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YURIS
NÓRIDO
7 de
agosto
cultura@trabaja.cip.cu
Ibrahim
Ferrer, uno de los más conocidos intérpretes de la música
tradicional cubana, será sepultado este lunes, a las cuatro y
media de la tarde, en el capitalino cementerio de Colón. El
cadáver del destacado cantante está expuesto desde el domingo,
a esa hora, en la funeraria de Calzada y K.
Ferrer
falleció el sábado, a los 78 años, después de un repentino
agravamiento de salud. Hace algunos días había regresado de
una gira por Europa, donde promocionó temas de un disco de
boleros que estaba preparando.
Centenares de
personas, entre familiares, amigos y admiradores, acudieron a
la funeraria desde la tarde del domingo. La muerte de Ferrer
conmocionó a muchos músicos cubanos, que tenían en él, más que
un compañero, a un verdadero amigo.
La calidad
humana y artística del fallecido intérprete ha sido resaltada
por Chucho Valdés, Juan Formell, José Loyola y otros artistas,
en declaraciones a medios de prensa nacionales y extranjeros.
Más allá de
las fronteras cubanas, Ferrer ha recibido el homenaje de
personalidades de la cultura de Francia, España y varios
países de América.
Los
principales medios de prensa europeos dedicaron amplios
espacios a informar su muerte y reseñar su trayectoria
artística. Los noticiarios de televisión de España y Rusia
incluyeron reportajes especiales sobre su vida.
En varios
países de América Latina, escenarios habituales de sus
presentaciones, la noticia ha ocupado primeras planas y las
redacciones reciben testimonios de dolor y consternación. Así
ha sucedido en Brasil, Argentina, México y
Venezuela.
Desde su
inclusión en el célebre grupo Buena Vista Social Club, Ferrer
se convirtió en uno de los mejores embajadores de la música
cubana en el mundo. Realizó conciertos en América, Europa,
Asia y Australia y subió a los más prestigiosos escenarios,
como el célebre Carnegie Hall, de Nueva York.
Su
multipremiada discografía incluía, además del aclamado
Buena Vista Social Club, los discos Buenos
Hermanos y Buena Vista Social Club presenta a
Ibrahím Ferrer. Acumuló premios Grammy, varios discos de
oro y otros reconocimientos como el Bilboard Latino y el
británico Mobo Awards.
Poseía la
Orden Félix Varela de Primer Grado, conferida por el Consejo
de Estado de la República de Cuba, y la Réplica del Machete de
Máximo Gómez.
NACIDO PARA
CANTAR
La música lo
marcó desde el primer día: cuentan que su madre dio a luz en
un salón de baile, en Santiago de Cuba, la mismísima cuna del
son. Desde muy temprano se aficionó a la música tradicional y
a los catorce años ya se ganaba la vida cantando con
agrupaciones populares. Integró o fue cantante invitado de
algunos de los más prestigiosos grupos cubanos de las décadas
del cuarenta y el cincuenta: la orquesta de Chepin, las
agrupaciones de Benny Moré y Pacho Alonso¼
Ibrahim Ferrer
estuvo siempre en la lista de los buenos soneros cubanos,
aunque su espectro interpretativo incluía otros géneros,
especialmente el bolero.
En la década
del ochenta, a pesar de su importante carrera, se alejó de los
escenarios y no se involucró en ningún proyecto musical hasta
años después, cuando regresó con los Afro Cuban All Starts y
participó en el célebre disco Buena Vista Social
Club.
Fue un
renacer. Junto con otras grandes figuras de la música
tradicional cubana -algunas, como él, más o menos jubiladas-
recorrió el mundo interpretando temas antológicos del
repertorio nacional. Después vendrían más discos, la creación
de su propia orquesta y la visita a plazas insospechadas en
medio mundo.
En todas
partes cautivó. Era dueño de una voz peculiar, bella, cálida y
melodiosa; tenía un reconocible estilo interpretativo. Pero
impresionaba sobre todo por su carisma, por toda la buena
energía que derrochaba en la escena, por su elegancia natural,
por su inspirada entrega en cada tema.
Las grandes
capitales del mundo lo ovacionaron pero él siguió siendo el
cubano sencillo de siempre; el hombre bueno de la sonrisa y la
boina. Así lo despide y lo recordará Cuba.
(Trabajadores) 07 de agosto del 2005
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