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Fue dado a conocer por el
vicepresidente del Consejo de Estado Carlos Lage Dávila
Excelencias:
Hubiese querido estar con ustedes en
esa trascendental reunión, que tiene lugar precisamente en Qatar, país
hermano al que me une un profundo sentimiento de amistad derivado de las
cordiales y solidarias relaciones que hemos establecido con su pueblo, su
Gobierno y su Jefe de Estado.
Sin embargo, otros asuntos
apremiantes no me han permitido concurrir a este encuentro. Enfrentamos
los intentos del Gobierno de los Estados Unidos de dar refugio a un
notorio terrorista confeso, prófugo de la justicia venezolana,
responsable, entre muchos actos atroces de terror, de la voladura de un
avión civil cubano en pleno vuelo y la muerte de 73 personas
inocentes.
Cuba está enfrascada en una enérgica
campaña de denuncia del terrorismo que nuestro país ha sufrido durante más
de 45 años y que ha costado a nuestro pueblo la vida de miles de sus hijos
e incalculables pérdidas materiales.
También luchamos contra la impunidad
por los crímenes abominables cometidos en nuestro hemisferio al amparo de
programas represivos como la denominada "Operación Cóndor" en varios
países suramericanos, o las guerras sucias y campañas masivas de
exterminio en Centroamérica, y para señalar a los verdaderos culpables de
estos monstruosos episodios. He tenido que recibir, atender y reunirme con
cientos de personalidades destacadas que han visitado nuestro país en
estos días, algunos de los cuales aún permanecen en Cuba.
El orden económico impuesto al mundo
por la globalización neoliberal, cobra implacablemente a la humanidad
decenas de millones de vidas en las naciones más pobres de la
Tierra.
Nunca antes el mundo fue tan
desigual y la inequidad tan profunda.
En la actual economía mundial
nuestros países están incluidos para la explotación y excluidos para el
desarrollo.
Tal orden impide el desarrollo de
los países del Sur, para sostener el consumismo derrochador del Norte, la
agresión al medio ambiente y el agotamiento acelerado de los recursos
naturales del planeta. La riqueza desbordante del Norte es el resultado de
la salvaje explotación colonial y neocolonial del Sur.
La deuda externa actual de los
países del Tercer Mundo continúa creciendo, y pese a que se ha pagado un
total de 5,4 millones de millones de dólares entre 1982 y 2004, asciende
ahora a 2,5 millones de millones de dólares y sigue actuando como
instrumento para que el Fondo Monetario Internacional imponga ajustes
económicos socialmente desastrosos a nuestros países.
Continuamos recibiendo cada día el
retórico discurso del libre comercio, pero los aranceles que aplica
Estados Unidos a sus importaciones de los países del Tercer Mundo superan
en 20 veces a aquellos aplicados a los países desarrollados. El mundo rico
gasta cada año 300 mil millones de dólares en subsidiar producciones
agrícolas que cierran los mercados a países del Sur, mientras habla con
hipocresía del libre comercio.
En el mercado financiero sin
regulación son habituales los ataques especulativos sobre las tasas de
cambio de las monedas. Se exige transparencia informativa a nuestros
países mientras los especuladores se esconden tras el secreto. Las
agencias calificadoras de riesgo amenazan con malas calificaciones a
nuestros países después de premiar a empresas norteamericanas que
protagonizaron quiebras fraudulentas. Estas realidades son expresión de un
orden económico que se impone sólo para defender los intereses de una
opulenta minoría.
El consumismo derrochador contrasta
de modo hiriente con la pobreza y amenaza con arrasar las condiciones de
vida en el planeta. El petróleo es un claro ejemplo.
El voraz consumo de este importante
energético en Estados Unidos, donde un habitante gasta doce veces más que
otro en el Tercer Mundo, mantiene una demanda creciente que amenaza con el
agotamiento de ese vital recurso no renovable. Con sólo el 5 por ciento de
la población mundial, ese país consume el 26 por ciento del
petróleo.
Debe afirmarse con toda claridad y
decisión que la verdadera causa de la crisis energética casi apocalíptica
que amenaza hoy al mundo, es el gasto desmedido e irrefrenable de los
países ricos y las absurdas einsostenibles sociedades de consumo que han
creado. A tal ritmo de derroche energético, la oferta de petróleo o gas no
podrá alcanzar jamás a la demanda, porque las reservas probadas y
probables se están agotando.
Por otro lado, a más de 30 años de
proclamada y prometida la meta del 0,7 por ciento, la ayuda al desarrollo
no pasa del 0,2 por ciento y la de Estados Unidos es del 0,1 por ciento.
Lo pagado por servicio de la deuda en el año 2004 fue, en cambio, más de 5
veces lo que recibió el Sur como ayuda oficial para el
desarrollo.
Resulta ya evidente que las modestas
Metas del Milenio no serán cumplidas.
El hambre sigue siendo una realidad
diaria para 852 millones de personas, mientras se gasta un millón de
millones de dólares en armas que servirán para matar a los hambrientos,
pero no para matar el hambre.
Casi una tercera parte de los niños
en el Tercer Mundo sufren retraso en el crecimiento y tienen estatura y
peso inferiores a lo normal debido a la desnutrición.
Siguen muriendo cada año 13 millones
de niñas y niños debido a enfermedades prevenibles, mientras se malgasta
otro millón de millones de dólares en embrutecedora propaganda
comercial.
Casi mil millones de adultos
analfabetos y 325 millones de niños que no asisten a la escuela,
demuestran cuán lejos de la más elemental equidad y justicia está el
mundo.
El futuro de la Humanidad no puede
ser este mundo injustificable e insostenible.
Frente a los enormes desafíos que
plantea la pobreza y la injusticia en el mundo actual, el Presidente de
los Estados Unidos proclama el derecho a lanzar guerras preventivas y
sorpresivas contra 60 o más países. Manipula a las Naciones Unidas.
Declara obsoleta su Carta y desprecia el Derecho Internacional. Convierte
la igualdad soberana de los Estados en una repugnante burla.
Unámonos entonces los excluidos de
siempre, para fundar un orden mundial justo, equitativo y sostenible.
Preservemos y pongamos al servicio de los pueblos a las Naciones Unidas.
Defendamos la paz. Luchemos por nuestros derechos, conscientes de que nada
nos será donado de gratis.
A pesar de los enormes obstáculos,
creemos en el valor de las ideas y los principios, y confiamos en la
capacidad de lucha de nuestros pueblos.
Fidel Castro
La Habana, 12 de junio de
2005 (Granma) 15 de junio de 2005 |