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Señor Presidente:
La reunión cumbre de la Asamblea General efectuada
el pasado mes de septiembre nos dio la medida del
poco interés de los países industrializados en las
aspiraciones de desarrollo de los países del sur. La
valoración del cumplimiento de las metas del
milenio, ya de por si insuficientes, fue
secuestrada, y el documento final que surgió de
dicha cumbre es omiso en medidas para enfrentar las
graves condiciones económicas y sociales en que se
desenvuelven nuestros países.
Mientras en el mundo sigue habiendo más de 850
millones de hambrientos; que casi mil millones de
personas siguen siendo analfabetas; y más de 11
millones de niños menores de 5 años mueren cada año
de enfermedades prevenibles.
Al mismo tiempo, la deuda externa continúa siendo un
brutal mecanismo de expoliación de los escasos
recursos de nuestros países, se incrementa el
proteccionismo selectivo y no arancelario de los
países industrializados, no avanzan las
negociaciones comerciales de Doha en particular los
temas ligados al desarrollo; continúan aplicándose
medidas coercitivas unilaterales y bloqueos; se
sigue incumpliendo de manera flagrante el objetivo
de que los países desarrollados dediquen el 0,7 % de
su PNB a la asistencia oficial para el desarrollo y
los recursos que se dedican a enfrentar horribles
pandemias como las del VIH/SIDA, la malaria y la
tuberculosis no solo son insuficientes, sino que se
otorgan con condicionamientos inaceptables y a
cuentagotas.
Las soluciones a estos problemas no se hallarán
apelando a la buena voluntad de los países
industrializados. Las soluciones tendremos que
conquistarlas luchando juntos por nuestros derechos.
Es hora de que reactivemos el papel que corresponde
a naciones unidas en los temas del desarrollo.
La cuestión ahora no es dedicarle todos los
esfuerzos a propiciar una reforma en materia de
gestión que le permita ahorros a los principales
contribuyentes, sino la búsqueda de una profunda
reforma del actual sistema de relaciones económicas
internacionales, que impide nuestro desarrollo.
Tampoco es hablar de la llamada coherencia amplia
del sistema de las naciones unidas en áreas de
desarrollo, asistencia humanitaria y medio ambiente
de manera abstracta y eminentemente administrativa,
sino de lograr que las capacidades de ese sistema se
dediquen realmente a diseñar programas de desarrollo
en las esferas de interés del Tercer Mundo o, al
menos, reclamar el cumplimiento de los compromisos
asumidos por el mundo industrializado en las grandes
conferencias realizadas durante la ultima década.
Es tarea fundamental del grupo de los 77 más China,
junto al Movimiento de Países No Alineados, lograr
resultados concretos en esas esferas. Opongámonos
con todas nuestras fuerzas al chantaje financiero
contra las Naciones Unidas. Revitalicemos la
asamblea general y ayudemos al consejo económico y
social a recuperar el papel para el que fue creado.
Reclamemos la creación de mecanismos de cooperación
que, bajo la administración de las Naciones Unidas,
y sin condicionalidades, contribuyan de manera
verdaderamente eficaz a solucionar los problemas del
Tercer Mundo.
Confiamos en que el Grupo de los 77 bajo la hábil y
dedicada presidencia de Sudáfrica, sabrá avanzar
hacia esos objetivos y se planteara metas más
ambiciosas. Para ello, comprometemos nuestro apoyo y
participación.
Muchas gracias.
(Minrex) 29-05-2006
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