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(VERSIONES
TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO)
Queridos compañeros:
En primer lugar, quiero pedirles que nos excusen por haber
convocado una reunión tan numerosa teniendo en cuenta las
dificultades del transporte, el día y la hora, pero nos
parecía conveniente hacerlo.
He estado en algunas reuniones, quería saber cómo se
desenvolvía el proceso, y me preguntaba qué podía hacer para
contribuir al esfuerzo de ustedes en la batalla de la
capital. Me gustaría, por ejemplo, acompañar a algunos
grupos de candidatos a hacer algún recorrido, hacer algo;
pero es prácticamente imposible, no solo por razones físicas,
sino también por razones de tiempo y por razones de trabajo.
Me preguntaba: ¿Cuáles pueden ser los puntos más vulnerables,
los puntos más débiles, las mayores dificultades en esta
campaña? ¿Qué podemos hacer para aglutinar las fuerzas,
marchar unidos, marchar disciplinadamente en una misma
dirección? ¿Cuáles son los factores determinantes en esta
contienda? Y por eso les pedí opinión a varios compañeros
sobre quiénes debían estar aquí, y empezamos a calcular.
Bueno, primero todos los delegados de circunscripción, los 1
495, que son las compañeras y compañeros que han sido
electos el 20 de diciembre. Por supuesto, deben estar
presentes los candidatos a diputados para la Asamblea
Nacional y los candidatos a delegados para las asambleas
provinciales; es imprescindible. Es imprescindible que estén
las comisiones de candidatura de cada municipio y de la
provincia, es imprescindible que estén las organizaciones de
masa. Incluso, preguntaba si los miembros de las direcciones
nacionales estaban presentes, me dijeron que no, y lo
lamentaba porque quizás los temas que discutamos aquí sea
conveniente que ellos también los conozcan; pero tratábamos
de sacar la cuenta para decidir el lugar donde íbamos a
efectuar la reunión.
Al principio pensé que la reunión podíamos hacerla en el
salón donde tienen lugar las reuniones del Comité Central y
otros tipos de reuniones, que cuenta unos 300 puestos, pero
aquello era imposible. Después, cuando sacamos la cuenta,
estábamos pensando en el "Carlos Marx", y dijimos: Bueno, el
"Carlos Marx" es demasiado grande y nosotros queremos tener
una reunión familiar, una reunión de trabajo, no un gran
acto. Me acordaba del teatro de la CTC, preguntaba cuántos
asientos tenía, si cabían todos los que tenían que venir y,
por fin, llegamos a la conclusión de que el lugar ideal era
la CTC y que sí cabían. Creo que hay aquí un poco más de 3
000 compañeros.
Ayer tuve un acto con los que participaron en el encuentro
de educadores latinoamericanos, llamado "Pedagogía 93". Vi
aquel teatro una vez más, y aquello es inmenso. Por alguna
razón este me parece un sitio más acogedor y más apropiado
para hablar íntimamente.
Me preguntaba si debíamos invitar a los periodistas. Nos
habría gustado que los periodistas estuvieran, pero la
reunión no era para la prensa y, lógicamente, el papel del
periodista es informar. Si invitamos a los periodistas y les
estamos rogando, además, que no informen, es una
contradicción, ya que esta no es una reunión para todo el
mundo. No es porque vayamos a hacer algo malo aquí, ni mucho
menos; o porque vayamos a proponer cosas incorrectas, que no
se puedan defender públicamente, sino por el carácter de la
reunión, como reunión de trabajo y para comunicarnos de
forma enteramente libre con los que tienen las
responsabilidades principales en esta batalla. Esto es como
en una guerra: si se reúne el Estado Mayor, si se reúnen los
oficiales, son los que tienen que estar en esa reunión y
nadie más.
Sí, la prensa se encargará de hablar y de argumentar
públicamente en una misma dirección o en la dirección que
estime más conveniente; pero ahora tenemos que analizar aquí
los detalles de esta batalla, de este gran desafío —como
recordaba Lezcano—, hacia dónde debemos dirigir nuestro
trabajo.
Debo empezar por explicar que se han cumplido estrictamente,
de manera absoluta, los principios que rigen este proceso,
los principios que acordamos en la reunión de la Asamblea
Nacional para la reforma de la Constitución y los principios
acordados en la Ley Electoral. Ya habíamos arribado a una
concepción a partir de una idea básica, que no es nueva, y
es la idea de que el pueblo postula y el pueblo elige.
Nos preguntábamos mucho cuál debía ser el papel del Partido.
El papel del Partido no era postular, no es el Partido el
que postula; el papel del Partido no era elegir, el Partido
no es el que elige.
Y
como tenemos un partido —y estamos muy satisfechos de tener
un partido, igual que lo tuvieron en los años finales de
nuestras luchas por la independencia los mambises, los
revolucionarios cubanos—, nos preguntábamos cuál tenía que
ser su papel, y dijimos: Su papel es dirigir el proceso y
garantizar que se cumplan estrictamente los principios de
este proceso. Ese es el papel del Partido, puesto que
confiamos en nuestras ideas, confiamos en nuestros
principios, que son los más correctos, que son los más
justos. Entendíamos que ese tenía que ser el papel del
Partido: garantizar estrictamente la aplicación de esos
principios. Y puedo decir con entera satisfacción que el
Partido ha cumplido ese papel y ha garantizado el
cumplimiento de esos principios, para que el pueblo postule
y el pueblo elija.
Ya desde antes era el pueblo el que postulaba allí en la
base. Todos ustedes conocen de sobra cómo son las elecciones
en la base, cómo se nominan los candidatos en las asambleas
de vecinos en las circunscripciones con la participación de
todos los que quieran participar, porque son asambleas
abiertas. Nosotros nos preguntábamos si los
contrarrevolucionarios, los antipatriotas, los que sirven al
imperialismo, los que están contra la Revolución y contra la
patria, iban a participar o no, porque nadie les prohibía
participar en las asambleas, discutir y postular. Pero es
que la Revolución tiene mucha moral, tiene mucha autoridad,
mucho espíritu, algo que no tiene la contrarrevolución, que
no tienen los enemigos de la patria, que no tienen los
partidarios del imperialismo, y por eso en las asambleas
estos no dieron batalla.
Allí se reunió el pueblo como siempre, postuló, esta vez con
mayor amplitud, porque antes se solicitaba que no postularan
como delegados de circunscripción a muchos compañeros en
virtud de las responsabilidades que tenían —ya se sabe que
es muy difícil compatibilizar las responsabilidades del
delegado de circunscripción con ciertas responsabilidades de
carácter provincial, nacional o un trabajo tenso y complejo
de otro tipo que tenga la gente—, y eso, naturalmente,
limitaba el número de personas que eran postuladas para
delegados de circunscripción, que en este caso fue mucho más
amplio, y con frecuencia fueron bastante reñidas las
elecciones en las circunscripciones.
El Partido no postuló a nadie, ni señaló a nadie, ni hizo
campaña por nadie; esta fue una tarea del pueblo.
En nuestra Ley Electoral se crearon las comisiones de
candidatura. Creo que encontramos una solución muy feliz,
que no tiene ningún otro país: quiénes postulan o quiénes
van a elaborar las proposiciones de candidatura para
presentarlas en las asambleas municipales.
Antes, las asambleas municipales elegían al diputado. El
cambio fundamental es que ahora, como alguien tenía que
postular, nuestra Constitución y nuestras leyes asignaron a
la asamblea municipal el papel de postular. Es decir que
aquellos que fueron postulados y elegidos directamente por
el pueblo no eran los que iban a elegir los diputados, lo
cual es perfectamente justo, perfectamente aceptable y
perfectamente democrático, absolutamente democrático, porque
el sistema que teníamos era un sistema democrático; pero lo
queríamos perfeccionar, hacerlo todavía más democrático, y
como alguien tenía que postular, se les asignó a las
asambleas municipales esa función, en vez de elegir
directamente a los diputados y también los delegados a las
asambleas provinciales.
Pero cómo se postula, cómo se reúnen un día las asambleas
municipales y postulan, si las asambleas municipales conocen
los problemas del municipio, y en algunos casos muchos de
los delegados conocen no los problemas del municipio sino
los de su circunscripción; cómo podían ellos en una simple
reunión formular las candidaturas para la Asamblea Nacional
y las asambleas provinciales. Era necesario la participación
de otros factores, y es donde surge la idea de que las
organizaciones de masa, en representación del pueblo —porque
la inmensa mayoría de nuestro pueblo pertenece a las
organizaciones de masa—, fuesen las que realizaran la tarea
previa al proceso de postulación, es decir, la presentación
de las listas de candidatos a las asambleas municipales.
Se organizaron las comisiones de candidatura integradas por
las organizaciones de masa en los tres niveles: en el
municipio, en la provincia y en la nación.
Desde luego que íbamos a transitar por un camino nuevo. Cómo
saldría todo esto, nadie lo sabía ni lo podía saber, porque
era nuevo, era enteramente nuevo: partíamos de una serie de
principios, de una serie de ideas que había que someter a la
prueba de la realidad, a la prueba de la vida.
El primer descubrimiento que hicimos fue el enorme trabajo
que se les asignó a las comisiones de candidatura. Ellas
mismas tuvieron que ser creadas, no las integró el Partido;
fueron las organizaciones de masa las que integraron las
comisiones de candidatura y designaron a sus representantes
a nivel nacional, a nivel provincial y a nivel municipal; y
fueron las comisiones las que elaboraron las ideas de cómo
debían realizar el trabajo. No podemos decir que esas ideas
eran perfectas, porque era la primera vez que se iban a
poner en práctica.
En un momento dado nos dimos cuenta de que 12 representantes
de las organizaciones de masa en la Comisión Nacional de
Candidatura eran muy pocos y no podían asumir la tarea de
realizar aquel enorme trabajo. Propusimos que se ampliara la
Comisión Nacional de Candidatura y que cada organización
enviara un número de miembros hasta llegar a 36, para que
fuera de 36 miembros el trabajo de tipo nacional. A pesar de
eso, no alcanzaban.
Creo que si alguna gente ha trabajado más que los
contingentes en estos tiempos, fueron los compañeros de las
comisiones de candidatura, sobre todo los compañeros de la
Comisión Nacional (APLAUSOS), porque ellos empezaban a
trabajar muchas veces a las 8:00 de la mañana y terminaban a
las 2:00 ó a las 3:00 de la madrugada, puesto que tenían que
dirigir un proceso muy amplio de consultas.
Dentro de estos principios la consulta era la clave; no se
trataba de que se reuniera un grupo de compañeros
representantes de las organizaciones de masa y comenzaran a
elaborar sus ideas acerca de cómo debían integrar aquellas
listas de candidatura, sino que se tenían que reunir con
infinidad de personas. Primero, tenían que usar los propios
criterios de las organizaciones de masa y después tenían que
escuchar los criterios de todas las instituciones posibles,
de los centros de trabajo, de los candidatos a delegados,
porque todavía no se habían efectuado las elecciones en las
circunscripciones cuando ellos empezaron a trabajar y no se
sabía quiénes iban a salir electos; tenían que pedirles
opiniones, por lo tanto, a todos los postulados y empezaron
a hacerlo y a conocer sus criterios sobre quiénes debían ser
los candidatos. Al final, consultaron a más de un millón y
medio de personas. Eso no ha ocurrido nunca en ninguna parte.
En el mundo, como regla, se reúnen cuatro gatos que dirigen
los partidos y hacen las listas de candidatura, no consultan
a nadie más. Las comisiones de candidatura nuestras
consultaron a un millón y medio de personas, y tengo
entendido que la cantera que surgió de las consultas
ascendía a más de 60 000 personas, entre 60 000 y 70 000
personas. Vean ustedes qué tarea, escoger a los candidatos
entre todas aquellas decenas de miles de personas que se
propusieron.
Ellos tenían que utilizar determinados métodos para realizar
eso; tenían que darles participación a las bases en ese
trabajo, a la provincia, a la nación; tenían que escoger de
distintas fuentes, porque, en primer lugar, tenían que
escoger a los delegados de circunscripción que iban a ser
presentados como candidatos a diputados a la Asamblea
Nacional. Según la ley, aproximadamente la mitad, con un
límite de hasta un 50% debían ser delegados de base, y ese
requisito se estableció por una cosa muy lógica: si los que
van a postular son los de la asamblea, por una cuestión de
principio era necesario establecer un límite de los que
ellos podían postular, porque si no la asamblea podía
postular sencillamente a gente del municipio y a nadie más,
lo que no era posible, no era consecuente con la concepción
que se estaba aplicando; pero sí se estableció el principio
de que hasta la mitad de los delegados de base podían ser
miembros de la asamblea municipal, es decir, delegados de
circunscripción. Luego ya la ley establecía una categoría de
candidatos: los candidatos que venían de la base
directamente. Ahí tenía que trabajar la base. ¿Quién podía
aportar los mejores criterios sino la propia base? Ahí el
papel de las organizaciones en la base era decisivo y los
criterios de los candidatos a delegados, y después los
propios delegados.
La comisión, por otro lado, trabajó con las comisiones
provinciales, puesto que la otra cantera para diputados a la
Asamblea Nacional eran personalidades de la provincia, y ahí
nadie podía dar los criterios mejor que las propias
provincias; y, por último, había que escoger personalidades
de carácter nacional que resultan indispensables en la
Asamblea Nacional, personalidades conocidas en todo el país
con importantes responsabilidades, personalidades destacadas
por sus actividades en todo el país.
En eso, desde luego, las propias direcciones nacionales de
las organizaciones de masa jugaban un papel fundamental. La
Comisión Nacional de Candidatura calculó, aproximadamente,
cuántos vendrían por la base de acuerdo con la ley, cuántos
vendrían por la provincia y cuántos vendrían por la nación.
Realmente, como candidatos nacionales, la proporción que
decidieron fue la menor porque, al fin y al cabo, llegaron a
la conclusión de que para una Asamblea Nacional de 589
diputados serían unos 274 candidatos de base, alrededor de
180 —no estoy citando la cifra exacta—candidatos de
provincias y alrededor de 134 ó 135 candidatos llamados
nacionales. Digo llamados nacionales, porque había
candidatos de provincias que eran figuras nacionales y, por
lo tanto, no podía decirse que son figuras de la provincia.
Sí, están en la provincia, trabajan en la provincia y fueron
promovidos por la provincia, porque las provincias querían
promoverlos.
A
veces ocurría que las provincias tenían un destacado valor
nacional y no lo promovían, porque se ponían a calcular que
seguramente lo iban a promover por el nivel nacional. Claro,
había la aspiración a que la provincia contara con el mayor
número de personalidades de la provincia, y ese valor
nacional lo dejaban para que la Comisión Nacional de
Candidatura lo incluyera como candidato nacional. No es una
trampa, desde luego, pero es una cierta tendencia que se
producía en algunos casos.
Esta categoría para la Comisión Nacional de Candidatura,
desde luego, podía variar. Ellos mismos la habían
establecido: ellos podían escoger un poco menos de
candidatos de provincia y un poco más de candidatos
nacionales; o a la inversa, un poco más de candidatos de
provincias y menos nacionales.
Nadie sabía lo que iba a pasar, cuál sería el resultado de
las múltiples consultas. Traté de estar informado de cómo
iba desarrollándose todo el proceso, e insistí en la idea de
las consultas, que eran claves, que eran decisivas, sobre
todo, la consulta con las bases. Por eso el proceso de
consulta se repitió, y así, por ejemplo, las direcciones
nacionales de las organizaciones de masa habían propuesto un
número de algo más de 500 personalidades como candidatos en
las consultas de las direcciones nacionales de dichas
organizaciones. Los de la Comisión Nacional de Candidatura
tenían que reducir eso a menos de una tercera parte, al
número que ellos mismos se habían propuesto de alrededor de
135.
Esas eran las opiniones de las direcciones nacionales sobre
un conjunto de personalidades; había, sin embargo, una
pregunta por responder: ¿Qué opinan sobre esas
personalidades nacionales en las provincias? Esa consulta no
se había hecho, y los días 29 y 30 —y creo que hasta el 31—
de diciembre reunieron a los plenos de las organizaciones de
masa de todas las provincias para pedirles que presentaran
nombres de personalidades nacionales que, a su juicio,
debían estar en la candidatura, e incluso aparecieron
algunos nombres que no estaban en los quinientos y tantos
que habían propuesto las direcciones nacionales de las
organizaciones de masa, aparecieron algunos nombres nuevos.
Aquella consulta tenía un enorme valor, puesto que se
conocía el criterio de las provincias, de las organizaciones
de masa de las provincias, acerca de aquellas llamadas
personalidades nacionales. Era un dato importantísimo para
la Comisión Nacional de Candidatura, ya que a partir de esas
informaciones ellos tenían que decidir.
Las comisiones de candidatura, además, tenían que resolver
la cuestión de las biografías —no se imaginan el trabajo que
pasaron para reunir tantas biografías— porque, al fin y al
cabo, venía la tarea final, en ese continuo e incesante
proceso de consulta, que era elaborar aquellas listas
finales de 589 candidatos. Estoy refiriéndome a la lista de
la candidatura a la Asamblea Nacional, que es de la que
tengo más datos, porque lo que tiene que haber pasado allá
abajo en la selección de las candidaturas a delegados para
las asambleas provinciales tiene que haber sido más o menos
similar; pero es imposible saber, tener datos, tener
información sobre todo eso, lo único que importaba era que
se cumpliera cabalmente todo el proceso de consultas.
La Comisión Nacional tenía un enorme trabajo y una enorme
responsabilidad, fueron discutiendo provincia por provincia
y categoría por categoría; cuando tenían duda volvían a
consultar, se dirigían de nuevo a la provincia y se dirigían
de nuevo al municipio.
Primera tarea: cómo ir reduciendo aquella enorme cantera.
Hicieron otras consultas: les pidieron a las propias
provincias que, por favor, dijeran del gran número de
candidatos a diputados que proponían, cuáles, a su juicio,
debían estar presentes si aquello se reducía a la mitad, o a
un tercio. Porque, claro, cada provincia había presentado un
número mucho mayor de posibles candidatos de los que podían
ser incluidos en la lista, y las provincias dieron sus
opiniones. Así que aquellas reducciones las hicieron las
propias provincias.
De aquella enorme cantera, y a partir de toda la información
reunida en el proceso de consulta, tenían que ir reduciendo,
repito, la lista de candidatos a diputados hasta 589. Esa
tarea, compañeras y compañeros, no era nada fácil, y hay que
decir que constituye un mérito extraordinario de la Comisión
Nacional de Candidatura el haber hecho ese trabajo.
Tenían que hacer después las listas de las candidaturas de
reserva. No eran solo las candidaturas que iban a proponer,
sino las listas de reserva para, en caso de que no le
aceptaran algún candidato en la asamblea municipal
correspondiente, tener otros candidatos. Así se formaron
listas de reserva de la base, de la provincia y de la
nación. Trabajo complejo, trabajo realmente difícil.
Había que buscar, además, las biografías no solo de las
listas de candidatos que iban a presentar, sino también las
biografías de los de la reserva; tenían que revisar las
biografías para darles alguna uniformidad; tenían que
reducirlas a un espacio determinado, a un número de líneas;
y debían incluir la mayor cantidad posible de datos acerca
de la persona.
Como ustedes saben, en una candidatura de esta naturaleza
aparecen todo tipo de personas y de todas las edades, y no
tiene los mismos méritos acumulados una persona de 55 años,
una persona de 18, 19 y 20 años.
Lógicamente, los estudiantes tenían que estar representados.
Las comisiones tenían que ver también, dentro de todo este
proceso de consultas, que existiera una representación de
los distintos factores importantes de la nación; ese es otro
elemento que tenían que tener en cuenta. No podía aparecer
una candidatura a diputado a la Asamblea Nacional sin un
solo estudiante de la FEEM.
Hay estudiantes de la FEEM con muchísimos méritos y una gran
capacidad que no están en las candidaturas porque no tenían
la edad para candidato. Se vino a descubrir que se daba el
derecho al voto a los 16 años, pero para ser diputado tenían
que tener 18. Ellos mismos tenían cuadros excelentes con
menos de 18 años y no podían promoverlos. Tenían que
promover con 18, con 19 años, y la biografía de una
compañera o de un compañero de 18 ó 19 años no es la
biografía de una compañera o de un compañero de 40, 50 ó 60
años. Ellos habían hecho todo lo posible a lo largo de su
corta vida y los otros habían hecho todo lo posible a lo
largo de su larga vida.
Pero, bueno, de aquel estudiante había que incluir la mayor
cantidad de datos posible para que no fuera una biografía
muy reducida, y de aquellos que tenían muchos hechos en su
vida tenían que hacer el mayor resumen posible porque no
podían aparecer todos los méritos de su vida. Aquello tenía
que ser reducido a una hoja.
Cuando faltaban datos tenían que buscarlos, llamar por
teléfono y hacer indagaciones. Se tuvieron que convertir en
escritores, hasta en poetas, porque hacer una biografía no
tiene nada de fácil. Tuvieron que pedir ayuda, creo que les
pidieron ayuda a determinados periodistas para confeccionar
en tan poco tiempo aquella larga lista de biografías. Esto
ocurrió en todo el país, tanto en lo que se refiere a la
candidatura a la Asamblea Nacional como a las asambleas
provinciales.
Les repito una vez más que era un camino que se andaba por
primera vez. Se dice que se hace camino al andar, pero es
que andábamos por primera vez, no había ni un trillo
siquiera por el cual guiarse y tenían que tener las
candidaturas con sus biografías, las listas de reserva con
sus biografías preparadas para presentarlas a las asambleas
municipales el domingo 24. Todo eso tenían que tenerlo
listo.
Sé que estuvieron trabajando hasta el último día y hasta la
última hora para cumplir aquella dificilísima y compleja
tarea. Ustedes no se imaginan, debe servir de experiencia en
un futuro.
Claro que esto no podía prolongarse en las circunstancias en
que estamos viviendo. Con todas las tareas que tiene el país
en este momento, nadie podía tomarse el lujo de posponer un
mes más todo este proceso, porque si no, no iba a haber ni
campaña de frío en viandas y vegetales, ni cosecha
tabacalera, ni zafra azucarera, ni nada en este país, ya que
miles y decenas de miles de cuadros han estado y están
envueltos en este proceso, y tienen que cumplir, además,
otras obligaciones. Ya pueden calcular por esto el trabajo,
la proeza realizada hasta llegar a ese segundo paso que era
la presentación de las candidaturas.
Nadie puede ni podrá afirmar jamás que un trabajo de esta
índole es perfecto, es imposible, no hay trabajo perfecto;
pero sí soy testigo de que el esfuerzo que hicieron es el
máximo que se podía hacer para realizar un buen trabajo, lo
más perfecto posible. No puede estar exento de
equivocaciones, el proceso puede ser todavía más perfecto;
pero lo que se hizo y en el tiempo que se hizo era imposible
hacerlo mejor, era imposible hacer más, y así fue como se
confeccionaron las listas de candidatos, especialmente en lo
que se refiere a la Asamblea Nacional.
Repito que no sé, no puedo hablar de todas las incidencias,
pero me las imagino más o menos similares en relación con la
candidatura a delegados a la asamblea provincial. Se han
juntado, y tenían que juntarse, las dos elecciones.
Pero después de esto venía un problema terrible para las
comisiones de candidatura: dónde ubicaban a los candidatos,
porque había que ubicarlos en algún lugar. Con los de la
base no había ningún problema, viven allí, fueron elegidos
por la circunscripción dentro del municipio, eso no
significaba ninguna dificultad; pero había que ubicar a los
candidatos para la Asamblea Nacional que tenían una
procedencia provincial y los que tenían una procedencia
nacional o estaban dentro de la llamada categoría nacional.
¿Dónde los ubicaban? Ellos hicieron todo lo posible por
ubicarlos dentro del municipio de su residencia o su
trabajo, o con algo que tuviera que ver con el municipio, si
nacieron por allí, o alguna vez trabajaron allí o algo
similar; pero era imposible porque, naturalmente, en algunas
áreas del país se reúne mucha gente con muchos méritos y no
hay espacios suficientes para ubicar a todos esos candidatos
provinciales y nacionales en el lugar de su residencia o
trabajo.
Ellos, repito, hicieron lo posible por asociarlos al lugar
donde viven, pero con muchos de ellos era imposible. Como
ustedes saben, cada municipio tiene derecho, por lo menos, a
dos diputados, hay municipios pequeños que tienen derecho a
dos, uno necesariamente era de allí y otro necesariamente
tenía que venir de fuera; pero hay gente de la capital
—porque en la capital se reúnen muchas personalidades— que
tenían que ir a otro lugar, que viven aquí pero no los
podían postular por el lugar donde viven, era imposible, no
había espacio.
Yo conozco a un cuadro de la Ciudad de La Habana, un cuadro
muy joven, es un candidato de la FEEM que nació en La Habana
y está postulado por un pequeño municipio en Santiago de
Cuba. Allá se preguntaban también: Bueno, ¿y por qué me
traen a uno de allá de La Habana? Pero ese cuadro de la FEEM
—con muchos méritos, con mucho prestigio— tenía que ir
postulado por algún municipio, ¿y dónde lo iban a poner, un
joven de 19 años?, ¿en la Ciudad de La Habana, donde no lo
conocían masivamente ni podían conocerlo, porque no podían
conocer su historia? La comisión de candidatura tenía que
persuadir allí, y saber persuadir del porqué tenían que
llevar a ese candidato por allí, puesto que había una
proporción de candidatos de base, otra proporción de
candidatos provinciales y otra proporción de candidatos
nacionales; y al armar ese rompecabezas, ya de por sí tan
complicado, era imposible que cada una de las piezas se
ajustara de manera exacta y perfecta al municipio con el
cual estuviera más relacionado. Eso no era posible y había
que explicarlo.
Por nuestra concepción, por nuestro sistema, era imposible
que cada candidato fuera exactamente una personalidad del
municipio; y esas transferencias ocurrieron, pero ocurrieron
siempre que no se pudo hacer otra cosa.
La Comisión Nacional de Candidatura tenía también
personalidades prominentes que distribuir. ¿Iba a poner
juntas todas las personalidades, si eran muy conocidas, muy
famosas? No, no podía, tenía que distribuirlas: a este lugar
le tocó una famosa, en otro lugar ponían a otra, y en otro a
otra, y las fueron distribuyendo. A veces una personalidad
famosa nacida en un municipio pequeño era postulada en un
municipio grande. Las dificultades no existen en relación
con los candidatos que son más conocidos, sino con los que
son menos conocidos. Esa es la razón fundamental por la cual
se dan estos casos que requieren explicación.
Un problema fundamental, a mi juicio, en estas elecciones es
enseñar a votar; enseñar a votar es clave, y el compañero
Lezcano explicaba las dificultades. Porque la gente tiene un
estilo de votar, que es el de la circunscripción, en que
había dos candidatos, o tres, o cuatro, o cinco, o hasta
ocho y tenían que votar por uno; ahora es a la inversa:
tienen dos, tres, cuatro, cinco candidatos —en las asambleas
provinciales más, a veces— y pueden votar por todos. Es
totalmente opuesto al sistema de elección en la
circunscripción.
Ahora, esto tiene un valor muy importante, porque cuando
decidimos en el congreso del Partido la elección directa de
los diputados, el peligro más grave que podía surgir en este
sistema era la división, la lucha y la competencia entre los
candidatos. Se quería evitar a toda costa la politiquería,
se quería hacer un proceso justo, realmente justo, en que
los méritos de las personas, las biografías de las personas,
las cualidades de las personas constituyeran el factor
fundamental.
También está la representatividad de las personas, porque
cuando hablamos de un muchacho muy joven, no hay que hablar
tanto de sus méritos, muchos de los cuales están por
contraer a lo largo de su vida y no por lo que haya podido
hacer; pero tiene una representatividad, representa a los
estudiantes de la FEEM o de la FEU, o son jóvenes y poseen
cualidades reconocidas. Era necesario que cualquier
ciudadano modesto, humilde, del pueblo, que reúna
determinadas condiciones, pudiera ser diputado a la Asamblea
Nacional, teníamos que garantizar eso, y si no garantizamos
eso, no se podrá hablar jamás de democracia (APLAUSOS). Si
un hombre o una mujer tiene grandes méritos porque ha
prestado extraordinarios servicios al país, debe tener
derecho a ser diputado; si tiene un gran talento, junto con
esos méritos, debe tener derecho a ser diputado, aunque no
se le conozca (APLAUSOS).
No queríamos por eso establecer la competencia de 10 a
elegir 5. Qué lucha tan terrible se habría armado. ¿Y qué
posibilidades les quedaba de ser electos a aquellos que, con
grandes méritos, no fueran en cambio muy conocidos? ¿Qué
posibilidades teníamos de elegir a los delegados de base
que, con grandes méritos, son reconocidos allí en un área
pequeña de la circunscripción o, en todo caso ahora, del
Consejo Popular? No podemos olvidarnos de que hay municipios
donde votan 50 000 y hasta más de 50 000. ¿Qué posibilidades
quedaba en una competencia de esa índole para esos
compañeros? Y si nuestra Asamblea Nacional no tiene
diputados de base, no puede hablarse de democracia
(APLAUSOS).
Eso diferencia a nuestra Asamblea de las demás asambleas del
mundo, porque todas suelen ser personalidades nacionales
conocidas y archiconocidas; pero donde un dirigente local,
un concejal, por ejemplo, digamos, no puede ser jamás
diputado, no tiene la más mínima posibilidad de ser
diputado, no solo por el sistema de los partidos, porque los
partidos hacen la lista de los candidatos ellos solos allí
reunidos en una mesa, y después, de acuerdo con el número de
votos que saque cada partido —más o menos lo pueden saber
por encuestas—, a los que ponen en el uno, en el dos y en el
tres, esos son los que salen y todos los demás son
candidatos de relleno. Los que no tienen dinero ni fuertes
maquinarias electorales no saldrán jamás electos.
Nosotros no queríamos tener candidatos de relleno, sino
candidatos buenos con iguales posibilidades de ser electos;
las mismas posibilidades para todos aunque no fueran muy
conocidos, porque de sobra saben ustedes que hay compañeros
de mérito muy conocidos y otros no conocidos.
Puede haber un científico eminentísimo que haya trabajado
calladamente durante años, un talento no conocido —en eso
tenían que trabajar también las comisiones electorales—,
¿qué hacían ellos en ese caso? No se iban a guiar tanto por
la popularidad o por el número de veces que lo habían
propuesto, sino que iban a las instituciones científicas y
preguntaban iban a su centro de trabajo, iban a ver a toda
aquella gente que tenia información sobre ese científico y
sus méritos y le preguntaban; en otro tipo de elecciones no
tenía oportunidad de salir electo.
Ahora, cuando se da la oportunidad de votar por todos, por
cinco, en vez de votar por uno, no se le está quitando al
ciudadano un derecho, se le está dando más derecho; no se le
está dando un voto, se le están dando dos, tres, cinco o
seis votos. Si es un municipio donde hay que elegir a ocho
delegados a la asamblea provincial, no se le está dando un
voto, se le están dando ocho votos. No se pone a pelear a un
candidato contra otro por aquel voto, no sitúan al ciudadano
en el dilema de si voto por este y no por el otro, que es
bueno también, sino que le da la oportunidad de votar por
uno, por dos, o por tres, por ninguno, o por todos si cree
que todos tienen méritos. No se le quita un derecho al
ciudadano, se le dan más derechos.
Hay un número de puestos igual a la lista de candidatos,
¿por qué es posible por todos?, pues porque todos tienen
posibilidad a un puesto en el Parlamento, o porque todos
tienen posibilidad a un puesto en la asamblea provincial, si
sacan la mitad más uno de los votos. Se da el derecho de
votar por todos, y todos pueden salir si sacan más de la
mitad de los votos válidos, como dice la ley. Es decir que
al ciudadano no se le quita nada, se le ofrecen más
posibilidades.
La competencia se elimina, los peligros de politiquería se
eliminan. Ya ustedes se imaginan qué batalla, porque al que
postulan, por cuestiones elementales de honor, por sentido
de la responsabilidad quisiera ser electo, y nosotros en vez
de perfeccionar nuestro sistema democrático lo íbamos a
corromper si aceptábamos otro procedimiento. Tantos
candidatos como puestos hay en la Asamblea Nacional, tantos
candidatos como puestos hay en la asamblea provincial; de
modo que los pueden elegir a todos si tienen la mitad más
uno, aunque dicen que no se debe decir la mitad más uno,
sino más del 50%, no sé por qué hipótesis matemática que
decían podía darse, que podía ser fracción. Yo no he hecho
esa cuenta, por eso no me responsabilizo, digo que más de la
mitad de los votos, o más del 50% de los votos, ese fue el
requisito que se estableció.
Se buscó un sistema lo más perfecto posible, lo más
democrático posible, lo más justo posible, lo más
revolucionario posible, aunque sea complejo, aunque sea
difícil, y aunque cueste trabajo que se entienda. Cuesta
trabajo ahora porque es la primera vez, y ya yo conozco a
mucha gente que lo entiende; no me asombro tanto de que haya
mucha gente que no lo entienda todavía como de que haya
tanta gente que ya lo entiende. Pero les estoy explicando a
ustedes las razones de las cosas que se hicieron, cómo se
hicieron y por qué se hicieron.
Por lo tanto, primero que todo, hay que enseñar a votar.
Ahora, si el voto se divide, si el voto se dispersa, las
consecuencias podían ser muy negativas. El voto
revolucionario y patriótico no debe dividirse, no debe
dispersarse, porque aparte de otros inconvenientes se puede
incurrir en una injusticia tremenda.
Si la gente dice: "Voy a escoger entre los conocidos, entre
los que conozco", eliminamos la posibilidad de ser electo a
gran número de diputados de base. Los más conocidos, en
razón de su trabajo, de sus funciones en la sociedad, de su
historia en la Revolución tendrían más posibilidades; pero
para aquel delegado de circunscripción que por primera vez
lo eligen delegado de circunscripción, y estimaron
conveniente incluirlo en las listas de candidatos a
diputados y postularlo, que no es muy conocido y está en un
municipio donde van a votar 30 000 personas, ¿cuáles son las
posibilidades de ser electo, si ahora el voto revolucionario
y el voto de los patriotas, de los que están más firmes y
consecuentemente con la Revolución se divide y se dispersa?
Las oportunidades de elección de los delegados de base
disminuirían considerablemente porque son, por razones
lógicas, menos conocidos.
Si por casualidad es un miembro del Buró Político, es muy
conocido por su vida, su historia, las veces que ha salido
en la prensa; si es el primer secretario del Partido de una
provincia, es muy conocido; si es un intelectual famoso, un
artista famoso, un periodista famoso, es muy conocido a
través de los medios masivos de divulgación. Pero, ¿y aquel
científico que tiene grandes méritos y no es muy conocido?
¿Y aquel innovador que tiene extraordinarios méritos y es
conocido solo, fundamentalmente, a nivel del centro de
trabajo, de los foros nacionales y de otras cosas, qué
ocurriría con él?
Conozco gente que tiene méritos extraordinarios para ser
diputados a la Asamblea Nacional y no son conocidos, y
muchos ciudadanos —sobre todo de la base— con grandes
condiciones, con gran capacidad, pero que son solo conocidos
en su pequeña área de la circunscripción o del Consejo
Popular y no en todo el municipio.
Sacar 15 000, 20 000, 25 000 votos es una cosa tremenda. Y
se requieren, en muchos casos, tanto para ser diputados como
para ser delegados a la asamblea provincial. ¿Ahora vamos a
castigar a ese hombre porque no lo conocen muchos y le vamos
a quitar sus posibilidades de ser electo? El resultado
sería, si el voto patriótico, si el voto revolucionario no
está unido y cada uno se toma el gusto de seleccionar, que
va a ir en detrimento de la elección de muchos de esos
valiosos compañeros, lo cual traería otros problemas: habría
que buscar otros candidatos y habría que ver si esos otros
candidatos son más conocidos; y la elección revolucionaria
en nuestro país no es para elegir conocidos, sino para
elegir gente de mérito, gente de calidad, gente de
capacidad, gente patriota, gente revolucionaria (APLAUSOS).
Las elecciones no constituyen un concurso de popularidad;
son en todo caso, un concurso de méritos y un concurso de
capacidades. Si yo, revolucionario, tengo el derecho de
votar por 5, ¿por qué voy a votar por 1? ¿Por qué voy a
votar solo porque es el que más conozco personalmente, o
porque es mi vecino, a quien veo casi todos los días? Tengo
que confiar en el proceso, tengo que confiar en los
principios que estamos aplicando, tengo que confiar en los
criterios, en las múltiples consultas y en el enorme
esfuerzo realizado por las comisiones de candidatura; tengo
que confiar en los criterios de las asambleas que los
postularon, a cuyos miembros se les pidieron sus opiniones
cuando eran candidatos y aun después; fue lo que ocurrió,
salvo muy pocas excepciones.
Creo que en el perfeccionamiento de nuestro sistema tiene
que llegar el día en que conozcamos la opinión de todos y
cada uno, sobre todo en lo que se refiere a los delegados de
base, porque ellos son los que más saben respecto a los
delegados de base.
Admito que pueda equivocarse la comisión de candidatura,
admito que pueda equivocarse una asamblea, eso es admisible,
seríamos utópicos si pensáramos que el error es imposible y
que todo ha sido perfecto; pero tenemos que confiar en la
buena fe con que han trabajado, en la honradez con que han
trabajado, en los criterios con que han trabajado y en los
principios con que han trabajado.
Pienso, desde luego, que las comisiones de candidatura
lanzaron a la batalla su primera línea, los compañeros que a
su juicio reunían las mejores cualidades. No quiere decir
esto que los otros no las tengan, están los de reserva y
miles más, porque es muy difícil medir exactamente la
diferencia que pueda haber entre los méritos de una persona
y otra; pero, a juicio de ellos, lanzaron por delante a los
mejores.
Si hubiera que repetir por cualquier vía alguna elección,
ustedes saben cuáles son las atribuciones que le dan la
Constitución y la ley al Consejo de Estado de convocar otra
vez elecciones en esos casos, por este mismo método directo,
o asignar la tarea a la asamblea municipal, o declarar
vacante la plaza; pero, realmente, no estamos en
condiciones, compañeros, de estar repitiendo elecciones.
Creo que terminándose las elecciones el 24 de febrero, donde
hay tantas decenas de miles de gente comprometidas y
trabajando, hay que dedicarse a realizar la infinidad de
tareas vitales, urgentísimas que el país tiene que realizar;
de modo que una victoria del 24 sería que, en general —y
siempre puede haber alguna excepción—, los candidatos
propuestos sean electos.
No quiero saber qué infernal trabajo será el de las
comisiones de candidatura para buscar de nuevo otros
candidatos que a su vez sean electos, cuando han lanzado por
delante a todos los que, a su juicio, eran los más adecuados
para ir en esas listas de candidatura y cuando se volverían
a presentar los mismos problemas.
Por eso es tan importante enseñar a votar, y no solo enseñar
a votar, sino persuadir a los electores de que lo que
conviene al país es el voto unido de los revolucionarios y
de los patriotas y no el voto dividido, no el voto disperso.
Hay que persuadir a los ciudadanos de que el voto disperso
perjudica al proceso, que el voto dividido y disperso no es
lo que le conviene al país, no es lo que le conviene a la
patria, no es lo que le conviene a la Revolución; que el
país debe hacer suyos esos candidatos que han sido escogidos
con tantos escrúpulos, con tanta honradez, con tanto
cuidado, que han sido seleccionados en virtud de principios
y no en virtud de influencias, en un proceso donde se han
cumplido, al pie de la letra, todos los requisitos
establecidos. Eso es lo que constituiría un verdadero
triunfo de nuestra concepción electoral y democrática, lujo
que puede darse nuestro país y que muy pocos países del
mundo pudieran darse.
Por eso estas dos cosas: enseñar a votar y defender el voto
unido, y defenderlo con principios y decirle a cada
ciudadano: Esto es lo que le conviene al país, esto es lo
que le conviene a la Revolución, esto es lo que le conviene
a la patria, usted es libre de hacer lo que estime
conveniente. Respetamos su derecho: si quiere votar por uno,
vota por uno; si quiere votar por dos, vota por dos; si por
tres, hágalo por tres; si no desea votar por ninguno, no
vote por ninguno; es decir, respetamos su derecho, pero lo
que conviene al país es esto, lo que conviene a la patria es
esto, lo que conviene a la Revolución es esto. Y, desde
luego, apelar al espíritu de unión, al espíritu de
solidaridad, al espíritu revolucionario, al espíritu
patriótico de nuestros ciudadanos.
No estoy mencionando aquí la actitud que vayan a adoptar los
que están en contra de la Revolución, los que quieren que
Cuba se convierta en un Miami, los que quieren que Cuba se
convierta en una colonia yanki, los que quieren que la
Revolución sea destruida, los que quieren que la Revolución
no resista o no pueda resistir. Esa es otra actitud, ya me
imagino lo que harán: o no votarán, o anularán las boletas,
o se pondrán a inventar cosas que de alguna manera
perjudiquen. Desde luego, es claro que no votarán por los
cuadros más destacados de la Revolución, no votarán por los
cuadros de más historia, eso es seguro, pero no es lo que
nos preocupa, porque los más conocidos tienen más
posibilidades de salir electos, puesto que sabemos cómo
piensa nuestro pueblo, cómo siente nuestro pueblo. Confiamos
en el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro
pueblo, y en que actuará a la altura de las circunstancias
en este combate, en esta batalla, que es una batalla
importante del período especial. Tenemos por delante todo el
periodo especial, y nos conviene un país unido, nos conviene
un país fuerte, nos conviene un proceso sólido que inspire
respeto a los enemigos de la patria, que inspire respeto a
los enemigos de la Revolución, que vean al pueblo unido, que
vean al pueblo decidido (APLAUSOS).
Decía que, desde luego, hay que distinguir entre aquel que
es un recalcitrante contrarrevolucionario y el que pueda
estar equivocado, el que pueda estar confundido. Al que
pueda estar confundido hay que esclarecerlo, al que pueda
estar equivocado hay que hacerlo salir de su equivocación.
Hay que captar, hay que ganar, no se puede renunciar a ganar
la buena voluntad de un solo ciudadano; por lo tanto, habría
que hacer tres cosas: primero, hay que persuadir para que
voten, librar la batalla porque se vote; segundo, hay que
enseñar a votar; tercero, hay que exhortar a votar unidos y
no dispersar ni dividir el voto.
Hay que conquistar a todo el que pueda ser conquistado, hay
que ganar para el apoyo a la candidatura del pueblo a todo
el que pueda ser ganado, a todo el que pueda ser
conquistado. Esa es una de las tareas políticas
importantísimas que debemos hacer, no vamos a dejar al
enemigo a aquel que esté confundido para que se confunda
más. Hay que hacer acopio de paciencia, de inteligencia,
utilizar los infinitos argumentos que tiene la Revolución;
sobre todo, hay que hacerles ver lo que se está jugando en
este período especial, que es la Revolución, que es el
socialismo, que es la patria, que es la existencia de la
nación, por la cual han luchado generaciones enteras durante
más de 100 años; que lo que se está jugando es muy sagrado,
demasiado sagrado para que se pueda actuar
irreflexiblemente, para que se pueda actuar
irresponsablemente.
El que no pueda ser convencido que no se convenza, pero que
no deje de ser convencido por falta de nuestro esfuerzo para
convencerlo. No importe cómo piense, tenemos un trabajo
político importante que realizar con todos los ciudadanos.
Esa es una tarea más, podríamos decir, de la Revolución,
derivada de este proceso de perfeccionamiento de nuestro
sistema electoral.
Comprendo que hay que tener mucha paciencia para discutir,
pero hay que discutir; mucha paciencia para tratar de
persuadir, pero hay que tratar de persuadir. No podemos
dejar que sea el enemigo el que realice el trabajo. Ahora,
¿quiénes deben realizar este trabajo? El trabajo lo tiene
que realizar todo el pueblo, ¡todo el pueblo! (APLAUSOS)
Lezcano decía que las comisiones electorales van a visitar
casa por casa para explicar cómo se vota, para leer las
biografías, todo eso. Permítanme decirles que la biografía
es muy importante, desde luego, pero aquí todo el mundo no
lee las biografías. No podemos confiarnos en que todo el
mundo va a leer las biografías, que 20 000 gentes, que 40
000 gentes de cada municipio las van a leer, se las van a
estudiar y, en consideración a los méritos, a votar. Hay
personas que no leen los periódicos porque no acostumbran a
ello, o porque no hay suficientes ejemplares. Hay quienes
escuchan poco la radio o ven poco la televisión.
No hay que olvidarse de que las biografías no son iguales,
como yo decía, que hay personas a las que la vida les dio la
oportunidad de acumular grandes méritos; pero ahora no
podemos hacer la comparación entre el joven de 18 años de la
FEEM y el compañero o la compañera que haya participado en
el asalto al Moncada y haya estado en el "Granma", en la
Sierra, en Girón, en montones de tareas, en montones de
misiones. Muchos compañeros estarían en esa candidatura si
no hubieran muerto en la lucha. Camilo estaría en esa
candidatura (APLAUSOS PROLONGADOS). El Che estaría en esa
candidatura (APLAUSOS PROLONGADOS). Decenas y decenas de
brillantes compañeros estarían en esa candidatura si no
hubiesen entregado la vida por la Revolución (APLAUSOS
PROLONGADOS).
No podemos comparar la historia de Camilo con el estudiante
de 18 años, con el cuadro de la FEEM o de la FEU. No son
muchos, pero hay unos cuantos y con toda razón, con todo
derecho, si desempeñan un papel importantísimo en nuestra
sociedad, si son revolucionarios, si tienen talento, si
tienen condiciones, de la misma manera que han postulado
cuadros valiosos de las organizaciones de masa en un
municipio.
Hay un gran número de cuadros obreros, de lo cual nos
alegramos muchísimo. Hay una buena representatividad en esa
lista que ha presentado la Comisión Nacional de Candidatura
y que han aprobado en los municipios.
Claro, por muchos méritos que tengan gran número de estos
compañeros que no son conocidos, no podemos confiar en que
van a votar por ellos simplemente porque están en la
biografía. Habría que preguntarse cuántos la leen y cuántos
la leen detenidamente para tomar una decisión justa; cuántos
comprenderán que la biografía de este compañero joven no
puede ser la biografía de otros compañeros que tienen
decenas de años al servicio de la Revolución; cuántos pueden
comprender que aquel delegado de base no puede tener la
misma biografía que otras personalidades de la Revolución,
y, sin embargo, es un excelente cuadro allí que va a
representar a los vecinos en la Asamblea Nacional.
Creo que una de las mejores cosas que tiene nuestra Asamblea
Nacional, y que no la tienen otras, como les decía
anteriormente, es que esa gente de base esté representada
allí. Ahora, ¿vamos a confiar que porque lo eligieron
delegado de circunscripción y tiene méritos personales, va a
sacar los 15 000 votos que necesita, los 20 000 votos que
necesita? ¿Cómo los va a sacar si los revolucionarios no
votamos por él, si los patriotas no votamos por él, si todos
los que queremos defender la patria y la Revolución, que
tenemos confianza en nuestros principios y en el proceso
mediante el cual ha sido postulado, no votamos por él? No
podríamos tener entonces el tipo de asamblea que queremos.
Por eso, les decía y les resumía las cosas más importantes:
hacer que voten, enseñar a votar, persuadir de que deben
votar cerradamente por la candidatura del pueblo, y
persuadir a todo el que pueda ser persuadido, a todo el que
tenga una fibra de patriota, de revolucionario, de hombre
justo. Tenemos que dar esa batalla política y estaremos
actuando dentro de los principios que hemos acordado,
estaremos actuando dentro del proceso más limpio que se haya
hecho jamás, estaremos librando una batalla que es
importantísima dentro del período especial.
Sí, es un reto. ¿Qué país en condiciones de período especial
habría tenido el valor de hacer las elecciones como lo
estamos haciendo nosotros? ¿Qué prueba mayor puede haber de
la confianza en el pueblo? ¿Qué prueba mayor puede haber en
la capacidad de los revolucionarios, en la moral de los
revolucionarios, en el espíritu de los revolucionarios? ¿Y
quiénes tienen que dar esta batalla? Nosotros, en primer
lugar todos nosotros, la vanguardia, todos los
revolucionarios.
Por eso digo que todos tenemos que enseñar a votar a todos,
todos tenemos que ayudar a persuadir a todos de lo que hay
que hacer y de lo que debe hacerse. Y decía que no bastaban
las visitas de las comisiones electorales; los
revolucionarios, los militantes revolucionarios, los
miembros de las organizaciones de masa también tienen que
librar una batalla casa por casa. No podemos dejarle esa
tarea a la comisión electoral, cuya misión es esencialmente
técnica: enseñar a votar y poner las biografías al alcance
de los ciudadanos; la tarea política la tiene que hacer el
pueblo: visito al vecino, visito al otro, visito a la
pariente que anda medio disgustada, no entiende y anda
rabiando por una cosa o por otra, y la trato de persuadir en
nombre de los valores que representa la Revolución, de la
autoridad moral que representa la Revolución. Así que es
tarea de los miembros de las organizaciones de masa y tarea
de los militantes del Partido y de la Juventud, la batalla
política casa por casa y persona por persona.
¿Cuándo se ha reunido un ejército tan grande de militantes
revolucionarios para unas elecciones? Ya se ha seguido todo
el proceso, ya se han aplicado todos los principios, que
felizmente se han cumplido; ahora queda la batalla del 24 de
febrero, día muy simbólico, en que se inició nuestra última
lucha por la independencia. Queda esa batalla que, por todas
estas razones que hemos explicado, es la más compleja, es la
más difícil; pero tengo la seguridad de que saldremos
victoriosos (APLAUSOS).
Si nos enfrentamos con inconmovible espíritu al período
especial, si estamos dispuestos a resistir al imperialismo
en todos los terrenos, ¿cómo no vamos a luchar contra el
imperialismo y su ideología corrupta, su ideología
reaccionaria en la batalla de las elecciones, en la batalla
del 24 de febrero?
Ese día se pone a prueba toda nuestra capacidad de
organización, de lucha, todo el parque revolucionario que
llevamos dentro, toda la historia que ha escrito nuestro
pueblo. Eso está a favor de nosotros, porque estamos
defendiendo la Revolución, estamos defendiendo el
socialismo, estamos defendiendo la patria, estamos
defendiendo la nación (APLAUSOS PROLONGADOS).
Estamos luchando por lo mismo que lucharon nuestros
compatriotas en el 68, en el 95, por lo mismo que lucharon
nuestros obreros a lo largo de la historia del país
colonizado por el imperialismo; estamos luchando por lo
mismo que luchamos en el Moncada, en el "Granma", en la
Sierra, en el Escambray, en Girón; defendiendo lo mismo que
defendíamos en la Crisis de Octubre; defendiendo lo mismo
que defendimos en nuestras gloriosas y victoriosas misiones
internacionalistas (APLAUSOS PROLONGADOS).
Estamos defendiendo los principios por los cuales no nos
hemos rendido cuando tantos otros se han rendido (APLAUSOS),
estamos defendiendo los principios por los cuales estamos
dispuestos a dar nuestras vidas, estamos defendiendo los
principios por los cuales nos enfrentamos a este período
especial, estamos defendiendo los principios por los cuales
estamos escribiendo una de las páginas más gloriosas de la
historia.
¿Qué pueblo ha sido capaz de hacer lo que estamos haciendo
nosotros aquí, a 90 millas de Estados Unidos? (APLAUSOS)
Cuando el campo socialista se derrumbó y se desmerengó,
supimos mantenernos firmes y seguir adelante; enarbolamos
nuestras banderas, no las plegamos, no las rendimos, y
estamos dispuestos a seguir luchando hasta la victoria.
Esos principios los estamos defendiendo, el honor de nuestra
patria, el honor de nuestro pueblo, el honor de nuestras
generaciones, el honor de los revolucionarios, ¡y somos
bastantes revolucionarios, somos muchos más revolucionarios
que contrarrevolucionarios en este país! (EXCLAMACIONES Y
APLAUSOS) Tenemos no solo la cantidad, sino la calidad, y
con ese espíritu debemos ir a la batalla del 24 de febrero,
de manera que Martí se pueda sentir orgulloso de nosotros.
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!
(OVACION)
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