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Hace casi dos años,
en la edición de los Premios Grammy Latinos del
2003, tres producciones discográficas de músicos
cubanos alcanzaron el gramófono dorado:
Brazilian Dreams, de Paquito D'Rivera, como
Mejor Álbum de Jazz;
Buenos
hermanos,
de Ibrahim Ferrer, como Mejor Álbum Tropical
Tradicional; y
Emigrante,
del grupo Orishas, en la categoría de Rap/hip-hop.
Entonces ni el sonero ni los raperos pudieron
asistir a la ceremonia pues no fueron invitados
por la Academia LARS ni recibieron visas del
gobierno de los Estados Unidos.
Recordemos
ahora a viva voz al pequeño gigante, al más añejo
de aquellos premiados y, si tenemos la suerte de
atesorarlo en casa, deleitémonos escuchando su
increíble Buenos hermanos.
Ibrahim
Ferrer nació en Santiago de Cuba en 1927. Comenzó
a cantar profesionalmente en 1941 con grupos
locales, alternando con cualquier tipo de trabajo
que pudiera hacer por el día y le permitiera
cantar por las noches. Así, fue limpiabotas, peón
de albañil, estibador, pintor... En la década del
50 comenzó a trabajar como cantante del grupo de
Pacho Alonso y pudo dedicarse por entero a la
música. En 1959 Pacho Alonso se mudó con su
orquesta para La Habana y Ferrer siguió con Pacho
por más de veinte años.
Cuando
en 1992 se retiró del trabajo artístico, le
correspondió una pequeña pensión, pero como no le
alcanzaba para cubrir sus gastos, regresó a
limpiar zapatos. Así, viviendo austeramente en un
reducido apartamento de la Habana Vieja con su
esposa y otros miembros de su familia, en 1997 lo
sorprendió la buenaventura cuando alguien lo animó
a participar en el primer proyecto del
guitarrista
y productor norteamericano
Ry Cooder con el Buena Vista Social Club. No le
fue fácil decidirse; hacía años que estaba
retirado de la música.
En
1997 se graba el disco
Buena Vista Social Club, quizás la producción
más importante de la música cubana de las últimas
décadas, tanto por su valor artístico intrínseco
como por lo que significó en cuanto a proyección
y/o descubrimiento de enormes artistas cubanos
olvidados por las injusticias del mercado.
Nombres
como Compay Segundo, Omara Portuondo, Rubén
González o el mismo Ferrer, se hicieron habituales
en los primeros puestos de las listas de ventas de
world music.
Sobre
lo que para él significó ser un exponente de la
cultura cubana, el propio Ibrahim Ferrer confesó:
“Todo
el mundo me conocía en los años 50 por mi voz,
pero no conocían mi cara. Además, mi nombre nunca
figuraba en los discos. Figuraba el nombre del
gerente o el del primer trompeta, pero el mío
nunca. Tampoco me dejaban cantar boleros y ahora
me conoce todo el mundo por eso, hasta autocares
de turistas me van a ver a la puerta de mi casa en
Santiago.
Me siento orgulloso
de llevar mi música. Ya que yo no puedo
representar a mi país en otra cosa, pues
representarlo con mi música. Yo digo: este es mi
pedacito; yo tengo que cooperar, porque todo el
mundo debemos de cooperar, y ese pedacito me
gusta.”
En el año 2000 obtuvo
su primer Grammy Latino, como Artista Revelación,
con el disco Buena Vista Social Club presenta a
Ibrahim Ferrer. Allí estaba la voz de Ibrahim,
a sus 75 años, plena de facultades y sobrada de
oficio, sentido del ritmo y sabor. Como los
grandes soneros, Ferrer crea cantando, su lectura
de la melodía y su forma de unir música y palabras
es especial y personal.
La noticia lo
sorprendió cuando se hallaba participando en el
segundo festival del son en su ciudad natal y
había actuado a teatro lleno en la sala Heredia,
recién llegado de una gira por Japón donde se
presentó junto a la diva del Buena Vista Social
Club, la también veterana Omara Portuondo.
Buenos
hermanos, disco con el que
obtuvo su segundo Grammy Latino
al
Mejor Álbum Tropical
Tradicional, compitió, entre
otros, con producciones de otros dos grandes de la
música cubana:
Polo
Montañez y
Eliades
Ochoa.
Buenos
hermanos tomó su título de un
tema compuesto por Miguel Matamoros en 1943. Los
temas escogidos para este disco van, desde
clásicos de Lara, Lecuona, Matamoros o Piñeiro,
hasta composiciones recientes del propio Ibrahim o
de Chucho Valdés, quien otra vez demostró ser el
pianista más completo del panorama latino
actual.
El equipo de
producción y grabación, compuesto por Ry Cooder,
Nick Gold y el ingeniero Jerry Boys, fue el mismo
que trabajara años atrás en el disco de su debut
en solitario, aquel que le valiera el primer
Grammy, así como en el álbum original del Buena
Vista Social Club.
La banda escogida
para acompañar a Ibrahim, a la cual se sumaron
innumerables colaboradores, estuvo compuesta por
una auténtica constelación de estrellas cubanas y
norteamericanas: Orlando “Cachaíto” López en el
bajo; su amigo Manuel Galbán en la guitarra
eléctrica, el piano y el órgano; Chucho Valdés al
piano; Miguel “Angá” Díaz en las tumbadoras;
Jim Keltner, reafirmando ser uno de los mejores
bateristas del mundo; y el propio Ry Cooder,
gestor del proyecto, en la guitarra, con su hijo
Joachim al drum.
A lo largo del disco,
esta “banda oficial” se complementó con
innumerables y variadas secciones de viento,
cuerda y coros. The Blind Boys of Alabama hicieron
llorar de emoción al propio Ibrahim
al
oír las voces de “los ciegos”, como él mismo los
llamara, en el clásico “Perfume de gardenias”, de
Rafael Hernández. Fue la primera grabación no
religiosa que realizara el prestigioso grupo
americano de gospel.
Aparecen otros
nombres insignes, como los del innovador
trompetista Jon Hassell y el veterano saxofonista
Gil Bernal. Del mismo modo, Flaco Jiménez,
la
estrella del acordeón chicano, aporta su
inconfundible sonido a los temas “Naufragio”,
escrito por Agustín Lara en 1939, y “Como el
arrullo de palma”, original de Ernesto
Lecuona.
Y a todo esto Ibrahim
no sólo aportó su veteranía y maestría vocal, sino
que imprimió una seguridad en sí mismo tal que en
palabras de Ry Cooder: “Ferrer está ya a la altura
de su ídolo Beny Moré y el resto de los grandes
maestros de la música cubana de todos los
tiempos.”
Buenos
hermanos es un disco muy
variado y lleno de energía. El propio Ferrer dijo
que “son canciones que me hacen sentir joven y en
ellas he puesto todos mis sentimientos, en una
forma de agradecer a mis seguidores todo el apoyo
que me han dado”. A su vez, Ry Cooder
comentó: “Creo que este es un disco deliciosamente
clásico; es el disco latino definitivo. Beny Moré
tenía un gran carisma, pero creo que nadie más que
Ibrahim podría hacer ahora un álbum como este. Es
un disco lleno de matices y
sutilezas”. Vivamos una y otra vez, por
siempre, el espejismo de ser uno de sus Buenos
hermanos, para que la buena voz del Social
Club pueda sentirse perenne
joven.
Tomado de
La Jiribilla 8
de agosto de 2005
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