
Bueno, soy anti-ALCA, eso es
bien conocido. Y habría que tener una fantasía similar a la locura
para pensar que el ALCA trajera la industrialización y no la ruina a
América Latina.
Periodista.- Presidente, usted dice que el
camino no parece ser la violencia.
Fidel Castro.- Digo que
no veo la violencia como el gran fantasma. Me refiero a la
violencia armada. Veo las masas, y las masas están empezando a
hacer cosas que antes no hacían.
Puedo citar un ejemplo:
Irán, unos años atrás. El Sha de Irán era el gendarme de Estados
Unidos en la región y era el país más poderoso, poseía las armas más
modernas, además un país riquísimo; sin embargo, el pueblo chiíta,
bajo la dirección de Khomeini, sin un arma, ni un disparo, derrocó al
poderoso Sha.
Cuando vino la crisis económica en el Sudeste
Asiático, había otro señor poderoso con un enorme y bien armado
ejército, que se llamaba Suharto. Entonces era muy tolerado porque
había matado a cientos de miles de gente de izquierda. Eso lo sabe todo
el mundo, fueron 800 000, un millón o 1 200 000, y de un pestañazo
las masas lo derrocaron.
No quiero irme muy lejos pero tampoco
quiero estar demasiado cerca. Tal vez si ustedes piensan un poco, ha
habido cambios en este mismo país, sin que se hayan originado en la
violencia armada, y ya no se trata de Indonesia ni de Irán. Importantes
avances políticos sin violencia armada, lo digo con el mayor respeto por
este país; lo veo como un ejemplo, si es que no me prohíben pensar y
alguien se pone bravo y dice que estoy haciendo injerencia en los
asuntos internos; yo lo analizo simplemente desde un punto de vista
histórico y teórico, para responder la pregunta.
También lo
ocurrido en Ecuador —no hay que ir más lejos— un día la población
indígena penetró en el Palacio y determinó un cambio de gobierno, y los
indígenas no tenían ni un arma, igual que los militares que se
sumaron. El que se ponga a pensar que en la actual situación los
problemas de este hemisferio podrían ser resueltos mediante el empleo de
las armas, estaría razonando en términos
prehistóricos.
Periodista.- ¿Usted habla de izquierda y de
derecha?
Fidel Castro.- Estoy pensando en todos e incluyo a
las capas medias ante una situación que es ya insostenible. Las capas
medias están desempeñando un papel muy importante cuando se crean
determinadas situaciones nacionales e internacionales. Las capas medias
son peligrosas para el actual orden dominante, porque poseen
conocimientos.
Muchas veces he visto que la gente más pobre está
acostumbrada al sufrimiento, el engaño y la opresión; pero cuando a un
hombre de las capas medias le confiscan los fondos, el problema es muy
serio. Yo no tengo que hablarles a ustedes de eso (Risas).
No quiero mencionar nombres, pero hay fenómenos nuevos y además son
mundiales, no son solo locales. También hay otras cosas nuevas,
hay conocimientos nuevos. Hay mucha incultura por un lado, pero también
de las universidades ha salido mucha gente, es lo que más ha salido, que
poseen conocimientos. Es terrible no poseer los conocimientos, algo que
es clave. Nosotros lo vemos en nuestra propia Revolución: la población
nuestra hoy es otra, porque antes se trataba de un país de analfabetos,
un 30 %, pero si usted suma los funcionales y los totales, era un 90 %;
porque en Cuba había solo 400 000 personas, en una población de casi 7
millones, que tenían sexto grado, ¡y qué sexto grado! Es terrible
cuando las masas ignoran. Ahora las masas, en número creciente,
disponen de medios para poder informarse. Es verdad que siguen
existiendo 860 millones de analfabetos en el mundo porque les ha dado la
gana a las Naciones Unidas, a la UNESCO y a los gobiernos, porque era
realmente fácil y posible liquidar el analfabetismo.
Periodista.-
El conocimiento es otra forma de opresión.
Fidel Castro.- El
conocimiento está hoy fundamentalmente en manos de las capas medias, que
son las que en Cuba llamamos los trabajadores intelectuales,
estrechamente unidos a la Revolución, y que en el resto del mundo toman
cada vez más conciencia de que el orden establecido conduce al mundo a
la catástrofe.
Otra cosa: Internet. Ha aparecido
Internet y el valor de las grandes cadenas ha ido disminuyendo.
Los grandes órganos que antes estaban monopolizados han ido disminuyendo
su influencia monopólica, porque al surgir y masificarse Internet, que
está en manos de muchas personas de las capas medias, en realidad las
posibilidades de trasmitir otros mensajes son hoy
enormes.
Seattle, ¿quiénes lo organizaron? Lo organizaron
gente de capas medias: canadienses, norteamericanos, latinoamericanos,
se organizaron y dieron allí una batalla impresionante. No fue
bélica. Lo que parecía bélico eran las protecciones, los gases,
los métodos represivos contra ellos. ¿Y en Quebec? Bueno, los
líderes políticos estuvieron encerrados en una fortaleza, pero los gases
lacrimógenos cayeron dentro, más allá de las alambradas bélicas que los
protegían.
Si ustedes recuerdan la última reunión de Davos y
ustedes han visto algunas fotos de la Primera Guerra Mundial, ambas
líneas de fortificaciones se parecían: las trincheras se parecían a las
de los campos de batalla de Verdún y de Marne, trasladados a la pacífica
Suiza. Bueno, se mudaron para Nueva York y el pasado año, después
del 11 de septiembre, se sentían más seguros en Nueva York que en Suiza;
pero tampoco en Nueva York estarían seguros de encontrar paz, porque los
organizadores de las manifestaciones las han realizado tanto en
Washington contra el Banco Mundial, contra el Fondo Monetario, como en
Génova contra la Reunión de los Ocho. Deben estar al borde —y creo
que eso tiene relación con el crecimiento de la agresividad
imperialista— de construir en el nuevo laboratorio espacial un localcito
para que se reúna el Grupo de los Ocho, o de los Nueve, o unos cuantos
otros jefes, porque ya Canadá se había visto organizando reuniones en
altísimas montañas.
Periodista.- Es cierto.
Fidel
Castro.- Terminarán en el Himalaya (Risas). ¡Eso va a ser
carísimo!
El mundo está cayendo, por tanto, en una situación en
que ya no pueden ni reunirse los amos del planeta. Por eso digo
que es mundial la crisis. Y por eso dije antes que son de otras
características.
Mire lo de Kosovo, le puedo asegurar algo que
conozco muy bien. La ofensiva bélica se planificó para siete días,
y se resuelve el día número 79, cuando ya había que entrar por tierra, y
el ejército yugoslavo estaba intacto a pesar de los miles de bombas
lanzadas. Ellos tienen vieja experiencia en lucha irregular, se
enfrentaron a los hitlerianos, le prestaron un enorme favor a la Unión
Soviética; retrasaron el ataque algunas semanas que pudieron ser
decisivas, y resistieron. Los nazis tenían 30 ó 40 divisiones
alemanas ocupadas en Yugoslavia cuando las estaban necesitando allá en
Stalingrado o frente a la contraofensiva. Tienen toda esa
experiencia desarrollada, modernizada. ¿Y cómo se las arreglaron
que el ejército estaba prácticamente intacto?, ya la invasión tenía que
ser por tierra, y por tierra es harina de otro costal cuando se quieren
hacer guerras sin bajas.
Recuerdo que estuvimos luchando contra
los sudafricanos, me refiero al régimen del apartheid. Para ellos,
si moría la población indígena, que la reclutaban en Namibia o en
Angola, no había problemas; pero cuando moría un blanco, dos o tres,
aquello era el caos. Entonces se va desarrollando la mentalidad de
hacer la guerra sin bajas, y eso en una guerra irregular es muy
difícil.
Periodista.- Si me permite, volver a nuestros
países.
Fidel Castro.- Correcto. Perdónenme, pero
como hablábamos de esto.
Periodista.- No, lo que quería es
decir esto.
Fidel Castro.- Es decir, como dijeron Colombia,
si iba a pasar lo mismo.
En Brasil no va a pasar como en
Colombia, los movimientos hoy son de huelgas, de masas, de
movilizaciones. Y a nadie se le ocurriría acudir a la violencia
armada para tomar el poder; los militares tienen suficiente
conciencia. Es una época nueva y de una gran crisis, y quién va a
querer que le regalen una gran crisis, tendrían que ser cada vez peores
los procedimientos para mantener el orden. Y se sabe que lo peor
llegó en cuanto a represión y ya no es posible. Ya hay muchas
formas en que la gente sabe de ciertas prerrogativas; ya Internet está
por todas partes y las posibilidades que tienen de trasmitir un mensaje,
es algo real. Se lo digo por Cuba.
Las posibilidades
que hoy tenemos nosotros de trasmitir mensajes, ideas, argumentos, no
existían hace algunos años.
Periodista.- Señor, le quiero
hacer una pregunta, para que no tenga el riesgo de entrar en asuntos
internos de otro país.
Fidel Castro.- En el mío.
Periodista.- El Primero de Enero del año próximo ustedes
van a cumplir 45 años del triunfo de la Revolución.
Fidel
Castro.- Sí. De lo que parecía un triunfo de la Revolución, pero
había que organizar aquello.
Periodista.- Pero resultó que
era un triunfo de la Revolución.
Fidel Castro.- El
derrocamiento del régimen aquel y el inicio de un gobierno por parte de
gente bastante inexperta que estaba en eso.
Periodista.- De
toda la explicación que usted dio sobre la nueva perspectiva
latinoamericana, ¿cómo se imagina la transición en Cuba?
Fidel
Castro.- ¿A cuál te refieres, a la que hicimos o a una
nueva?
Periodista.- A la nueva.
Fidel Castro.-
¿Y hacia dónde? ¿Díganme hacia dónde? Búsquenme un mejor
modelo, y yo les juro que haría todo lo posible, empezaría otra vez a
luchar otros 50 años por el nuevo modelo
(Risas).
Periodista.- Había una persona acá que
dice...
Periodista.- Señor, si me permite
aclarar.
Cuando se trata de una figura histórica como usted, los
que piensan en una etapa posterior a esa figura histórica son los
otros.
Nosotros le traemos esto: ¿Cómo imagina el
futuro de Cuba cuando Castro no esté en el escenario?
Fidel Castro.- Esa pregunta se la hacen muchos y yo
también me la hago.
Periodista.- Por eso.
Fidel
Castro.- Sí, pero el error es creer que Castro es todo, porque
usted dice: Castro hace esto... Castro ha ideado. Por ejemplo,
puedo atribuirme, con vergüenza —quiero decir, porque no quiero estar
exaltando cosas personales ni mucho menos—, la idea de cómo resolver el
problema de Batista cuando se da el golpe de Estado el 10 de marzo, y no
teníamos ni un centavo ni un arma y había una fuerza tremenda frente a
nosotros, y, además, nadie nos hacía mucho caso, porque el gobierno
derrocado sí tenía muchos recursos y el apoyo de algunos oficiales del
ejército. Decidimos que, a pesar de todo, el problema podía
resolverse.
No hay mucho mérito, donde también hay mucho azar.
Porque usted me puede preguntar: ¿Por qué usted está ahí? Bueno,
pues digo: por cuestión de suerte, cuestión de azar, entre otras
cosas.
Ahora bien, hay algunas ideas. Cómo resolver ese
problema era bien difícil y también se corrieron grandes riesgos
personales; pero se pudo resolver.
Después vinieron otros, como
lo del bloqueo económico durante 30 años. Después vino el período
especial, que fue otro bloqueo dentro del riguroso bloqueo que veníamos
sufriendo, el cual fue endurecido. Por la supervivencia de la
Revolución en esas condiciones, nadie apostaba un centavo.
Si se
conociera bien una información real y verídica, se nos podrían hacer
todas las críticas que se quisieran hacer; pero podrían entender de
verdad que, si nosotros fuéramos la gente que pintan, no tendríamos el
apoyo del pueblo, que ha sido clave, en niveles que yo creo que no
tienen precedentes; y no sobre una base de fanatismo, porque no somos
chovinistas, no somos fundamentalistas, y más bien hemos educado a
nuestra población en un concepto de solidaridad interna y externa.
Si es externa, la llamamos internacionalismo.
Cientos de miles de
cubanos han cumplido misiones internacionalistas. Mencioné la lucha
aquella contra Sudáfrica en Angola. Este país de Africa está a más
distancia de Cuba que Moscú de La Habana, lo que pasa es que la ruta va
por el ecuador, si usted mira un mapa, parece que aquello está
cerca. Hay 14 horas de La Habana a Luanda, una distancia de vuelo
superior, en más de una hora, que la distancia entre La Habana y
Moscú.
Hemos librado una dura lucha a más de 14 horas, y hubo
algunos combates en la frontera con Namibia, más distante aún.
Cuba es un país pequeño, y quiero que sepa que eso lo hicimos con
nuestros recursos. Fueron los barcos mercantes nuestros, que ya
disponíamos de una flota mercante; no vayan a creer que un barco
soviético llevó un solo batallón hasta allí.
Es decir que cientos
de miles, más de medio millón de compatriotas nuestros, han cumplido de
una forma o de otra una misión internacionalista, porque los médicos han
sido decenas de miles; también constructores y maestros donde podían
ir. En Nicaragua estuvieron 2 000 maestros en las montañas; y
mataron a algunos. Se habían ofrecido 30 000 para escoger 1 000
maestros. Hubo que enviar 2 000 y cuando algunos fueron
asesinados, se ofrecieron 100 000.
Si la gente no está imbuida de
una idea, a veces en vez de ideas lo que le inculcan es fanatismo,
sentimientos chovinistas, racismo, lo que quieran; nuestro país se
mantiene sobre la base de ideas, de lo contrario, no habríamos podido
luchar contra ese monstruo. Nos habría corroído con sus medios de
divulgación, su bloqueo, su exhibición de riquezas.
Nada más digo
esto: Se nos pueden hacer todas las críticas que se quieran y
opinar sobre cualquier cosa; pero el problema es que lo que se conoce de
Cuba es una información que ha sido deformada durante mucho tiempo,
aplicando toda una técnica para deformar la verdad y vender
mentiras.
Antes nosotros recibíamos los golpes y no teníamos las
municiones con qué replicar; dentro se mantuvo la cohesión y el apoyo
sobre la base de ideas, verdades y conceptos, por lo cual pudimos tener
resultados. Un cambio, por eso, yo le estaba preguntando hacia
dónde. ¿Hacia lo que vemos alrededor, hacia lo que vemos en el
mundo? No quiero hacer enumeración de las cosas que tenemos, por las
cuales hay razones éticas profundas y confianza. Saben que nunca
se les dice una mentira, porque ese es un principio sagrado; en nuestro
país la gente conoce las normas.
Por ahí escriben libros
afirmando que en Cuba se tortura y se hacen veinte cosas. Sabemos,
incluso, quiénes los escriben y hasta quiénes los han mandado a
escribir.
Sin embargo, nosotros hemos dicho: “Le damos
todo, lo poco que tenemos, se lo damos todo al que pueda demostrar que
en nuestro país hubo un solo caso de tortura.”
Libros de esos hay
a montones, pero nosotros hemos resistido. Ya tenemos una coraza
para la defensa.
Periodista.- Presidente, usted hizo mención a la
situación interna de su país, hizo mención a la formación a través de
las ideas, del conocimiento, de la libertad; pero, bueno, también ha
ocurrido recientemente un episodio que tuvo gran repercusión
internacional, acerca de las ejecuciones de disidentes. ¿Cómo se
explicaría esta decisión de ustedes?
Fidel Castro.-
Nosotros tuvimos que aplicar medidas que eran legales y a través de
juicios, no ejecuciones extrajudiciales, y lo hicimos con mucho
dolor. Y sabíamos incluso el costo, pero usted tenía que escoger
entre permitir la maniobra que están realizando para crear un conflicto
o adoptar las medidas para evitarlo, porque hay gente allí que quieren
provocar un conflicto entre Estados Unidos y Cuba, y que el diferendo
con Cuba se resuelva de la misma forma que como tuvo lugar en Bagdad, y
decenas de miles de bombas, de aviones, de misiles, caigan sobre
Cuba.
Periodista.- ¿Dónde se estaba gestando ese
conflicto?
Fidel Castro.- Allá en Estados Unidos.
Felipe
Pérez.- Él ha dicho las noticias sobre “ejecución de disidentes” en
Cuba.
Fidel Castro.- ¡Ah!, no me di cuenta de que usó esa
palabra, muchas gracias, Felipe. Esa es una de las mayores
confusiones intencionalmente creadas: se trata de cosas totalmente
diferentes: los que comenzaron a asaltar aviones y barcos son
delincuentes comunes, no tienen absolutamente nada que ver con el
problema de los llamados “disidentes”, y pongo dos grandes comillas, no
quiero añadir mucho más.
Bien, otro elemento importante
que estaba señalando: hay la provocación planeada. Nombraron en
receso del Congreso, como vicesecretario para América Latina, a un señor
que es un gángster completo, que tiene su historia. Es de los
principales socios de la mafia cubano-americana extremista, que fue,
además, para mala suerte de todo el mundo, incluidos ustedes y
nosotros, autora de un gran fraude electoral.
Yo no
me explico cómo allí en Estados Unidos se puede hablar de
democracia. Todo el mundo sabe exactamente los votos que quitaron
al candidato opuesto, el truco de cambiar el orden de los candidatos
para inducir al error, los afroamericanos que no votaron sencillamente
porque no los dejaron ir a los colegios electorales, robando así decenas
de miles de votos que le permitieron a Bush ganar la fraudulenta
elección por varios cientos de ellos, aparte de que la población negra
sufre allí restricciones tales que una multa, a veces, puede llegar a
ser causa de que usted pierda el derecho al
voto.
Periodista.- Usted no se mete en las cuestiones de
otros países, menos de uno.
Fidel Castro.- Ah, sí,
sí.
Periodista.- De ese habla.
Fidel
Castro.- No, no es de un país, es de un gobierno; yo tengo mucho
respeto por el pueblo norteamericano, sincero
respeto.
Periodista.- ¿Me deja seguir la pregunta que le
estaba haciendo?
Fidel Castro.- Sí, yo estoy dispuesto a
contestarles lo que ustedes deseen sobre este tema.
Les
decía que se mezclaron temas diferentes —hasta es importante, quizás,
para ustedes mismos, seguir el hilo—; se mezcló el problema de los
llamados disidentes con el hecho extraño, muy extraño, de que habiendo
transcurrido 10 años sin que se produjera un secuestro de aviones con
pasajeros a bordo tomados como rehenes, tuviera lugar un asalto
utilizando cuchillos en la garganta de los pilotos, como aquel que
hicieron con los aviones que fueron lanzados contra las torres de Nueva
York y contra el Pentágono. Si usted percibe una belicosidad tremenda
por parte de la superpotencia, un jefe diplomático enviado con la misión
específica de provocar incidentes cuyos fines son desbaratar un
movimiento dentro de Estados Unidos, cada vez más fuerte, contra el
bloqueo y contra la prohibición de los viajes a Cuba y crear condiciones
para una agresión armada, no tiene otra alternativa que cortar de raíz
esos planes. Antes los jefes de la Oficina de Intereses se
mezclaban en los problemas internos, pero este vino con instrucciones
deliberadas de crear una gran provocación.
Periodista.- Estamos
hablando del Jefe de la Sección de Intereses norteamericanos,
¿verdad?
Fidel Castro.- El último, que llegó en septiembre,
más o menos, del pasado año 2002. Es increíble. Yo critico a
nuestra propia gente de que no hubiese informado antes a qué nivel había
llegado el hombre; este recorría la isla, en virtud de la supuesta
necesidad de monitorear la situación de los que ellos, al ser capturados
en el mar intentando viajar ilegalmente a Estados Unidos, devolvían a
Cuba, según lo establecido en el acuerdo migratorio. Se acordó que
con los que enviasen de regreso no se tomaría represalia alguna.
Durante años de vigencia del acuerdo no tuvo lugar una sola
violación. A veces no vaya a creer que fue muy fácil. Usted
podía ver una universidad casi sublevada, porque no aceptaban que el
empleado tal o más cual volviera allí. Hemos tenido a veces que
buscar una solución alternativa, porque no vamos a entrar en guerra con
una universidad que está defendiendo su honor. Bueno, había que
buscarle otro trabajo equivalente. Pero el cumplimiento estricto
se llevó a cabo, a pesar de que muchos de los que viajan ilegales
son aquellos a los que no les dan visas en Estados Unidos; nunca les
darían visas por sus antecedentes penales. Se trata, por lo
general, de personas con antecedentes penales comunes. Se
mezclaron de mala fe, por la propaganda imperialista, dos hechos
totalmente diferentes.
El día 14 de marzo se toma la decisión de
arrestar a un grupo de los mercenarios a sueldo de la Oficina de
Intereses de Estados Unidos: de los llamados “disidentes”. Ya este
hombre —el Jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La
Habana— había estado recorriendo sistemáticamente la isla, conspirando.
Hablaba de un nuevo programa de 6 000 millas de recorrido, reclutando,
creando y organizando abiertamente grupos contrarrevolucionarios,
llevando de contrabando valijas llenas de radios y de implementos
necesarios para la audiencia de su emisora subversiva, creando las
llamadas bibliotecas independientes, donde incluían dos o tres autores
buenos, y todo lo demás era veneno puro, de la peor literatura, o de la
peor propaganda.
Es como si nosotros le dijéramos a la Embajada
nuestra: Mira, organiza bibliotecas en Argentina o en Brasil, o en
cualquier otro lugar. Ya el hombre quería de hecho actuar como
procónsul legalizado. Hace unas declaraciones públicas desafiantes
que eran inadmisibles. Las hizo creo que el día 24 de febrero, en
un apartamento de La Habana donde se reunió con un grupo de
contrarrevolucionarios; eran las declaraciones de un jefe
político.
Informado de los hechos, hablo en la Asamblea
Nacional el 6 de marzo y le respondo al individuo que no se imaginara
que le íbamos a tolerar eso, que si querían llevarse la Oficina o
querían acabar con los acuerdos migratorios, nada de eso nos quitaba el
sueño. Fue una crítica dura.
En ella expliqué que el
monitoreo no estaba en el Acuerdo. Se trataba simplemente de un
gesto temporal por parte de Cuba. Por ahora, nada. Normas
que había para ellos y para nosotros con relación al movimiento del
personal diplomático: ellos no pedían autorización para moverse sino
avisaban tres días antes. Les dijimos en nota diplomática: “Esa
norma no va a continuar por ahora, hay que pedir permiso con tres días
de anticipación, y solo si reciben el permiso se pueden mover fuera de
la capital.”
¿Qué hizo? Como ya no podía salir de La
Habana, prestó la sede para centro de reunión de los mercenarios.
Entonces su instalación se convirtió en sede de reunión, puesto de mando
y jefatura de los llamados “disidentes”, con fuerte suministro de
materiales y servicios gastronómicos.
Fíjense bien, disponemos de
todas las pruebas habidas y por haber: el dinero que reciben, cómo lo
reciben; porque también entre esos “disidentes”, como es natural, había
varios como es de suponer que eran revolucionarios, que alcanzaron
alto nivel de confianza entre ellos; para los conspiradores yankis
la decepción fue terrible. Con todas las pruebas de todo tipo en
nuestras manos no había desmentido posible. Quiero añadir que
nuestra acción fue limitada. Son todos los que están y no están
todos los que son.
Muchos amigos del Norte nos recomendaban: “No
expulsen al Jefe de la Sección de Intereses, es lo que quieren”.
Nosotros tampoco lo íbamos a expulsar, porque no hemos expulsado nunca a
ningún diplomático de esa sección en todos estos años, como suelen hacer
ellos en Naciones Unidas y en
Washington.
Periodista.- Presidente, eso no hace que la
carga haya sido vista como inequitativa por parte del Estado cubano, si
castiga a quienes participan, los propios cubanos, del esfuerzo
insurreccional, y no se hace nada con quien instiga, como dice usted,
con la prueba, que es la Sección de Intereses norteamericana. ¿No
parece un poco inequitativo castigar con pena de muerte a tres
ciudadanos cubanos y que no se quiera expulsar...?
Fidel
Castro.- Veo que no he podido explicarme bien y persiste todavía
una confusión. Ninguno de esos llamados disidentes ha sido
castigado a la pena de muerte, ni a cadena perpetua, ni a 30 años; son
sanciones, de acuerdo con la gravedad de su conducta, que oscilan de 28
a 5 años. La traición a la patria al servicio de una potencia
extranjera incluye sanciones mucho más graves. Los diplomáticos de
la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba prestaban servicios
para su gobierno, violaban normas diplomáticas elementales, pero no
traicionaban a su país, ni están bajo nuestra jurisdicción. No hay
comparación posible.
La pena de muerte impuesta por los
tribunales se relaciona con actos de secuestros y toma de rehenes,
que pusieron en peligro inminente de muerte a decenas de
personas inocentes ajenas al conflicto. Su acción delictiva de
carácter común era incitada por las autoridades de Estados Unidos, para
provocar un conflicto. Sus móviles eran otros, pero su
peligrosidad para el país era cuestión de vida o muerte, aunque
desde el punto de vista moral la traición consciente y pagada por el
gobierno de Estados Unidos sea más grave.
Periodista.- Los
que tomaron el buque, los que secuestraron el buque.
Fidel
Castro.- Sí, pero ellos toman el buque el día 1º de abril.
Desde el 19 de marzo, casualmente, el mismo día que estalla la guerra se
realiza el primer secuestro. Una hora antes de que estallara la
guerra, alrededor de las 4:30 de la mañana, hora de Iraq, 9:30 hora de
Cuba —porque hay siete horas de diferencia—, un avión cubano que viajaba
de la Isla de la Juventud a la capital, con 39 ó 40 pasajeros a bordo,
el último viaje del día, es secuestrado por individuos que colocan
afilados cuchillos en el cuello de los
pilotos.
Periodista.- Sí, sí, conozco la
historia.
Fidel Castro.- Desvían el avión hacia la Florida,
y al llegar allí es donde está el problema. Era la primera vez que
ocurría desde los acuerdos migratorios: allí arrestan a los tipos
de los cuchillos, a los cómplices les dan residencia y a los cuatro días
un juez decide que los secuestradores directos tenían derecho a libertad
condicional, unos individuos que hicieron lo mismo que los que
originaron la catástrofe en Nueva York; libertad condicional.
¡Figúrese si eso era o no un problema! Porque se trataba de gente
con antecedentes comunes; ya expliqué que la gente que en general se va
ilegal es porque no le darían jamás visa para entrar legalmente a
Estados Unidos. Ellos cuidan y seleccionan: visa de
residencia, yo no sé cómo será con Argentina, pero seguramente que a
alguien con antecedentes penales comunes no se la dan.
Esta era
una gente con antecedentes criminales comunes; cuando llegaron a Cuba
las noticias de libertad bajo fianza, un segundo avión, el 31 de marzo,
procedente del mismo lugar, con 46 pasajeros, fue secuestrado por
alguien que, con una supuesta granada en la mano, al final de la nave
dice: “Hay que desviar.” El piloto aterrizó rápido el avión en
medio de la pista y el secuestrador con la granada. Hubo
negociaciones.
Había algunas autoridades en Estados Unidos
que comprendían que eso era una locura y no estaban muy de acuerdo;
porque ahí se vio francamente el criterio opuesto de unos que querían el
máximo de provocación y otros más moderados. Eso se discutió. Los
del Departamento de Estado dijeron con mucha energía que iban a castigar
a los secuestradores, hasta nos pidieron que publicáramos esa posición.
Hicimos todo eso, y ellos mismos no querían —algunos— que
aterrizara en la Florida, preferían otro estado próximo. Entonces,
¿qué hicimos? Se logró que el secuestrador permitiera bajar un
número de personas, se añadió el combustible necesario para ir a otro
estado. Lo que hicieron realmente fue aterrizarlo en Cayo Hueso y
allí las autoridades correspondientes son las que deciden si hay
investigación o no. Maltrataron a los pasajeros, los
humillaron, confiscaron el avión y retuvieron a parte de la
tripulación. Para los cómplices del secuestro,
impunidad.
En la Florida hay un estado semindependiente; se hace
allí lo que les da la gana a los mafiosos y amiguitos de Bush, tienen un
control total de la policía, autoridades, jueces, fiscales. Esto
proporcionaba un gran estímulo a los secuestros de aviones y barcos de
pasajeros.
Mire, hemos tenido que investigar decenas de casos de
intentos de secuestros. Investigamos más de 35 intentos en unos
días, organizados por delincuentes comunes. Pero hay algo
importante: la ola de asaltos y secuestros de aviones era
inadmisible por varias poderosas razones —si quieren no las enumero
ahora, algunas las he insinuado. De los tres que se produjeron,
uno fue directo a Estados Unidos; al otro se le dio combustible en aras
de seguridad y promesas que hicieron las autoridades norteamericanas,
que no cumplieron en absoluto: maltrataron de nuevo a los
pasajeros igual que en el primer secuestro y se quedaron con el avión
allá; el último fue un barco de pasajeros que presta servicios en aguas
interiores de la bahía de La Habana, y suele llevar hasta 100 personas.
En ese momento iban 40. Lo secuestran también con armas de fuego y
armas blancas. En nuestro país, para evitar incidentes, cuando
alguien está con un barco en el mar y lleva personas dentro, muchas
veces mujeres y niños, lo que se hace es darle seguimiento, no se le
intercepta.
Ya una vez se creó el único desorden que ha habido en
Cuba, en más de 40 años, fue el 5 de agosto de 1994. No sé si
ustedes conocen la historia de cómo aquello se resolvió sin ejército,
sin policía, sin un solo disparo, sencillamente; ya estaban tirando
piedras; y era que los habían engañado, desde la radio subversiva les
dijeron que venía un grupo de barcos a buscarlos. Entonces, ese
elemento se acumuló por la orilla del mar; al no venir, comenzaron
a tirar piedras y crearon un desorden. Eso fue el 5 de agosto de
1994, en los momentos más difíciles del período especial.
Aquello
dio lugar a lo que se llamó una emigración ilegal masiva, porque
dijimos: “Nosotros no les vamos a cuidar las costas a Estados
Unidos”, y entonces, sencillamente, huelga; lo que hicimos fue una
huelga. Aquella gente que emigró conoce bien a la Revolución,
tiene una confianza ciega en su palabra. Si se dice: Miren,
envíen unos barcos a buscar a sus familiares, es más cómodo que correr
el peligro de viajar en otros medios. No albergan duda en enviar
los barcos. ¿Y por qué corren riesgos de viajar sin visa?
Porque hay una ley que se llama Ley de Ajuste Cubano, que se aplica a un
solo país del mundo, Cuba, que está cerquita, y es el derecho a todo el
que llegue ilegal allá a recibir entrada y darle residencia legal.
No importa cuáles sean sus antecedentes penales.
Imagínese que a
los mexicanos les otorgaran una ley de ajuste; no la pedimos, porque
nosotros la llamamos ley asesina. Nosotros lo que decimos es que
en virtud del Tratado de Libre Comercio, el intercambio sea no solo de
mercancías y dinero, sino de seres humanos como en Europa, en las dos
direcciones.
Allí tratando de cruzar la frontera con Estados
Unidos mueren alrededor de 500 mexicanos cada año, de eso casi no se
habla. Se habla terriblemente de Cuba porque tiene que aplicar una
sentencia de acuerdo con leyes previas y procedimiento judicial
estricto. Aunque yo comprendo, y le doy la razón a la inmensa mayoría de
los que se oponen a la pena de muerte, porque a nosotros nos desagrada
tremendamente. Y si teníamos de facto una moratoria de casi tres años,
que nos hemos visto obligados a romper, es porque ellos con lo que
hicieron —y fue deliberado, lo tenían pensado, eso lo sabíamos—
intentaban crear una especie de ola migratoria que sirviera de
argumento, como peligro para la seguridad de Estados Unidos para agredir
a Cuba.
Esa palabra la usan para todo. Si ustedes producen
demasiada carne y amenazan con bajar el precio de la carne, pueden ser
conceptuados como peligro para la seguridad de Estados Unidos —se lo
advierto—, o si venden mucho trigo más barato.
La idea de que se
produjera un éxodo masivo está incluso expresada por
escrito.
Usted no puede permitir que se desate una ola de
secuestros. Basta que un individuo diga: “Tengo una granada
aquí en el bolsillo.” Los del barco, con hombres, mujeres y niños,
se lo llevaron hasta 20 millas, mar fuerza cuatro, hasta que se agotó el
combustible. ¡De milagro no se hundieron! Les dimos auxilio
allí con nuestros barcos. Vinieron a tierra, pero sin deponer la
actitud, a exigir combustible, y entonces allí es donde se realiza toda
la tarea para lograr liberar a los rehenes, no fue necesario usar la
violencia, pero no porque ellos colaboraran, sino porque los mismos
pasajeros se sublevaron gracias al conjunto de medidas psicológicas
adoptadas por las autoridades cubanas en coordinación con los rehenes,
se lanzaron al agua y todos fueron rescatados.
Nosotros ya
conocemos el potencial migratorio. Si decimos: “Los que
quieran irse, estamos en huelga, o vengan a buscarlos”, ninguno
vacilaría en hacerlo. El 90 % de los que emigran y se acogen a esa
ley de ajuste son ciudadanos que los vienen a buscar de la Florida en
lanchas rápidas enviadas por familiares; pero también entre ellos se
mueve el otro tipo de gente que proviene del delito común. Parte
importante de los que vienen a buscar proviene igualmente del sector que
no recibe visas. En conjunto, más del 50 % de los que viajan
ilegales en virtud de ciertas familias con ciertos recursos que pagan
hasta 8 000 dólares por persona, lo hacen en una lancha rápida de 12
pasajeros en las que montan 15, 20, 25, 30, y no son pocos los casos de
barcos que se han hundido dando lugar a muchas muertes.
Ese es el
problema. Lo resumo así. El 14 de marzo se toma la decisión
de arrestar a un grupo de mercenarios; comienzan los
arrestos el 18, el 19 se produce el secuestro del primer
avión por delincuentes comunes —algo que no ocurría, como se explicó,
hacía 10 años—, vaya usted a ver quiénes son aquellos que fueron
estimulados a llevarse ese avión, a los que se concede inmunidad.
Cuando supieron de la inmunidad, corre la noticia entre delincuentes
comunes, estos creen que la mafia cubano-americana es dueña de todo y se
multiplican los proyectos de asaltos a barcos y aviones. Los que
secuestraron el barco de pasajeros el 1º de abril dicen: “Llevamos
cuatro extranjeros y tantos niños”, amenazaron, si no les daban otra
nave o combustible, con ir tirando rehenes al agua. Esa es la
característica. Si se accede a tales demandas, el problema se
vuelve insoluble.
En una situación como esta hay un ejemplo y un
precedente: Nosotros, a los que se robaban los aviones norteamericanos,
los sancionábamos, devolvíamos el avión en el acto a Estados Unidos,
después de atender óptimamente a los pasajeros. No fueron pocos
los aviones norteamericanos de gran porte secuestrados en Estados Unidos
y desviados a Cuba. Ellos inventaron ese procedimiento contra Cuba, pero
después se convirtió en un bumerán, porque hay mucha gente
desequilibrada en ese país. Hasta con una botella de agua
decían: “Mira, aquí tengo un coctel molotov” y los pilotos suelen
tener instrucciones de que no corran el menor riesgo.
A veces la
policía allá les disparó a las gomas y nosotros hemos tenido que llenar
de espuma la pista para que un avión cargado de pasajeros aterrice sobre
las ruedas de hierro sin goma.
A fines de 1980 estaba Carter en
la presidencia. El problema venía de atrás, porque lo habían
inventado contra Cuba anteriores gobiernos. ¿Cómo lo resolvimos?
Devolvimos dos secuestradores. Antes eran sancionados hasta cinco
años de cárcel. Tuvimos que elevar y elevar las sanciones, pero,
sencillamente, no paraban los secuestros.
Adoptamos entonces la
otra fórmula: les devolvimos dos secuestradores y resolvimos
definitivamente el problema. No habría necesidad de fusilar a
nadie si a los secuestradores los devolvieran, como los devolvimos
nosotros y les resolvimos el problema de tal modo que en más de 20 años,
a pesar de los desequilibrados, no se han vuelto a producir. Ahora les
decimos: “Devuélvannoslo.” Era obvio que Cuba tenía que cortar de
raíz el problema del secuestro de sus aviones y barcos de
pasajeros.
El Consejo de Estado no ejerció clemencia y esos
delitos están sancionados hace rato con la pena capital. Incluso
algunas de esas leyes no se aplicaban. ¿Por qué? Porque no
había interés, no había una situación de peligro de guerra, que tenemos
ahora; peligro de una ola de secuestro de aviones y barcos.
Cualquier día no les faltaba nada más que asaltar un ómnibus de turismo,
tres tipos con un cuchillo y decir: “Mato a tres turistas si no me
llevan para el aeropuerto y me dan un avión para que me vaya.” Así
son las cosas ajustadas a la estricta realidad. El Consejo de
Estado tiene la facultad de ejercer clemencia, pero no tiene la
obligación de hacerlo.
Si usted sabe que existe un peligro serio
para la vida de mucha gente, un peligro serio de un conflicto, qué puede
hacerse si ellos siguen dándoles residencia a los secuestradores, si no
los devuelven, con lo cual resolverían todos los problemas. En el
caso del barco, cuando eran advertidos de un grupo que viajaba
ilegalmente, enviaban guardacostas hasta cerca de Cuba para recogerlos y
devolverlos antes de llegar a las costas de Estados Unidos. ¿Saben
lo que hicieron? Enviaron como siempre unos guardacostas, por el
mediodía avisaron que no, que eso era asunto nuestro en virtud de un
acuerdo internacional, que el país de la bandera del buque era el que
tenía que resolver el problema en aguas internacionales. Ellos
podían haberlo resuelto como era habitual y no lo hicieron. No
querían buscarse el problema, vaya usted a saber por qué, y dicen:
“Resuélvanlo ustedes.”
Hubo que hacer una declaración ulterior y
afirmar categóricamente: “No volverá a recibir una gota de
combustible de ningún tipo, el avión o barco secuestrado que aterrice o
llegue a puerto de Cuba.” La gente sabe, y ellos también, que
cuando esto se afirma, es así.
Dijimos adicionalmente:
“Los que cometan tales hechos serán enviados a los tribunales, juzgados
de forma sumarísima, y el Consejo de Estado no ejercerá
clemencia.” Inevitablemente los pasajeros corren riesgos con
acciones criminales de este tipo. Yo preguntaba: “Y si en
estas aventuras irresponsables vuela un avión en el aire, con todos los
pasajeros, ¿quién tiene la responsabilidad de esos muertos, nosotros o
los que los están provocando desde Estados Unidos? Tendrán culpa
no solo los que incitan a cometerlos o cometen el hecho, sino también
aquellos que nos condenaron sin piedad porque tuvimos que aplicar
medidas en defensa de Cuba y de sus hijos. ¿Y cuánto le costaría
una guerra a Cuba con Estados Unidos? No bajan de millones, porque
Cuba es un país que tiene ya una cultura de
lucha.
Periodista.- De defensa.
Fidel Castro.-
Tiene la decisión de hacerlo, y allí la guerra no se acaba en tres días,
ni en 100 días, ni en 100 años, porque hemos estudiado todas las guerras
que han hecho en los últimos 40 años, sus técnicas, sus tácticas, y
sabemos cómo defendernos. De nada valdría lo que usted dijera, si
usted no pudiera contar con millones de personas, millones de armas, y
con el conocimiento necesario de cómo defenderse.
Es una guerra
que no queremos, una sangrienta victoria que no deseamos en absoluto;
pero, desde luego, no entregaremos jamás el país.
Les
estoy hablando así, con toda franqueza. Hay confusión, a pesar de
que lo hemos dicho y lo que hemos explicado. Usted sabe que
después vienen los cables y hacen una caricatura de lo que se
dice. Ninguno de los mercenarios llamados “disidentes” ha sido
fusilado. Gracias a Felipe me di cuenta de ese detalle en la
pregunta. Le doy las gracias para poderlo explicar bien. Yo
simplemente iba a explicar las causas del arresto y las
sanciones.
Periodista.- Presidente, acá se ha
leído...
Felipe Pérez.- Tiene que ser esta la última,
porque son las 12:50.
Fidel Castro.- Bueno, vamos a ver, yo
voy a ser más corto, más rápido.
Periodista.- Acá se ha
leído su presencia en Buenos Aires como una retribución de gentileza por
la posición argentina de abstenerse en la votación sobre Cuba en
Naciones Unidas, ¿es una lectura correcta?
Fidel Castro.-
Entre otras causas, sí.
Periodista.- ¿Y las
otras?
Fidel Castro.- Las otras las estuvimos
hablando. Veo un movimiento interesante, y tenemos unos cuantos
amigos entre los que venían aquí, que son personas de prestigio, tenía
esa oportunidad de saludarlos. Segundo, porque nos alegramos
mucho, por Argentina, de la evolución que van llevando los
acontecimientos. Nos alegramos. Veíamos la importancia que
tenía, no solo para el pueblo argentino —enviando mucha gente, muchos
mensajes—, sino incluso para el proceso en su conjunto, en la búsqueda
de soluciones en momentos difíciles, porque se sabe, uno puede hacer el
inventario de las dificultades. Solidaridad con Argentina, con el
pueblo y con la actual administración, el gobierno argentino. Sí, todo
eso.
Y lo pensé muy bien. Pensaba, ¿cuál era la única
preocupación? Estábamos allá con el 20 de mayo y una serie de
medidas de respuestas posibles a las amenazas, y yo no sabía si
estaríamos allí movilizando 2 millones de personas en una protesta o
estaría aquí, lo que me aguantaba casi hasta el final; tuvimos que
esperar el 20 de mayo, en que el gobierno norteamericano y la mafia
terrorista de Miami hicieron cosas insólitas: engaño, introdujeron
un avión de la Fuerza Aérea, lo pusieron a 6 000 metros para interferir
nuestra televisión con nuestros avanzados programas
educacionales.
Por suerte, se equivocan constantemente, son
erráticos, son campeones olímpicos del error, lo cual no resulta difícil
cuando se es campeón olímpico de la fuerza y del poder, de un poder
superior a todo el resto del mundo junto, y la capacidad de destruir
este mundo; porque ellos han dicho, incluso, no solo eso, sino que
cualquier oscuro rincón del mundo podía ser atacado. No sé si
ustedes tendrán algún oscuro rinconcito por aquí; si lo tienen, pónganle
luz eléctrica, por lo menos (Risas), para no ser
víctimas.
Periodista.- Perdone que lo
interrumpa.
Usted habló de estas circunstancias, ¿y cómo fue un
poco su relación con la década pasada, con el gobierno pasado, con
Menem?
Fidel Castro.- Te explico enseguida, me tomo un
minuto más, pero déjame terminar lo que te estaba diciendo.
Y
otra cosa muy importante, si venir le ocasionaba algún daño al gobierno,
porque soy un tipo que, ya sabe, desgraciadamente, cuando llego, a veces
me reciben con un poco de ruido. Bueno así me recibieron en México
cuando la toma de posesión, aquí no hubo peligro de que se cayera todo
un edificio de cristales; porque los periodistas, fotógrafos y los que
manejan las cámaras son una tropa, a ellos solos no hay quien los
aguante. Hoy fui a poner una corona a San Martín y a Martí, cuando me
miro en el espejo, veo una rayita aquí; salí con una pequeña lesión. Y
hasta el Presidente de la República, que fue escoltado por los caballos,
algún camarógrafo le ha dado un golpe, pero no acusen a nadie (Risas).
El día de su toma de posesión le han hecho una herida.
Pude
percatarme de que no sería visto con malos ojos que yo aceptara la
invitación, así que hasta última hora no estuve seguro de venir.
Llegué a la convicción de que no le haría ningún daño, porque usted no
debe ir porque lo inviten; a veces invitan, pero señalan un
nombre: que venga fulano. Y aquí nadie señaló ningún nombre
o algo parecido, y tenemos muchos amigos. Al contrario, finalmente
hubo satisfacción cuando se habló de que yo tenía una posibilidad de
llegar.
También los viajes para mí no son muy
fáciles. Yo viajo en un viejo IL-62. Hablaron de
Allende. La primera vez que lo utilicé fue en 1971, más o menos,
cuando visité a Chile. Ese es el que he usado toda mi vida, le he
dado dos veces la vuelta al mundo en él; hace ruido y además al llegar
ayer había unas nubes bajísimas, densas, y yo veo que vuela por debajo
de las nubes, y no sabía si iba a aterrizar en la pista o en un parque
de ese lugar. La cuestión es que siempre que parte,
llega.
Me alegré muchísimo de haber venido, porque he visto algo
que no se puede trasmitir por cables: estado anímico. Vi a
la gente, en general, en todas partes, en el Parlamento, en un estado
anímico como de esperanza, de satisfacción, una esperanza de encontrar
la solución. Eso vi, y un buen clima, un excelente clima. Es
lo que te puedo decir.
Periodista .- Pero Menem fue una
relación de 10 años y donde usted mismo comentó cosas muy llamativas en
la época...
Fidel Castro.- Pero primero que todo quiero
aclarar que en la entrevista que me hizo Bonasso, cuando yo dije
refresco, quería decir gaseosa —y no quiero hacer propaganda contra su
cosecha, ¿para qué?— refiriéndome al champán que me obsequiaba
Menem. No hablé muy mal; dije del champán que, como refresco —que
ustedes dirían como gaseosa—, era excelente. Bueno, nos
llevábamos, ustedes lo conocen a él bien. Me invitaba a Rioja cada
vez que venía. ¡Amiguísimo! Conversábamos de lo más bien,
hasta el momento en que iba para la conferencia de prensa y cuando
llegaba allí estaba: ra, ra, ra, ra contra mí (Risas).
Pero usted no puede tomar en serio esas cosas, y seguíamos hablando
amistosamente. La antítesis del pensamiento de él es el mío, son
antitéticos; pero la cortesía obliga. ¿Qué yo voy a hacer?
No le puedo poner cara de malo.
Mire, ayer mismo hubo un almuerzo
de jefes de Estado, y estaban todos —algunos han dicho ni se sabe
cuántas cosas de mí—, pero muy educaditos, todos sentados allí y yo
calladito, porque estaban discutiendo problemas de ellos.
Mire, pude ver un espíritu. ¿Qué espíritu vi? Casi
casi un espíritu de unidad con relación a los problemas
económicos. Nunca había visto nada parecido en ningún lugar, a
pesar de que los criterios no son iguales. En Cuzco estuvieron
discutiendo otros temas; pero allí yo presencié, y no creo que cometa
una indiscreción —no voy a decir nada en concreto—, pero sí vi un
espíritu, un raro y extraño espíritu de coincidencia en todos sin
excepción, incluidas las esposas, en cosas económicas de las más
importantes (Risas).
Periodista.- Para mí, hay una
coincidencia, entre otras, que es la elección y la expresión de que la
elección es el capitalismo. ¿Eso no es una derrota de las ideas
socialistas después de 45 años de Revolución?
Fidel
Castro.- ¿De que la única alternativa es
capitalista?
Periodista.- Es lo que dicen los gobiernos de
esta región, incluido Lula, por ejemplo.
Fidel Castro.- Sí.
Permíteme hablar, y hablo no por temor a nada. Yo creo que cada país en
concreto necesita su solución en concreto. Digo que Cuba no
tendría lo que tiene hoy bajo el capitalismo, especialmente lo que va
teniendo a un ritmo impresionante en los últimos años, porque también el
aprendizaje y la experiencia tienen un inmenso valor.
Mira, el
derrumbe del campo socialista enriqueció nuestra experiencia. Fue
una desgracia, una tragedia, porque nos regaló a todos la superpotencia
hegemónica. Cuando había dos superpotencias, Nyerere afirmaba que cuando
los elefantes se pelean, la hierba es la que paga los platos rotos...
Sí, pero, créame, más vale dos elefantes más o menos con ciertos
límites, que un elefante dueño de la pradera y dueño de todo, dueño de
correr y pisotear las 24 horas; eso es lo que ha pasado, y su poder es
inmenso. Nosotros hemos tenido que enfrentarnos a ese poder,
tenemos un entrenamiento excelente.
Cuando el bloqueo fue
endurecido, y surgió el período especial en tiempo de paz, nadie daba un
centavo por la Revolución Cubana. Y, además, cuando las leyes
arreciaron, las medidas se hicieron más duras con la Ley Torricelli y la
Ley Helms-Burton, casi no hallan ya qué encontrar, todas las pruebas las
hemos tenido que soportar. Somos un pueblo de curtidos
veteranos.
Periodista.- Presidente, yo tengo la última pregunta,
y lo remito —seguramente usted se acuerda— a la Primera Cumbre
Iberoamericana en Guadalajara. Yo estaba allí cubriendo esa cumbre, y de
su discurso central recuerdo, hasta el día de hoy, con nitidez, casi
puedo escuchársela diciendo, una frase a los otros
presidentes...
Fidel Castro.- ¿Te recuerdas que elogié a
Endara, el de Panamá, a pesar de que salió de un cuartel
norteamericano? Ante mi asombro utilizó un lenguaje francamente
nacionalista.
Periodista.- Pero hubo una frase que usted
les dijo: “Pudimos haber sido todo y no somos nada”. Esa era
una...
Fidel Castro.- Me refería al
hemisferio.
Periodista.- Sí, claro. Por eso digo. Ese
diagnóstico, o esa sentencia, me pareció —por eso la recuerdo hasta el
día de hoy— final, terminal. ¿Modificó esa visión?
Fidel
Castro.- No.
Periodista.- ¿No?
Fidel
Castro.- Hoy al parecer estamos comenzando a ser
algo.
Periodista.- Ah, eso, eso.
Fidel Castro.-
¿Cuánto pasó desde la independencia, hace casi 200 años, y qué hemos
sido? Los británicos dueños por acá en el sur, y los del norte
invadiendo a México, le arrebataron más de la mitad del territorio de
las regiones más ricas en petróleo y en todo; a Panamá le quitaron un
pedazo de tierra. Se apoderaron de Puerto Rico. Nos han
gobernado de una forma o de otra, directa o indirectamente, o derrocando
gobiernos. Es decir, si este hemisferio se hubiera unido —y hubo
más de uno que proclamó la unidad; Bolívar fue de los que más habló—,
hoy seríamos algo en el mundo, no inferiores a nadie. En todo el
trato que recibimos también hay bastante de racismo. Recuerdo que
siendo todavía estudiante visité a Estados Unidos, estaba ya bastante
coloreado de rojo. Pude ver que se discriminaba a la gente por ser
latina.
Periodista.- ¿Sí?
Fidel Castro.- Sí,
sí, por ser latina. ¿Y las minorías? Se sabe lo que pasa
allí, no hay que andarlo repitiendo.
Tengo una sincera admiración
por los latinoamericanos, por su talento, su valentía. No vaya a
creer, en El Salvador mismo, país bien pequeño, vimos —porque estaban
bastante cerca— cómo se enfrentaron allí a fuerzas muy superiores que
contaban con un río de suministros militares, de helicópteros y de
todo.
No debe haber guerras. Debemos luchar,
incluso, por buscar soluciones de paz en cualquier parte; también en
Colombia. No debe haber guerra, porque por la guerra, en este
minuto de la historia de América, no se resuelve ningún
problema.
Pienso en que el gran error cometido por Estados
Unidos, y ahí está en el discurso que pronuncié el mismo día 11 de
septiembre alertando ese peligro, fue utilizar la vía de la guerra para
resolver el problema del terrorismo.
Pensaba que había que
unir a toda la opinión mundial, había que unir a todos los partidos, a
todas las corrientes de opinión, a todas las iglesias, en esa lucha
contra tales métodos. No creo que haya ninguna iglesia partidaria
del terrorismo, como lo veo yo, que son aquellas acciones que cuestan
vidas de personas que son ajenas al conflicto. Nosotros nunca en
nuestra lucha de liberación practicamos esos procedimientos.
Desgraciadamente, como hay tantos caracteres diferentes, países
diferentes, formas de lucha y problemas diferentes, la tarea de
encontrar formas justas de paz no es nada fácil. Incluso los
problemas de Colombia hoy, no son los problemas de hace 40 años.
Allí había guerrilla antes que en Cuba.
Periodista.- Que en
Cuba, sí, sí.
Fidel Castro.- Ya Marulanda estaba alzado
antes de que en Cuba naciera la guerrilla, y en la época de nuestro
triunfo estaba bastante tranquilo. La verdad es que lo provocaron
en un momento dado. La República de Marquetalia, famosa, es
testigo de ello. Cuando fue a reunirse con el presidente Pastrana,
en la zona de San Vicente de Caguán, se quedó vacía la silla de
Marulanda, porque tenía una desconfianza tremenda por cosas que le
habían ocurrido con anterioridad. En el proyecto de discurso leído
por otro, está la lista completa de lo que tenían en aquella
comunidad. Yo vi una copia de los discursos, eso se conoció, cada
chivo, cada vaca, cada gallina, cada mulo de la República de
Marquetalia, y que estando en paz se la invadieron. Otras veces,
en negociaciones, le pusieron unos equipos de localización y lo
bombardearon; es terriblemente desconfiado por eso.
Ahora, el
problema de Colombia solo se puede resolver por la paz, y en la paz,
pienso, todos deben poner su parte. Paz verdadera, porque unas cuantas
paces allí han terminado en el cementerio. Los mismos comunistas,
que fueron a varios procesos electorales, perdieron más de 3 000
hombres, era un matadero de cuadros. A otras organizaciones les
pasó lo mismo. Todos esos antecedentes han complicado allí mucho
las cosas, y ahora se une un ingrediente externo.
Yo creo, de la
misma forma en que los latinoamericanos piensan que hay que unirse para
buscar soluciones a la gravísima crisis económica, hay que unirse para
buscar solución al problema de la paz y la unidad de las naciones
latinoamericanas sin injerencia alguna de Estados Unidos. No le
conviene a este hemisferio ninguna intervención, por el destrozo que
causaría a nuestros pueblos y sus riquezas. Por lo demás, no
conduciría a nada ni liquidaría la violencia, todo lo
contrario.
En esto, como en la lucha contra el terrorismo, las
drogas, la destrucción del medio ambiente, el analfabetismo, el hambre y
las graves enfermedades que azotan y diezman al mundo, nuestras
posiciones son bien claras y conocidas.
Y en cuanto a las guerras
de conquista, un país puede ser conquistado y jamás gobernado después de
la conquista, porque usted dentro de un tanque no puede gobernar a un
país, ni siquiera ocuparlo. Hay misterios que todavía no se
conocen, como qué pasó, qué ocurrió con la dirección iraquí, si murió o
no murió. El misterio. A mí me parece extraño, porque
conozco a los vecinos del Norte, y cuando no dicen una palabra de nada,
se vuelven sospechosos. He visto en Iraq imágenes de muchedumbres
imponentes, cuando son masas como el millón o más ese de chiítas que no
querían a Saddam, pero no estaban peleados con la patria iraquí y los
musulmanes sunnitas, de igual cultura y religión, me persuado más de
cuán insensata fue la línea seguida por el gobierno de Estados Unidos
después de los dramáticos sucesos del 11 de septiembre.
El
camino para enfrentar el terrorismo era político y no militar.
Había que crear una cultura contra el terrorismo y no el intento de
usarlo como pretexto para aplicar doctrinas preconcebidas para atacar,
invadir países, aplastar las luchas justas por la liberación nacional y
dominar al mundo sobre la base del terror y la
fuerza.
Respondiendo a su pregunta le hablo con mucho realismo y
en virtud de la experiencia que he tenido el privilegio de adquirir
durante muchos años de lucha. Si estuviéramos en aquella época, habría
hecho lo que hice; no he cambiado absolutamente mis sueños y
esperanzas. Ahora vivimos otra época, y las tácticas de lucha las
están desarrollando los propios pueblos y sus propios líderes, ajustadas
a las condiciones de cada país. Los hombres de más prestigio
tienen el deber de ser ejemplo y luchar por la honradez, la firmeza y la
integridad de los que combaten por preservar el mundo y hacerlo
mejor. Hay cambios tremendos de tipo tecnológico y en las
comunicaciones, que no existieron nunca. Hay además problemas en
el mundo y riesgos mucho más serios que los que hubo nunca.
Cuando triunfa la Revolución Cubana, nadie mencionaba la palabra
medio ambiente. Ese concepto nace a lo largo de estos años.
Nadie hablaba de capa de ozono, de calentamiento, de cambios de clima,
que se vuelven problemas vitales para toda la humanidad y unen a toda la
humanidad. Nadie hablaba de invasión cultural, que se produce a
través del monopolio de esos medios de difusión masiva que se extienden
por todo el planeta. Hay muchos problemas nuevos que preocupan a la
humanidad, intelectuales y no intelectuales, a los que trabajan con sus
manos y los que trabajan con el pensamiento. Las diferencias se
reducen. Hay que universalizar los conocimientos.
Nuestro país se
va convirtiendo en un país de intelectuales, que son ya cientos de
miles. Hemos extendido a todos los municipios del país la educación
universitaria, con fórmulas incluso de cómo combatir el desempleo.
Muchachos que se han apartado de los estudios, entre 17 y 30 años,
tenemos más de 100 000, a los que les damos una remuneración por
estudiar. Hay que ver, usted les está quitando materia prima a las
prisiones; porque nosotros hemos estado estudiando muchos aspectos
sociales, nunca bien estudiados todavía.
Hasta con relación a la
pena de muerte, hemos dicho que aspiramos a que se erradique; pero en
las condiciones en que actuamos, asumimos la responsabilidad, con una
conciencia absolutamente tranquila, porque uno tiene una idea de lo que
pasa en el mundo, de lo que están pensando los otros y de lo que puede
costar a Cuba una guerra, mucho más que a ningún otro país; porque el
costo es mayor en la medida en que sea capaz de defenderse, cuando hay
toda una conciencia necesaria para defenderse hasta la muerte.
Créanme que si no continúo hablando con ustedes, no es porque me
falten deseos de explicar, sino porque saben que tengo no se sabe a
cuántos allí esperando, y tengo que ver al Presidente a las 3:00 de la
tarde.
Periodista.- ¿Hasta cuándo se queda?
Fidel
Castro.- Hasta hoy después de las 12:00. Sí, será después de
las 12:00, tengo todavía algunas obligaciones. Ha sido de gran
satisfacción poder conversar con ustedes.
Periodista.- Para
mí, señor.
Fidel Castro.- He apreciado mucha seriedad en
las preguntas y en la conversación.
Periodista.-
Muchas gracias.
Fidel Castro.- Yo, encantado, me
alegro.
Periodista.- Me dicen que quieren hacerle una
fotografía a usted allá...
Fidel Castro.- Correcto. (Adelante Digital) lunes 9 de junio del 2003
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