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Por María Julia Mayoral, Anett Ríos, José A. de la
Osa, Alexis Schlachter y Alberto Núñez Tomado de Granma, 8 de
abril de 2005
Queremos con fervor que el ejemplo del Papa perdure, ratificó
el Presidente Fidel Castro durante su intervención especial en el Palacio
de las Convenciones, ante dirigentes del Partido, del Estado, del Gobierno
y la UJC, representantes de las organizaciones de masas y oficiales y
combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del
Interior.
Nos honra, dijo, que él nos haya visitado; tuve razón, agregó,
cuando entonces afirmé que al Papa no le animaba ninguna intención de
hacer daño a nuestro pueblo. Sus sentimientos hacia los cubanos fueron
nobles, y quedaron resumidos por él al marcharse de Cuba en las palabras
claras y paradigmáticas que expresó contra el bloqueo, al cual calificó de
injusto y éticamente inaceptable. Estos juicios del Santo Padre, opinó
Fidel, no deberían ser olvidados ahora por el Presidente de Estados
Unidos, cuando participe en las honras fúnebres en Roma.
Apreció que el fallecimiento del líder religioso constituye un
acontecimiento de gran trascendencia que ha conmovido a la opinión pública
internacional y dado lugar a una semana de luto en todo el
planeta.
A Juan Pablo II le tocó vivir uno de los momentos más complejos y
cruciales de la humanidad, cuando el mundo vive en una verdadera
encrucijada como en ningún otro momento de la historia. Por primera vez es
real el peligro de desaparición de nuestra especie y no solo debido a la
guerra y a la proliferación de armas nucleares; el hombre también corre
riesgos inéditos porque está destrozando la naturaleza, contaminándolo
todo, expresó Fidel.
El líder de la Revolución caracterizó los rasgos fundamentales de
los conflictos en la era contemporánea, como base para comprender la
trascendencia del pontificado de Juan Pablo II, a quien catalogó como un
hombre excepcional, luchador tesonero, incansable, cuyas virtudes no deben
ser desconocidas. Estas son nuestras opiniones desde el enfoque humano y
social, a la luz de cuestiones fundamentales para la humanidad, aunque
respetamos las opiniones diferentes, consideró.
El Presidente cubano también leyó fragmentos de cartas oficiales
enviadas a él por el Sumo Pontífice católico, las cuales fueron siempre
respetuosas y contentivas de un profundo amor y admiración hacia nuestro
pueblo. Con igual respeto Fidel respondió las misivas del Papa y en ellas
siempre dejó claros los puntos de convergencia con el pensamiento social y
humano de Juan Pablo II en defensa de los desposeídos del
mundo.
EL PAPA NO DESTRUYÓ AL CAMPO
SOCIALISTA
Es cierto, comentó, que el Sumo Pontífice tuvo una actitud crítica
frente a cuestiones que desde su punto de vista religioso entendía estaban
mal hechas en las sociedades socialistas. No debemos olvidar que en
Polonia, su país natal, la nación y la religión católica habían nacido
juntas, indisolublemente unidas, lo cual fue desestimado por aquel Estado
socialista, donde se cometieron muchos errores, entre ellos los
relacionados con el respeto a las distintas creencias.
Fidel ahondó en el ámbito histórico en que nació y creció el que
llegó a ser durante 26 años el Jefe de la Iglesia Católica. Analizó
igualmente la evolución política de Europa en vísperas de la Segunda
Guerra Mundial, y advirtió que el comunismo siempre asustó a todo el
mundo, incluidos los cubanos en aquella época. Fue la cultura alcanzada
con la Revolución la que permitió a nuestro pueblo superar esos
prejuicios.
El Papa no había nacido ni se había formado para destruir al
socialismo. Responsabilizarlo de la caída de este sistema en Europa es
hacer un análisis simplista de la historia, opinó.
La cultura política en nuestro país nació con la Revolución,
aseguró, porque el imperio, la oligarquía, los explotadores se habían
encargado de repetir por todo el mundo que lo más horrible que había era
el comunismo. En los primeros años después del triunfo revolucionario de
1959, indicó, se llegaron a decir barbaridades tales como que íbamos a
privar a la familia cubana de la patria potestad, enviar los niños a
Rusia, donde los procesarían para convertirlos en carne en
conserva.
Sentenció que si un día el socialismo cubano se derrumbara, la
culpa no sería de nadie más que de nosotros mismos. Enfatizó, además, que
una vez terminada la guerra fría el Papa fue muy crítico en relación con
el sistema capitalista.
RESPETO A TODAS LAS CREENCIAS
Fidel narró su experiencia personal desde niño en relación con la
religión y expresó su convicción de que los sentimientos y las creencias
religiosas de cada cual son estrictamente personales y merecen el mayor
respeto.
Esa actitud es la que debe acompañar a un revolucionario, a un
político, dijo, y afirmó que nosotros hemos luchado siempre por la
dignidad, la libertad y todos los derechos de los seres
humanos.
También agradeció la oportunidad que le dio la vida de estudiar y
la utilidad de adquirir enseñanzas de Marx, Engels y Lenin para llevar
adelante la conducción revolucionaria y entender los complejos
acontecimientos del mundo en que vivimos.
Aseveró que la Revolución cubana nunca será sectaria; ella brinda
igualdad de derechos, oportunidades y apoyo a todas las religiones, con el
máximo respeto, pero debe estar siempre en guardia ante las
manifestaciones extremistas. Como ejemplo destacó el gesto del Gobierno
cubano, a propósito de la visita del Papa, de declarar feriado el 25 de
diciembre, día de Navidad para los cristianos.
UN ENCUENTRO ESPERADO Y FRUCTÍFERO
El Papa fue recibido en Cuba en 1998, dijo Fidel, y nuestro pueblo
reconocía en su prédica por todo el mundo la batalla que entonces libraba
el Sumo Pontífice contra el subdesarrollo, la pobreza, la deuda externa y
el saqueo de los países, y por la globalización de la solidaridad, pues se
trataba de ideas con las cuales la Revolución tiene plena
coincidencia.
Recordó que juicios como ese los expuso públicamente desde
diciembre de 1997 dentro de un período de sesiones de la Asamblea Nacional
del Poder Popular y más tarde en ocasión de una entrevista transmitida por
la televisión el 16 de enero de 1998, días antes de que se produjera la
visita del Papa; ello demuestra que la dirección de la Revolución no ha
cambiado sus opiniones; han sido puntos de vista sostenidos durante años.
No se trata por tanto de modificaciones de criterios de manera oportunista
tras el reciente fallecimiento de Juan Pablo II.
En la mencionada conversación con periodistas de la televisión
cubana en enero de 1998, al referirse a la impresión que le había causado
el Papa durante el encuentro de ambos en Roma, Fidel dijo que había sido
muy buena; Juan Pablo II fue muy amable y respetuoso, y hasta podríamos
decir, afectuoso. Es un hombre de rostro noble, inspira realmente respeto;
y esa impresión la recogimos todos los compañeros que estuvimos en ese
diálogo.
En su intervención , el líder de la Revolución también rememoró que
en aquella comparencia por televisión evaluó que la conversación con el
Papa había sido muy fácil por su dominio del idioma español, por ser una
persona precisa al manifestar sus ideas, quien sabía escuchar con mucha
atención. Esas impresiones, indicó Fidel, las ha manifestado en otras
muchas ocasiones durante estos años.
No obstante, ratificó que la visita del Papa a nuestro país tuvo
lugar en una coyuntura difícil para la Revolución por la situación
económica creada por el derrumbe de la Unión Soviética y del campo
socialista en Europa del Este. El imperio mantenía una desaforada presión
que consistía, por un lado, en bloquear y tratar de hacer rendir por
hambre a una nación y, por otra, abrir las puertas a todos los que aun
cometiendo crímenes se trasladan a Estados Unidos por cualquier vía. Y
estas condiciones las hemos soportado hasta hoy en que las cosas han
empezado a cambiar de una forma radical, subrayó.
Relató que después de la caída del campo socialista y sobre todo de
la Unión Soviética, el imperio arreció su política agresiva contra la
Revolución cubana. Cualquier cálculo indicaba que el país no podía
resistir, dijo. Pero nuestro pueblo resistió, a pesar de perder de repente
todos los suministros de combustibles, fertilizantes, alimentos... Nuestra
producción petrolera era de apenas 700 000 toneladas anuales. Nos habíamos
quedado sin los 14 millones de toneladas del crudo proveniente de la Unión
Soviética.
En ese contexto, dentro del imperio y en otros lugares, vieron la
visita del Papa como algo que daría lugar al desmoronamiento del
socialismo en Cuba. Creían que la Revolución se derrumbaría como se
derrumbó Jericó ante el sonido de las trompetas. Y el Papa no traía
trompetas, ni traía la intención de destruir a la Revolución,
apuntó.
Reiteró que entonces la propaganda anticomunista había creado el
mito de que el Papa tenía gran parte del mérito en la caída del campo
socialista y de la URSS. Pretendíamos brindarle el recibimiento que se
merecía, por lo cual era preciso explicar a muchos de nuestros
compatriotas —como hizo por la televisión— el significado de aquella
visita y esclarecer a muchos sobre las posturas de Juan Pablo II, y las
condiciones históricas y personales que habían conformado su visión contra
el socialismo y el comunismo.
Ahora, comentó, nuestros enemigos vuelven a desconcertarse al ver
las muestras de consideración y afecto expresadas en Cuba luego de la
muerte de Juan Pablo II. Se han quedado otra vez despistados al observar
cómo nuevamente el cardenal Jaime Ortega tuvo la oportunidad de hablar al
pueblo por la televisión para referirse al deceso del Jefe de la Iglesia
Católica en el mundo.
El único momento difícil durante la visita pastoral, añadió, fue
causado por las palabras del Arzobispo de Santiago de Cuba durante la misa
papal en esa ciudad. El contenido de esa intervención, dijo, creó una
situación difícil con el pueblo y los militantes santiagueros invitados a
la misa; no nos preocupaba lo que se había dicho, sino la reacción y el
malestar del pueblo. Me consta, indicó Fidel, que ni el Papa ni el
cardenal Jaime Ortega sabían qué discurso iba a pronunciar el
Arzobispo.
Fidel denunció también las maquinaciones del imperio y sus cipayos,
con Roger Noriega, entonces asesor del senador Jesse Helms, a la cabeza
para deslucir la visita del Papa a Cuba en 1998 las cuales se demuestran
con la entrevista de este con el Arzobispo, de la cual el religioso
informó a las autoridades del Partido.
No fuimos nosotros los que politizamos la visita; la Revolución en
ningún momento trató de buscar mezquinas ventajas y beneficios para Cuba y
su proceso socialista, señaló Fidel, al continuar una rápida lectura de lo
dicho por él en enero de 1998.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros refirió los
hechos que durante años no propiciaron la presencia del Papa en Cuba,
entre los cuales incluyó las tensiones y diferencias que hubo con la
dirección de la Iglesia Católica en nuestro país durante los primeros años
de la Revolución, aunque se contó con la colaboración de quien era
entonces el representante aquí de la Santa Sede: un hombre que trabajó
intensamente por aliviar y eliminar dificultades.
Ponderó, además, la valentía histórica del recién fallecido Papa al
criticar públicamente pasados errores de la Iglesia Católica tales como la
Inquisición o la negativa a aceptar la teoría de la evolución de Charles
Darwin.
Detalló las facilidades ofrecidas en todo momento por el Gobierno
cubano a las diferentes órdenes católicas tales como la de Santa Brígida;
pero puso en claro que no hay ni habrá diferencias en el trato respetuoso
respecto a las religiones presentes en Cuba; en este punto puso como
ejemplos la inauguración de una Iglesia ortodoxa griega y otra rusa en el
futuro.
COINCIDENCIAS EN PRINCIPIOS HUMANISTAS
Fidel ratificó que el Estado y el Gobierno cubanos desde un
principio reconocieron y elogiaron a Juan Pablo II por su postura de
rechazo a la proliferación de armas nucleares; por ser un gran abanderado
en la lucha contra las guerras de agresión, las conquistas territoriales,
las purificaciones étnicas y la deuda externa. Fue asimismo un ferviente
crítico de la globalización neoliberal y del carácter consumista de las
sociedades capitalistas y de las políticas que aceleran la degradación del
medio ambiente. En Naciones Unidas, recordó, el Papa hizo estas y otras
importantes denuncias.
Para Fidel el tributo que debería rendírsele al fallecido líder
religioso sería llevar a la práctica sus ideas humanistas. Fustigó a los
hipócritas que desconocen este legado y están entre los principales
responsables de los males que sufre la humanidad, entre esos figura el
Presidente del país que produce el mayor número de armas nucleares y de
medios portadores para lanzarlas cualquier día, en cualquier momento,
contra cualquier rincón del planeta.
Resaltó la hipocresía del "señor jefe del imperio", quien asiste a
esos funerales a llorar ante el cadáver de un hombre que tanto se opuso a
la guerra, a la invasión a Iraq. La visita de Bush a Roma, opinó, es un
ultraje a la memoria de Juan Pablo II.
Al referirse a las constantes presiones del Gobierno de Estados
Unidos contra la Revolución, recalcó que el imperio en reiteradas
ocasiones nos exigió como condición para levantar el bloqueo: retirar
nuestra ayuda internacionalista a Angola, a Etiopía, romper nuestras
relaciones con la Unión Soviética y cesar el apoyo a los movimientos
revolucionarios de América Latina. Explicó que eso nunca lo aceptamos y
tal apoyo solo dejó de existir cuando esas fuerzas fueron extinguiéndose
por sí solas.
Afirmó que el curso de la historia, en tanto lucha de los pueblos
contra los opresores, se reanuda de nuevo con tremenda e indetenible
fuerza, sobre todo en esta América Nuestra soñada por Martí. Ejemplo de
ese renacer es Venezuela, con su proceso bolivariano revolucionario y Hugo
Chávez.
En otro momento de sus palabras, Fidel apreció a Hugo Chávez como
un revolucionario de ideas bolivarianas y martianas, con correctas
interpretaciones del cristianismo, pues su pensamiento tiene en cuenta al
Cristo que supo ponerse al lado de los pobres. Chávez, opinó Fidel, ha
sabido evaluar la historia y las tradiciones de su pueblo.
EL HUMANISMO DE LA REVOLUCIÓN
No habrá nada con qué comparar las páginas de humanismo que nuestro
glorioso pueblo está escribiendo, dijo el líder de la Revolución , y
ejemplificó con la atención que han recibido en Cuba miles de niños y
adolescentes ucranianos afectados por el accidente de la central nuclear
de Chernobil, y con la realidad incontestable de que en Cuba, a diferencia
de lo ocurrido en países de nuestra propia región a partir de tiranías
instauradas por el imperialismo, no ha habido un torturado, un asesinado,
un desaparecido.
Ese mismo imperio nos quiere condenar en la Comisión de Derechos
Humanos de Naciones Unidas, denunció. Que hagan lo que les dé la gana; a
mí me importa un bledo y al pueblo de Cuba le importa un bledo la Comisión
de Ginebra, añadió antes de preguntarse qué dirán y qué harán los europeos
en los próximos días cuando se lleve a votación el proyecto de resolución
anticubana que presentará el Gobierno de Estados Unidos.
Todos sin excepción, advirtió, se toparán con un acero cada vez más
duro, cada vez más invulnerable, es decir, con una Revolución más fuerte
cuya obra humanista y de justicia social va en ascenso.
Comparó que mientras Estados Unidos trata de condenar a Cuba por
supuestas violaciones de los derechos humanos y reclama la liberación de
mercenarios sancionados en nuestro país por sus acciones
contrarrevolucionarias, mantiene injustamente encarcelados a Cinco Jóvenes
cubanos luchadores
antiterroristas. (Minrex) |